EN TUS MANOS, SEÑOR (Pascua, 1999)

Jesús vive su muerte como un paso de este mundo al Padre (Jn 13,1), de este mundo sometido a la muerte al nuevo mundo de la resurrección y la vida. Se va, pero vuelve (14,8.28). Le ven los creyentes: “Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis” (14,19). Las parábolas del grano de trigo que cae en tierra (12,24) y de la mujer que da a luz (16,21) nos dicen cómo vive Jesús la muerte: da mucho fruto, es como un parto, la tristeza se convierte en alegría. Es un dormir del que se puede despertar (11,11). La vida eterna a la que resucitan los muertos es ya posesión de los vivos que creen en El: “El que cree, tiene vida eterna” (6,47). El es la primicia de una gran cosecha (Col 1,18; 2,12). Dando un fuerte grito, Jesús dijo en el momento de morir: En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu (Lc 23,46;S al 31). Con confianza, como un niño en brazos de su madre (Sal 131).

 

EN TUS MANOS, SEÑOR,

ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.

EN TUS MANOS, SEÑOR,

EN TUS MANOS, MI DIOS,

COMO UN NIÑO EN TU AMOR

YO ME DUERMO, SEÑOR.

 

 

DÉJAME, SEÑOR, ASÍ

DÉJAME QUE EN TI YO MUERA

Y QUE EL SOL DE PRIMAVERA

DORE EL TALLO QUE HAYA AL FIN.

Y QUE EL SOL DE PRIMAVERA

DORE EL TALLO QUE HAYA AL FIN.

 

EN TUS MANOS, SEÑOR,

ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.

EN TUS MANOS, SEÑOR,

EN TUS MANOS, MI DIOS,

COMO UN NIÑO EN TU AMOR

YO ME DUERMO, SEÑOR.

 

HAZ, SEÑOR, QUE CREZCA EN MI

BIEN LA ESPIGA, Y QUE FUERA

LA SEMILLA TODA  ENTERA

CAIGA EN TIERRA PARA TI.

LA SEMILLA TODA  ENTERA

CAIGA EN TIERRA PARA TI.

 

EN TUS MANOS, SEÑOR,

ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.

EN TUS MANOS, SEÑOR,

EN TUS MANOS, MI DIOS,

COMO UN NIÑO EN TU AMOR

YO ME DUERMO, SEÑOR.

 

LLEVO YA EN EL CORAZÓN

ESE FRUTO QUE DA CIENTO,

MIENTRAS SE QUEDA EN EL VIENTO

EL OLOR DE LA SAZÓN.

MIENTRAS SE QUEDA EN EL VIENTO

EL OLOR DE LA SAZÓN

 

EN TUS MANOS, SEÑOR,

ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.

EN TUS MANOS, SEÑOR,

EN TUS MANOS, MI DIOS,

COMO UN NIÑO EN TU AMOR

YO ME DUERMO, SEÑOR.