ENSÉÑAME SEÑOR

Vivimos en propia carne lo que dice el libro de la Sabiduría: “Con trabajo conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance” (Sab 9,16). Necesitamos descubrir cada día cuál es la voluntad de Dios (Rm 12,2) en medio de los acontecimientos de la vida. Por ello, el creyente ora en lo profundo de su corazón: Enséñame, Señor, el camino a seguir (Sal 143,8).

 

ENSÉÑAME, SEÑOR

EL CAMINO A SEGUIR,

PORQUE YO HACIA TI,

PORQUE YO HACIA TI,

LEVANTO EL CORAZÓN.

 

TUS CAMINOS, SEÑOR,

TUS CAMINOS, SEÑOR,

NO SON NUESTROS CAMINOS,

COMO DISTA EL CIELO DE LA TIERRA,

ASÍ DISTAN, SEÑOR,

ASÍ DISTAN, SEÑOR,

TUS CAMINOS DE LOS NUESTROS.

 

 

ENSÉÑAME, SEÑOR

EL CAMINO A SEGUIR,

PORQUE YO HACIA TI,

PORQUE YO HACIA TI,

LEVANTO EL CORAZÓN.

 

 

TU PALABRA, SEÑOR,

TU PALABRA, SEÑOR,

ES COMO EL AGUA VIVA.

COMO LLUVIA QUE CAE SOBRE LA TIERRA,

TU PALABRA, SEÑOR,

TU PALABRA, SEÑOR,

NOS CALA EN LO MAS HONDO

 

 

ENSÉÑAME, SEÑOR

EL CAMINO A SEGUIR,

PORQUE YO HACIA TI,

PORQUE YO HACIA TI,

LEVANTO EL CORAZÓN.

 

COMO TIENDA ANTE TI,

COMO TIENDA ANTE TI,

LA ANCHURA DE LOS CIELOS.

COMO GOTA DE AGUA LAS NACIONES,

COMO POLVO ANTE TI,

COMO POLVO ANTE TI,

ES EL PESO DE LOS MONTES

 

 

ENSÉÑAME, SEÑOR

EL CAMINO A SEGUIR,

PORQUE YO HACIA TI,

PORQUE YO HACIA TI,

LEVANTO EL CORAZÓN.