CRISTIANISMO Y GLOBALIZACIÓN

Creado en Sábado, 25 Mayo 2013 Última actualización en Lunes, 27 Mayo 2013

CRISTIANISMO Y GLOBALIZACIÓN

 

  1. Es el título del XXII Congreso de Teología, celebrado recientemente en Madrid y convocado por la Asociación de Teólogos Juan XXIII. El problema de fondo es: cómo se sitúa el cristianismo ante el hecho de la globalización. Pero primero hay que aclarar: ¿qué es la globalización? El Diccionario de la Real Academia lo define así: “Tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. Sin embargo, el Diccionario no lo dice todo.
  2. El catedrático de Estructura Económica y novelista José Luis Sampedro, en su libro titulado El mercado y la globalización (Destino, Barcelona, 2002) lo explica de forma sencilla. Con la caída del muro de Berlín y el derrumbamiento del bloque soviético desapareció el gran rival opuesto a la expansión del capitalismo que, desde entonces, ha intensificado con la nueva tecnología informática su dominio sobre los mercados mundiales, organizando una red especulativa y financiera no controlada por los gobiernos, en virtud de medidas liberalizadoras. Los beneficiarios del sistema afirman que esa red, conocida como globalización, conduce a la riqueza para todos y es consecuencia inevitable del progreso técnico.
  3. Ahora bien, frente al mercado sin control se alzan numerosas voces para recordar que cada año es mayor el foso entre los países ricos y los países pobres. Problemas planetarios (como el medio ambiente, las epidemias, los genocidios, las dictaduras, la desigualdad de género, el narcotráfico, el terrorismo) sólo se resolverán globalizando todo lo importante para la existencia humana y no sólo la rentabilidad económica.
  4. A finales de enero de 2002, se celebran dos foros opuestos, que tienen por objeto trazar planes sobre el futuro mundial. Uno se celebra en Nueva York, en pleno Norte, con el lema: Liderazgo en Tiempos Difíciles. El otro tiene lugar en Porto Alegre (Brasil), en pleno Sur, con un lema distinto: Otro mundo es posible. El Foro Económico de Nueva York sostiene que la globalización es la única vía para acabar con la pobreza y que, además, es inevitable porque es consecuencia del progreso técnico. El Foro Social de Porto Alegre denuncia que cuanto más crece la globalización más ganan los ricos y peor están los pobres. Por tanto, hay que orientar el progreso técnico hacia el interés social pensando en todos y organizar otra globalización: otro mundo mejor es posible.
  5. El liberalismo económico es una vieja filosofía, cuyo padre es el economista escocés Adam Smith (s. XVIII). Ni los gobiernos ni nadie deben entrometerse en el juego libre del mercado, el cual, mediante su “mano invisible”, realiza el bien común. Dice Smith en su Teoría de los sentimientos morales: “La sociedad puede subsistir entre hombres diferentes, como entre diferentes mercaderes, a partir de un sentimiento de su utilidad, sin amor o afecto mutuos... mediante un mercenario cambio de buenos oficios de acuerdo con un valor acordado... Si hay sociedades entre ladrones y asesinos, al menos deben abstenerse, como se dice comúnmente, de robarse y de asesinarse entre ellos. La benevolencia, por lo tanto, es menos esencial para la existencia de la sociedad que la justicia”.
  6. Sin embargo, esta “moral de mercado” es sólo una ética de banda de ladrones que se presenta ahora como justa y moderna: “La globalización neoliberal no es otra cosa que la planetarización de ese reino de las bandas de ladrones que se han lanzado al saqueo de todo el planeta” (Germán Gutiérrez, 10 palabras clave sobre globalización, EVD, Estella, 2002, 304-307).
  7. En realidad, el mercado perfecto no existe. La vida diaria nos enfrenta con situaciones en las que individuos o empresas logran acaparar una parte importante de la oferta, imponer condiciones sobre el precio, hacerse con el monopolio. Bastaría esta grave imperfección del mercado real para justificar intervenciones externas correctoras en defensa del interés público, es decir, por motivos éticos y sociales. El liberalismo sólo significa libertad real para los  más ricos y los más fuertes. Como suele decirse, el pez grande se come al chico.
  8. El sistema económico mundial aparece condicionado por dos  factores: el tecnológico y el institucional. El primero es consecuencia del progreso de la informática, especialmente de la innovación que supone Internet. El segundo es el predominio de una tendencia de acentuado liberalismo económico, que se traduce en una cesión de poder por parte de los gobiernos en favor de las grandes empresas y grupos inversores mundiales: “Las economías nacionales se sienten impotentes ante los movimientos de una masa gigantesca de capitales virtuales, capaces de desplazarse instantáneamente y hacer caer las monedas más sólidas: la economía financiera se ha liberado de cualquier forma de control social o político” (J. Estefanía, 10 palabras, 35).
  9. Sin embargo, contra el liberalismo económico se alzaron las luchas sociales del siglo XIX, que arrancaron avances en forma de legislación social y, ya en el siglo XX, la potencia política y militar de la Unión Soviética frenó los abusos del poder económico. A los dos factores propios de la moderna globalización (informática, liberalización) se ha sumado otro factor: el desplome del bloque comunista ha dejado libre el paso a la expansión mundial del poder financiero y especulador. Es preciso decirlo: ni libertad sin justicia, ni justicia sin libertad.
  10. El neoliberalismo es la filosofía política del proceso de globalización. De suyo, el término liberalismo evoca la defensa de la libertad personal frente a los regímenes antiguos de monarquía absoluta. Evoca también la lucha por la libertad frente a los regímenes totalitarios, ya sean colectivistas o fascistas. En el mundo económico, liberalismo significa libertad de mercado: “zorra libre en gallinero libre”. Ahora, el neoliberalismo juega a evocar estos sentimientos y reflejos, como si la economía mixta (con control social) llevara realmente a un régimen opresivo del que hay que librarse: “Es una falsificación de la historia y un oportunismo vergonzoso izar la bandera del liberalismo con sus mejores y más humanos colores para defender los intereses creados de unos pocos”, “lleva a la destrucción del pacto social y de los sistemas de protección que los seres humanos nos hemos dado para sobrevivir en un mundo incierto y peligroso” (Luis de Sebastián, 10 palabras, 82 y 87).
  11. Cada imperio globaliza con los medios que puede. Por ejemplo, en el imperio romano los comerciantes montan su red con rutas de transporte que operan en sintonía con los poderes vigentes. En el imperio británico del XVIII su centro financiero mundial en Londres, sus líneas marítimas y sus explotaciones coloniales son el marco de globalizaciones privadas propias de su tiempo.
  12. El lenguaje de la globalización es un lenguaje norteamericano: “Es un concepto y una práctica hegemonizada por una parte del planeta: los Estados Unidos”, “la administración republicana de Ronald Reagan presionó mucho para imponer el libre movimiento de capitales en otros países. Clinton heredó el proyecto y lo amplió” (J. Estefanía, 10 palabras, 26-30). Actualmente, la administración Bush está empeñada en imponer un nuevo orden mundial, como Bush padre lo había intentado diez años antes. La palabra globalización, con visos de modernidad y operación de imagen, sustituye a viejas palabras como capitalismo e imperialismo.
  13. La abismal desigualdad entre una minoría de globalizadores y una inmensa mayoría de globalizados aparece en cualquiera de las estadísticas ofrecidas por diversos organismos internacionales. El 80 por ciento de la población del planeta vive con el 20 por ciento de los recursos y 1200 millones de personas se ven obligadas a vivir con menos de un dólar por día. Se necesita una globalización alternativa, que incluya a quienes excluye la actual globalización neoliberal: dos terceras partes de la humanidad.
  14. Se comprende que la gran mayoría pobre manifieste crecientes protestas y reivindicaciones. Mientras que la minoría globalizadora casi limita su interés a los mecanismos y resortes económicos que afectan a sus beneficios y operaciones especulativas, la gran mayoría oponente se inquieta por lo que importa a la vida humana en todas sus dimensiones.
  15. Es necesario globalizar la sanidad (por ejemplo, contra epidemias mundiales que afectan a todos), la justicia (castigando tiranías y genocidios con ese Tribunal que no acaba de nacer por oponerse a él EE UU), la educación (el analfabetismo es una consecuencia más de la pobreza), la política (poniendo al día instituciones incapaces de aprovechar las nuevas técnicas con sentido social), por poner algunos ejemplos. La coordinación mundial encomendada en su día a la ONU y demás organismos internacionales resulta hoy anticuada e ineficaz. Cada vez se percibe más la necesidad de una autoridad supranacional con jurisdicción planetaria y capacidad ejecutiva. La hegemonía de una sola potencia sobre los demás países, supeditados a ella, se parece más a un imperio con colonias o provincias que a una asamblea para el interés común.
  16. Se han propuesto algunas medidas parciales para corregir las grandes desigualdades sociales existentes: la tasa Tobin y la renta básica de ciudadanía. La primera medida toma su nombre de James Tobin, premio Nobel de Economía, que en 1978 propuso una tasa sobre los beneficios logrados en las transacciones al contado de los mercados de cambio. La mayor plataforma de defensa de este impuesto es la Asociación por una Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), una organización nacida en Francia y que se ha extendido con rapidez a otros países. La suma de ingresos fiscales podría ser utilizada en la ayuda al desarrollo, lucha contra las desigualdades, protección social, protección de la naturaleza, etc. La renta básica de ciudadanía (RBC) es el ingreso pagado por el Estado a cada ciudadano por el solo hecho de serlo. Se trata de un ingreso incondicional, algo con lo que una persona puede contar con toda seguridad.
  17. Como dice el Concilio Vaticano II, para satisfacer las exigencias de la justicia se han de eliminar las grandes diferencias sociales (GS 66). Las diferencias escandalosas entre ricos y pobres son una injusticia y, además, un peligro social: generan violencia.  Lo denuncian los profetas. Llama la atención. El Congreso de Teología terminó el domingo. En todas las iglesias se leía un pasaje del profeta Ezequiel (Ez 33,7-9), que podría traducirse así: la injusticia globalizada genera violencia. El profeta, como centinela, tiene la responsabilidad de avisar.