DIA DEL ENFERMO 2005 Los profesionales de la salud

Creado en Sábado, 25 Mayo 2013 Última actualización en Lunes, 27 Mayo 2013

CAMPAÑA DEL ENFERMO 2005

LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

Los necesitamos. Nos necesitan

PRESENTACIÓN

Los profesionales de la salud han estado presentes, de una u otra forma, en todas las Campañas del Enfermo, pero nunca han constituido el tema central. Dada su importancia en el mundo de la salud y de la enfermedad, creemos que ha llegado el momento de dedicarles la presente Campaña. Y esto, por diversos motivos:

Es un colectivo numeroso y necesario. En España, más de un millón. Son todas aquellas personas que ejercen su profesión en el mundo de la salud y de la enfermedad. Todos sabemos lo que suponen para el enfermo y la familia, y lo que suponen dentro del mundo sanitario para realizar sus fines de educar y promover la salud, prevenir la enfermedad y asistir y cuidar a los enfermos.

Es un colectivo necesitado. Los profesionales de la salud son y se sienten necesitados de escucha, cercanía, respaldo, apoyo y ayuda para vivir su trabajo de forma sana y saludable. Muchos de ellos son sanadores heridos, como consecuencia del desgaste que les produce su propio trabajo.

Es una preocupación de la Iglesia. Atender a quien cuida a los enfermos es una forma indirecta de atender a los enfermos. La comunidad cristiana siente la imperiosa necesidad de cuidar a quien cuida, acoger y acompañar al profesional de la salud, reconocer su trabajo y su carisma de curación, escuchar sus dificultades, saber de sus posibles crisis relacionadas con su trabajo.

Es una ocasión de reconocimiento y gratitud. Dedicar esta Campaña del Enfermo a los profesionales de la salud brinda a la Iglesia -y a la sociedad- una magnífica ocasión para reconocer y agradecer su labor, para prestarles atención, para escucharlos y enriquecerse con sus aportaciones, para promover un laicado cristiano comprometido en el mundo de la salud.

Con este material de educación en la fe pretendemos:

Acercarnos a la realidad actual de los profesionales de la salud: quiénes son, qué hacen,  cuáles son sus fines y tareas, cuáles son sus valores y actitudes, a qué retos y desafíos han de hacer frente, cuáles son sus necesidades y preocupaciones.

Promover la relación entre la comunidad cristiana y los profesionales de la salud. Impulsar el diálogo y la colaboración mutua. Revisar y potenciar la atención, el cuidado y la formación que la comunidad cristiana ofrece a los profesionales de la salud.

Promover una presencia significativa de los cristianos en el mundo de la salud, impulsar su misión y su testimonio, y potenciar la Asociación de Profesionales Sanitarios Cristianos.

Los contenidos se agrupan en tres partes: en la primera, la más amplia, nos acercamos a los profesionales de la salud para conocerlos, fundamentalmente a través de sus testimonios; en la segunda, abordamos la mutua relación entre la comunidad cristiana y los profesionales; en la tercera, nos centramos en los profesionales cristianos y su compromiso en el mundo de la salud y ofrecemos, como ejemplo, el marco integrador de la Asociación de Profesionales Sanitarios Cristianos. Cada parte incluye un cuestionario para la reflexión personal y de grupo. Finalmente, adjuntamos una selección de textos del Magisterio referidos específicamente a los profesionales de la salud, una oración y una sucinta bibliografía.

Los destinatarios son los enfermos y sus familias, las comunidades cristianas y sus equipos de pastoral de la salud, los servicios de asistencia religiosa, las congregaciones religiosas sanitarias y otras, las instituciones sanitarias y socio-sanitarias, y en especial todos los profesionales de la salud sean o no cristianos.

I. LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

Los profesionales de la salud forman un colectivo inmenso y plural. En España, más de un millón. Son todas aquellas personas que ejercen su profesión en el mundo de la salud y de la enfermedad: médicos, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos, capellanes, técnicos de laboratorio, auxiliares de clínica, trabajadores sociales, farmacéuticos, gerentes, administrativos, celadores, personal de mantenimiento... Todos son igualmente importantes y todos y cada uno son imprescindibles. Si una parte no funciona, se resiente el todo. Un enfermo no podría ser operado si el personal de la limpieza no hubiese limpiado adecuadamente el quirófano y las enfermeras y auxiliares no lo hubieran preparado y el celador trasladado. El farmacéutico hace que el enfermo disponga de la medicación; el personal de cocina le proporciona los alimentos que precisa; gracias al personal de lavandería el enfermo y los profesionales disponen de ropa limpia, etc.

Los enfermos buscan del médico la curación. Esperan la mano amiga de la enfermera que les cuide, la frase amable de la limpiadora, la delicadeza del celador cuando moviliza su cuerpo desvalido en la cama y a través de los largos pasillos del hospital. Confían en que hoy les resulte más fácil ingerir los alimentos, en que el aire llene sus pulmones, en que el dolor desaparezca, en que ese brazo y esa pierna que se resisten a moverse comiencen a obedecerles. En su interior anhelan, muchas veces sin saberlo, que el médico que les ha correspondido en suerte sepa decirles lo que les ocurre y les proporcione los remedios que les alivien. Ansían que todos los profesionales que pululan a su alrededor les reconozcan como personas, como seres humanos.

Acercamiento al mundo de los profesionales de la salud

Como primer paso vamos a acercamos al mundo de los profesionales de la salud para conocer su trabajo, su servicio a los enfermos y a la sociedad, sus valores y actitudes, los retos y desafíos a los han de hacer frente, sus necesidades y expectativas, sus sufrimientos y alegrías. Escuchamos lo que ellos mismos nos dicen.

Tareas de los profesionales

* En el Centro de Salud donde ejerzo me llega el enfermo, solo o acompañado de algún familiar. Su enfermedad, generalmente, no es grave pero para el enfermo es muy importante porque no le permite llevar su vida diaria de manera normal... A veces, el enfermo tiene unos síntomas que me hacen sospechar que está tocado por algo más profundo. Mando realizar unas pruebas, análisis, radiografías… Unas veces me alegra ver que esas sospechas no se confirmen, pero otras... Con alguna frecuencia visito en sus casas a enfermos de SIDA. Estos unen al dolor físico de una enfermedad que saben que puede ser mortal a un plazo más o menos largo, el dolor por el rechazo social que, afortunadamente, nuestra sociedad va suavizando. Necesitan más que nadie sentirse queridos y me piden que los acepte en su enfermedad y les consuele. [Médico de Familia]

* Mi trabajo lo realizo en la consulta o en el domicilio, y en cualquier otro lugar donde haya que asistir a alguien. Procuro darle siempre un trato personalizado. Todos los días, antes de empezar la consulta, tengo diez-quince minutos de "escuela de salud", donde hablamos de cualquier tema relacionado con la misma: noticias de actualidad, donaciones, voluntades anticipadas, tolerancia, cómo preparamos para la muerte, el duelo, información al paciente terminal. Una vez por semana acudo a la escuela para compartir con niños y profesores distintos temas: alimentación, estética corporal, higiene, técnicas de relajación, dibujo e interpretación. [Médico rural]

* En Urgencias nos toca trabajar con personas, muchas de ellas en situaciones extremas, por su estado terminal, por su situación personal, familiar o social. Personas que sufren no sólo enfermedad, sino también miedo, abandono, soledad, marginación. Unas llegan con problemas de alcoholismo o drogodependencia, otras con enfermedades mentales, en crisis agudas y violentas. Hemos de atender a personas víctimas de agresiones, a ancianos abandonados, enfermos angustiados por su salud, aquejados por el dolor, aunque su vida no corra peligro [Auxiliar de Clínica].

* Me gusta mi trabajo. Como los familiares tienen que salir para que yo pueda limpiar, eso me facilita preguntarle cómo está, qué le ha pasado, o decirle algo.. Mientras limpio, veo sufrir a médicos y enfermeras cuando no pueden con los casos, cuando alguien no tiene remedio. Está bien que hagan cursos para poder con el duelo y para facilitárselo a otros; de lo contrario, los pobres, no podrían con ello. Me gusta mi trabajo, pero reconozco que no lo sabemos hacer bien, que somos demasiado «tiesos», que a todos los que llevamos uniforme nos gusta mucho llamar la atención a los pacientes y familiares... Corregimos a la gente o informamos con desgana, como si estuviéramos siempre saturados de trabajo o incomodados por las visitas. [Limpiadora]

* Voy por la planta acariciando vidas, cuidando a unos y a otros, adivinando el dolor. Ayudo a los padres a no envolver a los niños en una gran mentira, sino a saber disfrutarlos hasta el final y despedirse de ellos con todo el cariño expresado. Al morir un niño y tras cuidar a los padres paso por las habitaciones, porque cuando un niño muere, todos los padres se resienten y sufren también la próxima pérdida. Hablo de la muerte con naturalidad, como parte de la vida, y recuerdo a los padres la importancia de acompañar con sensibilidad esta experiencia para favorecer la elaboración positiva del duelo de sus otros hermanos. Creo que es mejor comunicar la verdad de manera sencilla y que hay que expresar también los sentimientos y dejar que el niño cuente todo lo que le pasa por dentro, respondiendo con la verdad a todas sus dudas. [Psicóloga infantil]

* En el Servicio de Neonatos del Complejo Hospitalario trabajamos un grupo de profesionales con años experiencia. Sacar adelante con vida muchos prematuros o recién nacidos enfermos o ya nacidos, nos descubrió la necesidad de trabajar su calidad de vida: sanarlos en las mejores condiciones, ayudar a los padres a asumir su crianza, y sanar nuestra mente de profesionales, encerrados en ocasiones en el círculo del fracaso o en la desesperanza de ver un día con vida feliz y plena a estos niños [Pediatra].

* Soy profesor de una Escuela de Enfermería. Es apasionante el trabajar con jóvenes. Enseñar que es más importante coger la mano moribunda, un gesto amable, una sonrisa que todas las medicaciones posibles. Enseñarles a ser servidores competentes y dedicados, promotores de la humanización de la asistencia, defensores de los derechos de los enfermos, trabajadores de una sociedad más sana y testigos de Jesús en el mundo de la salud. Para enseñarlo tengo que vivirlo yo y eso no siempre es fácil: yo también tengo limitaciones y a veces estoy necesitado de esperanza y de ilusión en grandes dosis [Profesor de enfermería]

Sentido y fines de los profesionales de la salud

Los profesionales de la salud prestan un servicio vital a la sociedad: conocer, diagnosticar y tratar la enfermedad, cuidar a quienes están enfermos, fomentar la salud que tengan y educarles para que puedan gozar de una salud mejor, ser personas dedicadas al cumplimiento de esa tarea que la sociedad les encomienda.

Los modos de entender la profesión médica a lo largo de la historia han sido distintos y han estado influidos por multitud de circunstancias. En los albores del siglo XXI resulta muy útil recordar cuáles son los verdaderos fines de la Medicina, agudamente resaltados en un documentado informe del prestigioso Hastings Center: La prevención de la enfermedad y de las lesiones, y la promoción y el mantenimiento de la salud. El alivio del dolor y del sufrimiento causado por la enfermedad y las dolencias. La asistencia y curación de los enfermos y el cuidado de los que no pueden ser curados. Evitar la muerte prematura y velar por un morir en paz.

* A lo largo de más de 25 años mi preocupación, como profesional de enfermería, ha sido aprender el arte de cuidar, porque el eje central de la enfermería es el ejercicio del cuidar. Cuidar es acompañar adecuadamente a los enfermos, conocer sus valores y creencias, sus necesidades y sus recursos. Cuidar es ayudarles a ser autónomos, a realizar su propia vida, a valerse por sí mismos. Cuidar es acompañarlos en su camino respetando su ritmo. Cuidar a un enfermo es una responsabilidad, es una obligación de justicia. Pero no es tarea fácil. Conlleva conocer su vida, sus problemas, su mundo interior con mucho tacto y respeto. Exige grandes dosis de escucha, de atención, de silencios, de tacto y de respeto. [Enfermera]

* Es imprescindible una vocación profesional auténticamente convencida de sus responsabilidades. Ese impulso vital es el deber moral de actuar al servicio del ser humano como fin primordial, de ayudarle en sus necesidades de curación y cuidados. Ese deber ético es similar para todos, porque es lo nuclear de las profesiones sanitarias, pero los niveles de exigencia no son los mismos. Cada uno tiene que descubrir el verdadero sentido de su vocación, en qué mimbres se sustenta y con qué nutrientes se fortalece para no caer en el desánimo o en el desgaste. En mi caso se ha producido con el tiempo un proceso de discernimiento, maduración y elección continua, que no ha concluido. La propia vida me ha llevado al ejercicio de la Medicina, sobre todo asistencial, pero también a orientar grandes dosis de trabajo hacia la formación y desarrollo de la Bioética. Esto lo siento como don y como una tarea; es un privilegio y un compromiso. En mi caso, creer no me exime de discurrir con racionalidad y prudencia en el ámbito de la moral, incluso con riesgo de equivocarme [Médico y bioeticista]

* Estoy para servir, estudio para ser un buen profesional, para explotar al máximo mis posibilidades. Es mi obligación asistir cada día mejor, a los que ponen su vida y sus sufrimientos en mis manos, no para vanagloriarme de ello sino para mejorar, en lo posible, el uso de los recursos que disponemos. Cuando fracaso en mi propósito, procuro no sentirme ni contrariado ni ofuscado; y cuando tengo éxito, intento no ser altanero ni que ello me aleje de Dios. [Médico Interno Residente]

* A lo largo de los años he ido aprendiendo conocimientos de mi especialidad, pero he tenido que aprender otros conocimientos y habilidades que nunca me habían enseñado: mecanismos de relación con el enfermo, formas de transmitir malas noticias, cómo acompañar en el dolor y en las alegrías o serenar a quien lo precisa... [Médico Internista].

Retos y desafíos que se les plantean

Son muchos y variados. Juan Viñas afirma en su ponencia Las profesiones sanitarias en la encrucijada. Retos del profesional de la salud del siglo XXI: “Vivimos en un mundo en constante y acelerado cambio tecnológico, social y cultural. Los profesionales de la salud hemos de conocer y afrontar los retos que el cambio nos plantea, tanto para nuestra propia salud, estilo de vida, proyecto vital y búsqueda de la felicidad como para ofrecer a los pacientes y sus familiares una atención de calidad, teniendo en cuenta la globalidad de la persona y sus necesidades vitales con profesionalidad”. Y señala, entre otros, estos retos y desafíos:

• Conjugar debidamente la especialización con la necesaria visión global de la persona. Lo primero es la visión global de la persona y sus necesidades y después la especialización. Sólo así podremos entender a la persona enferma y ayudarla con más eficacia.

• Superar el positivismo científico. Este no explica el amor, las relaciones humanas, las emociones, los sentimientos, las creencias y las dudas. Hay algo más que el materialismo. Creer en el bien de la humanidad no es algo irracional sino que ayuda a dar sentido a la vida y a nuestra felicidad.

• Afrontar la enfermedad y la muerte de manera distinta, como parte del ciclo vital.

• Estar preparado para dar información y, sobre todo, educación al enfermo, su familia y a la sociedad en general.

• Luchar por una medicina mejor, utilizar bien los recursos sin malgastarlos y tratar que la asistencia llegue a todos.

• Prepararnos para ofrecer a los pacientes de otras razas, culturas, religiones y costumbres una asistencia de calidad.

• Hacer sostenible y de calidad el sistema sanitario. Hemos de utilizar mejor los recursos de que disponemos y participar en las organizaciones de la mejora de la calidad de la asistencia, teniendo muy claro que cada enfermo es un fin en sí mismo, tenga o no tratamiento curativo, gaste o no muchos recursos, vuelva o no al trabajo y a ser útil a la sociedad.

• Dedicar tiempo y recursos a ponernos al día en todos los aspectos de la profesión, técnicos y humanos.

• Rendir cuenta a la sociedad de nuestra actividad y de los recursos que pone en nuestras manos.

• Ayudar, como ciudadanos que somos, a mejorar la sociedad. Nuestro comportamiento y ejemplo de vida fuera del trabajo tienen un impacto en los demás.

Necesidades de los profesionales

Los profesionales de la salud son necesarios. Es obvio. Se dice en el libro del Eclesiástico: “Recurre al médico, pues el Señor también lo ha creado; que no se aparte de tu lado, pues lo necesitas” (Eclo 38, 12-13). A su vez, los profesionales de la salud son y se sienten necesitados de escucha, cercanía, respaldo, apoyo y ayuda para vivir su trabajo de forma sana y saludable. Muchos de ellos son sanadores heridos. He aquí el análisis que un grupo de profesionales hace de su situación:

• Vivimos hoy una situación de crisis de valores, de incertidumbre y preocupación, ocasionada por los profundos cambios que se están dando en los avances de las ciencias médicas, en las relaciones de los profesionales con los pacientes y con las instituciones sanitarias de las que dependen, y en el impacto de las nuevas directrices administrativas legales y políticas.

• Nos afecta la frustración y el desencanto ante las dificultades profesionales, y nos vemos desconcertados ante los avances de la ciencia y de la técnica que requieren un permanente discernimiento, que no siempre es satisfecho.

• Experimentamos la impotencia en medio de una sociedad que nos pide el imposible de curarlo todo e incluso vencer a la muerte, y sentimos la soledad en medio de un mundo que ignora, cuando no desprecia, lo más radicalmente humano.

• En los profesionales de la salud se da la paradoja de que siendo valorados de modo muy encomiable por la gran mayoría de los enfermos y de sus familias, sin embargo, es cada vez más manifiesto el nivel de insatisfacción, frustración y otros sentimientos penosos que hacen presa de un número considerable y creciente de nosotros.

En síntesis, los profesionales tienen necesidad de:

• Desahogo y de cauces para ello, dada la sistemática represión que han de practicar al contacto reiterado con el sufrimiento de enfermos y familiares.

• Contrarrestar y compensar las quejas y reclamaciones que reciben de enfermos y familiares, algunas de las cuales obedecen a negligencia o mala práctica por parte de los profesionales, pero muchas tienen como causa defectos del sistema sanitario, del que ellos son también víctimas directas.

• Encontrar, ellos también, un sentido satisfactorio a un trabajo duro y que no suele ofrecer muchas gratificaciones.

Interrogantes y preguntas

* En la UCI donde trabajo, hay pacientes con la misma patología y de la misma edad. Se realizan las mismas técnicas, se administran los mismos tratamientos, pero unos mueren y otros viven. Empiezo a preguntarme el por qué de estas situaciones. Seguramente, para unos ha llegado su hora y para otros todavía no. Me costó algún tiempo entender esto... Se nos plantean problemas éticos ¿Hasta dónde seguir reanimando a un paciente? ¿Hasta siete veces, como ocurrió una vez y el señor salió por su propio pie y vino a darnos las gracias? ¿Dónde está el límite en la administración de tratamientos curativos, cuando sabemos a ciencia cierta que pueden no ser efectivos y alargan el sufrimiento, ya no tanto para el paciente, si está sedado, sino sobre todo para la familia? ¿Por qué no dar cuidados paliativos? [Enfermera]

* Cuando en Urgencias ves tanto dolor, tantas preguntas sin respuesta, tantas familias deshechas, tantas vidas desaprovechadas y a la vez te ves inmerso en un complejo hospitalario tan grande y tan frío, tan despersonalizado y tan desmotivado... te planteas tantos interrogantes. [Enfermero de Urgencias]

Desgaste y sufrimiento de los profesionales

Lo que desgasta a los profesionales y les causa de sufrimiento es, según dicen ellos mismos: el estrés, consecuencia de la sobrecarga de trabajo; la impotencia personal para cambiar el entorno; la falta de recursos humanos y materiales; la falta de apoyo por parte de la dirección de los centros, así como la poca valoración del trabajo que realizamos; los problemas laborales; la falta de ilusión, el pasotismo; los continuos cambios de normativas, que dificultan el trabajo bien hecho; la falta de formación y de recursos para el ejercicio de la profesión; estar en constante contacto con el mundo del sufrimiento y del dolor, etc.

* Me encuentro muchas dificultades al trabajar en el medio rural. La escasez de medios sanitarios y sociales para hacer frente a los problemas. La ceguera de mi jerarquía sanitaria ante los problemas de los profesionales del medio rural: no conoce directamente nuestras necesidades ni tiene una relación directa con nosotros, los controles de calidad son totalmente irreales, las incentivaciones nunca son equitativas, la formación continuada no existe..., sólo prima el gasto farmacéutico. No se valoran ahorros llevados a cabo con muchísimo trabajo y dedicación como es la atención y el control exhaustivo y continuo de pacientes domiciliarios y crónicos evitando su traslado a un medio hospitalario. Mi problema real es la soledad para llevar a cabo el trabajo. No sé marcar hasta dónde tengo que implicarme. Esto repercute en las facetas de mi vida, principalmente la de mi familia y mis amigos, y la mía propia. [Médico rural]

* Un hospital es una empresa muy especial, funciona 365 días al año, mañana, tarde y noche. La base del hospital son las personas. Como tales pueden cometer errores, a veces inevitables por mucho que se tomen todas las precauciones. Cuando ocurre, genera una gran ansiedad, por el acto en sí y por la actitud a adoptar ante el profesional. La complejidad de los problemas del día a día te obliga a tomar decisiones rápidas que, a posteriori, hace que tengas fuertes dudas sobre si tu decisión ha sido acertada o no. Pero el hospital es así. Un laberinto complejo, donde el enfermo es lo más importante, y precisamente por esto, porque estamos tratando vidas humanas, la complejidad y el sufrimiento de la gestión alcanza a veces niveles difíciles de explicar. [Gerente]

* Sufro cuando me equivoco en la técnica, o se estropea el estudio o parte de él por averías en la maquinaria; cuando se trata a los enfermos sin el respeto que merecen; cuando con prepotencia algunos profesionales pasamos a familiares o amigos delante de los enfermos que sufren, esperan y perciben esta injusticia; cuando percibo que gran número de profesionales no nos apreciamos, no tenemos autocontrol, no tenemos paz, nuestra autoestima está rota. [Técnico de Radiología]

* Me impacta especialmente la muerte de los jóvenes y el dolor que veo a su alrededor. PROSAC me ha ayudado mucho y también mi experiencia en una comunidad cristiana de base. [Médico Internista].

* Uno de los momentos más difíciles para mí es cuando el inexorable momento final de un enfermo terminal me hace sentir el fracaso como profesional de la medicina. Comparto mi impotencia con el dolor de la familia. Me siento de algún modo parte de ella y al enfermo como mi prójimo [Médico de Familia]

* Hoy, la tentación de tirar la toalla, de abandonarse sin más, se respira en el ambiente. Se nota el cansancio que en algunos ya es hartura. Demasiado tiempo peleándose con la cronicidad de la enfermedad mental y del hospital psiquiátrico. Pacientes y profesionales cansados de que la salud mental siga discriminada en la asistencia y la asignación de recursos socio-sanitarios. Desanimados por tener que renunciar a proyectos y posibilidades que quizá harían más digna la vida de las personas. Temerosos porque la eficacia y la eficiencia se conviertan en los únicos indicadores para valorar la calidad de una vida, sea la del paciente, sea la del profesional que le atiende cada día. [Psicóloga de enfermos mentales]

Gozos y satisfacciones de los profesionales

Lo más enriquecedor y saludable para los profesionales –según dicen ellos- es el contacto con el enfermo y su familia, así como su testimonio que les ayuda a relativizar los propios problemas y anima a seguir trabajando con ilusión. También vivir la profesión con vocación y tener conciencia del trabajo bien hecho. El compañerismo y la buena actitud entre los distintos profesionales, cuando se da.

* Como muchos enfermos siento el ahogo y la angustia que causa la incertidumbre sobre lo que sucederá mañana. Palpo su lucha, en ocasiones heroica, por la vida. Comparto sus esfuerzos y su desesperación. Trato de arrimarme a ellos con mi alma y transmitirles mi energía a través de mis manos y de mis palabras. Me alegro con sus alegrías. Reconocerme y presentarme ante ellos tal cual soy, con mis virtudes y mis defectos, me ha posibilitado un acercamiento. He aprendido que la esperanza es un grandioso fármaco y el cariño el mejor bálsamo en los momentos de desdicha. He comprendido que escuchar es el mejor remedio contra las negligencias y los errores y he comprobado que soy un ser humano como ellos. [Oncólogo]

* Nuestra profesión nos ofrece una posibilidad de encuentro con el ser humano en su fragilidad y, en última instancia, una posibilidad de encuentro con lo mejor de uno mismo en el empeño por aliviar el sufrimiento ajeno. El contacto con el enfermo y su familia, así como su testimonio ayuda a relativizar los propios problemas y anima a seguir trabajando con ilusión. [Médico]

* Los enfermos me mantienen y renuevan. Cada día me enseñan cosas nuevas, me ayudan a crecer y no dejan de regalarme una sonrisa, una mirada, un abrazo... No me cansan, sino que me empujan. Amo mi profesión, la miro cada día con más respeto y la ejerzo con entrega y pasión. Doy gracias por estar donde estoy haciendo lo que hago: llevar amor, mucho amor. Sólo así se pueden alcanzar "pequeñas victorias", que para mí son "grandes”: sacar una sonrisa, aliviar una soledad, calmar un dolor, coger la mano en el momento de la partida, compartir miedos que siempre resultan ser menos miedos [Médico rural]

* Estoy disfrutando de mi última noche con mis compañeras con las que tanto he compartido y de las que tanto he aprendido. Doy gracias por el compañerismo vivido en la UVI y por estos años de trabajo en ella que me han ayudado a descubrir lo esencial de la vida, del ser humano, de mí misma y de los demás. Sé que aquí he resucitado un poco y eso me ayuda a seguir repartiendo vida y dando esperanza en mi casa, en la calle, en el hospital. Nunca podré olvidar la mirada de Marisol cuando despertó después de muchos días de lucha con la muerte. Había pasado muchas horas hablándole, diciéndole frases sencillas. Ahora por sus ojos salía gratitud, amor. Su mirada me transmitió paz e hizo que me sintiera bien [Enfermera].

Los profesionales también enferman

Los profesionales de la salud también viven la experiencia de la enfermedad y de la vulnerabilidad en su propia vida, en la de sus familiares y allegados o de sus propios compañeros. ¿Cómo les afecta? ¿Qué les aporta para su quehacer profesional?

* Hace unos meses se me diagnosticó una enfermedad tumoral maligna en estadio IV e inicié tratamiento con fármacos, pues el quirúrgico ya no estaba indicado. Para un médico cirujano es difícil de aceptar, pero no hay otra solución más eficaz. Con una espera esperanzadora en el devenir, acompañado y arropado por seres que te quieren, algunos incluso desconocidos, y recordando los versos de Teresa de Ávila -Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta-, hemos ido dando pasos, no sin dudas, en el camino hacia el Misterio. Permitiéndomelo mi estado físico, opté por continuar en el hospital con mi actividad asistencial, docente e investigadora como cirujano, salvo el día de la administración de los fármacos. He experimentado la fragilidad de mi ser material y mental como enfermo y me siento más unido a aquellos que con sus cuidados e indicaciones terapéuticas intentan conseguir mi curación o al menos aplacar sus síntomas. En esos momentos de dificultad se hacen patentes las palabras del Huerto de los Olivos: Hágase tu voluntad [Cirujano].

* Soy enfermera y si volviera a nacer, elegiría la misma profesión. Cuando decidí estudiar enfermería, lo único que tenía claro era mi deseo de ser útil a los demás. Trabajé cuatro años en Medicina Interna. La juventud y la ilusión por el trabajo hicieron que fueran los mejores años de mi vida. No sólo atendí y acompañé a enfermos, sino que también hice grandes amigos. Caí enferma. Me diagnosticaron una polineuropatía periférica. Conocí la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos. En ella he descubierto que por muchas que sean las limitaciones de un enfermo o minusválido, son muchas más sus capacidades y que lo más importante es el trato personalizado y la escucha al enfermo. Por eso en mi quehacer trato de ayudar al enfermo a que se valore y sea "protagonista de su sanación". [Enfermera]

* Quiero expresaros mi profundo agradecimiento por vuestros cuidados durante mi estancia. Ha sido mi primera experiencia de paciente hospitalizado. La he vivido con intensidad y a la par con serenidad de ánimo. Recuerdo al personal que me atendió en reanimación. Comprobé vuestra profesionalidad, vuestra actitud y aptitudes. Me confirmasteis algo que no se valora suficientemente: la disponibilidad y el buen talante en el trabajo. Aunque en ocasiones vuestro agotamiento, los conflictos laborales o los problemas personales os preocuparan o agobiaran, sabíais acercaros con una sonrisa, una mirada de acogida servicial y unas palabras de aliento. Ante la inmovilidad y dependencia física he apreciado mucho vuestras manos, ya fuera curando la herida, lavando mi cuerpo o sirviéndome de apoyo fundamental para los desplazamientos; y todo ello con exquisita delicadeza, casi mimo, y respetando el pudor ajeno. ¡Seguid así, que no os venza la rutina ni os doblegue el desánimo, y que la ilusión renovada sea vuestro horizonte vital en la andadura diaria! [Médico]

Cómo ven los enfermos a los profesionales

La larga experiencia de muchos meses de internamiento me dio la oportunidad de ser espectador de un variado desfile de profesionales. He visto profesionales:

• Que demuestran gran competencia o también inexperiencia e inutilidad.

• Que entablan una relación humana y profesional verdadera o que te tratan como un objeto.

• Que realizan su trabajo con ganas e ilusión o con desgana y enfado.

• Que se ayudan mutuamente o que escurren el bulto y cargan el trabajo y la responsabilidad en los compañeros.

• Que sufren con tu padecimiento, se preocupan con tus complicaciones y se alegran con tu mejoría o que no se implican y pasan.

• Que ven en el enfermo a una persona y lo tratan como tal o que sólo te ven como un caso interesante o un número más.

• Que se preocupan y tienen en cuenta los cambios de humor del enfermo, su inapetencia, su soledad, su sufrimiento interior, sus necesidades espirituales… o que no se fijan ni lo consideran tarea suya [Enfermo].

Viví en la UVI la intensa experiencia solitaria y solidaria de una larga noche. Se sobreponía en mí la gratitud ante los sorprendentes logros de la cirugía, de la anestesia, de las ciencias, de la clase médica y del mundo hospitalario en su conjunto, que en aquellos momentos nos devolvían la vida a tantos seres humanos, inermes y desvalidos, a los operados en el hospital y a millones de enfermos en el mundo. En mi mente estaba el gran ejército de los sanitarios en el mundo: médicos especialistas de los altos saberes, cirujanos de manos divinas, enfermeras, cuidadoras transidas de respeto y ternura hacia el enfermo; toda una constelación de hombres y mujeres, vocacionados para aliviar y curar a sus semejantes [Obispo].

* Juan Pablo II ha estado ingresado por octava vez en el Policlínico Gemelli, al que llama su tercera casa por el tiempo pasado en él hospitalizado. Repetidas veces el Santo Padre ha mostrado su reconocimiento y gratitud a quienes le han cuidado y atendido. “Hoy –decía en el mensaje del Ángelus del 6 de febrero, leído por Mons. Sandri- me dirijo a vosotros desde el Gemelli, donde me encuentro desde hace unos días asistido con amoroso cuidado por médicos, enfermeros y personal sanitario, a quienes doy las gracias de corazón…. También desde el hospital, en medio de los demás enfermos, a los que va mi saludo afectuoso, sigo sirviendo a la Iglesia y a toda la humanidad”. Al abandonar el hospital Juan Pablo II se despidió de los que le cuidaron y escribió una carta al Rector de la Universidad Católica del Sacro Cuore, de la que depende el Gemelli, en la que agradece a todas las personas que le han atendido -médicos, monjas, enfermeras, técnicos y auxiliares- y destaca la labor que realiza ese centro, "donde se une a la competencia médica y profesional el espíritu evangélico".

PARA EL TRABAJO PERSONAL O DE GRUPO

1. ¿Conocemos la realidad humana de los profesionales de la salud que nos atienden y cuidan?  ¿Cómo viven su profesión? ? ¿A qué retos y desafíos se enfrentan? ¿Qué les satisface y qué les desgasta?

2. Entre los profesionales de la salud que conoces ¿cuáles son sus necesidades y preocupaciones?

3. ¿Cómo trata la sociedad y el sistema sanitario a los profesionales de la salud? ¿Y la Iglesia y sus comunidades? ¿Y tú en particular?

4. Los profesionales de la salud ¿cómo viven su propia enfermedad?

II. LA COMUNIDAD CRISTIANA Y LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

Habiéndonos acercado a la realidad de los profesionales de la salud, nos planteamos la relación mutua entre la comunidad cristiana y los profesionales de la salud. Supuesta la legítima autonomía que le corresponde al mundo sanitario, la relación es necesaria en bien del enfermo a cuyo servicio estamos y es beneficiosa para la propia comunidad y los profesionales. Esta relación puede ser de diálogo y colaboración, de atención, cuidado y formación.

Diálogo y colaboración

Promover el diálogo y la colaboración con los profesionales de la salud es una tarea prioritaria de las comunidades cristianas. Es importante realizarla adoptando y cultivando, entre otras, las siguientes actitudes: confianza, respeto, apertura, renuncia a actitudes dogmáticas, condenatorias y culpabilizadoras, reconocimiento de los propios límites, etc.

Analizamos algunos campos en los que este diálogo y colaboración son hoy día, posibles, deseables, oportunos y necesarios, aunque no resulte fácil llevarlos a cabo.

1. Promoción de una cultura de la salud más responsable

Nuestra fidelidad al evangelio nos lleva a ayudar a las personas a vivir su propia existencia de la manera más humana posible, cultivando la salud en todas las dimensiones del ser humano. Nos lleva a interpelar a la sociedad sobre el ideal del hombre que se encierra tras ese modelo de salud tan tecnificada, medicalizada y burocratizada predominante. Nos lleva también a iluminar desde la fe de asuntos tan importantes como la defensa y el cuidado de la vida; el contenido humano de una verdadera calidad de vida; la salud como tarea responsable orientada al crecimiento integral de la persona y entendida como armonía con el medio ambiente; el consumo racional de los servicios sanitarios; el sentido cristiano de la enfermedad, de la donación de órganos y sangre; la experiencia humana del envejecimiento; el sentido humano y cristiano del morir.

2. Promoción de una asistencia integral al enfermo

El enfermo necesita una atención integral. Esto supone conocimiento de sus necesidades reales. Los enfermos son personas, no son cosas, y la curación de estas personas requiere encuentros intensos y repetidos diálogos. La curación no viene sólo por la administración de medicamentos. Los enfermos piden una asistencia cada vez más humana, personal, comprensiva, cercana. No se tratan enfermedades, sino enfermos. La asistencia a enfermos se hace cada vez más compleja. Caminamos hacia una medicina de equipo, donde tienen cabida diversos profesionales: médicos, psicólogos, asistentes sociales, sacerdotes, para captar así la realidad compleja del hombre: somática, psicológica, social, cultural y religiosa.

3. Iluminación ética

Podemos contrastar y difundir las reflexiones de la bioética cristiana que garantice la dignidad de las personas y la defienda de toda agresión, utilización y manipulación, especialmente cuando ésta es más débil: al comienzo de la vida, en la enfermedad, en el deterioro físico y mental, y en la proximidad de la muerte.  Esto nos obliga a conocer y discernir los problemas éticos concretos que se plantean en el mundo sanitario, ante los cuales el profesional de la salud tiene que decidir. Conocer cuál es el fondo de la cuestión en los temas fronterizos a la vida: píldora del día siguiente, terapia génica, células troncales (embrionarias y adultas), clonación, manipulación y utilización de embriones, atención a los enfermos en situación terminal, procedimientos eutanásicos (los declarados y los silenciados), distinción entre medios y fines.

4. Atención a las personas más desasistidas

Su necesidad de salud tiene lugar en situaciones de marginación, lo cual supone también desasistencia sanitaria. Son las situaciones de pobreza económica, de desarraigo social, de soledad, de vejez, alcoholismo, drogadicción, o la situación de las personas discapacitadas o de los enfermos crónicos en general. A la Iglesia no le está permitido ignorar precisamente este mundo de los más necesitados de salud. Nuestra oferta de salud incluye el compromiso por una atención sanitaria más justa para con estas personas, así como también su defensa ante cualquier tipo de marginación social. Aquí tenemos también una colaboración con los profesionales de la salud, pues se trata de una labor que sensibiliza directamente a los profesionales. Unos y otros podemos trabajar juntos no sólo para ayudar a llevar un tratamiento ante determinadas patologías, sino mediante el compromiso común para luchar contra las causas de las mismas.

Atención y cuidado del profesional de la salud

La comunidad cristiana debe ser en medio de la sociedad piscina de Betesda (Jn 5), es decir, comunidad que cura. La misión sanadora de la comunidad hunde sus raíces en el mismo Evangelio, en lo que dijo e hizo Jesús. Jesús se sitúa allí donde el hombre está, donde le duele al ser humano: Pasó haciendo el bien y curando (Hch 10,38). La salud que Jesús ofrece comienza por la salud física, pero no se detiene ahí. Alcanza al hombre entero en todas sus dimensiones. No se limita al cuerpo ni se limita al individuo. Es una salud individual y comunitaria, reclama libertad y sentido, está inserta en la trama de valores y contravalores.

A la luz del modelo sanador de Jesús, es importante revisar y potenciar la atención de la comunidad cristiana a los profesionales sanitarios, cuyo trabajo consiste en poner en marcha la fuente de la salud. La comunidad cristiana les puede prestar atención, cuidado y formación:

1. Acercarse a ellos

El contacto cercano con los profesionales de la salud continúa siendo la forma privilegiada de atención a los mismos. No es programable, se lleva a cabo de la forma y en los momentos más inimaginables y da frutos insospechados. La disponibilidad para el contacto y el coloquio no superficial brinda ocasiones propicias para descubrir y atender sus necesidades personales.

2. Estar a su lado

Estar al lado de los profesionales de la salud, sobre todo en los momentos de dificultad y de dolor, mostrar interés por su vida y ofrecerles desinteresadamente ayuda, es hoy una sencilla y evangélica forma de atenderles pastoralmente. En la vida del hospital, residencia o institución, y en la comunidad parroquial hay ocasiones para ponerla en práctica: los actos y fiestas de confraternidad que se organizan; los acontecimientos festivos; las desgracias; el momento de la enfermedad o de la muerte del propio personal o de sus familiares; etc.

3. Descubrir con ellos el sentido de su quehacer

Ayudarles a descubrir y apreciar los valores éticos y evangélicos de su profesión, y también reconocer su carisma de curación (1 Co 12,9). En su ejercicio clínico, en su trabajo burocrático o en sus decisiones administrativas pueden hacerse presente los valores de la solidaridad, la compasión, el respeto, la ayuda mutua, la justicia, la gratuidad, la reconciliación.

4. Apoyarles y cuidar de ellos

Los profesionales de la salud, en tanto que cuidadores, necesitan ser cuidados. Un número creciente está padeciendo el síndrome de desgaste profesional. Son sanadores heridos que necesitan ser atendidos y cuidados. La comunidad cristiana, sintiendo la imperiosa necesidad de cuidar a quien cuida, ha de apoyar a los profesionales para que puedan vivir su trabajo de forma saludable, acompañarles en el desgaste derivado de su propio trabajo, escuchando sus dificultades, tensiones, estrés, comprendiendo sus posibles crisis, ofreciéndole recursos para evitar el quemarse o para recuperarse del desgaste. Los profesionales de la salud tienen familia, necesidades vitales, amigos, tiempo de ocio. Para lograr el necesario equilibrio personal entre la profesión, la familia, el ocio y el crecimiento personal (físico, psicológico, social y espiritual) toda ayuda es poca. La comunidad cristiana puede ser para ellos una gran ayuda con su asesoramiento y apoyo espiritual, su calor y su amistad.

5. Ofrecerles cauces y medios para su formación integral

Los profesionales de la salud necesitan una seria preparación y formación continua para mantener la exigida competencia. Precisan cauces de encuentro donde puedan reflexionar, formarse, orar, celebrar su fe, fortalecer su sentido eclesial y asistencial, y su comunión con los demás profesionales. La comunidad cristiana puede prestarles varios tipos de ayuda: lugar para reunirse; oferta de materiales para la reflexión antropológica, teológica y pastoral sobre la salud, la enfermedad, el morir y la asistencia; acompañamiento para iluminar los graves problemas éticos, cada vez más complejos y numerosos, que se plantean tanto en el inicio y el final de la vida como en la relación clínica; organización de conferencias, seminarios o cursillos monográficos sobre estos temas; información sobre los medios de formación que ya existen y a los que pueden acceder;

6. Orar con ellos y por ellos y celebrar su servicio

La comunidad cristiana ora por y con los profesionales de la salud y celebra su compromiso y su servicio a los enfermos: También ellos rezan al Señor para que les conceda poder aliviar el dolor, curar la enfermedad y salvar tu vida (Eclo 38, 14), ¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre! En el día de desgracia le libera el Señor (Sal 41).

7. Contar con ellos

Un profesional de la salud preparado puede aportar sus conocimientos, su experiencia y sus puntos de vista a la comunidad cristiana y enriquecerla en sus tareas de educar en salud, de atender a los enfermos y sus familias, de formar a sus visitadores, de asesorar a la hora de decir su palabra sobre problemas humanos y éticos, en una palabra, de evangelizar el mundo de la salud, algo inalcanzable sin la incorporación y participación de los profesionales de la salud.

Experiencias

Parroquia

Este curso 2004-2005 nos propusimos mostrar la cercanía, el reconocimiento y el apoyo de la parroquia de La Cena del Señor a los profesionales de salud que atienen y cuidan a los enfermos del barrio. El grupo de pastoral de la salud conectó con el Centro de Salud y en la Navidad escribimos a todos los profesionales que trabajan en el mismo una felicitación personal, acompañada con un regalo. El gesto les sorprendió gratamente y nos dieron las gracias. La comunidad parroquial ora por los profesionales en la eucaristía, en los funerales. Con ocasión de la Unción comunitaria de enfermos enviamos a los profesionales esta carta:

Queridos amigos/as:

Muchos enfermos, a los que atendéis habitualmente en vuestro centro, pertenecen a nuestra parroquia. A través de su testimonio, conocemos y admiramos la labor generosa y continuada de los profesionales sanitarios que cuidáis día a día a los enfermos y familiares de la comunidad con un concepto integral de la asistencia.

Nuestra parroquia –que acompaña y ayuda a los enfermos y familias del barrio- desea expresaros su gratitud por vuestro servicio y mostraros su cercanía y apoyo. Sabemos que vuestro trabajo no siempre es fácil, que cansa y desgasta mucho. Y que también vivís momentos dolorosos cuando enfermáis o cuando enferma o muere uno de vuestros familiares.

El Domingo de Pentecostés celebraremos la Unción comunitaria de Enfermos. En ella os tendremos muy presentes a todos. Daremos gracias por vuestro trabajo, inquietudes y preocupación por los problemas de salud de nuestros parientes y allegados. Y pediremos al Señor que os ayude en la preciosa y delicada labor de curar, aliviar y consolar que lleváis a cabo.

Nos ponemos a vuestra disposición para colaborar en aquello que estiméis oportuno y que redunde en beneficio de los enfermos de nuestra comunidad.

Con mi saludo más cordial.

Parroquia. Madrid

Hospital

En el hospital un grupo numeroso de profesionales sanitarios cristianos colaboramos con los capellanes del Servicio de Asistencia Religiosa. Les ofrecemos nuestra cercanía y amistad. Reconocemos y valoramos su servicio al enfermo y a los profesionales. Les facilitamos, desde nuestro puesto de trabajo, el ponerse en contacto con los enfermos y sus familias. Preparamos, en lo posible, el ambiente idóneo para celebrar la Unción o el Bautismo de recién nacidos. Colaboramos en la atención al duelo de las familias (padres que perdieron a su hijo, etc.). Participamos con frecuencia en las Eucaristías hospitalarias. Colaboramos en la celebración del Día del Enfermo. Cooperamos en la redacción del Boletín mensual que edita el Servicio de Asistencia Religiosa dirigido a todos los profesionales, a los enfermos y sus familias. De este modo tenemos una presencia como miembros de la Iglesia en este mundo sanitario. Grupo de Profesionales Sanitarios Cristianos. Orense.

PARA EL TRABAJO PERSONAL O DE GRUPO

1. Diálogo y colaboración entre la comunidad cristiana y los profesionales de la salud. ¿Cómo lo hacemos posible:

en la promoción de una cultura de la salud más responsable,

en la asistencial integral al enfermo,

en la iluminación ética de las cuestiones conflictivas,

en la atención a las personas más desasistidas?

2. La atención y el cuidado de la comunidad cristiana al profesional de la salud.

¿Conoce nuestra comunidad a sus profesionales?

¿Está a su lado, les apoya?

¿Se preocupa de cuidarlos? ¿Cómo?

¿Qué cauces y medios les ofrece para su formación integral?

¿Organiza encuentros de oración con ellos? ¿Ora por ellos?

¿Cuenta con ellos? ¿En qué y para qué?

III. CRISTIANOS EN EL MUNDO DE LA SALUD

Entre los profesionales del mundo de la salud hay un buen número de cristianos que tratan de vivir su fe en el ejercicio de su profesión. Sin embargo, a pesar de todos los avances, la situación actual presenta datos preocupantes. José María Rubio, en su ponencia sobre Identidad y misión del profesional de la salud cristiano, afirma críticamente: “La presencia de los profesionales cristianos laicos en el ámbito sanitario es en general escasa, poco comprometida y con frecuencia desapercibida. En un grado menor pero significativo la presencia es testimonial y se manifiesta por el ejercicio profesional responsable y bien hecho, la dedicación, el trato humano, la consideración de la dignidad de las personas, el compromiso y la participación en comités y plataformas que defienden los derechos de los enfermos. En algunos casos, pocos, haciendo referencia explícita con el testimonio de sus vidas al Dios padre que nos ama y busca el bien de todos”.

Vivencia de la fe

La fe de los profesionales sanitarios cristianos se sitúa dentro del debate actual entre los que interpretan la religión como algo anacrónico y privado y los que la consideran vigente y necesaria para la sociedad: “Para aquellos la religión está fuera del tiempo, pertenece al reino de la memoria y del folclore y resulta inadecuada y obsoleta, impropia de países avanzados, ruinosa para la ciencia, a contracorriente del sentido práctico y positivo de la vida. Es algo privado, que no interesa a la sociedad”, “es algo que se debe vivir privadamente, como el que fuma a escondidas”, “pero aún quedamos muchos profesionales sanitarios cristianos que creemos firmemente que la fe es más que nunca vigente y necesaria: para que la ciencia esté realmente al servicio del hombre y el progreso a favor de los débiles, para cimentar la cultura en el amor; para entregar la vida por los más altos ideales. La fe es necesaria para una sociedad despersonalizada y desorientada y no tiene sentido vivirla privadamente como si fuera una planta de interior; porque la fe sigue siendo capaz, y lo será siempre, de transformar, de forma pacífica y lejos de todo fundamentalismo, estructuras y sociedades; y así debemos manifestarla y vivirla públicamente convencidos de que la fe es una oferta saludable, la mejor para el hombre y la mujer de todos los tiempos”.

Su misión en el mundo de la salud

El lugar propio del profesional sanitario cristiano es el mundo de la salud y de la enfermedad. En él se viven experiencias básicas del ser humano: el nacer, el enfermar, el curar, el morir. Son experiencias límite donde se vive el dolor y la impotencia, se revela la condición frágil y vulnerable del ser humano, se plantean las cuestiones últimas de la existencia y la persona se ve interpelada radicalmente sobre su propia identidad y destino. Es un mundo en constante transformación y desarrollo, lleno de luces y sombras, logros admirables y fracasos dolorosos, gestos ejemplares y flagrantes injusticias, tanto en las estructuras como en las personas.

En este mundo el profesional sanitario cristiano se hace presente, no como agente de un servicio de atención religiosa al enfermo sino como profesional. En él actualiza el mandato de Jesús: Id y curad (Mt 10,1). Jesús anuncia y promueve el Reino de Dios haciéndose presente en el mundo de la enfermedad e impulsando la curación de los enfermos y los poseídos por el mal. Jesús no separa su actividad curadora y la proclamación del Reino. Al contrario, proclamación del Reino y curación de los enfermos son dos aspectos de su misión evangelizadora: Recorría toda Galilea proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia (Mt 4, 23). La curación es la señal que Jesús ofrece para acreditar la autenticidad de su misión: Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Noticia (Mt 11, 2).

La misión del profesional sanitario cristiano consiste básicamente en servir al enfermo como lo hacía Jesús, ungido por la fuerza del Espíritu, en pasar la vida lo mismo que él haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el mal (Hch 10, 38), en experimentar hoy de nuevo el Evangelio de Jesús, en ser como él buena noticia de Dios para los enfermos y desvalidos, en estar a su servicio, en introducir en el mundo sanitario los valores evangélicos configurando la acción curadora según el espíritu de Cristo y anunciando con "gestos saludables" al Dios sanador que sólo quiere el bien del ser humano. El profesional cristiano se hace presente en el mundo de la salud ayudando al ser humano en el proceso de recuperación de la vida, crecimiento integral de la salud, señorío sobre el cuerpo, victoria sobre las fuerzas del mal, experiencias todas ellas privilegiadas para desvelar a Dios como "amigo de la vida" y para comunicar la esperanza de un Dios Salvador.

Su testimonio

Los profesionales sanitarios cristianos están llamados a ser sal, luz y fermento en medio de la sociedad con su testimonio de vida: «Las imágenes evangélicas de la sal, de la luz y de la levadura, aunque se refieren indistintamente a todos los discípulos de Jesús, tienen también una aplicación específica a los fieles laicos» (Juan Pablo II, CL 15). Su tarea no es sólo hacer presente a la Iglesia en el mundo, sino también hacer presente al mundo en el interior de la Iglesia, a la que han de aportar su experiencia secular, los problemas, interrogantes y preocupaciones del hombre o de la mujer de hoy. El Vaticano II anima a los laicos «a presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y del mundo» (AA 10). Los profesionales sanitarios cristianos deben ofrecer información y asesoramiento a la Iglesia sobre los problemas sanitarios, sobre documentos y pronunciamientos en torno a cuestiones científicas o conflictos morales planteados en el mundo sanitario.

Asociación de Profesionales Sanitarios Cristianos

Aunque «nada puede sustituir el apostolado personal, siempre fecundo y, en algunas circunstancias el único apto y posible» (AA 16), el apostolado asociado es «signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia» (AA 18), y exige ser llevado a cabo mediante una acción común: sostener y formar a sus miembros; organizar y dirigir su acción apostólica. (AA 18). En las circunstancias actuales es necesario asociarse para conseguir los fines y alcanzar la mentalidad colectiva y a las condiciones sociales.

La Asociación de Profesionales Sanitarios Cristianos nació en el marco de la Pastoral de la Salud y fue erigida por La LX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española que aprobó sus Estatutos el 19 de noviembre de 1993.

Sus fines:

1. Promover un laicado cristiano comprometido con el mundo de la salud que dé un testimonio evangélico en su quehacer profesional.

2. Crear cauces y ámbitos de encuentro, reflexión y compromiso entre los Profesionales Sanitarios Cristianos.

3. Ayudar a los agentes sanitarios en su desarrollo humano, espiritual y religioso y en su formación en Bioética.

4. Colaborar en la promoción de la salud, la atención integral al enfermo y en la humanización de la asistencia sanitaria a todos los niveles.

5. Contribuir a la defensa de los derechos de las personas, en la salud o la enfermedad, sin discriminación alguna por cualquier circunstancia.

Es interprofesional

Pueden ser miembros de la misma médicos, enfermeros, auxiliares de clínica, administrativos, celadores y todo el conjunto de profesionales que trabajan en la sanidad al servicio del enfermo.

Sus actividades

La Asociación celebra periódicamente jornadas, seminarios de bioética y otros medios de formación y encuentros a escala nacional, regional, diocesana y local; organiza grupos de estudio y reflexión, para esclarecer aquellos temas o cuestiones de índole ética, religiosa, profesional o científica; publica trimestralmente el Boletín PROSAC, difunde documentos y materiales de formación y experiencias de participación de profesionales en la mejora del mundo de la salud; y coopera con otras agrupaciones y colectivos.

Necesidad de impulsarla

El Congreso Iglesia y Salud, celebrado en Madrid en 1994, aprobó entre sus conclusiones: «impulsar la Asociación de los Profe