EUCARISTIA, TRADICION VIVA

Creado en Sábado, 25 Mayo 2013 Última actualización en Viernes, 17 Octubre 2014

EUCARISTIA, TRADICION VIVA

 

1. La presente catequesis facilita una revisión de la celebración de la eucaristía, la reunión de la comunidad. Cuando San Pablo escribe a la comunidad de Corinto, está preocupado por el buen orden en la asamblea o reunión, pero ¿en qué consiste el buen orden?, ¿es la ejecución del rito según las rúbricas o, más bien, la transmisión de una tradición viva que procede del Señor?

2. Para resolver la cuestión, hay que volver a las fuentes. En la última cena, dice Jesús: Haced esto en memoria mía (1 Co 11,23-25; Mc 14,22-24; Mt 26, 26-28; Lc 22,14-20). Pero ¿qué hace Jesús? Jesús cena con sus discípulos (Jn 13,1-2), celebra la pascua (Lc 22, 15), la fiesta de los ácimos, llamada pascua (Lc 22,1). Nada se nos dice de fórmulas. Jesús bendice, da gracias. Según Lucas y Pablo, sencillamente da gracias. Eso significa eucaristía, acción de gracias.

3.- La pascua judía es una cena con lecturas y salmos. Por ejemplo, el relato del éxodo y los salmos 113-118 (ver Mc 14,26). El pan ácimo (como las hierbas amargas) es símbolo de las dificultades pasadas, el pan de los perseguidos, el pan que hubo que llevar y cocer antes de que fermentara. Así lo dice el ritual judío de la Pascua: "He aquí el pan de miseria que nuestros antepasados han comido en Egipto, que aquel que esté necesitado venga a celebrar la pascua". La pascua celebra como actual la experiencia del éxodo: el Dios vivo, que actúa en la historia, abre un camino de liberación. El creyente levanta la copa de la salvación (Sal 116;Lc 22,20). En el marco de la pascua, cada uno relata su historia y todos juntos celebran la historia común. La eucaristía, celebrada en la Iglesia primitiva el primer día de la semana o día del Señor (Hch 20,7; Ap 1,10), queda desligada desde el primer momento de la pascua judía.

4. En la última cena Jesús celebra su paso de este mundo al Padre (Jn 13,1). Dios pasa salvando en la pascua de Jesús, que no es abandonado en la muerte (Sal 16), sino que se presenta vivo entre nosotros, de una forma especial, en la reunión de la comunidad. La presencia real de Jesús en la eucaristía no es algo automático, mágico o rutinario. Es siempre don de Dios. Por ello pedimos al Padre (invocación) que haga vivas las palabras de Jesús en la última cena. La eucaristía es memorial de lo que hizo Jesús.

5. El primer día de la semana (Lc 24,1.13), los discípulos de Emaús reconocen a Jesús al partir el pan (24,35). La fracción del pan es el nombre más antiguo de la eucaristía. La expresión designa no sólo el hecho de partir el pan, sino la comida entera. La presencia de Cristo en la eucaristía convierte la reunión de la comunidad en la cena del Señor: "El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche... partió el pan y comió; después conversó largo tiempo, hasta el amanecer" (Hch 20,7-11).

6.- Pablo alargó la charla hasta la media noche. En realidad, homilía significa conversación. No es sermón y monólogo, sino diálogo y conversación en la reunión de la comunidad tras la escucha de la palabra de Dios. Por eso dice Pablo: "Podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados" (1 Co 14,31). Justino, a mediados del siglo II, nos indica cómo se escucha la palabra en la comunidad de Roma: “Se leen, mientras el tiempo lo permite, las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas” (Apología I, 67). El Concilio Vaticano II inculca la necesidad de promover "la participación plena, consciente y activa" del pueblo cristiano (SC 14).

7. Como la homilía, la oración de los fieles está abierta a la participación de todos. Podemos revisar si esa oración tiene relación con la palabra escuchada; si la oración (como la escucha de la palabra de Dios) tiene relación con lo que estamos viviendo, con los acontecimientos personales, sociales o eclesiales; podemos revisar si nuestra oración es católica, es decir, universal; si nuestra oración es invocación, acción de gracias, petición; si oramos sin muchas palabras (Mt 6,7), en el espíritu de Jesús (Lc 11,2-4); si cumplimos lo que dice el salmo: Dad gracias al Señor, invocad su nombre, proclamad sus hazañas a los pueblos (Sal 105).

8. Pablo escribe a los corintios sobre el buen orden en las asambleas. Está preocupado por el desorden: "Vuestras reuniones son más para mal que para bien. Pues ante todo oigo que, al reuniros en la asamblea, hay divisiones entre vosotros, y lo creo en parte. Desde luego, tiene que haber entre vosotros también disensiones, para que se ponga de manifiesto quiénes son de probada virtud entre vosotros", "eso ya no es comer la cena del Señor; porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga. ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen?" (1 Co 11,17-22). Así pues, "cuando os reunís para la cena, esperaos los unos a los otros. Si alguno tiene hambre, que coma en su casa, a fin de que no os reunáis para castigo vuestro. Lo demás lo dispondré cuando vaya" (11,33-34).

9. Pablo ha recibido una tradición que procede del Señor: "la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en memoria mía. Asimismo tomó la copa después de cenar diciendo: Esta copa es la nueva alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía. Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva" (11,23-26). Hasta que vuelva ¿cuándo?, ¿al final de la historia? No, ahora ya. Es el otro aspecto del misterio pascual de Jesús. Se va, pero vuelve: "Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis" (Jn 14,19). Pablo lo vive en su propio cuerpo: "Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo" (2 Co 4,10).

10. Es fundamental discernir el cuerpo del Señor, es decir, su presencia: "Quien coma el pan y beba la copa del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual...pues quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos" (1 Co 11,27-30).

11. Pero ¿cómo discernir el cuerpo de Cristo? En primer lugar, "nadie puede decir: ¡Jesús es Señor! sino en el espíritu santo" (12,3). Esto supuesto, dice Pablo:"Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (12,27). Cristo actúa a través de cada miembro de la comunidad: "Hay diversidad de carismas, pero el espíritu es el mismo, diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo, diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra todo en todos" (12,4), "del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo" (12,12). En la Didajé, obra escrita en Siria en la segunda mitad del siglo I, se compara el pan partido, que antes estaba disperso, y la comunidad reunida: "Como este pan partido estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino" (n.9).

12. La eucaristía es la reunión de la comunidad. No es un mero cumplimiento legal, es una experiencia de gracia. Se cumple el Evangelio: No sólo guardarás el sábado (Dt 5,12-15), sino que serás alimentado con el pan de vida (Jn 6,35-51), que alimenta a la comunidad. En cierto modo, no es la comunidad quien guarda el sábado, es el sábado quien guarda a la comunidad. Entre las diversas formas de presencia de Cristo en la Iglesia, dice el Concilio, su presencia en la eucaristía constituye una presencia especial (SC 7). La comunidad es "el cuerpo de Cristo". No es una reunión parcial, sino total. En ella acudimos "a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones", a las "señales", a la "comunicación de bienes" (Hch 2,42-47). En ella está la función de "atar y desatar" (Mt 18,18).

13. El carisma más importante es el amor fraterno: "Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, ...nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, nada me aprovecha. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no se jacta, no se engríe, es decoroso, no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no acaba nunca" (1 Co 13,18).

14. En conclusión, "cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lenguas, una interpretación, pero que todo sea para edificación" (14,26), "Dios no es un Dios de confusión sino de paz", "hágase todo con decoro y orden" (14,33.40). Una observación: las referencias a la sumisión de la mujer, al velo (11,3-5), al silencio de las mujeres en las asambleas (14,34) parecen interpolaciones posteriores, realizadas (además) por adversarios de Pablo. El mensaje de Pablo es éste: "Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer" (Ga 3,28).

 

* Diálogo: Revisión sobre la eucaristía. ¿Qué hace Jesús? ¿Qué hacemos nosotros?