ATENCION A LOS MAYORES. Honra a tu padre y a tu madre

Creado en Sábado, 25 Mayo 2013 Última actualización en Sábado, 11 Octubre 2014

1.-Los antiguos pensaron en una vejez ideal en la que, a fuerza de sabiduría, se evitaran los males propios de la edad y se conservaran los bienes alcanzados. Así lo hace el filósofo griego Platón al principio de su República (s. V a.C.) o el escritor romano Cicerón en su De senectute (s. siglo II a.C.). Por ejemplo, lo consiguió el italiano Ticiano (1477-1576), pintando hasta el último día. Para los romanos la vejez comenzaba a los sesenta, también para la medicina del siglo XVII. En nuestra sociedad, las mejores condiciones de vida han creado una situación nueva: se vive más y hay más viejos. Se han añadido años a la vida, pero no se ha añadido vida a los años: ¿estamos mejor preparados contra el envejecimiento?, ¿cómo atendemos a los mayores?, ¿qué aporta la experiencia del Evangelio?

2.-Ahora se vive más. Dice la Biblia: Los años de nuestra vida son setenta u ochenta, si hay vigor (Sal 90). Sin embargo, se dice en el Génesis que Adán vivió 930 años (Gn 5,5) y Matusalén 969 (5,27). Se dice que Dios, irritado, fijó en 120 los años de la vida humana (6,3) y que Abrahán alcanzó los 175 (25,7). ¿Qué decir de todo esto? El escritor latino Plinio el Viejo (23-79 d.C.) menciona longevidades del orden de los mil años en Egipto, que él explica por el uso de calendarios diferentes. Dice que "el cuerpo de Orestes desenterrado por orden del Oráculo, medía siete codos" (3,092 metros). Homero, en el s. VIII a.C., se quejaba de la disminución de la estatura de los mortales. San Agustín (354-430) rechaza todo intento de interpretación de las longevidades y afirma la decadencia progresiva de la naturaleza humana: “No debemos prestar oídos a los que piensan que entonces se computaban los años de otra manera, es decir, que eran tan cortos, que uno nuestro equivalía a diez de aquellos” (De civitate Dei, XV,12,1), "el sabio Plinio asegura que, a medida que avanzan los siglos, más pequeños son los hombres que produce la naturaleza" (XV,9). ¿Se hacía viejo el hombre prehistórico? Según el análisis de cráneos prehistóricos, pocos pasan de los 50 años.

3.- La familia patriarcal, abarcando la vida del individuo, pretende cubrir todas sus necesidades. En medio de los suyos, el anciano se encuentra como dueño indiscutido y respetado del grupo. La autoridad que el anciano tiene en la familia se extiende a la sociedad. El papel de consejero parece adaptado. El Señor le dice a Moisés: “Toma setenta hombres de entre los ancianos de Israel...para que lleven contigo la carga del pueblo” (Nm 11,16-17). Conocida es la importancia de la gerusía en Esparta y la del Senado romano en los tiempos de la República.

4.- Hacia la mitad del siglo XVIII se produce la transformación de la población mundial. Se estima en 300 millones al comienzo de la Era cristiana. Alcanza los 470 millones en 1650 y los 919 en 1800. En la actualidad, 6.000. En Europa esta revolución demográfica va acompañada de una revolución industrial, del desarrollo del comercio, del crecimiento de las ciudades y también de lo que se ha llamado la crisis de la conciencia europea, la afirmación del poder de la razón, de la fe en el progreso y de la proclamación de los derechos del hombre.

5.- El envejecimiento es un proceso biológico, resultado de la acción del tiempo en los seres vivos. Se considera que el envejecimiento humano comienza a partir de los 65 años. El envejecimiento lleva consigo una serie de cambios físicos y psíquicos. Ocultos durante mucho tiempo, en un momento dado se hacen claramente visibles. El anciano pierde parte de sus capacidades físicas y mentales, su vida se hace dolorosa para él mismo y para los que le rodean. Quien ha estado lleno de salud se convierte, en su edad avanzada, en un ser poco atractivo, achacoso y, quizá, dependiente.

6.- Los expertos afirman que no existen enfermedades propias de los ancianos, aunque buen número de ellas tengan mayor prevalencia en esta edad. Eso sucede con la demencia senil. Aunque en algunos casos tiene su comienzo antes de los 65, generalmente lo hace después. Sucede lo mismo con el cáncer, las fracturas, la insuficiencia cardíaca, las cataratas, etc.

7.- Se distinguen etapas en la vejez. Van desde la vejez lozana de los sesenta y cinco hasta la vejez caracterizada por la inutilidad extrema, muy sujeta a la avaricia y al temor. Es más o menos hacia los ochenta y cinco o los noventa cuando la degradación se hace manifiesta e irreversible en personas que se han visto libres de enfermedades y de accidentes físicos o psíquicos. En cualquier caso, hay un límite que el hombre no puede superar. Como dice la Biblia, hay un destino común para todos (Ecl 9,2-3). Dicho de otro modo: "Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir” (Jorge Manrique, 1440-1478).

8.-Según los expertos, los ancianos presentan ciertas limitaciones que deben ser tenidas en cuenta. Las facultades físicas están mermadas sobre todo en relación con la fortaleza, habilidad y reflejos. Son más propensos a sufrir lesiones por caídas o golpes. Pueden tener cierta disminución de las defensas. La falta de vitalidad influye también en una mayor presencia de procesos infecciosos (respiratorios o gastrointestinales). Los problemas de visión y audición son de vital importancia, porque condicionan la relación con los demás.

9.-La capacidad intelectual puede estar intacta principalmente en aquellas personas que han desarrollado esta capacidad. En lo que se refiere a calidad del juicio, reflexión y experiencia, los ancianos pueden llevar ventaja. La memoria experimenta, más o menos precozmente, la influencia del envejecimiento. El recuerdo de los pequeños hechos recientes, de los nombres propios, se pierde bastante pronto, así como la noción del lugar de algunos objetos. En el plano afectivo pueden aparecer los fundamentos de la elaboración inicial del propio carácter. Los ancianos pueden regresar a situaciones vividas en la infancia. Se da una debilidad psíquica que les hace más sensibles a la hora de afrontar cambios o situaciones de especial tensión. La estabilidad psíquica estará mejor protegida si reciben el apoyo oportuno.

10.-La persona se vuelve dependiente cuando no puede realizar actividades cotidianas como comer, vestirse, lavarse o tomar su medicación. Esto obliga a la familia a encontrar la forma de atender al anciano en sus necesidades más básicas. Muchas familias se resisten a la hora de ingresar a sus mayores en una residencia y, a menudo, los propios ancianos también. En ocasiones sólo se da el paso cuando la situación es insostenible y se ha producido un importante desgaste familiar. A veces, la imposibilidad de ofrecer un buen cuidado, por falta de tiempo, de recursos o de una buena relación, lleva a delegar la asistencia en terceras personas o en instituciones, lo cual, debido a las escasas plazas públicas existentes, también supone un problema complejo y costoso.

11.- En España, sólo un 6% de los mayores de 65 años viven en una residencia, una cifra mucho menor de la que se observa en los países anglosajones. Esto es debido a que en la cultura mediterránea se otorga mayor valor a la unidad familiar y los vínculos suelen ser más sólidos. Tradicionalmente, la atención a los mayores ha recaído en hijas y nueras, como cuidadoras principales, pero esta solución se pone ahora en cuestión por la incorporación de la mujer al mundo laboral o por otros motivos. En principio, la Ley de Dependencia defiende el derecho de las personas que no se pueden valer por sí mismas a recibir atención por parte del Estado.

12.- En el plano social, hoy se desplazan las responsabilidades de la familia a la sociedad. En muchos casos, el anciano vive situaciones de miseria y de pobreza. Según algunos estudios, la situación de los ancianos en España deja mucho que desear. Un tercio de nuestros mayores están desnutridos como resultado de vivir en soledad, de tener enfermedades crónicas y de cobrar unas pensiones que, en muchos casos, son de miseria. Asimismo, más de 1.000 personas mayores de 65 años se suicidan cada año. En cualquier caso, siempre queda el drama interior del envejecimiento. Cada persona que envejece se da cuenta de que se acerca ese momento. La reacción de cada persona es difícilmente previsible.

13.- El envejecimiento es un proceso natural que afecta a los seres vivos. Sin embargo, no todos envejecemos de la misma forma. El estado de salud puede depender de la aparición de alguna enfermedad, pero también de cómo nos hayamos cuidado durante los años anteriores. Prevenir es importante, así como conservar hábitos de vida saludables y realizar revisiones periódicas que permitan prever la aparición de enfermedades.

14.-Algunas indicaciones frente al envejecimiento. Una alimentación sana, un equilibrio entre la actividad intelectual y el ejercicio físico, y una medicación conveniente pueden retrasar el proceso de envejecimiento. Si el anciano tiene necesidad de reposo por la disminución de sus fuerzas, debe tener también una actividad física (paseo, pequeños trabajos manuales, participación en centros de día) y psíquica (lectura, cine, televisión, formación permanente, algunas responsabilidades, relación familiar, amistades). El papel de los abuelos en la vida de los nietos es de gran valor en todos los sentidos. Asociaciones, hogares y clubs sacan al anciano de la soledad y del aislamiento. En su caso, debe tener los cuidados de limpieza indispensables y evitarle las infecciones cutáneas y las escaras.

15.- Honrar padre y madre es un mandamiento que conduce a la felicidad y a la vida: Honra a tu padre y a tu madre... así se prolongarán tus días y serás feliz (Dt 5,16), la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos... Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor (Eclo 3,8-13).

16. En la Biblia se valora la sabiduría del anciano, una sabiduría que se adquiere desde la juventud No desprecies las sentencias de los ancianos (8,11), pregunta a tu padre y te enseñará; a tus ancianos, y te dirán (Dt 32,7), álzate ante una cabeza blanca y honra la persona del anciano (Lv 19,32), en los ancianos está el saber y en la longevidad la sensatez (Jb 12,12), si en la juventud no has hecho acopio, ¿cómo vas a encontrar en tu vejez? ¡Qué bien parece la sabiduría en los viejos, la reflexión y el consejo en los ilustres! Corona de los viejos es la mucha experiencia, su orgullo es el temor del Señor (Eclo 25,3-6), acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen encima años en que dirás: No me agradan (Ecl 12,1), la corona de los ancianos son los hijos de sus hijos (Pr 17,6), enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato (Sal 90), hasta en la vejez producen fruto, se mantienen frescos y lozanos, para anunciar lo justo que es el Señor (Sal 92). El anciano Simeón puede morir en paz, porque sus ojos han visto al Salvador (Lc 2,29-32). Una experiencia semejante la tiene Ana, la profetisa (2,37).

17.- En tiempo de Jesús el cuarto mandamiento está siendo olvidado. Algunos fariseos y escribas acusan a Jesús de que sus discípulos quebrantan la tradición de los antepasados, pues no se lavan las manos antes de comer. El les responde: Y vosotros ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque dijo Dios: Honra a tu padre y a tu madre... Pero vosotros decís: El que diga a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda es ofrenda, ése no tendrá que honrar a su padre y a su madre. Así habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición (Mt 15,1-8).

18.- Nicodemo es maestro en Israel, pero no entiende lo que dice Jesús: Hay que nacer de nuevo. Por eso le pregunta: ¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? Es preciso nacer del espíritu de Dios: El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene no adónde va. Así es todo el que nace del espíritu (Jn 3,4-5). Mientras envejece su cuerpo, Pablo experimenta una renovación interior: Mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de día en día (2 Co 4,16). Pablo recuerda a Timoteo la fe recibida de su abuela Loida y de su madre Eunice (2 Tm 1,3). Aconseja a los ancianos que sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento (Tt 2,2). Es importante la integración grupal y comunitaria. Escuchar la palabra de Dios rejuvenece el espíritu, ayuda a superar el miedo a la muerte (Hb 2,15). En muchos casos, la parábola del samaritano se cumple en la atención al anciano (Lc 10,29-37).

19.- El "capo" del campo de concentración de Auschwitz quiso saber por qué el doctor Víctor Frankl no había huido a Estados Unidos, cuando disponía de un visado: Porque sabía, dijo, que, al poco de tiempo de marcharme, mis padres serían deportados a cualquier campo de concentración. Pero tendría sus dudas, dijo el "capo". Cierto, respondió, yo no acababa de decidirme. Hasta que una tarde cogí mi portafolios, me cubrí con él la estrella amarilla que, como judío, debía llevar obligatoriamente en mi abrigo, y entré en la catedral de Viena. Había un concierto de órgano y me dije: Siéntate, escucha la música y piensa. Estás muy cansado, contempla y medita lejos del ajetreo de Viena. Entonces me pregunté a mí mismo qué debía hacer. Una pregunta interesante, comentó el "capo", y dramática. Sí, dijo Víctor, y cuando uno se hace este tipo de preguntas, desea ansiosamente una respuesta del cielo. ¿Y cómo le habló el cielo?, dijo el "capo" con ironía. No se lo va a creer, respondió. Abandoné la catedral y volví a casa. Y allí, sobre el aparato de radio, había un pedazo de mármol. Les pregunté a mis padres qué era eso. Mi padre era un judío piadoso y había recogido ese mármol en la sinagoga más grande de Viena. Esa piedra formaba parte de las tablas que contenían los Diez Mandamientos. En el mármol estaba grabada una letra hebrea de color dorado. Mi padre me comentó que la letra aparecía solamente en el cuarto mandamiento, que dice: Honra a tu padre y a tu madre. Después de eso decidí quedarme en Austria y dejar que caducara mi visado (Rafael de los Ríos, Cuando el mundo gira enamorado, Rialp, Madrid, 2007, 58-59).

 

* Diálogo: Sobre la atención a los mayores.

- la situación actual es nueva

- ¿estamos mejor preparados contra el envejecimiento?

- ¿cómo atendemos a los mayores?

- ¿qué aporta la experiencia del Evangelio?