11. VOSOTROS SOIS LA LUZ. La señal de la comunidad

Creado en Viernes, 13 Julio 2012 Última actualización en Jueves, 17 Septiembre 2015
11. VOSOTROS SOIS LA LUZ
La señal de la comunidad
 
1. A quien busca la luz o busca a Dios, quizá a tientas (Hch 17,27), lo mejor que le puede suceder es encontrarse con la señal de la comunidad, que es también una señal del Evangelio. La comunidad cumple las esperanzas proféticas, es una "señal levantada en medio de las naciones" (Is 11,12), "luz de las gentes" (Is 49,6). Es fundamental que la señal sea clara, no equívoca: "Vosotros sois la sal de la tierra”, “vosotros sois la luz del mundo", dice Jesús a sus discípulos (Mt 5,13-14).
2. No todo vale. En medio del judaísmo convencional resuena la llamada de Juan: "Dad frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: Tenemos por padre a Abraham" (Lc 3,8). La fe no se recibe por "herencia biológica". Se requiere una respuesta personal. En esa línea se sitúa Jesús cuando anuncia la buena noticia del Evangelio: "El reino de Dios está cerca, convertíos" (Mc 1,15). De modo semejante, en medio del cristianismo convencional irrumpe la llamada del Evangelio. No vale decir: Somos católicos de toda la vida. Hace falta otra cosa. El cristianismo convencional produce una profunda insatisfacción.
3. En medio de una cristiandad que se desmorona y en medio de una sociedad que se establece al margen de la fe, es preciso volver al Evangelio. Las ruinas no son de ahora. Ya San Agustín, a finales del siglo IV, se lamenta de que “en la era de la Iglesia, como en todas las eras, hay más paja que grano”. La situación del conjunto de los cristianos deja mucho que desear: “Borrachos, usureros, defraudadores, jugadores, adúlteros, disolutos, gentes locas por el teatro, portadores de amuletos, magos, astrólogos y todo linaje imaginable de adivinos, hombres que se llaman cristianos y gustan de todo eso, lo frecuentan, lo aprueban y se dejan seducir por ello. Tal es la masa de gentes que, por lo menos corporalmente, llenan las iglesias” (J.M. Laboa, La larga marcha de la Iglesia, Atenas, 1985, 14). Una comunidad así es una señal equivoca. Si la sal se vuelve sosa, ¿para qué sirve? Si la luz está apagada, a ciegas andarán.
4. Jesús enseña "como quien tiene autoridad" (Mc 1,22), no sólo con palabras, sino también con obras. Jesús anuncia una Palabra que se cumple, una Palabra acompañada de señales y signos: enseña y cura (1,39), dice y hace. A la pregunta de los discípulos de Juan el Bautista, responde con el lenguaje de los hechos: Jesús anuncia las señales que liberan: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la buena nueva" (Mt 11,5). Para quien busca la luz o busca a Dios, quizá a tientas (Hch 17,27), la respuesta no está en las nubes de los razonamientos teóricos. La respuesta es la experiencia de fe.
5. Cuando evangeliza, Jesús no está solo, comparte su misión. Ahí están los doce (Mt 10,1), están los setenta y dos (Lc 10,1), están las mujeres que acompañan a Jesús (8,1-3). La comunidad es la nueva familia de los discípulos. Como dice Jesús: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8,21),"todos vosotros sois hermanos" (Mt 23,8). El fundamento de esa relación de fraternidad, lo que realmente aglutina a la nueva familia de los discípulos, es la palabra de Dios.
6. El Evangelio es anunciado como buena noticia: ¡Bienaventurados, dichosos, felices!, dice Jesús. Así, hasta nueve veces (Mt 5,3-11). El Evangelio cumple la ley y los profetas (5,17), supera la justicia de escribas y fariseos (5,20), mantiene esta tensión: "Habéis oído que se dijo, pues yo os digo" (5,21-48). No es para unos pocos, sino para la muchedumbre. No es para unos pocos que se alejan del mundo, sino para muchos que podrían transformarlo. De una forma especial, es para la comunidad de discípulos que en el Evangelio encuentra su propia identidad. Y es para el mundo que, con esa sal, necesita ser preservado de la corrupción y, con esa luz, necesita ser liberado de la oscuridad (5,13-16).
7. El Evangelio no sólo asume el Decálogo, lo lleva a su plenitud. No sólo "no tendrás otros dioses" (Dt 5,7; 6,4-9), sino que "buscarás por encima de todo el reino de Dios y su justicia" (Mt 6,33). No sólo "no jurarás en falso" (Dt 5,11), sino que "no jurarás en modo alguno" (Mt 5,33-34). No sólo "guardarás el día del sábado" (Dt 5,12-15), sino que "el sábado se hizo para el hombre" (Mc 2,27), serás alimentado con "el pan de vida" (Jn 6,35-51). No sólo "honrarás a tu padre y tu madre" (Dt 5,16), sino que "aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen" serán tu familia (Lc 8,21). No sólo "no matarás" (Dt 5,17), sino que "amarás al enemigo" (Mt 5,43-46). No sólo "no cometerás adulterio" (Dt 5,18; ver Eclo 41,17; Dt 5,21), sino que "serás fiel con todo el corazón" (Mt 5,27-30). No sólo "no robarás" (Dt 5,19; ver 5,21), sino que "compartirás tus bienes" (Lc 19,8-10). No sólo "no darás falso testimonio contra tu prójimo" (Dt 5,20; ver Pr 12,22), sino que "disculparás, perdonarás" (Mt 18,21-22; ver Jn 8,32). Del amor a Dios y del amor al prójimo penden toda la Ley y los profetas (Mt 22,40).
8. Para llevar adelante su misión, Jesús no se identifica con ninguno de los grupos sociales y religiosos de su tiempo: saduceos, celotes, fariseos, esenios, escribas. Jesús anuncia el evangelio a los pobres, la muchedumbre sometida por los poderosos. La enseñanza de Jesús no es abstracta: donde hay opresión, hay palabra de liberación. Como aquel día, en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,18-19).
9. La misión de Jesús había comenzado en la periferia del mundo judío, en Galilea, pero su destino era Judea; y dentro de Judea, Jerusalén; y dentro de Jerusalén, el templo, la niña del ojo del mundo judío, centro de poder religioso, político y económico. Un destino comprometido y peligroso. Ya lo dijo Jeremías: "Ha devorado vuestra espada a los profetas, como el león cuando estraga" (Jr 2,30). Y también Jesús: "Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados" (Mt 23,37).
10. La marcha sobre Jerusalén termina en el templo. El templo está manchado: debía ser casa de oración para todas las gentes, pero se ha convertido en cueva de bandidos (Mc 11,17; ver Jr 7,11). El templo debe ser purificado; más aún, el templo debe ser sustituido (Jn 2,13.22). El nuevo templo se construirá en espíritu y en verdad (Jn 4,24), con piedras vivas (1 P 2,5). Jesús es consciente de que ha llegado la hora (Jn 13,1). La marcha sobre el templo determina el proceso que se sigue contra Jesús: "Es reo de muerte" (Mt 26,59-66). Sobre la cruz pusieron este cartel: "Jesús Nazareno, el rey de los judíos" (Jn 19,19). Jesús murió dando un fuerte grito y diciendo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46).
11. Lo que pasó después es proclamado por Pedro el día de Pentecostés como el centro del mensaje cristiano: "Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; a éste, pues, Dios le resucitó rompiendo las ataduras de la muerte...de lo cual todos nosotros somos testigos. Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el espíritu santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís. Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2,36). El reino de Dios se hace presente en la persona de Jesús.
12. El hecho de que Jesús sea reconocido como Señor de la historia supone un cambio profundo, radical: "Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer, hermanos? Pedro les contestó: Convertios y que cada uno de vosotros se haga bautizar en nombre de Jesucristo, para perdón de vuestros pecados; y recibiréis el espíritu santo; pues la promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro. Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: Salvaos de esta generación perversa" (Hch 2,37-40). Abandonad esa justicia y ese orden que han condenado a Cristo.
13. El perdón, la amnistía, la justificación de parte de Dios es parte esencial de la buena nueva del Evangelio: Dios no tiene nada contra ti, Dios te ama. Quien comienza a creer y comienza a cambiar, ya está juzgado favorablemente por Dios. En el encuentro personal con Cristo, muerto y resucitado, se manifiesta la justicia de Dios, no la que condena, sino la que salva (Rm 3,21-22). Como dice San Juan: "El que cree en El no será juzgado" (Jn 3,18). Y San Pablo: "Ninguna condena pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús" (Rm 8,1).
14. La acción del espíritu es una realidad que brota a borbotones de la pascua de Cristo (Jn 7,37-39). El don del espíritu es la gran promesa de Jesús (Jn 14,16.26;16,7-15), también para el mundo de hoy: La experiencia de fe se hace posible en la dinámica del espíritu. Los apóstoles apelan a la experiencia del Espíritu como a un hecho al que cualquiera se puede remitir: "lo que vosotros veis y oís". La causa de Jesús está siendo reivindicada por Dios ¡y de qué forma! Si el mensaje parece increíble, es anunciado en medio de un reto: "todos nosotros somos testigos" (2,32) y, además, cualquiera puede serlo:
15. La primera comunidad cristiana es lugar de enseñanza, de comunión, de celebración y de oración: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hch 2,42). En la comunidad se dan señales (2,45), que confirman la palabra anunciada (Mc 16,20). La comunión de corazones se traduce en una efectiva comunicación de bienes: "Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común" (Hch 2,44), "nadie llamaba suyos a sus bienes (4,32). La acogida es una dimensión de la comunidad, que está abierta a la incorporación de nuevos miembros: "El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar" (2,47).
16. ¿Cómo están organizadas las primeras comunidades? Son una asociación que escucha la Palabra. Tienen un consejo, el grupo de los doce, que es completado tras la muerte de Judas (Hch 1,21-26). Escuchan la palabra al respecto (1,16-20). Como en vida de Jesús, tienen un fin: hacer discípulos (Mt 28,19), y un programa: el Evangelio (5,17). Muchos se marchan (Jn 6,66); son pocos los que entran por la puerta estrecha (Mt 7,13-14). Crece mucho el grupo de lengua aramea, que integra a los celosos partidarios de la ley (Hch 21,20). Se reúnen con un fin (Hch 2,1): para completar el grupo de los doce (1,15-26), para elegir a los siete del grupo de lengua griega (6,2-5); para tratar el asunto de los gentiles (15,6). Tienen normas de admisión, de funcionamiento, de exclusión de la comunidad (Hch 2,38; Mt 4,17; 7,1-5;18,1-35). Toman decisiones "los apóstoles y ancianos", "de común acuerdo", "el espíritu santo y nosotros" (Hch 15,22.25.28). Pedro preside (Mt 16,18), pero ha de justificar su acción en casa de Cornelio (Hch 11,4). Pedro es "apóstol de los judíos", Pablo es "apóstol de los gentiles" (Ga 2,8). Pablo tiene como responsabilidad diaria "la preocupación por todas las iglesias" (2 Co 11,28); cuenta con colaboradores que elige cuidadosamente, como Prisca y Aquila (Rm 16,1), Timoteo (16,21) o Tito (Tt 1,9). Las comunidades están dirigidas por "ancianos" (20,17;21,18 y 20), llamados también "vigilantes" (20,28), "vigilantes y servidores" (Flp 1,1;Mc 9,35); Febe es "servidora" (Rm 16,1). Llegado el caso, Pablo apela a sus derechos de ciudadano romano (Hch 22,25-29).
17. A mediados del siglo II, escribe el autor de la Carta a Diogneto: "Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra ni por su lengua ni por sus costumbres...Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria es tierra extraña. Se casan como todos; como todos, engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. Ponen mesa común, pero no lecho. Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas, pero con su vida sobrepasan las leyes" (V,1-10).
18. Las primeras comunidades se encuentran en situación política y religiosa adversa. A la Iglesia naciente los judíos la llaman "secta" (Hch 24,5.14). Dice San Pablo: Atribulados en todo, mas no aplastados (2 Co 4,8-9). En la Carta a Diogneto se escribe también de aquellos cristianos: "A todos aman y por todos son perseguidos. Se los desconoce y se los condena. Se los mata, y en ello se les da la vida. Son pobres y enriquecen a muchos. Carecen de todo y abundan en todo. Son deshonrados, y en las mismas deshonras son glorificados. Se los maldice y se los declara justos. Los vituperan y ellos bendicen. Se los injuria y ellos dan honra. Hacen bien y se los castiga como malhechores; castigados de muerte, se alegran como si se les diera la vida. Por los judíos se los combate como a extranjeros; por los griegos son perseguidos y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben decir el motivo de su odio" (V,11-17).
19. La comunidad es el medio más sensible que tenemos para escuchar la palabra de Dios, reconocer la presencia de Cristo, percibir la acción del Espíritu. Es la piscina de Siloé, donde el ciego de nacimiento cura su ceguera original (Jn 9,7). Es el lugar donde Pablo, cegado por la luz del Señor en el camino de Damasco, recupera la vista y las fuerzas (Hch 9,3-19). Es el seno materno, donde se gesta el hombre nuevo "por medio de la Palabra de Dios viva y permanente" (1 P 1,23. Es el cuerpo de Cristo (1 Co 12,27), animado por el espíritu de Dios (12,13).
20. Siendo comunidad, la Iglesia es luz de las gentes (LG 1), signo levantado en medio de las naciones (SC 2), sacramento universal de salvación (GS 45). No es el individuo, sino la comunidad quien puede evangelizar. No es el individuo, sino la comunidad quien renueva profundamente a la Iglesia. No es el individuo, sino la comunidad quien puede realizar una contestación efectiva de la sociedad presente, tal y como está configurada. No es el individuo, sino la comunidad, quien puede vivir hoy las señales del Evangelio.

* Diálogo: La comunidad ¿es señal del Evangelio en medio de la Iglesia y de la sociedad?,¿es una utopía?, ¿es posible?¿, ¿es necesaria?, ¿se percibe esa señal?, ¿cómo? La primera comunidad cristiana ¿es modelo de renovación eclesial?, ¿cuáles son los rasgos más importantes?, ¿se refleja en ellos nuestra experiencia comunitaria?, ¿qué dificultades encontramos?, ¿qué experiencia tenemos?