13. PONEDLO POR ESCRITO. La buena noticia

Creado en Jueves, 20 Noviembre 2014 Última actualización en Miércoles, 11 Mayo 2016

13. PONEDLO POR ESCRITO
La buena noticia


1.Los evangelios nacen en el seno de una comunidad que confiesa que Jesús es el Cristo y recuerda lo que hizo y lo que dijo. Ahora bien, desde el siglo XVIII se desarrolla un racionalismo ilimitado que cuestiona el fondo histórico del Evangelio. Surgen interrogantes diversos: ¿cómo distinguir lo que dijo e hizo Jesús de lo que puede ser interpretación de la comunidad?, ¿podemos acceder al Jesús de la historia o nos lo impide el Cristo de la fe?, ¿qué relación se da entre fe e historia?, ¿cómo nacen los evangelios?
2. El problema lo plantea así Ratzinger en su libro “Jesús de Nazaret” (2007): En los años cincuenta “la grieta entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe se hizo cada vez más profunda”, “la figura de Jesús, en la que se basa la fe, era cada vez más nebulosa, iba perdiendo su perfil”. En realidad, “sin su enraizamiento en Dios, la persona de Jesús resulta vaga, irreal e inexplicable”. El método histórico “sigue siendo indispensable”, pero “es importante que se reconozcan los límites”. La interpretación que “ve en Cristo Jesús la clave de todo el conjunto” y, a partir de él, entiende “la Biblia como unidad”, “presupone una decisión de fe y no puede surgir del mero método histórico" (pp. 7-15).

3. Los evangelios nacen poniendo por escrito la experiencia pascual de Jesús. Es la parte más antigua. No suele tenerse en cuenta, pero la indicación pertinente estaba allí: "Ponedlo por escrito" (Tb 12, 20). Si leemos con atención el capítulo 12 de Tobías, entendemos mejor los pasajes que anuncian la resurrección de Jesús. De una u otra forma, el texto de Tobías facilita el mensaje que reciben las mujeres. En principio, la experiencia de los discípulos es de fracaso, de dolor, de desconcierto: “Nosotros esperábamos”, dicen los caminantes de Emaús (Lc 24,21),"se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto", dice  María Magdalena (Jn 20,2). En este contexto, se produce la experiencia de resurrección.
4. Veamos el texto de Tobías. Dos historias se desarrollan en paralelo: la del viejo Tobit y la de la joven Sara. Desterrado en Nínive (Tb 1,2; 722 a.C.), Tobit permanece creyente en medio de la cultura dominante, pero las cosas no le van bien. La joven Sara es desgraciada en amores. El viejo y la joven, en sitios muy distantes, le piden a Dios que les envíe la muerte (3,6 y 3,15). No se conocen, pero Dios hace confluir sus respectivos destinos de modo que se produzca un desenlace feliz (3,16-17). El viejo se acuerda de un dinero que tiene en un país lejano (4,1). Su hijo Tobías lo puede recuperar. Azarías, un hombre que busca trabajo, le acompaña en el viaje: conoce bien el camino (5,5-17), le protege en el peligro (6,2-9), facilita el encuentro de Tobías y Sara (6,10-19;7,1-16;10,1-14), devuelve la vista a Tobit (11,7-14).
5. Le dice su padre a Tobías: "Ya es tiempo de pagar el salario al hombre que te acompañó" (12,1). Responde Tobías: "Aun entregándole la mitad de la hacienda que traje conmigo, no salgo perdiendo. Me ha guiado incólume, ha cuidado de mi mujer, me ha traído el dinero y te ha curado a ti. ¿Qué salario puedo darle?". Le dice su padre: "Bien merece que tome la mitad de cuanto trajo" (12,2-4). El hombre lleva aparte a los dos y les dice: "Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los bienes que os ha concedido” (12,6).
6. Azarías es un “ángel de Dios”, mensajero suyo (12,15). Dios actúa en la historia a través de mediaciones. Ante el mensajero de Dios, padre e hijo se llenan de temor: "Se turbaron ambos y cayeron sobre sus rostros, llenos de miedo. El les dice: No temáis. La paz sea con vosotros" (12,16-17). Es lo que sucede a las mujeres ante aquellos (hombres, ángeles) que anuncian la resurrección de Jesús: "Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" (Lc 24,5). Y también: "Vosotras no temáis” (Mt 28,5; Mc 16,6), "la paz con vosotros" (Jn 20,19.21.26; ver Lc 24,37). En el pasaje de la ascensión hay "dos hombres vestidos de blanco" (Hch 1,10). En el pasaje de la transfiguración los dos hombres son Moisés y Elías, que conversan con Jesús (Mc 9,4) y aparecen "en gloria" (Lc 9,29). El blanco es el color de los seres gloriosos, resucitados.
7. El mensajero no reclama nada para sí, sino para Dios. "A él se le debe la gloria. Si he estado con vosotros no ha sido por pura benevolencia mía hacia vosotros, sino por voluntad de Dios. A él debéis bendecir todos los días, a él debéis cantar. Os ha parecido que yo comía, pero era apariencia" (Tb 12,18-19). La experiencia de los discípulos trasciende el pasaje que sirve de base. A su manera, el resucitado también come (Lc 24, 43). Los caminantes de Emaús le reconocen en la fracción del pan, “pero él desapareció de su lado” (Lc 24,30-31).
8. A los discípulos la presencia del resucitado se les escapa de las manos. Querrían retenerlo, pero es imposible: "No me retengas" (Jn 20,17; Cc 3,4), dice Jesús a María Magdalena. Jesús tiene un nuevo modo de presencia, a la manera de Dios. Su vida no termina en las honduras de la muerte, sino en las alturas de Dios: "Subo al que me ha enviado" (Tb 12,20). En el fondo, esto es lo que María Magdalena comunica a los discípulos de parte de Jesús: "Subo a mi padre y vuestro padre, a mi Dios y vuestro Dios" (Jn 20,17). La resurrección es ascensión, gloria, transfiguración. La última palabra la tiene Dios. "Y se elevó. Ellos se levantaron, pero ya no le vieron más" (Tb 12,21). Algo semejante dice el evangelio de Lucas: "Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo" (Lc 24,51).
9. Todo termina en acción de gracias: "Alabaron a Dios y entonaron himnos, dándole gracias por aquella gran maravilla de habérseles aparecido un ángel de Dios" (Tb 12,21; Ap 22, 6-9). De modo semejante, concluye el evangelio de Lucas: "Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios" (Lc 24,52-53). La experiencia del resucitado desborda la experiencia de fe que le sirve de base. Los discípulos se alegran de ver al Señor. El incrédulo Tomás, que había dicho “si no lo veo, no lo creo”, retira las condiciones que había puesto para creer (Jn 20,28).
10. Los discípulos siguen la indicación: "Poned por escrito todo cuanto os ha sucedido" (Tb 12,20). Los relatos de la experiencia pascual son la parte más antigua de los evangelios. A ella se añade lo que dijo e hizo Jesús. El escriba que se hace discípulo, dice Jesús, “es como el dueño de la casa que saca del arca lo nuevo y lo viejo” (Mt 13, 52). En la última cena Jesús anuncia a los discípulos que el espíritu santo les “recordará” todo lo que él les ha dicho (Jn 14, 26). La entrada de Jesús en Jerusalén no la entienden los discípulos de momento, pero, cuando es glorificado, caen en la cuenta de que “esto estaba escrito sobre él” (12, 16). Cuando resucita Jesús, los discípulos “recuerdan” lo que había dicho (2, 22). La comunidad recuerda. En la elección de Matías importa ser testigo de la misión de Jesús (Hch 1,21-22).
11. La “enseñanza de los apóstoles” (Hch 2, 42) garantiza la transmisión fiel del Evangelio. Pablo recuerda a los corintios el Evangelio predicado: “os transmití lo que a mi vez recibí” (1 Co 15, 1-8). Sube a Jerusalén “para conocer a Cefas y permanecer quince días en su compañía” (Ga 1,18). Al cabo de catorce años, sube nuevamente a Jerusalén para confrontar con aquellos que son considerados “como columnas” el Evangelio que proclama entre los gentiles (2, 1-10). Pablo dice a Timoteo. “El único que está conmigo es Lucas. Toma a Marcos y tráele contigo, pues me es muy útil para el ministerio”. Pablo le pide a Timoteo que traiga “los libros, en especial los pergaminos” (2 Tm 4,11-13). Marcos y Lucas son colaboradores de Pablo (Flm 24). Las tensiones con Marcos quedan atrás (Hch 16, 38). Pedro escribe desde Babilonia (Roma), le acompaña Marcos (1 P 5,13).
12. Dice Lucas: “Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” (Lc 1, 1-4).
13. Según Papías, obispo de Hierápolis (hacia 69-150), “el presbítero (Juan) decía esto: Marcos, intérprete que fue de Pedro, puso cuidadosamente por escrito, aunque no con orden, cuanto recordaba de lo que el Señor había dicho y hecho. Porque él no había oído al Señor ni lo había seguido, sino, como dije, a Pedro más tarde, el cual impartía sus enseñanzas según las necesidades y no como quien hace una composición de sentencias del Señor, pero de suerte que Marcos en nada se equivocó al escribir algunas cosas tal como las recordaba. Y es que puso toda su preocupación en una sola cosa: no descuidar nada de cuanto había oído ni engañar en ello lo más mínimo”, “Mateo ordenó las sentencias en lengua hebrea, pero luego cada uno las traducía como mejor podía”  (Eusebio, HE, III, 39). El escritor cristiano Hegesipo (+ 180) apunta lo siguiente: “Hasta aquellas fechas (mientras vivían los apóstoles) la Iglesia permanecía virgen, pura e incorrupta” (HE, III, 32).
14. Ireneo de Lyon (hacia 140-202), discípulo de Policarpo, que a su vez había sido discípulo del apóstol Juan, escribe lo siguiente: "Mateo publicó entre los hebreos, en su propia lengua, un evangelio escrito, mientras que Pedro y Pablo en Roma anunciaban el evangelio y fundaban la iglesia. Fue después de su partida, cuando Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, nos transmitió también por escrito lo que había sido predicado por Pedro. Y Lucas, seguidor de Pablo, puso también en un libro el evangelio que había sido predicado por este" (Contra las herejías, 3,1,1).
15. Clemente de Alejandría (hacia 180-211) recoge una tradición recibida de los antiguos presbíteros: "El evangelio según Marcos se empezó a escribir de la siguiente manera: en tiempos en los que Pedro publicaba la palabra en Roma y exponía el evangelio bajo la acción del Espíritu, aquellos que en gran número estaban presentes en aquella ocasión le pidieron a Marcos que, puesto que llevaba acompañando mucho tiempo a Pedro y se acordaba de las cosas que él había dicho, pusiera por escrito sus palabras; así lo hizo y les dio el evangelio a los que se lo habían pedido; cuando se enteró de ello Pedro, no dijo nada ni para impedirlo ni para promoverlo" (HE, VI, 14).  
16. Los evangelios, dice el concilio Vaticano II, son "de origen apostólico" (DV 18), "narran fielmente...lo que Jesús hizo y enseñó", "escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias, conservando el estilo de la proclamación" (DV 19). Los demás libros del Nuevo Testamento “confirman la realidad de Cristo” (DV 20). Recogiendo la tradición que viene de los concilios de Hipona y Cartago (s. IV), el concilio de Trento define en 1545 el canon o lista de libros inspirados.
17. Algunos problemas. Del Nuevo Testamento no se conserva la primera redacción de ninguno de los libros. Las copias completas no van más allá de la segunda mitad del siglo IV. Con los textos clásicos, sucede algo semejante. Las copias más antiguas del filósofo Platón (428-347 a.C.) son del siglo IX y la copia más antigua del poeta Virgilio (70-19 a.C.) es del siglo VI. Otro problema es el de las variantes: ninguna de las copias coincide totalmente con otra. Los manuscritos más antiguos y completos del Nuevo Testamento son el Códice Vaticano, que se conserva en la Biblioteca Vaticana, y el Códice Sinaítico, que se conserva en la Biblioteca Británica de Londres. Ambos códices son del siglo IV. El Códice Alejandrino, conservado también en la Biblioteca Británica, es del siglo V. El papiro P52, del año 125 d.C., es el testimonio más antiguo del evangelio de Juan (Jn 18,31-33 y 37-38). Se conserva en la biblioteca  John Rylands de Manchester. 
18. Cuando se difunde el cristianismo, la lengua común es el griego. El Nuevo Testamento se escribe en griego. En el Africa romana, la traducción del griego al latín comienza hacia el año 150. Es la llamada después Vetus latina (antigua latina). La Editio vulgata (edición corriente) se realiza bajo la dirección de San Jerónimo (+420). “Probablemente se escribieron en papiro los originales del Nuevo Testamento; desde luego muchísimas copias, sobre todo las de uso privado” (J.R. Scheifler, Así nacieron los evangelios, Mensajero, 1967, p. 35).
19. En la persecución de Diocleciano (284-305) se queman muchos libros sagrados. El emperador Constantino encarga a Eusebio de Cesarea (+ 339) 50 copias del Nuevo Testamento de buena calidad. En diferentes regiones, las Iglesias se dan un texto "oficial". Los copistas trabajan a partir de varios manuscritos. Inteligentes ellos (¡ay!) corrigen, armonizan, eliminan los giros no clásicos, fabrican el "mejor" texto a su parecer (Dupont-Mercier, Los manuscritos de la Biblia y la crítica textual, Verbo Divino, 2000, p. 55).   
20.Sensacional descubrimiento. El jesuita José O’Callaghan (1922-2001), profesor de papirología en el Instituto Bíblico de Roma, publica en 1972 el artículo “¿Papiros neotestamentarios en Qumrán?” (Bíblica 53, 91-100) y después el libro ”Los papiros griegos de la cueva 7 de Qumrán” (BAC, 1974). Las cuevas de Qumrán tenían - salvo pocas excepciones - textos hebreos y arameos. En cambio, la cueva 7 tenía “sólo papiros y papiros escritos en griego” (BAC, p. 27). En total, 19 fragmentos, “escritos por una sola cara”, “por consiguiente, se trata de trozos de rollo, no de códice” (p. 29). Entre la cerámica de la cueva se encuentra “una jarra que sobre sus hombros tiene escrito en negro dos veces (en hebreo) el nombre de Roma” (p. 22). Quizá se indica así la procedencia del contenido. Marcos dirige su evangelio a los cristianos de Roma.
21. El fragmento más importante es el 7Q5, es decir, el quinto de la séptima cueva de Qumrán (en la foto). Conserva los restos de veinte letras en cinco líneas. Sólo once son legibles con toda certeza. En la cuarta línea aparecen cuatro letras, que si las trascribimos al castellano son NNES. Tras descartar la palabra egeNNESen (engendró), el jesuita pensó en la palabra GeNNESaret.  Se metió de lleno en el estudio de los evangelios y llegó al pasaje de Mc 6, 52-53. La coincidencia era total. Hasta las letras que en el fragmento habían quedado mutiladas o borrosas, cobraban toda su luz. En la primera línea queda “una pequeñísima raya”, ¿es el trazo medio o inferior de una E?: Epi tois artois (lo de los panes). En la segunda línea: auTOn e kardía (su corazón). En la tercera línea: KAI Tiaperásantes (Y habiendo hecho la travesía); Marcos empieza párrafos por KAI (Y); la fluctuación delta-tau (d-t) es frecuente. En la quinta línea: prosormisZESan (desembarcaron).
22. Algunos objetan que la reconstrucción del jesuita es “poco convincente”, omite “epi ten gen” (hacia tierra), “la línea 4 sería demasiado larga”, “esta variante textual no tiene el apoyo de ningún manuscrito del Nuevo Testamento” (Vanderkam-Flint, 324-325). Ahora bien, de suyo, el inciso “hacia tierra” no es necesario: “Y habiendo hecho la travesía (hacia tierra), llegaron a Genesaret y desembarcaron”.  Una “omisión secundaria” e incluso “un primitivo texto más breve” no parecen imposibles, dice C.M. Martini (p. 61).   
23.Pues bien, los papirólogos dicen que este fragmento (de estilo elegante, época herodiana) “puede datarse del 50 a.C. al 50 d.C.” (p. 44). A ello se añade la contundente prueba matemática e informática de Alberto Dou. En conclusión, "este papiro, este fragmento, es de Marcos y es del año 50" (ver también O'Callaghan, Los primeros testimonios del Nuevo Testamento, El Almendro, Córdoba, 1995). Es una constelación de datos, las piezas encajan. La consecuencia mayor es que el evangelio de Marcos se compuso antes de lo que suele suponerse.
24. Otros papiros. El Papiro 64 o Papiro Magdalena se conserva en el Magdalen College de Oxford y tiene tres pequeños fragmentos del evangelio de Mateo, escritos por las dos caras: Mt 26, 7-8; 26,10; 26,14-15; 26,31; 26,32-33; 26,22-23. El Papiro 67 o Papiro de Barcelona, de la colección de Ramón Roca-Puig (1906-2001), se conserva en la Abadía de Montserrat y tiene dos folios, escritos por ambas caras: Mt 3,9; 3,15; 5,20-22; 5,25-28. Los papiros de Oxford y de Barcelona, adquiridos en Egipto, pertenecen a un mismo códice. El experto alemán Carsten P. Thiede, con sus métodos de análisis y nuevos instrumentos de precisión, los dató alrededor del año 60: “El material comparado conduce a una fecha alrededor del 66, o incluso a una fecha ligeramente anterior. Los fragmentos de Oxford y Barcelona pertenecen a un tipo particular de escritura uncial que floreció a mediados del siglo I” (Témoin de Jésus, R. Laffont, París, 1996, p. 165; ABC, 13-10-1996). En la foto, Papiro de Barcelona.Otros papiros.
25. Es fundamental la experiencia de la buena noticia (eso significa “evangelio”),  encontrar lo que buscábamos (Jn 2,41), descubrir los secretos del reino de Dios (Mc 4,10-11), recibir la enseñanza especial del Evangelio (4,34), reconocer que Jesús vive a pesar de la muerte, sale a nuestro encuentro, “es el Cristo” (Jn 20, 31), “es el Señor” (21,7). Lo que dijo y lo que hizo Jesús se cumple hoy, toda la Escritura “da testimonio” de él (Jn 5,39). Una comunidad viva  tiene experiencia de ello.

* Diálogo: Sobre lo que nos parece más importante.