- SEGUNDA CARTA A TIMOTEO. Proclama la palabra

Creado en Jueves, 22 Febrero 2018 Última actualización en Sábado, 23 Junio 2018

       SEGUNDA CARTA A TIMOTEO

Proclama la palabra

1. Cuando Pablo abandona Éfeso, en el año 57, deja allí a Timoteo (1 Tm 1,3), el cual acepta quedarse con lágrimas (2 Tm 1,4). Ha pasado el tiempo. Y han pasado muchas cosas. En el año 58 Timoteo  acompaña a Pablo en el viaje a Jerusalén. Allí es detenido el apóstol. Durante dos años está preso en Cesarea y ahora lo está en Roma. Desde esta ciudad, en el año 61, escribe la segunda carta a Timoteo. Esel testamento de Pablo.¿Tiene la carta aspectos útiles para hoy? ¿Qué problemas afronta? ¿Puede ser considerada como auténtica carta de Pablo?

2. Detención en Jerusalén. Pablo quiere iniciar su etapa romana de acuerdo con la comunidad de Jerusalén, pero en Jerusalén las cosas han cambiado mucho: “Miles y miles de judíos han abrazado la fe y todos son fervientes partidarios de la ley” y han oído decir que Pablo enseña a los judíos “que se aparten de Moisés, que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones”. Entonces Santiago y los ancianos le aconsejan participar en un rito que va a celebrarse en el templo. El rito termina mal. Algunos “judíos venidos de Asia” acusan falsamente a Pablo de haber introducido en el templo al griego Trófimo, de Éfeso, lo que se castiga con la muerte. La intervención del tribuno y de los soldados romanos evita que Pablo sea muerto allí mismo. El tribuno le lleva al cuartel y manda que le azoten. Pablo pregunta si es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle juzgado (Hch 21,20-22,29).

3. Traslado a Cesarea. Tras comparecer ante el sanedrín, Pablo es trasladado a Cesarea. El tribuno Claudio Lisias escribe al procurador Félix: “Este hombre fue apresado por los judíos y estaban a punto de matarlo cuando, al saber que era romano, acudí yo con la tropa y le libré de sus manos. Queriendo averiguar el crimen de que le acusaban, le bajé  a su sanedrín. Y hallé que le acusaban sobre cuestiones de su ley, pero que no tenía ningún cargo digno de muerte o de prisión. Pero habiéndome llegado el aviso de que se preparaba una celada contra este hombre, al punto te lo he mandado y he informado además a sus acusadores que formulen sus quejas contra él ante ti” (23, 25-30).

4. Ante el procurador Félix. Cinco días después de llegar a Cesarea, el sumo sacerdote Ananías y algunos ancianos presentan acusación contra Pablo: “Hemos encontrado esta peste de hombre que provoca altercados entre los judíos de toda la tierra y que es el jefe principal de la secta de los nazoreos. Ha intentado además profanar el templo, pero nosotros lo apresamos”. El procurador concedió la palabra a Pablo: “Al cabo de muchos años he venido a traer limosnas a los de mi nación y a presentar ofrendas”, “fueron algunos judíos de Asia, que son los que debieran presentarse ante ti y acusarme si es que tienen algo contra mí”. Félix dio largas al sumo sacerdote: “Cuando baje el tribuno Lisias, decidiré vuestro asunto“, “esperaba al mismo tiempo Félix que Pablo le diese dinero, por eso frecuentemente le mandaba buscar y conversaba con él”, “pasados dos años Félix recibió como sucesor a Porcio Festo” (24, 1-27).

5. Apelación al César. El nuevo procurador, Porcio Festo, llegó a principios del otoño del año 60: “Tres días después de haber llegado a la provincia, subió Festo de Cesarea a Jerusalén”, “los sumos sacerdotes y los principales de los judíos le presentaron acusación contra Pablo”, “después de pasar entre ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea y al día siguiente se sentó en el tribunal y mandó traer a Pablo”. Ante la pregunta de Festo si quería subir a Jerusalén y ser juzgado allí en su presencia, Pablo respondió: “Estoy ante el tribunal del César, que es donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún mal, como tú muy bien sabes”, “apelo al César”. Pasados algunos días, Pablo defiende su causa ante el rey Agripa, que había ido a saludar a Festo. Agripa le dijo: “Podría ser puesto en libertad este hombre si no hubiera apelado al César” (Hch 25,1-26,32). El otoño del año 60 había comenzado y pasado el tiempo de los equinoccios. No se podía diferir por más tiempo el traslado de presos a Roma, para no tener que invernar en el camino.

6. Tempestad y naufragio. Fueron confiados Pablo y otros presos a un centurión de la cohorte Augusta: “Nos hicimos a la mar. Estaba con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica”, “navegamos al abrigo de las costas de Chipre, porque los vientos eran contrarios”, “llegamos al cabo de quince días a Mira de Licia”, “allí encontró el centurión una nave alejandrina que navegaba a Italia, y nos hizo subir a bordo”, “partimos de allí“, “había transcurrido bastante tiempo y la navegación era peligrosa, pues incluso había pasado ya el ayuno”, la fiesta de la expiación. Se pensó llegar a un puerto de Creta y pasar allí el invierno, pero “se desencadenó un viento huracanado procedente de la isla”, “la nave fue arrastrada y, no pudiendo hacer frente al viento, nos abandonamos a la deriva”, “era ya la décimo cuarta noche que íbamos a la deriva por el Adriático, cuando hacia la media noche presintieron los marineros la proximidad de tierra”, “una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta”, “transcurridos tres meses nos hicimos a la mar en una nave alejandrina que había invernado en la isla” (Hch 27, 1-28,11).

7. En casa particular, con un soldado: “Llegamos a Siracusa y permanecimos allí tres días”, “desde allí, costeando, llegamos a Regio. Al día siguiente se levantó un viento del sur, y al cabo de dos días llegamos a Pozzuoli”, “encontramos allí hermanos y  permanecimos con ellos siete días”, “y así llegamos a Roma. Los hermanos, informados de nuestra llegada, salieron a nuestro encuentro”, “se le permitió a Pablo permanecer en casa particular con un soldado que le custodiaba” (Hch 28, 12-16). Estamos en la primavera del año 61. “Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él; predicaba el reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesús con toda valentía, sin estorbo alguno” (Hch 28, 30-31). Aquí terminan los Hechos (aproximadamente, en la primavera del año 63).

8. El saludo inicial es semejante al de las grandes cartas paulinas: “Pablo, apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios”, “a  Timoteo,  hijo querido. Gracia, misericordia y paz de parte de Dios padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro” (2 Tm 1,1-2). Pablo da gracias a Dios, cuando continuamente, noche y día, se acuerda de Timoteo en sus oraciones: “Tengo vivos deseos de verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de alegría. Pues evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti” (1, 3-5).

9. Recomendación personal: “Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza. No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios, que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación”, “se ha manifestado ahora con la manifestación de nuestro salvador Cristo Jesús”, “ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio para cuyo servicio he sido yo constituido heraldo, apóstol y maestro. Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo sé bien en quien tengo puesta mi fe, y estoy persuadido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día. Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. Conserva el buen depósito mediante el espíritu santo que habita en nosotros” (1, 6-14; 1 Tm 6,20).

10. En Éfeso ha habido una desbandada: “Ya sabes tú que todos los de Asia me han abandonado”, “que el Señor conceda misericordia a la familia de Onesíforo, pues me alivió muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas, sino que, en cuanto llegó a Roma, me buscó solícitamente y me encontró” (2 Tm 1, 15-17). Timoteo sabe que todos los de Asia han abandonado a Pablo, pero ¿dónde está ahora Timoteo?, ¿qué hace?, ¿por qué debe reavivar su carisma?

11. Llamada a permanecer firme: “Mantente fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces a su vez de instruir a otros. Soporta las fatigas conmigo, como un buen soldado de Cristo Jesús. Nadie que se dedica a la milicia se enreda en los negocios de la vida” (2, 1-4), “acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David según mi evangelio; por él estoy sufriendo hasta llevar cadenas como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada”, “si hemos muerto con él, también viviremos con él; si nos mantenemos firmes, también reinaremos con él; si le negamos, también él nos negará; si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo”, “esto has de enseñar” (2, 8-14). Un detalle importante: “Pablo acostumbraba a hacer mención del Evangelio de Lucas siempre que, escribiendo, decía como si se tratara de un evangelio suyo propio: según mi evangelio” (Eusebio, HE III, 4, 7; ver Rm 2, 16), “Lucas, el seguidor de Pablo, puso en un libro el Evangelio que éste había predicado” (HE V, 8, 3).

12. Algunos consejos: “Procura cuidadosamente presentarte ante Dios como hombre probado, como obrero que no tiene por qué avergonzarse, como fiel distribuidor de la palabra de verdad”, “evita las palabrerías profanas, pues los que a ellos se dan crecerán cada vez más en impiedad”, “Himeneo y Fileto son de estos. Se han desviado de la verdad al afirmar que la resurrección ya ha sucedido, y pervierten la fe de algunos” (2 Tm 2, 14-18). En cierto sentido, puede decirse que hemos resucitado con Cristo (Col 2,12; 3,1; Ef 2,6; 5,14), pero esto no excluye el hecho de la resurrección. Otros consejos: “Huye de las pasiones juveniles. Vete al alcance de la justicia, de la fe, de la caridad, de la paz, en unión de los que invocan al Señor”, “evita las discusiones necias y estúpidas: tú sabes bien que engendran altercados. Y a un siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser amable con todos, pronto a enseñar, sufrido, y que corrija con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión” (2 Tm 2, 22-25).

13. Cuidado con los adversarios: “Guárdate de ellos. A estos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones, que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad”, “como Jannés y Jambrés se enfrentaron a Moisés, así también estos se oponen a la verdad; son hombres de mente corrompida”, “su insensatez quedará patente a todos, como sucedió con aquellos”, “irán de mal en peor” (3, 5-13).

14. Evocación personal: “Tú, en cambio, me has seguido asiduamente en mis enseñanzas, conducta, planes, fe, paciencia, caridad, constancia, en mis persecuciones y sufrimientos, como los que soporté en Antioquía, en Iconio y en Listra”, “y todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones” (3,10-12), “persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, teniendo presente de quién lo aprendiste, y que desde niño conoces las sagradas escrituras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación en Cristo Jesús. Toda  Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia” (3, 14-18).

15. Proclama la palabra: “Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino: Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina”, “vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus pasiones, se  harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, cumple la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio”, “yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he llegado a la meta, he conservado la fe. Ahora me aguarda la corona de la justicia que aquél día me entregará el Señor, el justo juez” (4, 1-8). En Roma las cosas no van bien.

16. Algunas disposiciones: “Apresúrate a venir a mí cuanto antes, porque me ha abandonado Demas por amor a este mundo y se ha marchado a Tesalónica; Crescente, a Galacia: Tito, a Dalmacia. El único que está conmigo es Lucas. Toma a Marcos y tráele contigo, pues me es muy útil para el ministerio. A Tíquico le he mandado a Éfeso. Cuando vengas, tráeme el abrigo que me dejé en Tróade, en casa de Carpo, y los libros, en especial los pergaminos. Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal”, “tú también guárdate de él, pues se ha opuesto tenazmente a nuestra predicación” (4, 9-15). 

17. Noticias personales: “En mi primera defensa nadie me asistió, antes bien todos me desampararon. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal” (4, 16-18).

18. Saludo final:“Saluda a Prisca y Áquila y a la familia de Onesíforo. Erasto se quedó en Corinto; a Trófimo le dejé enfermo en Mileto. Date prisa en venir antes del invierno. Te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos. El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros” (4, 19-22). Al final de la Carta a los Hebreos en una nota breve se dice: “Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido liberado. Si viene pronto, iré con él a veros”, “os saludan los de Italia” (Hb 13, 23-24).

19. Lenguaje y contenido. En cuanto al vocabulario, las tres cartas pastorales presentan “36 vocablos que no tienen paralelo en las otras cartas de Pablo”, “hay 35 vocablos que están presentes”, también “algunas partículas griegas típicas de la prosa paulina”. En cuanto al contenido, “hay afinidades con temas y expresiones presentes en las cartas históricas de Pablo”, pero los mismos temas y expresiones “se insertan dentro de otra perspectiva y adquieren una tonalidad diversa” (Fabris, 548-549). “De todos modos, se llega a un grado de proximidad nada común al lenguaje de Pablo”, “el vocabulario de las Pastorales está compuesto de 889 palabras”, “nos queda una coincidencia de las Pastorales con Pablo en 567 palabras” (Sánchez Bosch, 437-438). Para ambos autores, las tres cartas no son de Pablo. Sin embargo, teniendo en cuenta el conjunto de datos aportados, la segunda carta a Timoteo debe considerarse también original de Pablo.

 

20. Muerte de Pablo:  Al hombre impío “vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene”, dice Pablo hacia el año 52 (2 Ts 2, 7). En el año 40 a Calígula le retiene Agripa I. Del 54 al 62,  a Nerón le retienen sus asesores Burro y Séneca. Del 62 al 68, ya sin ellos, se manifiesta bestial. En el año 62 promulga la ley de “lesa majestad”. Los Hechos no lo recogen. El Apocalipsis lo hace de forma críptica: “dos testigos” (Pedro y Pablo) profetizan “durante mil doscientos sesenta días” (tres años y medio), “si alguien pretendiera hacerles mal, saldría fuego de su boca”, la bestia (Nerón) “los vencerá y los matará". Gentes de todas partes contemplan sus cadáveres “tres días y medio” en la plaza de la gran ciudad (Roma), “no está permitido sepultar sus cadáveres”,  celebran con escarnio su muerte degradante (sin sepultura). Pero “pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusieron de pie”, “subieron al cielo en la nube”, “en aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la gran ciudad se derrumbó” (Ap 11,3-13). Algunas claves. Se habla de “terremoto”,  también de “fuego”.  El incendio de Roma se produce en la noche del 18 al 19 de julio del año 64. La bestia es Nerón: “su cifra es 666” (13, 18). En hebreo, el valor numérico de las letras nrwn qsr (Nerón César) da esa cifra: n50 + r200 + w6 + n50 + q100 + s60 + r200 = 666. Los dos testigos mueren de forma degradante (el 15 de julio). Pero, “tres días y medio” después, resucitan: “se ponen en pie”, “suben al cielo”, “sale fuego de su boca” (ver 1 Ts 4, 17, catequesis Comunidad de Tesalónica y Desafío frontal).

·        * Diálogo: ¿Tiene la carta aspectos útiles para hoy? ¿Qué problemas afronta? ¿Puede ser considerada como auténtica carta de Pablo?