15. LA COSA EMPEZO EN GALILEA Jesús enseña y cura

Creado en Jueves, 21 Marzo 2013 Última actualización en Miércoles, 11 Mayo 2016
15. LA COSA EMPEZO EN GALILEA
Jesús enseña y cura
 
1. Desde el principio, la Iglesia tiene como punto de referencia lo que dijo e hizo Jesús, es decir, su enseñanza y su acción, su misión. Como dice Pedro en casa de Cornelio, "la cosa empezó en Galilea" (Hch 10,37). Pero ¿qué cosa?, ¿en qué consiste la misión de Jesús?, ¿qué es lo que dijo e hizo Jesús? Su misión sigue siendo actual. El Señor Resucitado sigue diciendo: “Id y haced discípulos”, “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Siendo esto así, es preciso revisar. Como dice Pablo, “inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro evangelizar” (1 Co 13,9), “mire cada cual cómo construye,”, “nadie puede poner otro fundamento que el ya puesto”, Cristo (3,10-11).
2. No todo vale. En medio del judaísmo convencional resuena la llamada de Juan: "Dad frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: Tenemos por padre a Abraham" (Lc 3,8). La fe no se recibe por herencia biológica. Se requiere una respuesta personal. En esa línea se sitúa Jesús cuando lleva adelante su misión. De modo semejante ahora, en medio del cristianismo convencional irrumpe la llamada del Evangelio. No vale decir: "Somos católicos de toda la vida". Hace falta otra cosa. El "vino nuevo" del Evangelio debe echarse en "odres nuevos" (Mc 2,22). Las grandes iglesias cristianas deben revisar su tradición a la luz del Evangelio y han de decidir si optan por el vino nuevo y por los odres nuevos.
3. Los comienzos arrancan de una experiencia fundamental: el bautismo de Jesús en el Jordán. Se abren los cielos, los cielos rompen su silencio y se escucha esta palabra: "Tú eres mi hijo amado, mi predilecto" (Mc 1,11; Lc 3,22). Se evoca, superándola, la figura del siervo: "Mirad a mi siervo..., mi elegido, a quien prefiero" (Is 42,1). Se cumple el salmo 2: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. La palabra se hace viva por la acción del espíritu (Mc 1,10). Nace un mundo nuevo. Se cumple plenamente lo que está escrito: "Sobre él he puesto mi espíritu" (Is 42,1). También hoy el anuncio del Evangelio arranca de una experiencia fundamental: “En el fondo ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea el comunicar a otro la propia experiencia de fe?” (Pablo VI, EN 46).
4. Conducido por el espíritu al desierto, Jesús supera las tentaciones que van contra su propia misión (Mt 4,1-11): "Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”, “tírate abajo, porque está escrito: los ángeles te recogerán”. Jesús acepta las señales que Dios le envía sin exigir otras, porque también está escrito: "No tentarás al Señor tu Dios" (Dt 6,16). Jesús permanece dentro de los límites de la condición humana: "El hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al padre" (Jn 5,19). Jesús supera también la tentación del poder: "Todo esto te daré, si postrándote me adoras". Se le ofrece poder, pero la conciencia queda sometida, esclavizada. El hombre no debe arrodillarse ante nadie, sólo ante Dios: "Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a El darás culto" (Dt 6,13).
5. En un momento crítico, cuando Juan es arrestado, Jesús se retira a Galilea y, dejando Nazaret, reside en Cafarnaúm, junto al mar. Entonces comienza su misión, proclamando la buena nueva de Dios: "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la buena noticia” (Mc 1, 15; ver Is 40,1-2; 52,7). El Evangelio irrumpe en medio de una tierra encadenada, oscurecida, necesitada de liberación: "El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz" (Mt 4,12-16). Jesús anuncia la acción de Dios y llama a la conversión. No se impone por la fuerza, respeta la libertad.
6. . En la misión de Jesús los hechos acompañan a las palabras. Jesús anuncia una palabra que se cumple. Se dan las señales esperadas: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la buena nueva" (Lc 7,22). Jesús enseña y cura (Mt 9,35). Sus señales manifiestan que Dios está con él (Jn 3,5). En diversos medios, al aire libre (Mt 5,2), por las casas (Mc 2,1), en las sinagogas (1,21), en el templo (Lc 19,47), Jesús siembra la semilla en la tierra (Mt 13,3-9.18-23), la palabra que se cumple en la historia. El reino viene cuando se dirige a los hombres la palabra de Dios: Dios habla, Dios actúa, nos trata como a hijos, nos dirige su palabra. Encontrar a Dios en el centro de la vida es el verdadero corazón del Evangelio. La palabra crece sin que se sepa cómo (Mc 4,26-29). Fermenta y levanta al mundo como la levadura fermenta la masa (Mt 13,33). Jesús hace sentir a quien le busca la cercanía de Dios. Los discípulos son testigos de ello. Les dice Jesús: "¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!" (Lc 10,23-24). Jesús lleva en sí mismo el reino de Dios. Se le dice en el bautismo: “Ya tengo consagrado a mi rey en mi monte santo”  (Sal 2). Ello da a su persona una autoridad que no tiene par: "La gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas" (Mt 7,28-29).
7. En su misión Jesús afronta también reacciones contrarias. Sus parientes decían: "Está fuera de sí" (Mc 3,21). En Nazaret le reciben mal: “ningún profeta es bien recibido en su tierra” (Lc 4,23-30). Los escribas y fariseos le acusan de no respetar la ley (613 preceptos) ni el sábado (Mc 2,15-28 y 7,1-23), es un “comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores" (Mt 11,19), "se endiosa"(Jn 10,33), "está endemoniado" (8,48). Los “endemoniados” manifiestan una profunda repulsa (Mt 8,29). En medio de problemas que desbordan, Jesús aparece como el que es "más fuerte" (Mt 12,28-29). A muchos les resulta duro su lenguaje y se marchan: “Se volvieron atrás y ya no andaban con él” (Jn 6,60-66).
8. Jesús proclama la voluntad de Dios sin rebajas, no viene a destruir la Ley y los profetas, sino a dar cumplimiento (Mt 5,17). En efecto, no sólo no tendrás otros dioses (Dt 5,7), sino que buscarás por encima de todo el reino de Dios y su justicia (Mt 6,33). No sólo no jurarás en falso (Dt 5,11), sino  tampoco en modo alguno (Mt 5,33-34). No sólo cumplirás la ley del sábado (Dt 5,12-15), sino que el sábado se hizo para el hombre (Mc 2,27), serás alimentado con el pan de vida (Jn 6,35-51). No sólo honrarás a tu padre y tu madre (Dt 5,16), sino que aquellos que escuchan la palabra de Dios serán tu familia (Mc 3,31-35). No sólo no matarás (Dt 5,17), sino que amarás a tu enemigo (Mt 5,43-46). No sólo no cometerás adulterio (Dt 5,18), sino que serás fiel con todo el corazón (Mt 5,27-30). No sólo no robarás (Dt 5,19), sino que compartirás tus bienes (Lc 19,8-10). No sólo no darás falso testimonio contra tu prójimo (Dt 5,20), sino que disculparás, perdonarás (Mt 18,21-22). Del amor a Dios y del amor al prójimo penden toda la Ley y los profetas (Mt 22,40).
9. Jesús llama a la conversión, anunciando que el reino de Dios está en acción. No viene espectacularmente, “el reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc 17, 21). En virtud de este acontecimiento, la conversión le es ofrecida al hombre gratuitamente, de balde. Además, se ofrece a quienes, por sí mismos, ni siquiera pueden cumplir la Ley (Jn 7,19). El hombre necesita nacer de nuevo, “nacer de lo alto” (Jn 3,3.7). Al propio tiempo, hay renuncias que son necesarias para seguir a Jesús (Mt 10, 37-39).
10. Jesús enseña a la muchedumbre por medio de parábolas (Mc 4,2), pero a los discípulos les dedica a solas (4,14) una enseñanza especial, comparte con ellos los secretos del reino de Dios. Jesús les enseña a escuchar la palabra, "la palabra del reino" (Mt 13,19); les enseña la justicia nueva, que conduce a la dicha, a la paz, a la bienaventuranza (Mt 5,1-48); les enseña a orar (Lc 11,1-4); anuncia una palabra de liberación, como aquél día en la sinagoga de Nazaret: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista" (Lc 4,18).
11. Para llevar a cabo su misión, Jesús no se identifica con los grupos sociales y religiosos de su tiempo: los saduceos (pertenecen a la aristocracia y a la institución sacerdotal, colaboran con el imperio romano), los zelotes (partidarios de la revolución violenta contra el imperio), los fariseos (observantes de la Ley, pero dicen y no hacen), los esenios (piadosos que estudian la Ley y esperan la liberación de Israel), los escribas (intérpretes oficiales de las Escrituras). Jesús opta por los pobres, por la "muchedumbre vejada y abatida" (Mt 9,36). Los pobres plantean cuestiones tan vivas y universales como el pan, la vivienda, la salud, la educación, la justicia, la libertad. Es preciso optar: “no podéis servir a Dios y al dinero”, dice Jesús (Mt 6,24).
12. Cuando evangeliza, Jesús no está solo, comparte su misión. Ahí están los doce (Mt 10,1), están los setenta y dos (Lc 10,1), están las mujeres que acompañan a Jesús (8,1-3). La comunidad es la nueva familia de los discípulos: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21), “todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8). En la comunidad se vive el amor fraterno (Mc 4,34; Jn 13,35) y, al compartir, se multiplican los panes (Jn 6,5-15); en ella se recibe la enseñanza especial del Evangelio. La comunidad es el centro que difunde el Evangelio recibido.
* Diálogo: ¿Qué es lo que empezó en Galilea?, ¿compartimos la misión de Jesús?