16. HA LLEGADO LA HORA. El escándalo de la cruz.

Creado en Jueves, 21 Marzo 2013 Última actualización en Miércoles, 11 Mayo 2016
16. HA LLEGADO LA HORA
El escándalo de la cruz
 
       1.. La misión de Jesús había comenzado en Galilea, pero su destino era Judea; y dentro de Judea, Jerusalén; y dentro de Jerusalén, el templo, la niña del ojo del mundo judío, centro de poder religioso, político y económico. Un destino comprometido y peligroso. Lo dijo Jeremías: "Ha devorado vuestra espada a los profetas, como el león cuando estraga" (Jr 2,30). Lo dice Jesús: "Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas”, “¡cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!" (Mt 23,37). Sin embargo, Jesús va a Jerusalén. Es parte de su misión.
    2. Jerusalén no tiene por qué temer: “Viene tu rey”, “humilde y montado en un asno" (Za 9,9-10). Viene humildemente, pacíficamente. No viene “con los carros de Efraím ni con los caballos de Jerusalén”, tampoco viene con “arco de combate”. Viene sin imponerse por la fuerza, anuncia “la paz a las naciones”. Ahora bien, los sumos sacerdotes y los fariseos le temen: “Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación” (Jn 11,48).    
    3. La marcha sobre Jerusalén termina en el templo. El templo está manchado: debía ser "casa de oración para todas las gentes", pero se ha convertido en "cueva de bandidos" (Mc 11,17; Jr 7,11). El templo debe ser purificado; más aún, el templo debe ser sustituido (Jn 2,13-22). El nuevo templo se construirá "en espíritu y en verdad" (Jn 4,24), con "piedras vivas" (1 P 2,5). Jesús sabe que ha llegado la hora de pasar de este mundo al padre (Jn 13,1). En el huerto, con tristeza y angustia, ora así: “Si es posible, pase de mi este cáliz” (Mt 26,39).
    4. La marcha sobre el templo determina el proceso que le hacen a Jesús. El sumo sacerdote le dijo: “Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el hijo de Dios”. Jesús respondió: “Tú lo has dicho. Más aún, …desde ahora veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo”. El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?”. Contestaron: “Es reo de muerte" (Mt 26,57-66).
    5. Los judíos no podían ejecutar a nadie (Jn 18,31). Los romanos controlaban el nombramiento y destitución del sumo sacerdote, las propiedades de los ancianos y el ejercicio de la pena capital. Jesús fue conducido al pretorio, para que la autoridad romana pusiera fin al proceso. El gobernador Poncio Pilato no encontró en él delito alguno (Jn 18,38; Lc 23,22), pero pesaron decisivamente motivaciones políticas. En primer lugar, el fuero judío: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se tiene por hijo de Dios” (Jn 19,7). Pesó también la amistad del César: “Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César” (19,12). Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran (19,16). Sobre la cruz pusieron este cartel: "Jesús Nazareno, el rey de los judíos" (19,19).
    6. Hacia las tres de la tarde, Jesús gritó: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). No es un grito de desesperación, sino el comienzo del salmo 22, la proclamación del salmo en todo lo que está aconteciendo. El discípulo atento percibe en el cumplimiento de las Escrituras la gloria de la cruz. Así sucede en el reparto de los vestidos (Jn 19,23-24), en la burla de los adversarios (Mt 27,39-44), en la sed (Jn 19,28).  Le acercaron a la boca una esponja empapada en vinagre. Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: "Todo está cumplido", e inclinando la cabeza, entregó el espíritu (Jn 19,30). Según Lucas, dando un fuerte grito, dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46; Sal 31). De este modo, Jesús desciende a lo más profundo: “hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,8).
    7. Lo que pasó después es proclamado por Pedro como el centro del mensaje cristiano: "Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; a éste, pues, Dios le resucitó ...de lo cual todos nosotros somos testigos. Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del padre el espíritu santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís" (Hch 2,22-33). Hay una responsabilidad colectiva: “Murió por nuestros pecados, según las Escrituras” (1 Co 15,3), “por nuestras culpas“, “por las rebeldías de su pueblo” (Is 53,5-8). Es preciso cambiar: “Convertíos”, “apartaos de esta generación perversa” (Hch 2,38-40).
    8. Jesús vive a pesar de la muerte, pero no es un resucitado más, es “el Señor”, el rey prometido “sentado a la derecha de Dios” (Mc 14, 62; Sal 110). Quien ha descendido a lo más bajo, es levantado a lo más alto, es ascendido el día de pascua (Lc 24,51). Con ello Jesús no abandona el mundo, sino que de un modo nuevo está presente en él. El reino de Dios está en sus manos. Ya desde ahora, viene sobre las nubes del cielo, a la manera de Dios, viene a juzgar la historia (Dn 7,13-14).  Lo veréis, dijo Jesús a Caifás (Mt 26, 59).
    9. Jesús vive su muerte como un paso (Jn 16,28), como un parto (16,21), como el grano de trigo que muere y da mucho fruto (12,24), como la hora crucial y decisiva: “Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si para esta hora he venido! Padre, glorifica tu nombre” (12, 27-28), “cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (12,32). La cruz, “el escándalo de la cruz” (Ga 5, 11), es señal del discípulo (Mt 10,38), “anunciamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”, pero “un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Co 1,23-24).
10. Jesús es mesías (rey, cristo) bajo la figura del siervo (Is 42, 1-7). Se identifica como profeta (Lc 4,24). Su reino “no es de este mundo” (Jn 18, 36). No es, como esperan en Qumrán, un mesías que se impone por la fuerza según la Regla de la Guerra: “Se acabará el dominio de los kittim (los opresores), siendo abatida la impiedad sin que quede un resto”, “en el día en que caigan los kittim habrá un combate” (4Q496 I, 6-9). Los esenios sitúan ese día en el año 70 a.C., “unos cuarenta años” después de la muerte del Maestro de Justicia (CD-B XX, 13-17; ver XIX, 33-XX, 1). Luego reconocen su error y, en virtud de una nueva interpretación, determinan que la victoria mesiánica llegaría en el año 70 d.C.  Precisamente ese año, en plena guerra judía, lo que llega es el desastre nacional, lo que Jesús había anunciado. Del templo “no quedará piedra sobre piedra” (Mt 24,2 y 15-20). Jesús avisa a los discípulos: “Mirad que no os engañe nadie”, “vendrán muchos usurpando mi nombre” (24, 4), “si os dicen: Está en el desierto, no salgáis” (24, 26). La tentación de Jesús fue allí (4,1-2).
11. En situación personal de éxodo, huyendo de la persecución, se le indica a Felipe el camino que baja de Jerusalén a Gaza. Se levantó y partió. Y he aquí que un etíope eunuco, ministro de la reina, volvía de adorar en Jerusalén, sentado en su carro. El espíritu dice a Felipe: "Acércate y ponte junto a ese carro". Felipe se acercó y le oyó leer al profeta Isaías. Le dijo: "¿Entiendes lo que vas leyendo?". Él contestó: “¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?”. Y le invitó a subir y sentarse con él. El pasaje que iba leyendo era éste: "Como cordero llevado al matadero" (Is 53,7). El eunuco pregunta: "¿De quién dice esto el profeta?, ¿de sí mismo o de otro?". Entonces Felipe, partiendo de este texto de la Escritura, le anuncia "la buena nueva de Jesús" (Hch 8, 26-35). Todo lo que ha sucedido ese día tiene un sentido: Jesús, llevado como cordero al matadero, ese lugar de donde vuelve el peregrino.
* Diálogo: ¿Asumimos el escándalo de la cruz?, ¿percibimos su gloria?