27. EL JUICIO DE LOS IMPERIOS .El acontecimiento del siglo

Creado en Domingo, 31 Marzo 2013 Última actualización en Jueves, 30 Mayo 2013

27. EL JUICIO DE LOS IMPERIOS

El acontecimiento del siglo


xfretensisw1. Los imperios que dominan el mundo parecen eternos. Frecuentemente, su poder se hace absoluto. Según los casos, las razones en que se apoyan son diferentes: la cultura griega, la paz romana, la propia nación, la civilización cristiana, la redención del proletariado, la defensa de Occidente, la seguridad nacional, la cultura pagana. ¿Qué hacer entonces? ¿Se puede colaborar con el poder absoluto? ¿Se impone una resistencia violenta? ¿Es mejor una resistencia pacífica? El juicio de los imperios ¿es algo olvidado?, ¿se produce ya ahora?, ¿es el acontecimiento del siglo?, ¿qué está pasando? 
2. En la Biblia pasan grandes imperios: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma. En ellos encontramos situaciones diversas. José llega a ser primer ministro en Egipto (Gn 41,41); Moisés, salvado de las aguas por la hija del faraón (Ex 2,10), libera a su pueblo de la opresión egipcia (3,7-10). El rey caldeo (625-621 a.C.) se lanza a la conquista de una vasta parte del mundo y el profeta Habacuc se pregunta: ¿guardará silencio el Señor ante esa loca aventura? (Ha 1,2). Daniel, uno de los judíos desterrados en Babilonia, colabora con el rey (Dn 1,19), pero sueña con el juicio de los imperios (7,1-18) y también sufre los zarpazos del poder (14,33-39). Jesús admira la fe del centurión (Mt 8,10) y, sin embargo, es crucificado por el poder romano (Mc 15,15-27). 
3. Asiria viene de Asur, el dios del imperio. Cualquier pueblo se le debe someter. Los enemigos son exterminados. El rey Senaquerib (704-681 a. C.) se jacta de ello: “Con el mandato del dios Asur, el Gran Señor, caí sobre el enemigo como un huracán... Los derroté y los hice retroceder. Atravesé las unidades del enemigo con flechas y jabalinas... Corté sus gargantas como a borregos... Mis caballos encabritados, enjaezados, se sumergieron en la sangre que corría como en un río; las ruedas de mi carro de batalla se salpicaron de sangre y despojos. Llené la llanura de cadáveres de los guerreros, como si fueran hierba”. Pues bien, en primer plano, antes que la noticia, aparecen los pies del mensajero (Na 2,1). Viene corriendo, volando sobre los montes. El mensajero anuncia la paz, pero también el acontecimiento del siglo: la caída de Nínive, la capital del imperio asirio (612 a.C.). Parecía imposible. Pero está escrito: "¡Ay de la ciudad sanguinaria!" (Na 3,1). El rey Manasés (698-643), un vasallo rendido a la voluntad del imperio, "derramó tanta sangre inocente que inundó a Jerusalén de punta a punta" (2 R 21,16). Según la tradición judía, el profeta Isaías fue una de sus víctimas.
4. Babilonia contribuye a ejecutar el juicio contra Nínive: "En vuestros días voy a hacer una obra que no creeréis aunque os lo cuenten. He aquí que yo suscito a los caldeos, pueblo acerbo y fogoso, que recorre las anchuras de la tierra" (Ha 1,5-6). El juicio es también contra Judá, que ha hecho lo que Dios reprueba. Babilonia será lugar de destierro: "Al filo de cumplírsele a Babilonia setenta años, yo os visitaré y confirmaré sobre vosotros mi favorable promesa de volveros a este lugar" (Jr 29,10). Como antes lo hizo Nínive, Babilonia se levanta ante Dios como poder absoluto, con soberbia e insolencia (50,29-32). Se convierte en la ciudad del mal: "Capital de Babilonia, criminal" (Sal 137). Finalmente, será tomada por el persa Ciro (539 a.C.).
5. En el siglo IV antes de Cristo el dominio del mundo se desplaza lentamente de Oriente a Occidente. En dos célebres batallas los griegos frenan el avance del imperio persa: en Maratón (491 a.C.) y Salamina (480 a.C.). Y en Ipso, en la parte norte de Siria, Alejandro de Macedonia impone su dominio (333 a.C.). Su primer objetivo es Egipto. Con 32.000 soldados de infantería y 5.000 de caballería, se dirige hacia el sur, seguido en el mar por una flota de 160 naves. De paso, en la costa siria, primero toma Tiro y, después, Gaza. El movimiento de tropas estacionadas en la costa no puede pasar inadvertido para los judíos. Según el historiador Flavio Josefo, tras la toma de Gaza, Alejandro va a Jerusalén. El pueblo y el sumo sacerdote le reciben con todos los honores. El macedonio hace una ofrenda en el templo accediendo a los deseos del pueblo. Luego se dirige a Egipto. Alejandro "suscitó muchas guerras, se apoderó de plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra. Avanzó hasta los confines del mundo y se hizo con el botín de multitud de pueblos. La tierra enmudeció en su presencia y su corazón se llenó de soberbia y de orgullo. Reunió un ejército potentísimo y dominó sobre tierras, pueblos y príncipes, que le pagaban tributo. Después cayó enfermo y conoció que se moría" (1 Mc 1,2-5). Le suceden cuatro generales que se dividen el imperio: "Todos a su muerte se ciñeron la diadema, y sus hijos después de ellos, durante largos años" (1,9). 
6. De ellos brotó "un vástago perverso", Antíoco Epífanes (1,10), que reinó desde el 175 al 164 a.C. "Una vez asentado en el reino, concibió el proyecto de reinar sobre el país de Egipto, para ser rey de ambos reinos. Con un fuerte ejército, con carros, elefantes, caballos y una gran flota, entró en Egipto", "ocuparon las ciudades fuertes y Antíoco se alzó con los despojos del país" (1,16-19). Después "subió contra Israel y llegó a Jerusalén con un fuerte ejército", saqueó el templo y "tomándolo todo, partió para su tierra después de derramar mucha sangre y de hablar con gran insolencia" (1,20-24). Contó con la complicidad de algunos judíos seducidos por la nueva cultura: "renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los gentiles y se vendieron para obrar el mal" (1,15). 
7. Antíoco quiere unificar a los pueblos con la imposición de un culto extraño: "El rey publicó un decreto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el decreto real y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado" (1 Mc 1,41-43). El decreto "ordenaba seguir costumbres extrañas al país" (1,44), "profanar el santuario y lo santo" (1,46), "quien desobedezca el decreto, morirá" (1,50), el rey mandó levantar sobre el altar del templo un altar pagano, "la abominación de la desolación" (1,54). La convivencia se hace imposible. La apertura a lo ajeno no significa desprecio de lo propio. En la lucha entre paganismo griego y fe judía hay tres años de crisis, marcados por la sublevación de Judas el macabeo (167-164 a.C.). 
8. Al comienzo, los "hasidim", piadosos que se organizan en hermandades, se unen a la lucha macabea, pero pronto el movimiento se divide. Los macabeos buscan la liberación política y religiosa por las armas. Los "hasidim" asumen una resistencia pacífica. Renuncian a la lucha violenta y ponen su esperanza en manos de Dios. La resistencia contra el poder absoluto es la manifestación de un combate profundo que dura siglos. En ese combate se enfrentan las fuerzas del mal y la fuerza de Dios. Antíoco es la encarnación más virulenta del poder demoníaco. La esperanza en la liberación se identifica con la victoria de Dios y el establecimiento de su reino. A los que queden, al "pequeño resto", "se les llamará santos, serán todos los inscritos en Jerusalén como vivos" (Is 4,3), "en ella están los tribunales para el juicio" (Sal 122).
9. El libro de Daniel se difunde en el 164 antes de Cristo, poco antes de la muerte de Antioco. Es un mensaje de esperanza en medio de las dificultades del tiempo presente. Relatos transmitidos entre los judíos de la diáspora se hacen actuales. Daniel, uno de los judíos desterrados en Babilonia (Dn 5,13), dotado de espíritu profético (4,5), tiene el don de interpretar sueños y visiones, revelando así el sentido de la historia (1,6.17;2,25). Precisamente eso es lo que se necesita ahora. Lo que está pasando es algo que desborda, un enigma demasiado grande para interpretarlo con medios humanos. Se requiere una revelación de Dios. El asunto no es fácil. Hay que intentar de corazón comprender (Dn 10,12). Daniel contempla en visiones de la noche un horizonte de siglos. Los imperios pasan. Dios permanece: "Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno" (Sal 93). Los creyentes sufren los zarpazos del poder, pero Dios les hace justicia, participan (ya ahora) en el juicio de los imperios. Dios habla de muchas maneras, también en sueños. Su palabra desciende a las profundidades del mundo no consciente y supera la censura individual y colectiva. 
10. Daniel tiene un sueño, que enseguida pone por escrito: "Los cuatro vientos del cielo agitaron el mar grande, y cuatro bestias enormes, diferentes todas entre sí, salieron del mar. La primera era como un león con alas de águila. Mientras yo la miraba, le fueron arrancadas las alas, fue levantada de la tierra, se incorporó sobre sus patas como un hombre, y se le dio un corazón de hombre. A continuación, otra semejante a un oso, levantada de un costado, con tres costillas en las fauces, entre los dientes. Y se le decía: Levántate, devora mucha carne. Después, yo seguía mirando y vi una bestia como un leopardo con cuatro alas de ave a su dorso; la bestia tenía cuatro cabezas, y se le dio el dominio. Después seguí mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro, comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos. Estaba yo observando los cuernos, cuando en esto despuntó entre ellos un cuerno pequeño, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él. Tenía este cuerno ojos como los de un hombre, y una boca que profería grandes cosas". "Mientras yo contemplaba, se aderezaron unos tronos y un anciano se sentó", "miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban delante de él. El tribunal se sentó y se abrieron los libros", "yo seguía contemplando en las visiones de la noche. Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un hijo de hombre. Se dirigió hacia el anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7,1-14). 
11. Daniel se acercó a uno de los que estaban allí de pie y le dio la interpretación: "Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que surgirán de la tierra. Los que han de recibir el reino son los santos del Altísimo, que poseerán el reino eternamente" (7,17-18), "la cuarta bestia será un cuarto reino que habrá en la tierra, diferente de todos los reinos. Devorará toda la tierra, la aplastará y la pulverizará. Y los diez cuernos: de este reino saldrán diez reyes, y otro saldrá después de ellos; será diferente de los primeros y derribará a tres reyes; proferirá palabras contra el Altísimo y pondrá a prueba a los santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos y la ley, y los santos serán entregados en sus manos durante tres años y medio. Pero el tribunal se sentará y el dominio le será quitado para ser destruido y aniquilado definitivamente. Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino y todos los imperios le servirán y le obedecerán" (7,23-27). Daniel se quedó pálido y guardó estas cosas en su corazón (7,28). 
12. Realidades humanas (imperios) aparecen como bestias. Realidades divinas aparecen con figura humana. La historia es juzgada ante el trono del Anciano (Dios) y ante el trono del hijo del hombre (los santos, Jesús de Nazaret). En tiempo de Jesús, la bestia política es el imperio romano. Roma es "la célebre ramera" con la que fornican reyes y habitantes de la tierra, "la gran Babilonia" que se embriaga con la sangre de santos y mártires de Jesús, "la bestia" que camina hacia su destrucción, la ciudad que se asienta sobre siete colinas (Ap 17,1-9). Un detalle importante: la bestia religiosa se pone al servicio de la bestia política (13,11-12).
13. En la región de Gerasa, apenas salió Jesús de la barca, "vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo" (Mc 5,2), "nadie podía dominarle" (5,4). El problema desborda, aliena, margina, destruye. El hombre conoce a Jesús, acude a él, se dirige a él con título mesiánico, pero enseguida muestra resistencias: "¿Qué tengo yo contigo, Jesús, hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes" (5,7). Es que él le había dicho: "Espíritu inmundo, sal de este hombre" (5,8). Jesús afronta el problema, le hace salir, le pregunta su nombre: "Mi nombre es legión, porque somos muchos" (5,9). El problema parece de tipo político: la palabra "legión" evoca la fuerza militar romana, el número de "unos dos mil" encaja más con una legión que con una piara; los demonios (como los romanos) quieren permanecer en la región (dominada), quieren entrar en los cerdos, los cerdos se arrojan al mar. La legión es una piara de cerdos que van a morir en el mar, como los egipcios (Ex 14,15-31). El hombre tiene dentro la locura del país. Una "gran piara de cerdos" que pacían al pie del monte pudo servir de símbolo y de señal. Al salir, los demonios causan algún destrozo. 
14. Los porqueros huyen y cuentan lo ocurrido. La gente acude. Ven al hombre "sentado, vestido y en su sano juicio" (Mc 5,15). Se llenaron de temor. "Entonces comienzan a rogarle a Jesús que se alejara de su término" (5,17). El problema levanta ampollas. Al subir a la barca, el hombre curado le pide estar con él. Quien quería entrar en la legión, ahora quiere subirse a la barca. Jesús no se lo concede. Le dice: "Vete a tu casa, donde los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo" (5,20). El lo anuncia por toda la región (ver L.M. Romero, La eficacia liberadora de la palabra de Jesús, evd, Estella, 2009, 242-253). Arriba, en la foto, puede verse una moneda de la Roma imperial con el cerdo, símbolo de la Legión X Fretensis, una de las legiones estacionadas en la zona, famosa por su victoria naval en el estrecho de Sicilia (Fretum Siculum), de ahí su nombre. 
15. En la primera guerra judía (66-70 d.C.), los rebeldes atacaron esa zona: "Todo el pueblo participó salvajemente en las matanzas de Cesarea, se distribuyó en bandas y arrasó las aldeas sirias y las ciudades vecinas de Filadelfia, Esbus, Gerasa, Pella y Escitópolis. Después cayeron sobre Gadara, Hippus y la comarca de Gaulanítide, y destruyeron las localidades o las incendiaron" (F. Josefo, La guerra de los judíos II, 458-459). Aunque Gerasa fue atacada por los rebeldes, sus habitantes actuaron con piedad: "No se metieron con los judíos que convivían en su ciudad, sino que escoltaron hasta la frontera a los que querían abandonar su territorio" (ib., 480). El general Vespasiano "se trajo de Antioquía la duodécima legión completa, dos mil soldados seleccionados de las otras legiones (la III Gallica, la VI Ferrata, la X Fretensis y la XII Fulminata), seis cohortes de infantería y cuatro alas de caballería" (ib,500). La Legión X Fretensis participó en la ocupación de Galilea, en la toma de Gerasa y de Jerusalén. Tito conquista la ciudad y destruye el templo. Tras la segunda guerra judía (132-135 d.C.), se construyó una colonia romana sobre las ruinas de Jerusalén: "Aelia Capitolina fue una ciudad pagana habitada por gentiles. En la puerta sur, mirando hacia Belén, se encontraba grabada la imagen de un cerdo" (Atlas de la Biblia, P&J, Barcelona, 1991,180).
16. Jesús, el profeta de Galilea (Mt 21,11), no quiere que le confundan con otros que han venido delante (Jn 10,8). Los celotas anuncian el reino de Dios, pero pretenden imponerlo por la fuerza. Estos no encuentran en Jesús palabras de apoyo, sino de crítica: entregan a los suyos a ser degollados por los romanos (Lc 13,3), ven venir al lobo y huyen, son asalariados, no entran por la puerta, son ladrones y salteadores, roban, matan y destruyen (Jn 10,1-21). Aunque alguno de sus discípulos hubiera sido celota, como Simón (Lc 6,16) o Judas Iscariote (Mc 14,10), Jesús no es de ellos. No va armado. Es "el buen pastor" (Jn 10,14). Sus armas son otras, las señales del reino de Dios. 
17. De una forma especial, Jesús es el hijo del hombre. Crucificado por poderes bestiales, viene "sobre las nubes del cielo" a juzgar la historia. En impresionante desafío, dijo Jesús a Caifás: "A partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del poder y venir sobre las nubes del cielo" (Mt 26,64; Sal 110,1). El hijo del hombre viene con sus "ángeles", con sus "santos". Los santos, reunidos en comunidades, juzgan al mundo (1 Co 6,2), se sientan para juzgar a las doce tribus de Israel (Mt 14,28), para juzgar a las naciones (Mt 25,32). 
guerradeirak18. El juicio de los imperios es actual. 20 de agosto de 2010. El presidente Obama, cumpliendo su promesa electoral, retira de Irak las últimas tropas de combate (en la foto). Estados Unidos termina así una guerra que no ha podido ganar. Deja un país arruinado y con pocas esperanzas de estabilidad. Han muerto más de 100.000 civiles iraquíes y 4.419 soldados de las tropas ocupantes. Los atentados no cesan. Estados Unidos ha gastado cerca de 800.000 millones de dólares. Con ese dinero se podría haber erradicado el hambre en el mundo durante 16 años. Este mundo es bestial, se necesita un mundo más humano. 23 de febrero de 2011. Tras la caída de las dictaduras de Túnez y Egipto, la protesta popular gana fuerza en Yemen. En Argelia el masivo despliegue policial aborta dos manifestaciones. En Bahréin la fuerza brutal contra los manifestantes pacíficos provoca muertos y heridos. En Marruecos los disturbios dejan cinco muertos. En Libia Gadafi reprime ferozmente la protesta con centenares de muertos. Se plantea la cuestión: ¿qué está pasando?, ¿caen las dictaduras vasallas del imperio?, ¿es la versión árabe de la caída del muro de Berlín?, ¿es un clamor por la democracia?, ¿es miedo al hambre?

* Diálogo: sobre el juicio de los imperios
- se produce ya ahora, es el acontecimiento del siglo
- el sueño de Daniel es actual: bestias que someten con poder la tierra
- en tiempo de Jesús, la bestia política es el imperio romano
- el problema de Gerasa parece de tipo político
- el hijo del hombre viene a juzgar la historia
- los santos, reunidos en hermandades (comunidades), juzgan al mundo 
- este mundo es bestial, se necesita un mundo más humano: ¿qué está pasando?