- EL ABORTO

Creado en Martes, 02 Abril 2013 Última actualización en Miércoles, 27 Enero 2016
- EL ABORTO
 
1.- El aborto ha existido siempre, aunque no con la facilidad y difusión que ahora. En la Roma antigua, el historiador romano Tácito se asombraba de que las mujeres judías y cristianas no quisieran abortar. El problema es de candente actualidad. Se libra un profundo conflicto entre el respeto a la vida humana desde el comienzo y la libertad de abortar en determinados supuestos y plazos. El conflicto se manifiesta también a nivel de lenguaje y así el aborto aparece como interrupción voluntaria del embarazo o como eliminación de un ser humano en la fase inicial de su existencia. El problema es complejo. Veamos algunos datos biológicos, jurídicos y teológicos.
2.- Datos biológicos. En el comienzo de la vida humana se observan distintas fases. En primer lugar, la fase de fecundación del óvulo por el espermatozoide, que se produce en las trompas uterinas y constituye la nueva realidad biológica, distinta de la madre. Esta célula inicial, llamada cigoto, contiene en sí el código genético, la determinación de todo el proceso biológico y psíquico hereditario. Se llama también germen, pre-embrión o embrión pre-implantado. De suyo, embrión significa germen.
 
3.- Comenta Juan-Ramón Lacadena, profesor de Genética en la facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid: “El huevo fecundado inicia su camino hacia el útero, a la vez que se va dividiendo, alcanzándolo a los tres o cuatro días. Es decir, a la semana de haber ocurrido la fecundación es cuando el embrión, ya en estado de blastocisto, comienza a fijarse en las paredes del útero, tardando otra semana en concluir su fijación (anidación)” (Fe y biología, PPC, Madrid, 2001, 72).
4.- El cigoto se caracteriza por la totipotencia, es decir, por la posibilidad de subdividirse en partes autónomas, dotadas del mismo código genético, como sucede en el caso de los gemelos monocigóticos. El cigoto pasa de la forma llamada mórula (16 células que forman un grupo compacto) a la forma llamada blástula o blastocisto, conjunto de células embrionarias que, mediante su proliferación, llegan a formar los diferentes órganos. Empieza el crecimiento de volumen. La palabra griega blastós significa germen, brote, vástago, hijo.
5.- Unos catorce días después de la fecundación concluye la fase de implantación o anidación en la pared del útero, condición indispensable para la alimentación y el desarrollo posterior. Se llama también fase del embrión y va desde la tercera a la octava semana. Al principio de esta fase aparece la forma llamada gástrula (del 15º al 18º día) diferenciándose las tres capas germinales primitivas (ectodermo, mesodermo, endodermo) de las que se derivarán los diferentes tejidos y órganos. Entre la séptima y la octava semana se puede reconocer el cráneo, el esbozo de los ojos, los brazos más bien cortos, las piernas y los dedos de los pies, las orejas.  El proceso es muy rápido.
6.- La fase del feto es de crecimiento y maduración. Va desde la octava semana al término de la gestación. El feto es el fruto de la concepción, desde que pasa el periodo embrionario hasta el momento del parto. Entre estas fases se da una continuidad de procesos vitales determinados por aquel código genético constituido en el momento de la fecundación.
7.- Datos jurídicos. En la sociedad antigua, en Grecia y en Roma, el aborto y el infanticidio están generalmente permitidos y socialmente aceptados. Esta aceptación se basa en la autoridad absoluta del padre sobre los hijos. Sin embargo, hay excepciones. El juramento hipocrático incluye un rechazo del aborto. La Lex cornelia (hacia 85 a. C.) tiene en cuenta las penas de los que trabajan con venenos, incluyendo las sustancias abortivas. Septimio Severo (193-211) trata el aborto como un “crimen extraordinario” y la mujer que aborta es condenada al exilio. En el mundo judío, dice el historiador Flavio Josefo, “la ley ordena educar a todos los niños, y prohíbe que la mujer se provoque un aborto; una mujer culpable de ese delito es una infanticida porque destruye un alma y disminuye la raza” (Contra Apion, II, 202).
8.- En general, en la sociedad cristiana el aborto se considera un asesinato y se castiga como un crimen. Hasta el siglo X, la penitencia aplicada se limita a los diez años, aunque los libros penitenciales varían. El de Teodoro, arzobispo de Canterbury (668-690) dice que antes de los 40 días de desarrollo, la penitencia será de un año o incluso menos; después de ese tiempo, aumentará a tres años. Los cánones irlandeses (hacia 675) distinguen entre la destrucción del fluido material de un niño (tres años y medio de penitencia) y la destrucción de la carne y el espíritu (siete años y medio a pan y agua, en continencia). Se distingue entre “feto formado” y “no formado”. A principios del siglo X, circulan algunas colecciones de derecho canónico que recogen materiales de tipo privado. El abad Regino de Prüm (hacia el 900) incluye un precepto llamado si aliquis (si alguien) que considera como homicidas a todos los que hicieran algo contra la generación o concepción. Regino incluye también un precepto que gradúa la penitencia, según el feto tenga más (o menos) de 40 días y esté “animado” o no. El Decreto de Graciano (hacia 1140), que habría de tener mucha influencia posterior, excluye que el aborto del feto no animado (no formado) sea asesinato. Lo mismo hará Tomás de Aquino, por considerar que la animación (infusión del alma racional) no tiene lugar en el momento de la concepción, sino después. Sin embargo, Tomás de Aquino enseña que el aborto es (en cualquier caso) un grave pecado, contrario a la ley natural (In IV Sent., dist. 31).
9.- En la sociedad cristiana el derecho civil sigue los pasos del derecho canónico. En el siglo VI entre los visigodos se condena con pena de muerte a quien suministre un abortivo. La mujer es azotada, si es esclava, y degradada, si es noble. En el siglo VII, el código de Chindasvinto castiga con pena de muerte, o al menos a ceguera, a quien provoca un aborto o al marido, si lo ordena o permite. En Francia, en la época de los Borbones, se condena a la horca a los médicos, cirujanos y comadronas que provocan el aborto. En 1791, con el racionalismo y la revolución, se reduce la pena a 20 años de prisión. El código de Napoleón de 1810 castiga el aborto con prisión por “un tiempo limitado”. En Austria, bajo el emperador José II, se quita la pena de muerte en el año 1787 y lo mismo sucede en otros países de la Europa occidental (Ver G.Grisez, El aborto, Ed. Sígueme, Salamanca, 1972, 285-408).
10.- En la sociedad moderna se producen grandes cambios. La Unión Soviética legaliza el aborto en 1920. La legalización pretende: eliminar el aborto ilegal, mejorar el nivel de vida de la población y promover la emancipación de la mujer. Las restricciones posteriores (1936, 1944, 1955) intentan favorecer el aumento de población y combaten el aborto como residuo de la conciencia burguesa. En los demás países, dice la Enciclopedia soviética, los ricos abortan por egoísmo y los pobres por miseria. En la década de los treinta varios países escandinavos asumen la legalización del aborto, y Japón en 1948. A partir de los sesenta se va permitiendo el aborto – con más o menos restricciones según los países – en el mundo occidental. Se produce una reacción masiva contra las penalizaciones legales y una difusión creciente del aborto. Desaparecen los riesgos anteriormente existentes, prospera la mentalidad antidemográfica, se exalta la libertad frente al respeto de la vida que empieza, no se considera vida humana la primera fase, se evitan hijos no deseados o malformados, avanza el proceso de secularización y la sociedad se libera de la tutela confesional.
11.- En España la ley de 1985 despenaliza el aborto en tres supuestos (grave peligro para la salud física o psíquica de la madre, violación, malformación), siempre que el aborto se realice dentro de las 22 semanas de embarazo. La llamada "ley de plazos" (2010) acomoda la legislación a la que existe en la mayoría de los países de la Unión Europea. Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Bulgaria, Francia, Noruega y Finlandia, entre otros, contemplan un plazo de decisión libre hasta las 12 semanas de gestación. Este plazo se amplía hasta las 18 semanas en Suecia. En Holanda llega hasta la semana 24. En España el aborto es libre hasta la semana 14. La ley obliga a informar al menos a uno de los padres y tutores de las chicas de 16 y 17 años que quieran abortar, salvo que haya conflicto con ellos. La objeción de conciencia de los profesionales sanitarios debe manifestarse anticipadamente y por escrito.
12.- Según el Ministerio de Sanidad, en 2014 se realizaron en España 94.796 abortos. Es una lacra social. Se ha dicho certeramente: "Alguna vez nuestra sociedad se avergonzará de los abortos que provoca". Muchos casos de aborto esconden la presión de la pareja o de la familia. Permitir a las menores (a partir de 16 años) abortar sin necesidad de recabar el consentimiento de sus padres o tutores supone una expropiación de la tutela que les asiste. Es preciso prevenir, educar, promover acciones a favor de la vida que nace, apoyando la natalidad, facilitando la adopción. Se debe respetar el derecho de objeción de conciencia, que un profesional de la salud puede formular.
13.- Datos teológicos. En la Biblia apenas se habla del aborto, pues no se practica en la sociedad judía. Un aborto causado por un golpe dado a una mujer encinta se castiga con una multa según lo que imponga el marido y mediante arbitrio (Ex 21,22). La vida es don de Dios (Sal 127), señor de la vida y de la muerte (Dt 32,39). Los padres participan de la acción creadora de Dios. Dice la madre de los hermanos macabeos: "Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno" (2 Mc 7,22). Y el enfermo Job: "De piel y de carne me vestiste y me tejiste de huesos y de nervios" (Jb 10,11). Y el salmo 139: "Mi alma conocías cabalmente y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra. Mi embrión tus ojos lo veían".
14.- Los profetas Jeremías e Isaías, como Pablo, se sienten llamados por Dios desde el seno de su madre (Jr 1,5; Is 49,5; Ga 1,15). En el fondo, reconocen que su primera relación fue con Dios. En nombre de Dios, Jeremías realiza la acción simbólica de romper un jarro de cerámica en el valle de Tofet, donde se hacen sacrificios de niños: "Queman a sus hijos en el fuego", "lo que no les mandé ni les dije ni me pasó por las mientes" (Jr 19,7), "asimismo quebrantaré yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarero, que ya no tiene arreglo" (19,11). En el Evangelio, cuando Isabel oye el saludo de María y el niño salta de gozo en su seno (Lc 1,41), se vive como una señal. Todos, judíos y griegos, son invitados a vivir la justicia del Evangelio, que es "fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego. Porque en él se revela la justicia de Dios" (Rm 1,16-17).
15.- Desde el principio, el cristianismo defiende la vida humana en el seno de la madre. En el marco de los dos caminos (vida- muerte, luz-oscuridad) encontramos este precepto en la Didajé y en la llamada Carta de Bernabé: “No matarás al hijo en el seno de su madre” (II,2;XIX,5). En la Carta a Diogneto se dice que los cristianos “engendran hijos, pero no arrojan los fetos” (V,6). Atenágoras, filósofo cristiano de Atenas, escribe hacia el año 177: “Nosotros afirmamos que los que intentan el aborto cometen un homicidio”, “lo que lleva la mujer en el vientre es un ser viviente” (Súplica a favor de los cristianos, 35). A finales del siglo II, Clemente de Alejandría dice que los cristianos “no matamos con perversos artificios lo que la Providencia divina ha establecido para el linaje humano” (Pedagogo II,10,83ss). De modo semejante, afirma Tertuliano (hacia 155-220): “Para nosotros, ya que el homicidio está prohibido, no nos es siquiera lícito acabar con el feto dentro del útero” (Apología IX,8).
16.- En los concilios de Elvira (hacia 305) y de Ancira (a.314) se excomulga a quienes practican el aborto. En la iglesia oriental, Basilio escribe en el año 374: “Quien destruye a propósito un feto incurre en la pena prevista para el homicidio. No nos preguntamos si el feto está formado o no” (Carta 138). En la iglesia occidental, Agustín critica a los que abandonan a los hijos que les nacen contra su voluntad y añade: “A veces llega tanto esta libidinosa crueldad o, si se quiere, libido cruel, que emplean drogas esterilizantes y, si estas resultan ineficaces, matan en el seno materno el feto concebido y lo arrojan fuera” (De nuptiis et concupiscentiis I, 15,15).
17.- Sobre el origen del alma humana (si es transmitida por generación o si es inmediatamente creada por Dios) Agustín manifiesta su vacilación y prefiere “no afirmar lo que no puede comprender con la razón humana ni probar con la autoridad divina” y aconseja “imitar a la madre de los Macabeos, la cual, a pesar de que sabía que había concebido de su marido y que el Supremo Hacedor los había formado según el cuerpo y según el alma, sin embargo, les dice: Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno” (Del alma y su origen, I, 13,16 y 15,25).
18.- Pregunta fundamental: ¿cuándo empieza la vida humana? Dice el profesor Lacadena: “Ningún científico dudaría en responder que en el momento de la fecundación; es decir, cuando de dos realidades distintas – el óvulo y el espermatozoide – surge una realidad nueva y distinta – el cigoto – con una potencialidad propia y una autonomía genética, ya que, aunque dependa de la madre para subsistir, su desarrollo se va a realizar fundamentalmente de acuerdo con su propio programa genético. Puesto que ese programa genético es específicamente humano y no de ratón o de zanahoria, la nueva vida surgida es, evidentemente, humana”. Si se pregunta cuándo la vida humana que ha empezado es ya un ser humano, responde el profesor: “Desde el punto de vista genético, no existe hoy por hoy una respuesta científica cierta”(o.c.,75-76). Es preciso distinguir lo que dice la ciencia, lo que no dice y lo que quizá nunca pueda decir. En realidad, como dice el Concilio, entre ciencia y fe no debería haber oposición (GS 36), son dos órdenes de conocimiento (GS 59).
19.- Otras posiciones: la vida humana comienza a partir de la anidación, cuando está fijada la "individuación" del nuevo ser; la vida humana comienza cuando se forman los órganos o cuando empieza a funcionar el cerebro; otros definen la vida humana por criterios de relación, por ejemplo, cuando es aceptado por los padres. Sin embargo, como dice J.I González Faus, "todas las discusiones biológicas sobre el funcionamiento del cerebro, o sobre el momento de la presunta infusión del alma, etc..., quedan totalmente fuera de lugar, pues ninguna de ellas puede modificar el hecho de que el embrión es ya, desde el momento de la concepción (y a diferencia del óvulo o el espermatozoide), una vida con destino humano, programada para ser humana" (Aborto, signo de contradicción, Sal Terrae 67, 1979, 881-889).
20.- En la tradición cristiana se dan dos hipótesis sobre la animación humana. La animación inmediata fue defendida por algunos padres de la Iglesia (Gregorio de Nisa, Basilio, Tertuliano) y se hizo doctrina común porque se presenta, en caso de duda, como la posición más segura. Cuando la vida humana está en juego, hay que dar a la vida el beneficio de la duda. La animación retardada fue defendida por Tomás de Aquino (1225-1274), que la tomó de Aristóteles (384-322): cada forma requiere una materia apta para recibirla. El alma humana (forma del cuerpo) sería infundida después del desarrollo inicial de la materia: “El alma racional es creada por Dios al completarse la generación humana”, “este alma es a un mismo tiempo sensitiva y vegetativa, corrompiéndose las formas que le preceden”, “el hombre engendra lo semejante a sí en cuanto que por la virtud de su sustancia seminal se dispone la materia para la recepción del alma racional” (Suma teológica, I, c. 118, a.2). Aristóteles sitúa el inicio de la forma humana a los 40 días para los hombres y a los 80 para las mujeres.
21.- Tomás de Aquino, que tanto influjo había de tener después, asume sin crítica la biología obsoleta de Aristóteles, según la cual en el semen masculino estaría contenido todo el hombre en potencia, mientras la mujer permanecería pasiva en la generación: "En los animales perfectos, que son engendrados por unión carnal de sexos, la virtud activa está en la sustancia seminal del género masculino, según el Filósofo en el libro De generatione animalium" (Suma teológica, I, c.118, a.1). Esto tiene graves consecuencias en la moral; por ejemplo, en la valoración de la masturbación y del control artificial de la natalidad. De la masturbación no dice nada la Biblia. Sin embargo, para Tomás de Aquino es un pecado gravísimo, casi un homicidio: "Después del pecado de homicidio que destruye una naturaleza humana en el acto de la vida, este género de pecado parece ocupar el segundo puesto: impide la generación de la vida humana" (Contra Gentes, 3, 127). La masturbación, tanto masculina como femenina, es un "vicio contra la naturaleza", un "pecado gravísimo" (Suma teológica, II-II, c. 154, a. 11 y 12). En 1694 el médico holandés Nicolás Hartsoeker (1656-1725) descubrió el espermatozoide, pero la escasa resolución de aquellos microscopios hizo parecer que la cabeza del espermatozoide era un hombre completo en miniatura (homúnculo). El proceso de fecundación del óvulo por el espermatozoide fue descubierto en 1875 por el zoólogo alemán Oskar Hertwig (1849-1922).
22.- El Concilio había hablado de paternidad responsable (GS 50) y en la Comisión de Estudio la mayoría se había manifestado favorable al control artificial de la natalidad, con tal de que no fuera abortivo o que clínicamente no estuviera contraindicado. Sin embargo, Pablo VI optó por la minoría (1968): "cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida" (Humanae vitae, n.11), un acto conyugal voluntariamente infecundo es "intrínsecamente deshonesto" (n.14). Aporta esta razón y cita a Tomás de Aquino: "En relación con los procesos biológicos, paternidad responsable significa conocimiento y respeto de sus funciones; la inteligencia descubre, en el proceso de dar la vida, leyes biológicas que forman parte de la persona humana" (n.10; ver nota 9). Para Tomás de Aquino es "ley natural" lo que la naturaleza enseñó a todos los animales, "la unión del macho y de la hembra" (Suma teológica, I-II, c. 94, a.2). Pero se objetó lo siguiente: "La finalidad procreadora se refiere al conjunto de la vida conyugal más bien que a cada uno de sus actos"(HV, n.3).
23.- El magisterio más reciente de la Iglesia sobre el aborto es unánime: “Hay que tener la vida humana como sagrada, ya que desde su comienzo presupone la acción del Creador” (Juan XXIII, Mater et magistra, 1961), “se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables” (Vaticano II, GS 51), “quien procura el aborto, si este se produce, incurre en excomunión” (CIC, c. 1398), “la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2270), “quien se elimina (con el aborto) es un ser humano que comienza a vivir”, “con la fecundación inicia la aventura de una vida humana” (Juan Pablo II, EV 58).
24.- No es lo mismo emitir un juicio moral sobre el aborto que emitirlo sobre su despenalización o legalización. Además, “no es lo mismo legalización que despenalización. La conducta legalizada se convierte en un derecho; quien desee llevarla a cabo, puede contar con la protección del Estado. La despenalización, en cambio, no supone que la conducta sea legal, ni que el Estado deba protegerla”, dice José-Román Flecha, profesor de teología moral de la Universidad Pontificia de Salamanca (La fuente de la vida, Ed. Sígueme, Salamanca, 1999, 194). El cristiano debe actuar en conciencia, pero ha de tener en cuenta que las leyes son para todos los ciudadanos. La ley civil no está para obligar a los ciudadanos a cumplir los preceptos de la moral cristiana, sino para regular la convivencia común. Así, por ejemplo, San Agustín no es partidario de penalizar la prostitución, sino de regularla: "Cerrad los prostíbulos y la lujuria lo invadirá todo" (Del Orden II,4,12). Esto no quiere decir que San Agustín sea cómplice de la prostitución. El papa Ratzinger presenta así la posición del obispo africano: "Tal y como el hombre está hecho es mejor, en un Estado bien organizado, que eso tenga lugar de manera ordenada" (La sal de la tierra, 2007, 107). La Iglesia debe denunciar el aborto como mal moral, como lacra social; pero debe evitar la tentación del integrismo. El integrismo pretende imponer la propia moral o la propia religión a toda la sociedad.
25.- Con el Concilio Vaticano II, la Iglesia establece una nueva relación con el mundo, cuando abandona la vieja identificación entre cristianismo y sociedad, sale de la situación de cristiandad, opta por vivir como comunidad en medio de la sociedad, respeta la autonomía de lo temporal, reconoce el legítimo pluralismo social, renuncia a imponer el Evangelio por la fuerza, ofrece el Evangelio en la debilidad de la libertad. Tenemos en cuenta la actitud de Jesús, que no cede a la presión de pedir la penalización de la mujer que adultera (o aborta), sino que la llama a conversión: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más" (Jn 8,11).

* Diálogo sobre posiciones diversas:
- La vida humana comienza en el momento de la fecundación
- La primera fase es sólo vida celular, material biológico
- Es una vida humana que está en marcha. Hay que dar a la vida humana el beneficio de la duda
- Lo que dice la ciencia, lo que no dice, lo que quizá no pueda decir
- Mi embrión tus ojos lo veían (Sal 139), sacrifican a sus hijos y a sus hijas (Jr 19,7). El Evangelio es fuerza de Dios, en él se revela la justicia de Dios (Rm 1,16-17).
- No matarás al hijo en el seno de la madre (Didajé). Los cristianos engendran hijos, pero no arrojan los fetos (Carta a Diogneto). No nos preguntamos si el feto está formado o no (Basilio).
- Se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde su concepción. El aborto y el infanticidio son crímenes abominables (Vaticano II, GS 51)
- Muchos casos de aborto esconden la presión de la pareja o de la familia
- Permitir a las menores abortar sin necesidad de recabar el consentimiento de sus padres o tutores y sin ni siquiera informarles supone una expropiación de la tutela que les asiste.
- Se pide la penalización del aborto
- Cuanto más pequeño es el ser humano, menor protección tiene
- Los seres no deseados también tienen sus derechos
- Las sociedades cristianas han impuesto penalizaciones bárbaras
- Cuando se legaliza, el aborto se convierte en un derecho
- La ley regula la convivencia común
- El integrismo pretende imponer la propia moral o la propia religión a toda la sociedad
- Se debe respetar el derecho de objeción que profesionales de la salud pueden formular
- Se denuncia el aborto como mal moral. Alguna vez nuestra sociedad se avergonzará de los abortos que provoca.
- Es preciso prevenir, educar, promover acciones en favor de la vida que nace, apoyando la natalidad, facilitando la adopción
- Jesús no pide la penalización de la mujer que adultera (o aborta), llama a la conversión (Jn 8,11).
- Problemas actuales relacionados: píldora del día después, DIU, reproducción asistida, embriones congelados, clonación terapéutica de embriones, investigación con células madre embrionarias. La Píldora Anticonceptiva de Emergencia (PAE) ¿es abortiva?, ¿no lo es?, ¿impide la fecundación?, ¿impide la implantación?.
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