- LA DOCTRINA SOCIAL

Creado en Martes, 02 Abril 2013 Última actualización en Lunes, 26 Octubre 2015
- LA DOCTRINA SOCIAL

1. Durante siglos, el mensaje social del Evangelio se fue quedando en la sombra hasta llegar a una negación total del mismo. En la encíclica Quod apostolici muneris (1878), dirigida contra el socialismo, el papa León XIII habla en estos términos de la propiedad privada: “Mientras los socialistas presentan el derecho de propiedad como una invención humana contraria a la natural igualdad de los hombres, y aspirando a la comunidad de los bienes, consideran que no se debe soportar con buen ánimo la pobreza, y que se pueden violar impunemente los fundamentos y los derechos de los más poderosos, la Iglesia, mucho más sabia y útilmente, reconoce también en la posesión de los bienes la desigualdad entre los hombres, debido a fuerzas físicas y aptitudes de ingenio naturalmente diversas, y  quiere que el derecho de propiedad y dominio sea para todos intacto e inviolable, derecho que deriva de la misma naturaleza”. El texto carece de todo aliento profético y responde al liberalismo económico, al capitalismo liberal de la época, no a la genuina tradición cristiana.
2. Sin embargo, durante el siglo XIX hubo tendencias sociales (minoritarias) en ambientes católicos. Por ejemplo, en Francia Jean-Marie de Lamennais y Frédéric Ozanam denuncian el liberalismo económico y defienden el derecho de asociación de los obreros, la primacía de la persona, la intervención del Estado y el salario vital, que no puede ser dejado al puro juego del mercado.
3. En este contexto, surge la doctrina social de la Iglesia con la encíclica Rerum novarum (1891) de León XIII, que trata del nuevo problema social. Cosas nuevas son el capital (nueva forma de propiedad privada), el trabajo (reducido a mercancía, bajo la ley de la oferta y la demanda) y el conflicto entre ambos (la lucha de clases). León XIII enumera los errores que llevan a la "inmerecida miseria" del proletariado y excluye al socialismo como solución de la "cuestión obrera", porque “poseer las cosas privadamente como propias es un derecho dado al hombre por la naturaleza”. Son fundamentales estos puntos: el trabajo, el derecho de propiedad, el principio de colaboración contrapuesto a la lucha de clases, el derecho a tener asociaciones profesionales. Se pide la intervención del Estado, pues “es estricto deber del Estado el cuidarse debidamente del bienestar de los obreros”. Así pues, se presenta como ideal cristiano la “colaboración de las clases”, no la superación de las grandes diferencias sociales, es decir, el ideal de una sociedad sin clases.
4. Cuarenta años después, Pío XI con su encíclica Quadragesimo anno (1931) ofrece una panorámica de la sociedad industrial y de la producción, subraya la necesidad de que tanto el capital como el trabajo contribuyan a la producción y a la organización económica, establece las condiciones para el restablecimiento del orden social, busca un nuevo enfoque de los problemas para afrontar los grandes cambios ocasionados por el nuevo desarrollo de la economía y del socialismo, apoya una organización corporativa afín al sistema sindical fascista.
5. En su radiomensaje de 1 de junio de 1941 Pío XII afirma que “el orden natural, derivado de Dios, requiere también la propiedad privada y el libre recíproco comercio de los bienes con intercambios y donaciones, así como la función reguladora del poder público sobre ambas instituciones”. Son básicos estos principios éticos y sociales orientados a promover la reconstrucción tras las ruinas de la segunda guerra mundial: el destino universal y uso de los bienes, los derechos y deberes de los trabajadores y de los empresarios, la función del Estado en las actividades económicas, la necesidad de la colaboración internacional para llevar a cabo una mayor justicia y asegurar la paz, el restablecimiento del derecho como regla de las relaciones entre las clases y entre los pueblos, el salario mínimo familiar.
6. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre (ONU, 10-12-1948) es un acontecimiento, que será acogido y valorado por el magisterio de la Iglesia (sobre todo, Juan XXIII y el Concilio Vaticano II) como signo de la acción del espíritu de Dios en nuestro tiempo (Mt 16,3). Algunos derechos humanos más importantes: de reunión y de asociación, de participación política, de participación laboral, de expresión e información, derecho a la educación, a no ser sometido a torturas ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes, a una vida verdaderamente humana, a la libertad religiosa.
7. Juan XXIII en su encíclica Mater et magistra (1961) hace un análisis histórico y sociológico de la moderna sociedad industrial y del papel que pueden tener en ella los sistemas de previsión y seguridad social, las capacidades profesionales y los derechos fundados en el trabajo, afirma “el carácter natural del derecho de propiedad incluso en los bienes de producción”, denuncia las desigualdades existentes no sólo entre los distintos sectores económicos sino también entre los países y regiones, así como el fenómeno de la superpoblación y subdesarrollo que, a causa de la falta de entendimiento y de solidaridad entre las naciones, origina situaciones insoportables, especialmente en el Tercer Mundo.
8. Ante el peligro de una guerra nuclear, la encíclica Pacem in terris (1963) es una llamada urgente a construir la paz basada en el respeto de las exigencias éticas que deben regir las relaciones entre los hombres y entre los Estados. En su primera parte se asumen “los derechos del hombre”: a la existencia y a un nivel de vida digno, a los valores morales y culturales, a la libertad religiosa, a la elección del propio estado, a la libre asociación, a la libertad de emigración e inmigración, a la participación política.
9. Se consolida cada vez más el proceso de descolonización de muchos países del Tercer Mundo, pero al colonialismo político vigente hasta entonces le sucede otro colonialismo de carácter económico. Especialmente en América Latina, surge una toma de conciencia ante los desequilibrios del desarrollo y las situaciones de injusticia, y estalla en varios modos un fermento de liberación. El mundo espera de la Iglesia un mensaje nuevo y esperanzador. A esta expectativa responde el Concilio Vaticano II con la Constitución Gaudium et spes (1965).
10. El Concilio proclama que “toda forma de discriminación de los derechos fundamentales de la persona, sea social, sea cultural, por razones de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser superada y suprimida, como contraria al plan de Dios”(GS 29); “para satisfacer las exigencias de la justicia y de la equidad hay que hacer todos los esfuerzos posibles para que, dentro del respeto a los derechos de las personas y a las características de cada pueblo, desaparezcan lo más rápidamente posible las enormes diferencias económicas que existen hoy, y frecuentemente aumentan, vinculadas a discriminaciones individuales y sociales” (GS 66); el desarrollo ha de estar al servicio del hombre, sin dejarse dominar por las implicaciones socio-económicas de los dos principales sistemas, capitalismo y socialismo; hay que promover el bien de todo el hombre, "del hombre integral”, teniendo en cuenta sus necesidades de orden material y espiritual (GS 64-65), superando así la tradicional contraposición entre productor y consumidor, y las discriminaciones que ofenden la dignidad humana; “el trabajo humano que se ejerce en la producción y en el comercio o en los servicios es muy superior a los demás elementos de la vida económica, pues estos últimos no tienen otro papel que el de instrumentos” (GS 67); “el derecho de propiedad privada no es incompatible con las diversas formas de propiedad pública existentes” (GS 71).
11. Con la encíclica Populorum progressio (1967) Pablo VI propone una nueva comprensión del desarrollo: desarrollo integral del hombre y desarrollo solidario de la humanidad. El desarrollo es "el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas", tanto en los aspectos puramente temporales, como en los valores auténticos sin los cuales no es posible un verdadero desarrollo de la sociedad. Dice Pablo VI, tras hacer referencia a la primera carta de San Juan (3,17): “Sabido es con qué firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cuál debe ser la actitud de los que poseen respecto a los que se encuentran en necesidad: No es parte de tus bienes – dice San Ambrosio – lo que tú das al pobre, lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos”. Dice también el Papa: “La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario” (PP 23;ver GS 69).
12. Ochenta años después de la Rerum novarum, Pablo VI publica la Octogesima adveniens (1971). Se precisa una reflexión para la comprensión de la dimensión política de la existencia y del compromiso cristiano, estimulando a la vez el sentido crítico con relación a las ideologías vigentes.
13. Juan Pablo II publica la encíclica Laborem exercens en 1981. La clave central de toda la cuestión social se encuentra en el trabajo humano (LE 3). Se requiere una revisión profunda del sentido del trabajo, que supone una distribución más equitativa no sólo de la renta y de la riqueza, sino también del trabajo mismo, con el fin de lograr que haya ocupación para todos. Se afirma la prioridad del trabajo respecto al capital, lo que tiene una importancia clave en cualquier sistema, capitalista o socialista (LE 15). Este postulado podría firmarlo el propio Marx. Sin embargo, a la hora de la verdad (por ejemplo, respecto a la situación de América Latina), Juan Pablo II es más conservador que Pablo VI.
14. En la encíclica Sollicitudo rei socialis (1987), Juan Pablo II actualiza y profundiza la noción de desarrollo. Lamenta el desarrollo fallido del Tercer Mundo, y aborda el sentido, las condiciones y las exigencias de un desarrollo digno del hombre. Entre las causas del fallido desarrollo se señalan las siguientes: la diferencia persistente y, a menudo, incluso acrecentada entre Norte y Sur, la oposición entre los bloques oriental y occidental con la consiguiente carrera de armamentos, el comercio de armas y diversos obstáculos de carácter político que se entrecruzan con las decisiones de cooperación y solidaridad entre las naciones. El carácter moral del verdadero desarrollo está vinculado a los derechos humanos (también de libertad religiosa).
15. A cien años de la Rerum novarum, Juan Pablo II publica la encíclica Centesimus annus (1991). Ve en los acontecimientos ocurridos en 1989 en el seno de Europa central y oriental la culminación del proceso histórico puesto en marcha por la Rerum novarum. El socialismo real ha cometido un "error fundamental,  de carácter antropológico": el olvido de la trascendencia de la persona humana (CA 13). Como fruto positivo, señala la legitimación de "una auténtica teología de la liberación humana integral" (CA 26). La pregunta clave es: ¿se puede decir que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor es el capitalismo? La respuesta es, obviamente, compleja (CA 42). La Iglesia no tiene modelos para proponer: "reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que estos han de estar orientados hacia el bien común" (CA 43), “la doctrina social tiene de por sí el valor de un instrumento de evangelización” (CA 54).
16. Se ha comentado que la encíclica CA ignora prácticamente lo que la teología de la liberación ha aportado a la Iglesia. Se ha discutido su concepto de democracia: una auténtica democracia sería posible solamente “sobre la base de una  recta concepción de la persona humana” (CA 46). Se ha criticado su alabanza sin  pudor del modelo polaco (ahora, pulverizado), así como su visión sesgada y parcial de la caída del bloque comunista: “casi en todas partes... a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia” (CA 43).
17. El cristianismo no puede dar un modelo político, sindical, económico, etc. Lo que debe facilitar es la conversión sincera a los grandes valores sociales. Los valores cristianos fundamentales que inciden en el orden social son la fraternidad, la comunicación de bienes (Hch 2,44 y 4,32), el amor al prójimo (1 Jn 4,20), la fe con obras (St 2,14-26), el compromiso por la justicia (Rm 13,10), el trabajo con espíritu social de servicio (Hch 20, 33-35), la liberación de la codicia con el empeño solidario por la suficiencia de bienes para todos (1 Tm 6, 6-10). El cristianismo necesita liberar a las grandes Iglesias de su pecado histórico: anunciar un Evangelio, que es buena noticia para los pobres, y – sin embargo – estar con los ricos.
18. En la carta de Santiago se afirma que, según el Evangelio, la condición humilde es una exaltación y la condición del rico una humillación: "El hermano de condición humilde gloríese en su exaltación; y el rico, en su humillación, porque pasará como flor de hierba: sale el sol con fuerza y seca la hierba y su flor cae y se pierde su hermosa apariencia; así también el rico se marchitará en sus caminos" (1,9-10). Porque los pobres son objeto de elección por parte de Dios: "¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres según el mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que le aman?" (2,5).
19. El gran principio cristiano no es ni la lucha de clases ni la colaboración entre las clases. El principio cristiano es el amor al prójimo, incluso al enemigo, y el empeño por la justicia, porque el amor no hace injusticia: “Lo que es contrario al cristianismo es la resistencia, por parte de las clases privilegiadas, al establecimiento de una sociedad sin discriminaciones, de una sociedad sin clases” (J.Mª Diez Alegría).
• Diálogo sobre la doctrina social:
- es una reacción de tipo filosófico y ético.
- es una vuelta al Evangelio, buena noticia para los pobres.
- intensifica poco a poco la crítica del sistema capitalista.
- relativiza  el valor de la propiedad privada.
- acentúa la prioridad de los derechos de los trabajadores.
- atenúa la cerrazón frente al socialismo.
- es un instrumento de evangelización.
- es irreal frente al mundo capitalista.
- denuncia la lucha de clases.
- promueve la colaboración entre las clases
- promueve la superación de las grandes diferencias sociales
- favorece la toma de conciencia del pecado histórico de las grandes Iglesias cristianas: estar con los ricos.