51. SABIDURIA Y NECEDAD. Los dos caminos

Creado en Jueves, 04 Abril 2013 Última actualización en Jueves, 07 Noviembre 2013
51. SABIDURIA Y NECEDAD
Los dos caminos

dolom21. Es una etapa de la historia bíblica. Los sabios aparecen después del destierro, cuando "no existen ya profetas" (Sal 74). Los sabios suceden a los profetas. Les preocupa ante todo cómo comportarse en la vida para obtener la verdadera felicidad. Invitan a frecuentar la casa de la Sabiduría, escriben libros sapienciales; por ejemplo, Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría, Eclesiástico. Viven una gran experiencia bíblica que puede formularse así: la sabiduría de Dios sirve para afrontar los problemas ordinarios de la vida. Una y otra vez, hemos de elegir entre sabiduría y necedad, estamos en la encrucijada de dos caminos (Sal 1).
2. Entre los libros sapienciales el Eclesiástico o Sirácida es quizá la cima más alta. En los primeros siglos, se usa mucho en la catequesis y en la liturgia. Por este motivo, por su uso en la Iglesia, Cipriano (160-258) le llama Eclesiástico. En cierta forma, es un catecismo, un instrumento para la catequesis. No especula, va directamente a la experiencia. El libro se compone en Jerusalén hacia el año 180 a.C. La cultura griega está en el ambiente. Es preciso mantener la identidad creyente en medio una sociedad que no lo es.
3. El autor es Jesús, hijo de Sirá (Eclo 50,27). Un nieto suyo dice en el prólogo: "Mi abuelo Jesús, después de haberse dado intensamente a la lectura de la ley, los profetas y los otros libros de los antepasados, y haber adquirido un gran dominio en ellos, se propuso también él escribir algo en lo tocante a instrucción y sabiduría, con ánimo de que los amigos del saber, lo aceptaran y progresaran más todavía en la vida según la ley" (7-14). Cincuenta años después, el nieto, que vive en Alejandría, se encuentra con una herencia preciosa: los papeles del abuelo. Los traduce del hebreo al griego y los publica hacia el 132 a.C. (27-35). Así llegan hasta nosotros.
4. Veamos algunos rasgos de esta gran experiencia bíblica: la sabiduría de Dios tiene que ver con los problemas de cada día. La sabiduría está sembrada en la creación, también en la vida humana, es la providencia que dirige la historia, sirve para vivir: "El Señor mismo la creó, la contó y la derramó sobre todas sus obras" (1,9), "entre los hombres puso su nido" (1,15), "el principio de la sabiduría es el temor del Señor" (1,14), "el temor del Señor es gloria y honor, gozo y corona de júbilo" (1,11), "si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos" (1,26), "les ordenó abstenerse de toda idolatría y les dio preceptos acerca del prójimo" (17,14; ver Lc 18,20).
5. Es una personificación. La sabiduría se presenta a sí misma: "Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra. Yo levanté mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nube... Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación eran mi dominio. Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que instalarme. Entonces me dio orden el creador del universo... y me dijo: Pon tu tienda en Jacob" (24,3-8). La sabiduría aparece bella en realidades muy concretas: "Con tres cosas me adorno y me presento bella ante el Señor y ante los hombres: concordia entre hermanos, amistad entre prójimos, y marido y mujer bien avenidos" (25,1). La invitación es apremiante: "Acude a la reunión de los ancianos" (6,34), "venid a mi y sentaros en la casa de instrucción" (51,23).
6. La sabiduría es una novia que se busca: el pretendiente "se asoma a sus ventanas, y a sus puertas escucha" (14,23); es una madre que protege: "como una madre le sale ella al encuentro" (15,2), "pone sus hijos a su abrigo, y bajo sus ramas se cobija" (14,26); es una esposa que acoge: "le acoge como una esposa virgen" (15,2); es un ama de casa que invita a un banquete: "Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado" (Pr 9,5); da descanso y gozo: "hallarás en ella el descanso y ella se te trocará en contento" (Eclo 6,28); es una herencia preciosa, da felicidad: "La sabiduría a sus hijos exalta, y cuida de los que la buscan...El que la escuche, juzgará a las naciones, el que la sigue, su tienda montará en seguro. Si se confía a ella, la poseerá en herencia, y su posteridad seguirá poseyéndola. Pues, al principio, le llevará por recovecos...y le pondrá a prueba con sus preceptos, mas luego le volverá al camino recto, le regocijará y le revelará sus secretos" (4,11-18), "feliz el hombre que se ejercita en la sabiduría" (14,20).
7. Es importante confiar en Dios en medio de la prueba: "Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. Endereza tu corazón, mantente firme y no te aceleres en medio de la adversidad...Porque en el fuego se purifica el oro, y los aceptos a Dios en el horno de la humillación. Confíate a él, y él a su vez te cuidará, endereza tus caminos y espera en él" (2,1-6; ver 1 P 1,6-7), "mantente en tu quehacer y conságrate a él, en tu tarea envejece" (11,20), "es fácil al Señor, el día de la muerte, pagar a cada uno según su proceder" (11,26).
8. Deberes para con los padres. Los padres están en la raíz de la existencia: "Quien honra a su padre expía sus pecados, como el que atesora quien da gloria a su madre", "la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos", "hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente" (3,3-13), "honra a tu padre de todo corazón y no olvides los afanes de tu madre; recuerda que por ellos has nacido" (7,27-28).
9. La humildad es fundamental en las relaciones humanas: "Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y ante el Señor hallarás gracia. Pues grande es el poder del Señor, y por los humildes es glorificado. No busques lo que te sobrepasa... No corras a curar la herida del orgulloso, pues no tiene cura, es brote de mala planta" (3,18-28), "el desmedido en palabras se hace abominable, y el que pretende imponerse se hace odioso" (20,8).
10. La sabiduría de Dios pide justicia social. Hay pecados que claman al cielo: "No prives al pobre del sustento, ni dejes en suspenso los ojos suplicantes...Arranca al oprimido de las manos del opresor, y a la hora de juzgar no seas pusilánime. Sé para los huérfanos un padre" (4,1-10), "Dios no es parcial contra el pobre, sus gritos atraviesan las nubes" (35,16-17).
11. La sabiduría es compasiva, invita a llorar con los que lloran, a visitar a los enfermos: "No te rezagues ante los que lloran, y con los afligidos muéstrate afligido. No descuides visitar al enfermo, que por obras de estas ganarás amor" (7,34-35).
12. La sabiduría de Dios tiene que ver con la educación de los hijos: "¿Tienes hijos? Edúcalos, doblega su cerviz desde su juventud. ¿Tienes hijas? Cuídate de ellas" (7,23-24), "sobre hija desenvuelta refuerza la guardia" (42,11). Tal y como aparece, esto suscita algunos interrogantes: ¿la educación es sólo para los hijos?, ¿qué cuidado se supone para las hijas?, ¿sólo sobre hijas se refuerza la vigilancia?, ¿hijos e hijas son iguales?, ¿son diferentes?
13. El Eclesiástico asume sin crítica la sumisión de la mujer (al padre, al marido) propia del mundo antiguo: "Casa a tu hija y habrás hecho una gran cosa, pero dásela a un hombre prudente" (7,25). Además, previene contra la mujer con un tópico parcial y tendencioso: "Por la mujer comenzó el pecado en el mundo" (25,24). En realidad, esa es la acusación del hombre, que echa la culpa a la mujer (Gn 3,12). Sin embargo, Pablo pone el contrapunto: "Por culpa de un solo hombre entró el pecado en el mundo" (Rm 5,12; ver Sb 2,24 y las catequesis El origen del mal, Relaciones de dependencia, La mujer en la sociedad y en la Iglesia).
14. Ante el extraño y el malvado se aconseja precaución y prudencia: "No metas a cualquiera en tu casa, que son muchos los lazos del taimado...como el espía acecha tu caída...Guárdate del malvado, porque maquina el mal, no sea que te manche para siempre. Mete en casa al extraño, y te traerá el desorden, te hará extraño a tu propia familia" (11,29-34). En el espíritu del Evangelio, no sin discernimiento, se va más allá: "Cuando hermano le llamamos al extraño, va Dios mismo en nuestro mismo caminar".
15. El amigo fiel es un tesoro: "Es seguro refugio, el que le encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor. El amigo fiel es remedio de vida, los que temen al Señor le encontrarán. El que teme al Señor endereza su amistad, pues como él es, será su compañero" (6,14-17).
16. Del enemigo nadie puede fiarse: "No queda oculto en la adversidad...Aunque se haga el humilde... guárdate de él. Pórtate con él como el que pule un espejo, sábete que no retendrá hasta el fin su roña. No le pongas junto a ti, no sea que se te revuelva y suplante tu puesto. No le sientes a tu diestra...¿Quién se compadecerá del encantador mordido de serpiente?" (12,8-13). En el espíritu del Evangelio, no sin discernimiento, estamos invitados a ir más allá (Mt 5,39-47).
17. Somos libres, también responsables: "No digas: Por el Señor me he apartado, que lo que él detesta, no lo hace. No digas: El me ha extraviado, pues él no ha menester del pecador. Toda abominación odia el Señor, tampoco la aman los que le temen a él. El fue quien al principio hizo al hombre, y le dejó en manos de su propio albedrío. Si tú quieres, guardarás los mandamientos" (15,11-15).
18. Sobre el préstamo y la fianza: "Presta a tu prójimo cuando se halle en necesidad, y por tu parte restituye a tiempo al prójimo...Muchos consideran el préstamo como una ganga, y a los que les han socorrido causan sinsabores" (29,2-4), "el hombre bueno sale fiador de su prójimo...No olvides los favores de tu fiador, pues él se ha expuesto por ti. El pecador dilapida los bienes de su fiador, el ingrato abandona en su corazón al que le ha salvado. La fianza perdió a muchos que iban bien. Cuidado con fiar por afán de lucro" (29,14-17).
19. En el terreno sexual no se echan cargas pesadas sobre las espaldas de la gente (Mt 23,4), se va a lo esencial. Sobre el adulterio: "El hombre que su propio lecho viola, y que dice para sí: ¿Quién me ve?... no sabe que los ojos del Señor son diez veces más brillantes que el sol... Así también la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado de otro un heredero" (23,18-22). Sobre la prostitución y la fornicación: "No vayas al encuentro de una mujer prostituta, no sea que caigas en sus redes" (9,3), "avergonzaos de la fornicación" (41,17).
20. Sobre la independencia personal y la herencia: "A hijo y mujer, a hermano y amigo, no des poder sobre ti en vida tuya...Mientras vivas y haya aliento en ti, no te enajenes a ti mismo a nadie. Pues es mejor que tus hijos te pidan, que no tengas que mirar a las manos de tus hijos. En todas tus obras muéstrate con dominio, no pongas mancha en tu gloria. Cuando se acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia" (33,20-24).
21. Adivinaciones, augurios y sueños. "Los sueños dan alas a los insensatos...Adivinaciones, augurios y sueños vanas cosas son, como fantasías de corazón de mujer en parto. A menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas. Que a muchos extraviaron los sueños, y cayeron los que en ellos esperaron" (34,1-7). "Los sueños sueños son", como dijo Calderón, pero algunos tienen mensaje; para no engañarse, hay que discernir.
22. Los sacrificios injustos no agradan a Dios: "Sacrificar cosa injusta es hacer ofrenda rechazada, no logran complacencia los presentes de los sin ley. No se complace el Altísimo en ofrendas de impíos, ni por el cúmulo de víctimas perdona los pecados... Pan de indigentes es la vida de los pobres, quien se lo quita es un hombre sanguinario. Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero" (34,18-22). Con este pasaje topó Bartolomé de las Casas en el momento de su conversión.
23. Oración por la renovación: "Ten piedad de nosotros...Renueva las señales, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho...Da su recompensa a los que te aguardan, y que tus profetas queden acreditados. Escucha, Señor, la súplica de tus siervos" (36,1-16; ver Hch 4,29-31).
24. El discernimiento siempre es necesario: "Todo alimento traga el vientre, pero unos alimentos son mejores que otros. El paladar distingue por el gusto la carne de la caza, así el corazón inteligente las palabras mentirosas. El corazón perverso da tristeza, pero el hombre de experiencia le da su merecido" (36,18-20).
25. Elección de mujer: "Feliz el marido de mujer buena, el número de sus días se duplicará" (26,1), "la belleza de la mujer recrea la mirada, y el hombre la desea más que ninguna otra cosa. Si en su lengua hay ternura y mansedumbre, su marido ya no es como los demás hombres". La mujer es "una ayuda semejante a él y columna de apoyo" (36,22-23). Sin embargo, el Eclesiástico refleja aquí también la situación de la mujer en el mundo antiguo: "A cualquier marido acepta la mujer" (36,21). ¿No puede elegir?, ¿es una cosa que se adquiere o se compra?, ¿pasa a ser propiedad del marido?: "El que adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna" (36,24).
26. Los consejeros: "Sin consejo no hagas nada, y no te arrepentirás de tus acciones" (32,19). Ahora bien, "para consejero, uno entre mil" (6,6), "todo consejero da consejos, pero hay quien aconseja en su interés. Del consejero guarda tu alma, conoce primero qué necesita...recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda los mandamientos, cuya alma es según tu alma, y que, si caes, sufrirá contigo. Y mantén firme el consejo de tu corazón, que nadie es para ti más fiel que él...Y por encima de todo esto suplica al Altísimo, para que enderece tu camino en la verdad" (37,7-15).
27. Medicina y enfermedad. Es de sentido común, el médico está para algo: "Da al médico, por sus servicios, los honores que merece...en tu enfermedad no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará...Recurre luego al médico...hay momentos en que en su mano está la solución, pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida. Peca contra su hacedor el que se hace fuerte frente al médico" (38,1-15).
28. El duelo y la muerte: "Hijo, por un muerto lágrimas derrama... haz el duelo según su dignidad, un día o dos, para evitar murmullos; después, consuélate de la tristeza...a él no le aprovechará, y te harás daño a ti mismo" (38,16-21), "¡oh, muerte, qué amargo es tu recuerdo para el hombre que vive en paz entre sus bienes... Sin embargo, buena es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas, para el viejo acabado, ahíto de cuidados, que se rebela y ha perdido la paciencia!" (41,1-2).
29. El sabio o escriba interpreta la Escritura: "La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de sosiego, el que se libera de negocios se hará sabio" (38,24), "la sabiduría de todos los antiguos rebusca, a las profecías consagra sus ocios, conserva los relatos de varones célebres, en los repliegues de las parábolas penetra, busca los secretos de los proverbios... viaja por tierras extranjeras, adquiere experiencia de lo bueno y lo malo entre los hombres. Aplica su corazón a ir bien de mañana donde el Señor...Mientras viva, su nombre dejará atrás a mil, y cuando descanse, él le bastará" (39,1-11).
30. Tras evocar la gloria de Dios en la naturaleza (42,15-43,33), se hace el elogio de los antepasados. Entre ellos, Abraham, Moisés, Samuel, David, Salomón, Elías, Eliseo, Isaías, el sacerdote Simón (44,1-50,21). Llama la atención que todos sean hombres, ¿dónde están las mujeres, cuyas alabanzas canta la Escritura?
31. El autor del Eclesiástico es el último eslabón de una cadena (8,9), como quien espiga detrás de los segadores (33,16), como canal que deja pasar el agua: "Y yo, como canal derivado de un río....dije: Voy a regar mi huerto, a empapar mi tablar. Y he aquí que mi canal se ha convertido en río y mi río se ha hecho un mar" (24,30-31), "aún haré lucir como la aurora la instrucción, lo más lejos posible la daré a conocer. Aún derramaré la enseñanza como profecía, la dejaré por generaciones de siglos. Ved que no sólo para mi me he fatigado, sino para todos aquellos que la buscan" (24,32-34). Al final, se dice: "Feliz quien repase esto a menudo; el que lo ponga en su corazón se hará sabio" (50,28).
32. Jesús se presenta como la sabiduría de Dios: "Venid a mí"... (Mt 11,28; Jn 7,37-38), invita a una mesa: "Tomad y comed", "tomad y bebed" (Mt 26,26-28), pero no sólo esto. Jesús es la sabiduría de Dios (1 Co 1,24). Hacía falta que Dios hablara claramente, con palabras humanas: "La palabra de Dios se hizo carne", se hizo hombre (Jn 1,14), "no quisiste sacrificios ni holocaustos, pero me has preparado un cuerpo" (Sal 40). Desconocido por una generación perdida, es acogido por aquellos que son dóciles a Dios: "La sabiduría de Dios ha sido justificada por sus hijos" (Lc 7,35), "por sus obras" (Mt 11,19).
33. Jesús da gracias al Padre porque el Evangelio lo entienden los sencillos: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños" (Mt 11,25). Los discípulos tienen una sabiduría que no pueden contradecir los adversarios (Lc 21,15). Los adversarios son los escribas y fariseos: "He aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación" (Mt 23,34-36).
34. El Evangelio, sabiduría de Dios, choca con la sabiduría del mundo, es decir, con la mentalidad judía y con la mentalidad griega. En esa lucha, Pablo anuncia el Evangelio "no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo", "porque dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo? De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros anunciamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los griegos; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1 Co 1, 17-24).
* Diálogo:
- la sabiduría de Dios sirve para afrontar los problemas ordinarios de la vida
- es preciso elegir entre sabiduría y necedad, son dos caminos
- como canal que deja pasar el agua.
- aún derramaré la enseñanza como profecía
- Jesús es la sabiduría de Dios
- sabiduría de Dios y sabiduría del mundo