- COMUNIDAD DE JERUSALEN. La primera comunidad cristiana

Creado en Jueves, 01 Diciembre 2016 Última actualización en Domingo, 09 Julio 2017

COMUNIDAD DE JERUSALEN
La primera comunidad cristiana


1. La comunidad de Jerusalén es la primera comunidad cristiana. ¿Cuáles son sus rasgos?, ¿por qué etapas pasa?, ¿qué problemas afronta? En general, la experiencia comunitaria de los orígenes es modelo de renovación eclesial. Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II para esto: “para devolver al rostro de la Iglesia de Cristo todo su esplendor, revelando los rasgos más simples y más puros de su origen" (13-11-1960).

2. Con la muerte de Jesús se dispersan los discípulos. Pero descubren que, de forma misteriosa, vive: camina, pesca, come con ellos (Lc 24; Jn 21). Los discípulos se reúnen de nuevo (Jn 20,19). Vuelven a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos: “Llegados a casa, subieron a la sala donde se alojaban” (1,12-13). “El lugar es una sala del piso superior. Las casas grandes tenían debajo del tejado raso una habitación suplementaria, a la cual se podía llegar sólo por una escalera exterior; esta habitación, al revés que la gran sala del piso de abajo, no estaba acondicionada para usos normales de la vida diaria”, “es una habitación tranquila, a la que uno se retira para orar o para estudiar la Escritura (1 R 17,19ss; 2 R 4,10s; Dn 6,11; J. Roloff, Hechos de los Apóstoles, Cristiandad, Madrid, 1984, 54).

3. Los discípulos perseveran “en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús y de sus hermanos” (Hch 1,14). Aquí tenemos una novedad: se incorporan los familiares de Jesús, que antes habían guardado distancia (Lc 8, 19-20). Entre ellos está Santiago, que dirigirá el grupo de lengua aramea estrechamente vinculado a la ley (Ga 1,19; 2,12).

4. La comunidad cubre la vacante dejada por Judas. Hay que completar el número de doce. No es sólo una cuestión simbólica, sino también legal. Con todas las de la ley, los doce representan al nuevo Israel. Los reunidos son “unos ciento veinte”. Pedro proclama la palabra que se cumple en la muerte de Judas:Quede su morada desierta” (Sal 69), “que otro ocupe su cargo”(Sal 109)Además, Pedro indica las condiciones que han de reunir los candidatos a ocupar el puesto vacante: haber acompañado a Jesús en su misión y ser testigos de su resurrección. Presentan a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Oran y eligen a Matías, que es “incorporado al grupo de los doce apóstoles” (Hch 1,15-26).

5. El día de Pentecostés, los discípulos están todos reunidos “en un mismo lugar”. Esperan el cumplimiento de la palabra de Jesús: “seréis bautizados con espíritu santo” (Hch 1,5). Pues bien, “de repente vino del cielo un ruido como de una ráfaga de viento fuerte, que llenó toda la casa en la que se encontraban”,“aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron sobre cada uno de ellos“. El viento sopla fuerte, supera resistencias, la palabra quema en el corazón (Jr 20, 9). No sabemos en concreto qué pasó, pero “al producirse aquel ruido la gente se congregó”. Estupefactos y admirados decían: “¿No son galileos todos estos que están hablando?”. Venidos de todas partes, “les oímos hablar en nuestra lengualas maravillas de Dios” (Hch 2,2-11).

6. En las tres fiestas de peregrinación, Pascua, Pentecostés y las Tiendas (Dt 16,1-16), venían a Jerusalén peregrinos de todo el mundo. El punto más alto se alcanzaba todos los años en la Pascua. En la época de Jesús, “hay que calcular la población de Jerusalén, dentro de sus murallas, en unos 20.000 habitantes; y fuera de ellas habría de unos 5.000 a 10.000. Esta cifra de 25.000 o 30.000 podría constituir el tope máximo”, “por la Pascua la afluencia de peregrinos procedentes del mundo entero era muy grande: su número sobrepasaba varias veces el de la población de Jerusalén” (J. Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús, Cristiandad, Madrid, 1977, 75 y 102).

7. Pedro, presentándose con los once, proclama el mensaje central cristiano: “Judíos y habitantes todos de Jerusalén”, “a Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales... vosotros le matasteis clavándole en una cruz por medio de los impíos”, “a éste Dios le resucitó”, “y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido el espíritu santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís”, “sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado(Hch 2,14-36).

8. Al oír esto, dijeron con el corazón compungido: ¿Qué hemos de hacer, hermanos? Pedro les contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesús, el Cristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del espíritu santo. Los que acogieron su palabra fueron bautizados”. El bautismo supone cambio, conversión, ruptura: “Salvaos de esta generación perversa”. Aquel día se les unieron “unas tres mil almas” (2,37-41). 9. La primera comunidad cristiana es lugar de enseñanza, de comunión, de celebración y de oración: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hch 2,42). En la comunidad se dan señales (2,45), que confirman la palabra anunciada (Mc 16,20). La comunión de corazones se traduce en una efectiva comunicación de bienes: "Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común,vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno". En principio, la relación con el templo es estrecha: “Acudían al templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu”.  Se reúnen en las casas: “Partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. La acogida es una dimensión de la comunidad, que está abierta a la incorporación de nuevos miembros: "El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar" (2,42-47).

10. Pedro y Juan suben al templo “para la oración de la hora nona”. Un hombre tullido, que estaba junto a la puerta hermosa del templo, les pide una limosna. Pedro le dice: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy, en nombre de Jesús, el Cristo, el Nazoreo, levántate y anda”. El hombre entró con ellos en el templo alabando a Dios. Todo el pueblo “corrió donde ellos al pórtico de Salomón”. El pórtico de Salomón es una galería con columnas situado dentro de la muralla oriental del atrio del templo. Pedro repite el mensaje central cristiano. Los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos los detienen. Sin embargo, “muchos de los que oyeron la palabra creyeron; y el número de hombres llegó a unos cinco mil”(3,1-4,4). La proclamación de Pedro en el pórtico de Salomón produce “un amplio movimiento popular” (Roloff, 118).

11. Al día siguiente, los sumos sacerdotes les preguntan: ¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso? Pedro responde: “Sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesús, el Cristo, el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros” (Hch 4,1-10). Les prohíben enseñar en nombre de Jesús. Ellos contestan: “Juzgad si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros antes que a Dios. No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”. Ellos, después de amenazarles, los sueltan (4,13-22).

12. Pedro y Juan comparten en comunidad las amenazas recibidas. Oran con el salmo 2: “¿A qué esta agitación de las naciones”, “verdaderamente en esta ciudad se han aliado Herodes y Poncio Pilato contra tu santo siervo Jesús: Señor, ten en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos que puedan predicar tu palabra con toda valentía, extendiendo tu mano para realizar curaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús. Acabada la oración, retembló el lugar donde estaban reunidos” (Hch 4,23-31). En medio de fuertes resistencias, se desploma la autoridad del templo.

13. El nuevo templo es la comunidad:La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma”, “los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús”, “nadie llamaba suyos a sus bienes, todos los que poseían bienes o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad”(4,32-35). El ejemplo de Bernabé contrasta con el fraude de Ananías y Safira (4,36-5,11). Los apóstoles realizan “muchas señales y prodigios”, están todos “con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón”, cada vez más gente se adhiere al Señor (5,12-14).

14. El sumo sacerdote y los saduceos detienen a los apóstoles y los meten en la cárcel. Sin embargo, el “ángel del Señor”, por la noche, abre las puertas y les dice: “Decid al pueblo todo lo referente a esta vida”. Al amanecer, entrar en el templo y se ponen a enseñar. Se presenta uno a los sumos sacerdotes y les dice: Mirad, los hombres que pusisteis en prisión están en el templo y enseñan al pueblo. Llevados ante el Sanedrín, el sumo sacerdote les interroga y les dice: Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre. Pedro y los apóstoles responden: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos. Entonces intervino Gamaliel, doctor de la ley: “Si es cosa de hombres, se destruirá, pero si es de Dios, no conseguiréis nada”. Entonces llaman a los apóstoles y, después de azotarles, les mandan que no hablen en nombre de Jesús. Pero ellosno cesaban de enseñar la buena nueva de Cristo Jesús cada día en el templo y por las casas”(5, 14-42).

15. Al multiplicarse el número de los discípulos, hubo quejas del grupo de lengua griega, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia diaria. Los doce convocan la asamblea y dicen: “No parece bien que nosotros abandonemos la palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo, mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”, “pareció bien la propuesta a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de espíritu santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía”, “los presentaron a los apóstoles y habiendo hecho oración, les impusieron las manos”, “la palabra de Dios iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó el número de los discípulos, y multitud de sacerdotes iban aceptando la fe” (6,1-7).

16. Miembros de la sinagoga llamada de los Libertos acusan a Esteban de hablar contra el templo y contra la ley de Moisés. Esteban alega que Moisés anunció al profeta que había de venir. En cuanto al templo, el Altísimo no habita en casas hechas por mano humana. “¡Como vuestros padres, así vosotros! ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres?”. Le sacan de la ciudad y muere apedreado (hacia el año 34). Los falsos testigos “pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo”, “Saulo aprobaba su muerte” (6,8-8,1).

17. Una gran persecución se desata contra el grupo de lengua griega, que se dispersa  por Judea y Samaría. Saulo se lleva por la fuerza a hombres y mujeres, y los mete en la cárcel. Los que se dispersaron “iban por todas partes anunciando la buena nueva de la palabra”. Felipe evangeliza una ciudad de Samaría. Pedro y Juan completan la misión (8,2-17). Felipe se encuentra con un funcionario etíope, que vuelve de peregrinar a Jerusalén, leyendo un pasaje de Isaías: “Como cordero llevado al matadero”. Partiendo de este texto de la Escritura, Felipe le anuncia la buena nueva de Jesús (8,26-40). Saulo se encuentra con Cristo en el camino de Damasco, será apóstol de los gentiles. Bernabé lo presenta a los apóstoles (9,1-30). En Cesarea, la experiencia de Pedro en casa de Cornelio abre la puerta a los gentiles (Hch 10 y 11). Unos chipriotas y cirenenses, llegados a Antioquia, hablan a griegos y nace la comunidad de Antioquia, dirigida por cinco profetas y maestros (13,1). Bernabé y Saulo catequizan allí durante un año y llevan una colecta a la comunidad de Jerusalén (11,19-21 y 29-30). En la foto, puerta de Damasco en la muralla de Jerusalén (Cordon Press).

18. El año 44 el rey Herodes hace morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan, y detiene a Pedro. Liberado por un “ángel del Señor”, “aparece en casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde se hallaban muchos reunidos en oración”, “llamó él a la puerta y salió a abrirle una sirvienta, llamada Rode”, “quedaron atónitos”, “él les contó cómo el Señor le había sacado de la prisión”. Y añadió: “Comunicad esto a Santiago y a los hermanos”. Pedro “salió y se marchó a otro lugar” (12,1-17). ¿Adónde? A su campo de misión: el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1 P 1,1). En la comunidad de Jerusalén Marcos escribe la primera redacción del evangelio (ver J. Rius Camps, El evangelio de Marcos: etapas de su redacción, Verbo Divino, Estella, 2008).

19. Encuentro en Jerusalén. Hacia el año 48, la comunidad de Antioquia lleva más de diez años, admitiendo a gentiles sin imponerles la ley judía. Pero en la comunidad de Jerusalén los fariseos quieren imponerla a todos. Se reúnen para tratar el asunto. Pedro recuerda su experiencia en el caso de Cornelio. Bernabé y Pablo proclaman la acción de Dios entre los gentiles. Santiago, que dirige la comunidad de Jerusalén, dice: “Simeón ha referido cómo Dios ya al principio intervino para procurarse entre los gentiles un pueblo para su nombre”, “por esto opino yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios”(Hch 15,6-20). Los apóstoles y los ancianos deciden no imponer a los gentiles “más cargas que las indispensables“ (15, 28). Para Pablo no suponen “nada nuevo” (Ga 2,6). Pero ¿cuáles son esas cargas?

20. San Jerónimo, en su libro “De viris ilustribus”, presenta a San Paciano (310-391), obispo de Barcelona,  hablando de los pecados que requieren penitencia pública. Estos son los tres pecados capitales: idolatría, homicidio y adulterio (Hch 15, 29): “Es necesario que os abstengáis de las carnes inmoladas a los ídolos (idolatría), del homicidio (sangre) y de la fornicación (adulterio)”. El espíritu santo “solamente nos legó estos pecados bajo pena capital” (Paraenesis, 3 y 4; PL 13, 1083 y 1084).Pamela Eisenbaum, judía practicante y profesora en un instituto de teología cristiana en Denver (Colorado), escribe lo siguiente: “La impureza moral no se refiere a aquella en la que se incurre por violar cualquier imperativo ético. Está relacionada con tipos o categorías particulares de pecado. En la literatura bíblica corresponden específicamente a tres tipos de comportamiento notoriamente pecaminosos: la idolatría, la inmoralidad sexual y el derramamiento de sangre” (Pablo no fue cristiano, Verbo Divino, Estella, 2014, 255).

21. Comunidad dirigida por los ancianos. Cuando Pablo va a Jerusalén por última vez, hacia el año 57, las cosas han cambiado mucho. Pide oraciones para verse “libre de los incrédulos de Judea” y para que la colecta que lleva a Jerusalén “sea bien recibida por los santos” (Rm 15,31). El apóstol quiere iniciar su etapa romana de acuerdo con la comunidad de Jerusalén. Lleva consigo la carta a los romanos, que (además) le sirve para responder a las objeciones que le pueden formular los incrédulos de Judea. Se reúnen en casa de Santiago con presencia de los ancianos, dirigentes de la comunidad según el modelo sinagogal.  

22. Pablo exponelas cosas que Dios ha obrado entre los gentiles. Ellos glorifican a Dios, pero le dicen: “Ya ves, hermano, cuántos miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son fervientes partidarios de la ley. Pero han oído decir de ti que enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles que se aparten de Moisés, que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones” (Hch 21, 20-21). Entonces le aconsejan participar en un rito que va a celebrarse en el templo. El rito termina mal. Unos judíos procedentes de Éfeso acusan a Pablo de introducir en el templo a un gentil. Provocan un tumulto y Pablo es detenido por los romanos. Es procesado en Cesarea, donde está dos años. Tras apelar al César, es enviado a Roma (25,11).

23. En el año 62, el sumo sacerdote Anás, aprovechando el vacío de poder que deja la sustitución del procurador Festo por Albino, manda lapidar a “Santiago, hermano de Jesús llamado Cristo, y a algunos otros, acusándoles de haber faltado contra la Ley” (F. Josefo, Antigüedades judías, XX, 200). En el año 64, tras el incendio de Roma, se acusa a los cristianos como responsables del mismo. Muchos son ejecutados. La comunidad de Jerusalén se dispersa antes de que en el año 70 las legiones de Tito destruyan la ciudad y el templo. En los Hechos no se recogen las muertes de Santiago, de Pedro y de Pablo. Según la opinión tradicional, Lucas escribió los Hechos hacia el año 63. En su última carta, Pablo escribe a Timoteo: “El único que está conmigo es Lucas” (2 Tm 4,11). ¿Murió Lucas con él?

24. Según Tertuliano (+220), “Pablo fue decapitado” y “Pedro fue crucificado”. Según Dionisio de Corinto (+hacia 178), “después de enseñar también en Italia en el mismo lugar, los dos sufrieron el martirio en la misma ocasión”. El eclesiástico Cayo afirma a finales del s. II: “Si quieres ir al Vaticano o al camino de Ostia, encontrarás los trofeos de los que fundaron esta iglesia”  (Eusebio, HE II, 25). Clemente de Roma, a finales del s. I, sugiere en su Carta a los Corintios que Pablo fue asesinado “por envidia y rivalidad”. El historiador romano Tácito afirma que “los condenados a muerte, además de la confiscación de sus bienes, eran privados de sepultura” (Anales, VI, 35), es decir, eran arrojados a la fosa común (ver catequesis Comunidad de Tesalónica).

 

* Diálogo: ¿Cuáles son los rasgosde la primera comunidad cristiana?, ¿por qué etapas pasa?, ¿qué problemas afronta?