- COMUNIDAD DE ROMA. La fe que salva

Creado en Jueves, 22 Junio 2017 Última actualización en Sábado, 15 Julio 2017

COMUNIDAD DE ROMA

La fe que salva

1. Pablo no ha fundado la comunidad de Roma. Pudo tener su origen en los “forasteros romanos” (Hch 2,10) presentes en Jerusalén el día de Pentecostés o, sin más, en la movilidad del mundo antiguo. Aquila y Priscila vinieron de Roma (18,2-3). Pablo está informado: “Vuestra fe es alabada en todo el mundo”(Rm 1,8). Sitúa a los romanosentre  todos los gentiles”(1,5). Les dice: “Ansío veros a fin de comunicaros algún don que os fortalezca”, “sentir el consuelo de la común fe”, “me debo a los griegos y a los bárbaros”, “de ahí mi ansia por llevaros el Evangelio también a vosotros” (1,11-15).

2. En la carta a los romanos Pablo proclama la fe que salva, la fe como respuesta a la palabra de Dios. Hay una fe que no salva. Por ejemplo, fe es “creer lo que no vimos”. La fe que salva es “ver aquello que parece increíble”. Como dice Pablo: “En vuestros días voy a realizar una obra que no creeréis aunque os la cuenten” (13,41). El Evangelio es “fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe”(1,16-17).De gracia en gracia(Jn 1,16), de señal en señal. Pablo escribe la carta en Grecia, en Corinto, quizá en el invierno del año 57-58. Tras la revuelta de los orfebres, deja Éfeso y sale camino de Macedonia. Después marcha a Grecia, donde pasa tres meses (Hch 20,3).

3. Pablo lleva unos veinte años anunciando el Evangelio. Tiene “como punto de honra” no anunciarlo sino allí donde el nombre de Cristo no es aún conocido(Rm 15,20). Ahora termina una etapa y empieza otra: “No teniendo ya campo de acción en estas regiones y deseando vivamente desde hace muchos años ir donde vosotros, cuando me dirija a España, espero veros al pasar, y ser encaminado por vosotros hacia allá”, “mas, por ahora, voy a Jerusalén para el servicio de los santos, pues Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta a favor de los pobres de entre los santos de Jerusalén” (15,22-26).

4. Pablo cambia su plan de viaje, pues los judíos traman una conjura contra él cuando está a punto de embarcarse para Siria; entonces toma la determinación de volver por Macedonia (Hch 20,3). Le acompañan seis gentiles, también un judío, Timoteo:Éstos, dice Lucas, nos esperaron en Tróade. Nosotros, después de los días de los Ácimos, nos embarcamos en Filipos y al cabo de cinco días nos unimos a ellos” (20,5-6). En Mileto, Pablo se despide de los dirigentes de Éfeso: “Mirad que ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá”(20,22).

5. Pero ¿por qué va Pablo a Jerusalén?, ¿por qué se arriesga? Si se trata sólo de la colecta, la pueden llevar otros. Cuando escribe a la comunidad de Corinto, desde Éfeso, todavía no lo tiene claro (1 Co 16,3-6). Pablo quiere afirmar la unidad de la Iglesia constituida por judíos y gentiles, la unidad que se dio en el encuentro de Jerusalén. El apóstol quiere cerrar su etapa griega e iniciar su etapa romana de acuerdo con la comunidad de Jerusalén. Por la unidad de la Iglesia no ahorra ningún esfuerzo. Lleva consigo la carta a los romanos, que le sirve también para responder a las acusaciones que se puede encontrar en Jerusalén. Por supuesto, la carta viene bien a todas las comunidades.

6. Pablo y sus compañeros se hacen a la mar, bordeando la costa de Asia Menor. En Tiro le aconsejan a Pablo que no suba a Jerusalén (Hch 21,4). En Cesarea, un profeta llegado de Judea toma el cinturón de Pablo, se ata sus pies y sus manos, y dice: “Así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quien es este cinturón. Y le entregarán en manos de los gentiles”(21,10-11). Pero Pablo está dispuesto “no sólo a ser atado, sino a morir también en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (21, 14).

7. Llegan a Jerusalén. Se reúnen en casa de Santiago con los dirigentes de la comunidad. Pablo les saluda y les relata todas las cosas que Dios había obrado entre los gentiles por su ministerio”(21,19). Ellos glorifican a Dios, pero le dicen: “Ya ves, hermano, cuántos miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son fervientes partidarios de la ley. Pero han oído decir de ti que enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones. ¿Qué hacer, pues? Porque va a reunirse la muchedumbre, al enterarse de tu venida” (21,20-22). Le aconsejan lo siguiente: “Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen un voto que cumplir. Tómalos y purifícate tú con ellos; y paga tú por ellos, para que se rapen la cabeza”, así todos entenderán que “tú también te portas como un fiel cumplidor de la ley”(21,23-24). Seis años antes, Pablo “se había cortado el pelo porque tenía hecho un voto” (16,18). Para cinco votos “eran necesarias como ofrendas quince ovejas, otros tantos cestos de pan, tortas y pasteles de aceite, y además otros tantos cántaros de vino; a esto se añadían aún los gastos de manutención para siete días” (Holzner, 381; ver Nm 6,14-15). ¿A esto se destinó la colecta? ¿No fue recibida por la comunidad de Jerusalén, como temía Pablo? (Rm 15,31).

8. El rito del templo acaba mal. Unos judíos procedentes de Asia (Éfeso) acusan a Pablo de haber introducido en el templo a un gentil, a Trófimo. Provocan tal tumulto que la fuerza romana tiene que intervenir. Pablo es detenido. Cuando le llevan al cuartel, dice al tribuno: ¿Me permites decirte una palabra? El le contesta: ¿Pero sabes griego? ¿No eres tú entonces el egipcio que estos últimos días ha amotinado y llevado al desierto a cuatro mil terroristas? Pablo se identifica, pide permiso para hablar al pueblo en lengua hebrea y relata su conversión (Hch 21,27-22,21). Cuando el tribuno manda azotarle para averiguar por qué motivo le acusan, dice Pablo al centurión: “¿Es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle juzgado?” (22,25). El tribuno le lleva ante el sanedrín, donde se produce un revuelo a causa de la resurrección de los muertos (23,9). Más de cuarenta judíos traman una celada contra Pablo, pero es descubierta (23,20-22). Es trasladado a Cesarea donde dice ante el procurador Félix: “He venido a traer limosnas a los de mi nación y a presentar ofrendas” (24, 17). Pasados dos años, en el año 60, Porcio Festo sucede al procurador Félix (24,27). Pablo apela al César (25,11-12). Ante el rey Agripa relata de nuevo su conversión (26,12-14). En Cesarea pudo Lucas avanzar en la redacción del evangelio y de los Hechos.

9. Volvamos a la carta a los romanos. Tiene un comienzo (Rm 1,1-17), unos temas de fondo (5,1-11,36), una exhortación práctica (12,1-15,13) y un final (15,14-33). Al comienzo, Pablo se presenta como “siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el evangelio de Dios”. Presenta también el Evangelio resumido en la confesión de Cristo: “Nacido del linaje de David según la carne, constituido hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por su resurrección de entre  los muertos, Jesucristo Señor nuestro”. De él “recibimos la gracia” de anunciar el Evangelio a los gentiles, “entre los cuales os contáis también vosotros”, “que estáis en Roma” (1,1-7).

10. Veamos los temas de fondo. Pablo presentael evangelio que anuncia: “mi evangelio” (2,16; 16,25), “en él se revela la justicia de Dios” (1,17), lo que Dios entiende por justicia. La ira de Dios (es decir, su juicio) se revela “contra toda impiedad e injusticia de los hombres”. Como dice la Escritura: “No hay quien sea justo”, “no hay quien busque a Dios” (3,10-11; Sal 143), “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios” (3,23), gentiles y judíos.

11. Los gentiles, “creyéndose sabios, se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptiblepor una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles”, “por eso Dios los entregó a pasiones infames”, “una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos“, “sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza” e “ igualmente los hombres” (1,22-27); asimismo, “Dios los entregó a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene” (1,28-30). Los judíos no están mejor. Pablo les dice: “Tú que instruyes a los otros a ti mismo no te instruyes. Predicas no robar ¡y robas! Prohíbes el adulterio ¡y adulteras! Aborreces los ídolos, ¡y saqueas sus templos!”, “por vuestra causa el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones”(2,21-24).

12. Pablo mantiene un tenso diálogo con un adversario judío: “¿Cuál es, pues, la ventaja del judío? ¿Cuál la utilidad de la circuncisión?” (3,1). “Grande, de todas maneras. Ante todo, a ellos les fueron confiadas las palabras de Dios” (3,2). “¿Entonces qué? ¿Llevamos ventaja?” (3,9). “¡De ningún modo! Tanto judíos como griegos están todos bajo el pecado” (3,9). Ante el orgullo judío: “¿Dónde está entonces el derecho a gloriarse? Queda eliminado. ¿Por qué ley? ¿Por la de las obras? No, por la ley de la fe”, “el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley” (3,27-28). Algunas “obras de la ley”: descanso sabático, normas alimenticias, circuncisión de los varones, silencio de las mujeres en la sinagoga, velo. “¿Entonces por la fe privamos a la ley de su valor?” (3,29). “¡De ningún modo! Más bien, la consolidamos” (3,29). “¿Qué decir, entonces? ¿Que la ley es pecado? (7,7). “¡De ningún modo! Sin embargo, yo no conocí el pecado sino por la ley” (7,7), “la ley es santa”, “pero yo soy de carne, vendido al poder del pecado” (7,12-14), “la ley no da sino el conocimiento del pecado” (3,20), “la ley, en verdad, intervino para que abundara el pecado, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (5,20). Entonces “¿por qué no hacer el mal para que venga el bien?”. Eso es lo que “algunos calumniosamente nos acusan que decimos” (3,8).

13. La fe que salva es respuesta a la palabra de Dios, sea de quien sea, judío o gentil: “Gloria, honor y paz a todo el que obre el bien: al judío primeramente, y también al griego” (2,10), “pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna” (3,21-22). Dios no lo es únicamente de los judíos, sino también de los gentiles, “porque no hay más que un solo Dios, que justifica a los circuncisos en virtud de la fe y a los incircuncisos por medio de la fe”(3,29-30). Pablo se remite a los orígenes. Es la fe de Abraham: “creyó en Dios”, que le dijo: “Sal de tu tierra” (Gn 12,1), “y su fe lefue reputada como justicia”(4,3). “Y ¿cómo le fue reputada?, ¿siendo él circunciso o antes de serlo. No siendo circunciso, sino antes”(4,10). De este modo, es “padre de todos nosotros”,como dice la Escritura: “Te he constituido padre de muchas naciones, padre nuestro delante de aquel a quien creyó, de Dios que da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean” (4,16-17).

14. La fe que salva supone justificación:Habiendo recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios”, “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (5,1-5).La experiencia de Cristo transforma la experiencia humana marcada por el pecado como pretensión de ser “como dioses” y por la muerte como polvo, es decir, como aniquilación de la existencia (5,12-21; Gn 3,5.19); pero “nuestro hombre viejo ha sido crucificado”, (6,6), “si hemos muerto con Cristo”, “también viviremos con él” (6,8), “ninguna condena pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús”, “la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte” (8,1-2), “los que son guiados por el espíritu de Dios son hijos de Dios” (8,14), “si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo” (10, 9).

15. La fe que salva supone un mundo nuevo: “el que está en Cristo es una nueva creación” (2 Co 5,17). Ciertamente, siguen las guerras, el hambre, el dominio del terror, la destrucción de la naturaleza. La creación está “sometida a la frustración, no por propia decisión”, por decisión humana la creación no responde al proyecto de Dios, pero vive en la esperanza de ser liberada de la corrupción para participar en la “gloriosa libertad de los hijos de Dios”, “la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto” (8,20-22), “el espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad”, “nosotros no sabemos pedir como conviene” (8,26), en todas las cosas (en las buenas y en las malas) interviene Dios para bien (8,28),nos llamó, nos justificó, nos glorificó (8,30). Nada puede separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús (8,39).

16. Exhortación práctica.  Pablo invita a vivir una vida nueva (6,2-4): “No os acomodéis al mundo presente, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios” (12,2). Amor fraterno: “No os estiméis en más de lo que conviene”, “siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo”, “teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada”, “detestando el mal, adhiriéndonos al bien”, “amándoos cordialmente los unos a los otros”, “sirviendo al Señor con la alegría de la esperanza, constantes en la tribulación, perseverantes en la oración, compartiendo las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad” (12,3-13). La fe sin obras está muerta (St 2,17).

17. Amor al prójimo: “Sin devolver a nadie mal por mal”, “en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos” (12,17-18),“sométanse todos a las autoridades constituidas”, “los magistrados no son de temer cuando se obra el bien”, “dad a cada cual lo que se le debe”, “con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor”, “el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”, “lo de no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo” (13,1-9), “despojémonos de las obras de las tinieblas, y revistámonos de las armas de la luz”, “nada de comilonas y borracheras, nada de lujurias y desenfrenos, nada de rivalidades y envidias”, “revestíos del Señor Jesucristo” (13,12-14).

18. Acogida mutua: “Acoged bien al que es débil en la fe, sin discutir opiniones”, “dejad de juzgaros los unos a los otros”, “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el espíritu santo”, “procuremos lo que fomenta la paz y la mutua edificación”, “no vayas a destruir la obra de Dios por un alimento”, “los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles”, “acogeos mutuamente” (14,1-15,7).

19. Pablo siente “una gran tristeza” por los judíos que rechazan el Evangelio: “No es que haya fallado la palabra de Dios”, “no todos los descendientes de Abraham son todos hijos” (9,2-7), “desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios” (10,3), “Dios no ha rechazado a su pueblo” (11,1), “subsiste un resto” (11,5). ¿Han tropezado para caer? (11,11). ¡No! Su caída ha traído la salvación de los gentiles. Si su caída ha sido una riqueza para los gentiles, ¡qué no será su plenitud! (11,11-12). Atención ante el orgullo gentil: Si algunas ramas fueron desgajadas, “no te engrías contra las ramas” (11,17-18).

20. Cristo se puso al servicio de los judíos “a favor de la veracidad de Dios, para dar cumplimiento a las promesas hechas a los patriarcas”, y se puso al servicio de los gentiles “para que glorificasen a Dios por su misericordia”. Como dice la Escritura: “Por eso te bendeciré entre los gentiles y ensalzaré tu nombre”, “gentiles, regocijaos juntamente con su pueblo”, en Cristo “pondrán los gentiles su esperanza” (15,8-12).

21. Al final de la carta Pablo recuerda su misión: Desde Jerusalén y en todas direcciones “he dado cumplimiento al evangelio de Cristo”. Indica sus planes: “Cuando me dirija a España, espero veros al pasar”. Termina con un saludo: “El Dios de la paz sea con todos vosotros. Amén” (15,14-33). El capítulo 16 parece pertenecer a una copia de la carta enviada a los de Éfeso desde Corinto. Entre otros, “os saluda Erasto, el tesorero de la ciudad” (16,23).  En la foto, inscripción: “Erastus pro aedile s. p. stravit”, “Erasto por su cargo de edil con su dinero lo pavimentó” (Cidep).

22. Al llegar a Roma, dice Lucas, “los hermanos salieron a nuestro encuentro” (Hch 28,15). Pablo permanece dos años en libertad vigilada en una casa alquilada, recibe a los que acuden a él y anuncia el Evangelio “con toda valentía, sin estorbo alguno” (28,16 y 30-31). Sin embargo, el año 62, la situación se agrava con la ley de lesa majestad promulgada por Nerón. Pablo escribe a Timoteo: “Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente” (2 Tm 4,6), “apresúrate a venir cuanto antes”, “el único que está conmigo es Lucas”, “en mi primera defensa nadie me asistió, antes bien todos me desampararon”, “pero el Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles”, “te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos”(2 Tm 4,6-21).   

*Diálogo sobre la fe que salva y la que no salva.