- LAS CARTAS DE PABLO. El descarte alemán

Creado en Jueves, 26 Octubre 2017 Última actualización en Jueves, 23 Noviembre 2017

LAS CARTAS DE PABLO
El descarte alemán


1.    La primera mención completa de las cartas de Pablo se encuentra en el Fragmento de Muratori, un documento escrito en latín hacia el año 170, la lista más antigua conocida de libros considerados canónicos del Nuevo Testamento. El fragmento se encuentra en un código del siglo VIII de la Biblioteca Ambrosiana de Milán. Fue encontrado y publicado por Ludovico Antonio Muratori en 1740.

2.       De las cartas de Pablo se dice en el fragmento: “Ellas mismas muestran claramente, al que quiere entender, el lugar desde el que fueron enviadas y el motivo por el que fueron escritas. Entre las cartas de cierta longitud, Pablo escribió en primer lugar a los corintios, advirtiendo contra las divisiones en partidos; luego a los gálatas, prohibiendo la circuncisión; y, más por extenso, a los romanos, inculcándoles la unidad y el orden de las escrituras”.

Pablo “sigue este orden de composición: la primera a los corintios, la segunda a los efesios, la tercera a los filipenses, la cuarta a los colosenses, la quinta a los gálatas, la sexta a los tesalonicenses y la séptima a los romanos. A decir verdad, y para ser exactos, escribió otra a los corintios y una más a los tesalonicenses”, “hay luego una carta a Filemón, una a Tito y dos a Timoteo”, “circulan también una carta a los laodicenses y otra a los alejandrinos, escritas falsamente en nombre de Pablo para apoyar la herejía de Marción (+hacia 160), así como otros muchos escritos que no pueden ser aceptados por la Iglesia católica”. Por tanto, las cartas citadas son trece. No se menciona la carta a los hebreos.

3.       En la segunda carta de Pedro se dice: “La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada. Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente –como también las demás escrituras- para su propia perdición” (2 P 3,15-16).

4.       Frente al hereje Marción, que instrumentaliza las cartas de Pablo, toman posición los escritores cristianos a partir de Ireneo, obispo de Lyon (+ hacia 202). En su obra Contra las herejías demuestra que los escritos del Apóstol están en armonía con el resto de los escritos canónicos, en particular con el testimonio de los evangelios y de los demás apóstoles. El fundador de la primera escuela teológica, Clemente de Alejandría (+ hacia 215), afirma que Pablo está inspirado por Dios. Orígenes, escritor alejandrino del siglo III, considera que las trece cartas de Pablo se sitúan entre los “libros reconocidos” por todas las Iglesias, distintos de los que son “discutidos”.

5.       Eusebio de Cesarea, en el siglo IV, dice que “las catorce cartas son claras y evidentemente de Pablo, aunque no sería justo olvidar que algunos no han aceptado la carta a los hebreos, diciendo que la Iglesia de Roma niega que sea de Pablo” (HE, III, 5). Según Eusebio, “Pablo tuvo contacto por escrito con los hebreos por medio de su lengua patria. Unos afirman que este texto lo tradujo el evangelista Lucas, mientras que otros dicen que fue el mismo Clemente (Romano). Esto último tal vez sea más cierto, ya que la carta de Clemente (a los corintios) y la carta a los hebreos mantienen un estilo parecido, y que los conceptos que exponen ambos escritos no se alejan mucho unos de otros” (HE, III, 38, 1-3). Desde la segunda mitad del siglo IV, las cartas de Pablo forman parte de la lista de los 27 libros canónicos del Nuevo Testamento.

6.       En el clima cultural del humanismo del siglo XV las cartas de Pablo son abordadas con una nueva perspectiva inspirada en la filología del texto y en la reconstrucción del contexto histórico (Valla, +1457), “pero este nuevo planteamiento de la exégesis no afecta a la cohesión del canon paulino. Incluso en el debate provocado por la Reforma de Lutero, el reconocimiento de las cartas de Pablo permanece unánime e inalterado” (Fabris, 525).

7.       En el siglo XVIII, se revisa la figura y el papel de Pablo en el cristianismo primitivo. Pablo, representante del cristianismo helenista, se convierte en el polo contrario de Pedro, cabeza de los judeocristianos. Se reformulan los criterios de inspiración de los escritos cristianos. Sólo los escritos de origen apostólico son considerados inspirados y, por tanto, canónicos. Pero el origen apostólico de un escrito depende de la investigación histórica. Aplicando este criterio, se afirma que la carta a los hebreos no es de Pablo ni de ningún otro apóstol y, por tanto, no hay ningún motivo para aceptarla como canónica (Michaelis, 1750). Sin embargo, el autor muestra una familiaridad con Timoteo: “Sabed que ha sido puesto en libertad nuestro hermano Timoteo” (Hb 13, 23).

8.       En el siglo XIX, comienza el problema de las cartas de Pablo, el descarte alemán. En principio, el descarte es progresivo, aunque luego retrocede. Se concluye, por vocabulario y estilo, que la 1ª carta a Timoteo no es de Pablo (Schleiermacher, 1807), tampoco las llamadas “cartas pastorales”, una a Tito y dos a Timoteo (Eichhorn, 1812), se duda del origen paulino de la 2ª a los tesalonicenses y efesios (De Vette, 1830), se limita el origen paulino a cuatro cartas: romanos, 1ª y 2ª a los corintios, gálatas (Baur, 1845).  Se recuperan algunas cartas: 1ª a los tesalonicenses, filipenses y Filemón, y se excluye el origen paulino de la 2ª a los tesalonicenses, colosenses,  efesios y cartas pastorales (Bultmann, 1948-1953): “Como fuentes para la teología de Pablo deben contar únicamente las cartas que son auténticamente paulinas: Rom, 1 y 2 Cor, Gál, Flp, 1 Tes, Flm” (R. Bultmann, Teología del Nuevo Testamento, Sígueme, Salamanca, 1981, 244). La pseudoepigrafía, se dice, es frecuente en la antigüedad, de modo que cualquiera, convencido de estar en armonía con la enseñanza de los apóstoles, podía “poner un escrito propio bajo el nombre de un apóstol”.

9.       Por tanto,la exégesis crítica considera como auténticas de Pablo siete cartas, las indicadas por Bultmann. Las otras seis (Ef, Col, 2 Tes, 1 y 2 Tim, Tt) se atribuyen a discípulos del apóstol. Por ejemplo, Senén Vidal en su libro “Las cartas auténticas de Pablo” (Mensajero, Bilbao, 2012, 16) distingue entre “las que el análisis literario fija como auténticas” (las siete) y las de “la escuela paulina posterior” (las otras seis). ¿Es esto así? La exégesis profesional de los últimos doscientos años –practicada, en un principio, en las universidades de Alemania, aceptada luego gradualmente en todo el mundo- “tiende más a pecar por exceso que por defecto: no da por sentado aquello que afirma la tradición, a menos que haya argumentos bien sólidos a su favor” (J. Sánchez Bosch, Escritos Paulinos, evd, Estella, 1998, 15 y 13). Incide también el racionalismo que rechaza la Biblia como palabra de Dios.

10.       El concilio de Trento define en 1545 el canon de libros inspirados. El Concilio Vaticano II recoge la tradición que llega hasta nosotros: “El canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios, comprende las cartas de Pablo y otros escritos apostólicos inspirados por el Espíritu Santo. Estos libros, según el sabio plan de Dios, confirman la realidad de Cristo” (DV 20).

11.   Las exhortaciones a la sumisión (Ef 5,21-6,9; Col 3,18-4,1 y paralelos) chocan con el mensaje paulino. Parecen una interpolación posterior, no de un discípulo de Pablo, sino de un adversario. En la fuente de la palabra de Dios, la interpolación es agua contaminada, no potable. Es preciso avisarlo. Hay que revisar la tradición a la luz de la Escritura. La interpolación no tiene por qué provocar la consideración de la carta como no auténtica de Pablo. Es decir, se trata de operar el tumor, no de desahuciar al enfermo (ver catequesis Relaciones de dependencia). En cada carta iremos viendo dónde está el problema.Como dice Benedicto XVI en su libro “Jesús de Nazaret” (2007), “el método histórico-crítico sigue siendo indispensable”, pero “es importante que se reconozcan los límites”. Lo que hizo el papa Benedicto con la figura de Jesús de Nazaret hay que hacerlo con la figura de Pablo.