56. NUEVO PAN. La cena del Señor

Creado en Viernes, 25 Enero 2013 Última actualización en Jueves, 23 Marzo 2017

 

56.  NUEVO PAN
La cena del Señor

alianza
1. Quien ha llegado a descubrir que Jesús es el Señor (naciendo de nuevo, siendo así iniciado en lo que significa el bautismo), culmina su iniciación participando del pan vivo que alimenta a la comunidad: "Yo soy el pan vivo" (Jn 6,51), dice Jesús. En realidad, "el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo" (2 Co 5,17). Nuevo nacimiento, nuevo pan, nuevo templo...En efecto, "el bautizado se lava ya en un mundo nuevo, y es en un mundo nuevo donde come la comunidad" (NCA). 
2. De entrada, surgen diversos interrogantes: ¿Qué significa ese nuevo pan?, ¿qué significa la eucaristía?, ¿qué cambios más importantes ha habido a lo largo de la historia?, ¿es preciso revisar la tradición a la luz de la Escritura?, ¿qué relación existe entre la última cena de Jesús con sus discípulos y las comidas o cenas en las que el Señor se hace presente entre los suyos?, ¿discernimos la presencia de Cristo en la eucaristía?, ¿es cuestión de comunión?, ¿nos alimenta el nuevo pan? 
3. Algunos datos. Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al padre, cena con sus discípulos (Jn 13,1-2), celebra la pascua (Lc 22, 15) en la noche en que va a ser entregado (1 Co 11,24). La cena es pascual: la casa y los preparativos para comer el cordero de pascua (Mc 14,12), las abluciones y el lavatorio (Jn 13,5), el pan mojado en la salsa (13,26), la copa después de cenar (Lc 22,20), el canto de los salmos (Mt 26,30), la conversación amplia (Jn 13-17) en la que Jesús revela el sentido de aquella cena. La mesa de la celebración es la mesa de la pascua, la "pascua del Señor" (Ex 12,11).
4. Sin embargo, la eucaristía, celebrada en la Iglesia primitiva el primer día de la semana o día del Señor (Hch 20,7;1 Co 16,2;Ap 1,10), queda desligada desde el primer momento de la pascua judía. Jesús no liga su cena a la comida del cordero, él es "el cordero de Dios" (Jn 1,29), sino a la fracción del pan y a la bendición de la copa, gestos que, respectivamente, uno precedía y otro seguía a la cena pascual y que adquirieron en aquella cena un nuevo significado (1 Co 11,23-26;ver Gn 14,18-20). En el mundo judío, la fracción del pan como introducción y la bendición de la copa como conclusión ponen de relieve el sentido de la comida: la pertenencia a la misma comunidad. El pan y el vino son el símbolo de la comida entera. El que preside, el cabeza de familia o el que hace su función (en su caso, el invitado) parte el pan y lo distribuye a cada uno, pronunciando una oración de alabanza y de acción de gracias.
5. Jesús es un profeta que "come y bebe" (Mt 11,19). Compartir el pan (con acción de gracias) aparece en los pasajes de multiplicación de panes: "Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces" (Jn 6,11). Pero la fracción del pan adquiere en la última cena un significado especial. En la pascua judía el pan ácimo es el pan de los perseguidos, el pan de la miseria y de la prisa (Ex 12,24.39), símbolo de las dificultades pasadas. Así lo dice el ritual judío de la pascua: "He aquí el pan de miseria que nuestros antepasados han comido en Egipto, que aquél que esté necesitado venga a celebrar la pascua". Jesús alude a su muerte violenta. Este pan, símbolo de las dificultades pasadas, "es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía" (1 Co 11,24; ver Mc 14,22;Mt 26,26;Lc 22,19). "La Iglesia griega usa pan con levadura. En la Iglesia latina está preceptuado el pan ácimo (Concilio de Florencia, 1439). El primer testigo indiscutible del uso del pan ácimo en la Iglesia occidental es Rábano Mauro (m.850)" (Schmaus). 
6. El primer día de la semana (Lc 24,1.13), los discípulos de Emaús reconocen a Jesús al partir el pan (24,35). La comida de pan y pescado que el Señor resucitado da a los siete discípulos (Jn 21,13) aparece en el arte cristiano primitivo como expresión eucarística. La fracción del pan es el nombre más antiguo de la eucaristía. La expresión designa no sólo el hecho de partir el pan, sino la comida entera, como una cena festiva: "El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan"... (Hch 20,7-11;ver 2,42.46). Es la celebración de Pablo en Tróade. La comunidad se reúne en el tercer piso de una casa. Muchas lámparas están encendidas. La reunión tiene lugar al comienzo de ese día, es decir, en la noche del sábado al domingo, según la manera judía de contar. Pablo dialoga con los hermanos hasta la medianoche. Después parte el pan y come. Luego conversa hasta el amanecer. 
7. La expresión fracción del pan permanece en uso mientras la eucaristía se celebra en el marco de una comida. Se llama también la cena del Señor (1 Co 11,20). En ese marco, dice San Pablo, no se ha de rechazar ningún alimento que se coma con acción de gracias, pues queda santificado por la palabra de Dios y por la oración (1 Tm 4,4-5). En el epitafio de Abercio (en Hierápolis, Asia Menor, hacia 180) la comida de los cristianos es descrita como pez, pan y vino (ver Rouët de Journel, Enchiridion patristicum, Herder, 1969, 187). Sin embargo, cada vez más, el acento se pone en la acción de gracias: "Este alimento, dice San Justino, se llama entre nosotros eucaristía" (Apología I, 66). La eucaristía se separa de la cena y se traslada a la mañana: "Esta ordenación la hallamos por primera vez a mediados del siglo II (San Justino, Apología I, 67). Luego se impuso universalmente" (Schmaus).
8. El uso de hacer circular durante las comidas una copa, en la que beben todos (Mc 14,23), hace de ella un símbolo de comunión con el Dios de la alianza y con los hermanos. Los hermanos participan de la mesa del Señor; la copa rebosa (Sal 23,5). El creyente, agradecido y esperanzado, levanta la copa de la salvación (Sal 116,13). En el ritual judío de la pascua, la copa que se toma después de cenar (Lc 22,20), la tercera copa llamada de Elías, simboliza la venida del Reino y es copa de liberación para los creyentes oprimidos. En la última cena es también copa de agonía que Jesús ha de beber (Mc 14,36;10,38) y copa de la nueva alianza sellada con su sangre: "Esta es mi sangre de la alianza que es derramada por muchos" (Mc 14, 24; ver Ex 24,8). Jesús se refiere de nuevo a su muerte violenta. Su muerte dará fruto: "Mi siervo justificará a muchos" (Is 53,11). 
9. A causa de la infidelidad general (Jr 22,9), la antigua alianza queda rota (31,32), como un matrimonio que se deshace (Os 2,4). A pesar de todo, el proyecto de Dios permanece. Habrá una nueva alianza, inscrita en los corazones. Es cuestión de comunión, misterio de comunión: "Pondré mi Ley en su interior y en sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo" (Jr 31,33). La nueva alianza viene por el siervo al que Dios constituye "alianza del pueblo y luz de las naciones" (Is 42,6). "Si alguno me ama, dice Jesús, guardará mi palabra y mi padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14,23). En la nueva alianza Dios habita entre nosotros: "somos santuario de Dios vivo" (2 Co 6,16), "nos capacitó para ser servidores de una nueva alianza, no de la letra, sino del espíritu" (3,6), Cristo se hace "una sola carne" con la Iglesia (Ef 5,32). Estamos invitados al banquete de boda (Mt 22,1-14).
10. En el evangelio de Juan, tras la señal de la multiplicación de panes, la gente dice: "Este es el profeta que iba a venir al mundo". Sin embargo, dándose cuenta Jesús de que intentan tomarle por la fuerza para hacerle rey, huye al monte él solo. Jesús evita la estrategia de la multitud. Al atardecer, sopla un fuerte viento y el mar comienza a encresparse. Los discípulos ven a Jesús caminando sobre el mar y tienen miedo. El les dice: "Soy yo, no temáis". Al día siguiente, llegan barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido el pan. Cuando la gente ve que Jesús no estaba allí, van a Cafarnaúm en busca de Jesús. Jesús les dice: "Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el hijo del hombre" (Jn 6,15-27).
11. Ellos preguntan: "¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?". Jesús les responde: "La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado". Ellos entonces le dicen: "¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer". Jesús anuncia el verdadero pan: "No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi padre el que os da el verdadero pan del cielo, porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo" (6,28-33). Esta escrito en los profetas: "Serán todos enseñados por Dios" (6,45). La sabiduría de Dios invita a su mesa: "Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado" (Pr 9,5). Jesús se presenta como "el pan vivo": "Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mi no tendrá nunca sed", (Jn 6,35), "todo el que escucha al padre y aprende, viene a mi" (6,45), "yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo" (6,51). 
12. La gente choca con un burdo realismo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús se da, se entrega, anuncia veladamente su muerte violenta. El es "el hijo del hombre", despedazado por poderes bestiales (Dn 7). Jesús pasa del simbolismo del "pan del cielo" (Ex 16,4) al del cordero pascual, cuya sangre es derramada: "Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con vosotros" (24,8). El es "el cordero de Dios" sacrificado el día de pascua: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (6,55). Su presencia nueva más allá de la muerte es alimento, inhabitación mutua, nueva alianza: "El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mi y yo en él" (6,56). El Señor resucitado está en nosotros y nosotros en él. Y la vida eterna (6,47), a la que resucitan los muertos, es ya posesión de los vivos que creen en él. Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: "Es duro este lenguaje". Es fruto del espíritu: "El espíritu es el que da vida" (6,63). Sin experiencia de fe, no se entiende. Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dice a los doce: "¿También vosotros queréis marcharos?". Simón Pedro responde: "Señor, ¡donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna" (6,68-69). 
13. El memorial judío hace presente en cada tiempo el hecho de la salvación: "Esto te servirá como señal en tu mano y como recordatorio ante tus ojos" (Ex 13,9). La comunidad cristiana cumple el mandato de Jesús: "Haced esto en memoria mía" (Lc 22,19). Un recuerdo que no es simple evocación de un acontecimiento ocurrido en el pasado. Su eficacia llega hasta el presente. Para cada generación el memorial de Cristo "es su propia pascua, el Señor que pasa para liberarla" (Ligier). En la eucaristía está presente el Señor glorificado, que es el crucificado: "Cada vez que comáis este pan y bebáis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga" (1 Co 11,26). El Señor se va, pero vuelve: "Dentro de poco, el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis" (Jn 14,19). 
14. Frente al escándalo de la cruz y de la tumba vacía (Jn 20,2), el Señor nos dice: "Esto es mi cuerpo". Es decir, buscadme en la eucaristía, la reunión de la comunidad: "Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1Co 12,27), él actúa a través vuestro. Es fundamental discernir el cuerpo del Señor, su presencia. Las divisiones pueden impedirlo. Como dice San Pablo a los corintios: "Cuando os reunís en común, eso ya no es comer la cena del Señor"(1 Co 11,20). Se impone, pues, la revisión: "Examínese cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propio castigo" (11,28-29). Hay que huir de la idolatría, no se puede participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios: "El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es acaso comunión con el cuerpo de Cristo?" (10,16).
15. Uno de los testimonios más antiguos de la eucaristía, la Didajé, redactada en Siria a finales del siglo I, manifiesta la importancia de la unidad: "Todo aquel que tenga contienda con su compañero, no se junte con vosotros hasta tanto no se hayan reconciliado, a fin de que no se profane vuestro sacrificio" (XIV,2; ver Mt 5,23-24). La eucaristía realiza la unidad de la Iglesia y es signo de ella: "Aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos" (1 Co 10,17). Se dice en la Didajé: "Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia" (IX,4). Por esa unidad ora Jesús: "Que todos sean uno" (Jn 17,21). La participación está abierta a todos: "Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación" (14,26), "podéis profetizar todos por turno" (14,31). Todo ha de hacerse "con decoro y orden" (14,40). 
16. La comunidad es la nueva familia del discípulo donde se vive el amor fraterno (Mc 4,34). La unidad de corazones lleva a una efectiva comunicación de bienes (Hch 4,32). En una sociedad dividida entre ricos y pobres, Jesús anuncia la buena nueva a los pobres, la "muchedumbre vejada y abatida" (Mt 9,36), sometida por los poderosos: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista" (Lc 4,18).    
17. Para los padres de la Iglesia, la eucaristía es a la vez "figura y realidad". El cambio se realiza durante la plegaria eucarística tomada como un todo, que comprende las palabras de Jesús y una invocación al espíritu. Dice San Cirilo de Jerusalén: "Pedimos a Dios, que ama a los hombres, que envíe al Espíritu Santo sobre la ofrenda y convierta el pan en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre; pues todo cuanto toca el Espíritu Santo queda santificado y transformado" (Catequesis mistagógicas, V,7). San Ambrosio influirá en la Iglesia de Occidente, insistiendo sobre todo en las palabras "del Señor Jesús" (De sacr.,IV,14-15). Dice el teólogo alemán M. Schmaus: "En el período posterior a los apóstoles, la Eucaristía se celebró durante largo tiempo con una oración de acción de gracias libremente formulada, la cual empalmaba con las palabras de bendición pronunciadas por Jesús...En el siglo XIII se impuso totalmente la persuasión de que la auténtica forma consagrante está en las palabras del Señor. La evolución de la Iglesia oriental siguió otro curso". 
18. Berengario de Tours (+1088), que se quedaba en el nivel simbólico, se verá obligado a firmar en 1059 una fórmula exagerada: "Nuestros dientes muerden el propio cuerpo de Cristo". Además, deberá firmar otra fórmula veinte años después: "El pan y el vino que se ponen en el altar, por el misterio de la sagrada oración y por las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustancialmente en la verdadera, propia y vivificante carne y sangre de Jesucristo Nuestro Señor...no sólo por el signo y virtud del sacramento, sino en la propiedad de la naturaleza y verdad de la sustancia" (D 355).
19. El concilio IV de Letrán, en 1215, quiere a la vez defender la realidad de la presencia de Cristo y el misterio sacramental de su presencia, "cuyo cuerpo y sangre se contiene verdaderamente en el sacramento del altar bajo las especies de pan y de vino, después de transustanciados, por virtud divina" (D 430). El concilio de Trento (1551) utiliza una fórmula semejante e introduce la palabra transustanciación: "Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación" (D 877). El concilio de Trento quiere asegurar la significación que para la Iglesia tiene la presencia real de Cristo en la eucaristía. Sin embargo, esta presencia no está ligada a categorías filosóficas (en este caso, aristotélicas). Más aún, el aristotelismo aplicado a la eucaristía es una modificación radical del auténtico aristotelismo, "que no toleraba tal separación entre la sustancia y los accidentes" (Schillebeeckx). 
20. La confesión de Augsburgo (1530) afirmó para las Iglesias de tradición luterana: "El verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo están verdaderamente presentes en la cena bajo la forma del pan y del vino, y de este modo son compartidos y recibidos" (nº X). En el documento de Lima (1982) sobre bautismo, eucaristía y ministerio la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de las Iglesias confiesa la "presencia real, viviente y operante de Cristo en la eucaristía" (nº 13). 
21. Entre los siglos XI y XIV se difunden ciertas prácticas de devoción realizadas fuera de la celebración misma de la eucaristía: genuflexión, incensación, adoración, comunión, oración ante el sagrario. "El sagrario (tabernáculo) estaba primeramente destinado a guardar dignamente la eucaristía para que pudiera ser llevada a los enfermos y ausentes fuera de la misa" (Catecismo de la Iglesia Católica, n.1379). Desde el siglo IX la eucaristía se llama misa (del latín: oblatio missa, ofrenda enviada). Es "el santo sacrificio de la Misa", donde se representa el mismo sacrificio de la cruz, aunque "de manera no cruenta" (Concilio de Trento, DS 1740 y 1743).
22. El craso realismo medieval (con historias de hostias que sangran) va demasiado lejos. Sea lo que sea, eso no es la sangre de Cristo, dice Tomás de Aquino (ST, III, q.76, a.8,c y ad 2). Cristo no está "encerrado" en el sagrario; allí están las especies sacramentales (ST,III,q.76,a.7,c; ver Hch 7,48-50). La eucaristía entraña un misterio de comunión, una realidad que resplandece en una señal, un sacramento del cuerpo de Cristo. "El signo consiste en una comida. La comida incluye los alimentos, el acto de comer y de beber y el hablar, que forma parte de toda comunidad humana. El hecho de que se trate de una comida instituida por Cristo distingue la cena eucarística de todo banquete profano" (Schmaus).
23. La presencia real de Cristo en la eucaristía es fruto de su palabra, pero esta palabra no es una fórmula mágica y automática que obra por el mero hecho de pronunciarse. Sin la acción del espíritu en la eucaristía, la palabra sería letra muerta. Pedimos al padre el don del espíritu para que se realice la presencia de Cristo. Según el Concilio Vaticano II, Cristo se hace presente de muchas maneras en la Iglesia: "sobre todo en la acción litúrgica", "en el sacrificio de la Misa", "en la persona del ministro", "sobre todo bajo las especies eucarísticas", "en los sacramentos", "en su palabra", "cuando la Iglesia suplica y canta salmos", donde dos o tres se reúnen en su nombre (SC 7). La eucaristía es la cumbre de la iniciación cristiana (LG 11; SC 10). 
24. Con el Concilio se recupera uno de los nombres antiguos: eucaristía. ¿Qué había antes del Concilio? Dice el obispo Luciani:“Una especie de subalimentación religiosa en muchas partes", "se nos contentaba con una religiosidad popular, que se nutría de prácticas y costumbres religiosas tradicionales, no vivificadas por el contacto con la liturgia y la palabra de Dios, no situadas dentro de una instrucción religiosa profunda. En la misma liturgia los laicos asistían pasivamente, como objeto y no como sujeto de los ritos santos, espectadores, no autores: en la medida en que el celebrante se distanció de la comunidad, siguiendo al altar situado cada vez más hacia el fondo del ábside, el pueblo no habló más y no pudo seguir las lecturas hechas por un lector que le volvía la espalda; el corazón de la misa, el canon, fue leído por el celebrante en voz baja, mientras, individualmente, cada cual decía una plegaria por cuenta propia sin mirar a los demás", "la liturgia renovada lleva al sentido de la familia, a la oración comunitaria” (Opera Omnia 4, 138-139).
25. Quienes presiden la eucaristía son "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1 Co 4,1;LG 21). Su función no es suplir la presencia de Cristo, sino estar al servicio de la comunidad "como en persona de Cristo cabeza" (PO 2). Dice San Ignacio de Antioquía (+107): "Que sólo sea considerada como legítima la eucaristía que se hace bajo la presidencia del obispo o de quien él ha señalado para ello" (Ad Smyrn.8,1).
26. La eucaristía es la reunión de la comunidad, "la actualización de la presencia de Cristo en medio de la comunidad y hasta lo profundo de todo corazón" (Von Balthasar). Lo que llamamos pan, vino, mesa, comunión es inconcebible sin la comunidad. "El Resucitado está en el corazón de las pequeñas cosas que forman la vida de la tierra" (Rahner). La comunidad lo percibe y lo celebra. La presencia de Cristo transfigura la reunión (cena) de la comunidad en la cena del Señor. La comunidad es el medio más sensible que tenemos para escuchar la palabra de Dios, reconocer la presencia de Cristo, acoger el don del espíritu. De una forma especial, en la comunidad podemos vivir las señales del evangelio (Mt 11,5).
* Diálogo: ¿Qué significa la eucaristía?, ¿es cuestión de comunión?, ¿es la reunión de la comunidad?, ¿nos alimenta el nuevo pan?