58. EL VINO NUEVO. Haced lo qué os diga

Creado en Miércoles, 20 Marzo 2013 Última actualización en Jueves, 23 Marzo 2017
58. EL VINO NUEVO
Haced lo qué os diga

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1. La experiencia del Evangelio lo hace todo nuevo: nueva creación, nuevo nacimiento, nuevo pan, nuevo templo, nuevo sacerdocio. El vino también es nuevo. Tras la llamada de los primeros discípulos, Jesús asiste a una boda en Caná de Galilea (Jn 2). La boda se celebra según los usos y costumbres de la tradición judía. Es un asunto familiar y privado. No se celebra en la sinagoga. Sin embargo, como todo en Israel, tiene una dimensión religiosa que incluye oración y bendición (ver Gn 24 y Tb 7,9,10). Entre los invitados está la madre de Jesús y está también Jesús con sus discípulos. En aquella boda se sirve el vino nuevo del Evangelio. ¿Qué supone esto?
2. El pasaje no se puede entender al pie de la letra. Su verdadero sentido está más hondo. Hay símbolos que hemos de interpretar y una señal del Evangelio que podemos vivir. Pues bien, fuera lo que fuera, en aquella boda faltaba algo importante: "Como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: No tienen vino". ¿Qué puede suponer? El vino es símbolo de fiesta (Is 25,6), de alegría (Sal 104,15), de amor. Dice la novia del Cantar de los Cantares: "Mejores son que el vino tus amores" (1,2), "te daría a beber vino aromado" (8,2). Además, el vino es símbolo de la sabiduría de Dios: "Como la vid he hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos de gloria y riqueza" (Eclo 24,17;ver Jn 1,17). De una forma especial, el vino es símbolo del Evangelio. Jesús ofrece el verdadero conocimiento de Dios, "el don de Dios" (Jn 4,10). Según Orígenes (185-254), "antes de Jesús la Escritura era agua, pero desde el tiempo de Jesús se ha convertido en vino para nosotros" (In Iohannem 13,62).
3. María percibe la necesidad: no tienen vino. "¿Qué nos importa a mí y a ti, mujer? Todavía no ha llegado mi hora". La respuesta de Jesús refleja cierta tensión que aparece en otras partes(ver Mc 3,33), parece rechazar una petición que considera inoportuna. La novedad que trae Jesús tiene su hora, que él no quiere anticipar, una hora que tiene su riesgo. Sin embargo, su madre sigue adelante y dice a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". El problema se puede resolver, los sirvientes (servidores) han de colaborar.
4. El lugar de la boda parece apropiado para la celebración: "Estaban allí colocadas seis tinajas de piedra para la purificación de los judíos, de unos cien litros cada una". Las tinajas son, como la vieja tradición, prácticamente inamovibles, de piedra (ver Ez 36,26), y con capacidad de muchos litros cada una. Su finalidad es la purificación de los judíos. Ya se sabe, los fariseos y escribas le reprochan a Jesús:"Tus discípulos comen con manos impuras, es decir, no lavadas", "los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos" (Mc 7,1-5). Pues bien, las tinajas están vacías. No es sólo cuestión de higiene. Es una cuestión moral. La necesidad continua de purificación procede de la conciencia de impureza, de indignidad, creada por la tradición. Esta obsesión con la indignidad humana aparece, a veces, con la práctica de la confesión antes de la boda. El nuevo Ritual del Matrimonio (1990) recomienda a los novios que en la preparación reciban, si es necesario, el sacramento de la Penitencia (n.18).
5. Les dice Jesús: "Llenad las tinajas de agua". Y las llenaron hasta arriba. Ahora, quien quiera puede lavarse. Al hacer llenar las tinajas, Jesús indica que a él le importa la verdadera purificación. Pero no lo hace con agua que, como la Ley, se queda fuera, lo hace con vino que alegra el corazón. Cambia el agua en vino: "Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala". Sorprendido por la calidad del vino e ignorando de dónde era, le dice al novio: "Todos sirven primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora". El maestresala reconoce que ahora el vino es bueno, pero no sabe de donde viene, piensa que viene de la bodega del esposo y no entiende por qué no lo ha sacado antes.
6. Los discípulos perciben la señal: "Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos". Los discípulos perciben en aquella boda lo que aporta Jesús. La señal sigue siendo actual. Podemos celebrar una boda con el vino viejo, que no es bueno y se acaba en pleno banquete. Podemos vernos remitidos a las "tinajas de las purificaciones", que quizá hay que llenar de agua. Finalmente, podemos ver la transformación del agua de la tradición en el vino del Evangelio. 
7. Esta primera señal de Jesús denuncia ya las viejas instituciones. El vino nuevo del Evangelio tiene un efecto demoledor sobre los viejos odres, revienta los pellejos viejos. Lo dice Jesús: "Nadie echa vino nuevo en pellejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder" "el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos" (Lc 5,37-38). Jesús cambia el agua de la tradición en el vino del Evangelio. Las viejas instituciones hacen lo contrario. 
8. No por casualidad, en el mismo capítulo está la purificación del templo, símbolo del viejo orden religioso. El viejo templo es denunciado: "No hagáis de la casa de mi padre una casa de mercado". Sus discípulos se acuerdan de que está escrito: "El celo de tu casa me devora" (Sal 69). Los judíos le dicen: "¿Qué señal nos muestras para obrar así?". Es decir, ¿con qué autoridad haces esto? En realidad, el viejo templo no sólo es denunciado, el viejo templo es sustituido. El nuevo templo es el cuerpo de Jesús: "No quisiste sacrificios ni holocaustos, pero me has preparado un cuerpo...Aquí estoy para hacer tu voluntad" (Sal 40). Jesús responde a los judíos: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré". Esto se distorsiona y se transforma en acusación contra Jesús (Mt 26,61). Jesús habla del templo de su cuerpo. La denuncia del viejo templo tiene un precio. Destruirán el templo de su cuerpo, pero él lo levantará "en tres días": "Cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús". . 
9. El ayuno es un ejemplo más del viejo orden religioso. Cuando los fariseos y los escribas le acosan porque sus discípulos no ayunan, les dice Jesús: "¿Podéis hacer acaso ayunar a los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio, entonces ayunarán" (Lc 5,34-35). Estamos invitados a un banquete de bodas y no lo entienden los aguafiestas. El Evangelio es un vestido nuevo, que no se puede utilizar para remendar el viejo. Es un vino nuevo, que revienta los pellejos viejos. Ahora bien, el vino nuevo del Evangelio no es del gusto de quienes prefieren el vino viejo de la Ley. Les parece mejor el viejo (5,36-39). 
10. Por lo que al matrimonio se refiere, los primeros cristianos se casan como todo el mundo, pero "en el Señor" (1 Co 7,39), acogen la vida que nace y no adulteran: "Se casan como todos; como todos engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. Ponen mesa común, pero no lecho" (A Diogneto 5,6-7). Tertuliano (hacia 160-220) proclama la gracia de casarse en el Señor: "¿Cómo podemos ser capaces de ensalzar la felicidad tan grande que tiene un matrimonio así; un matrimonio que la Iglesia une, que la oblación confirma, que la bendición marca, que los ángeles anuncian, que el Padre ratifica?" (Ad uxorem II 8,6.7.9). 
* Diálogo: ¿Entendemos el pasaje?, ¿interpretamos los símbolos?, ¿percibimos la señal del Evangelio?, ¿nos gusta el vino nuevo?