- QUITAD LA PIEDRA Desatadlo y dejadle andar

Creado en Miércoles, 29 Mayo 2013 Última actualización en Jueves, 23 Marzo 2017

- QUITAD LA PIEDRA
Desatadlo y dejadle andar


1. Jesús comparte su misión: "Resucitad muertos" (Mt 11,5). Podemos colaborar con él. En el pasaje de Lázaro (Jn 11) encontramos unos símbolos y unas pistas que facilitan vivir la señal del Evangelio: "quitad la piedra", escuchar la palabra que dice: "Sal fuera", "desatadlo y dejadle andar" (11,39-44). El cambio que anuncia el Evangelio es radical: un paso de la muerte a la vida. La tradición catecumenal y litúrgica de la Iglesia ha visto en el pasaje de Lázaro un test que sirve para revisar la experiencia de fe, que aparece aquí en una situación concreta: la de un hombre que muere en la plenitud de la vida.
2. Una grave enfermedad irrumpe de modo desconcertante en el círculo de amigos íntimos de Jesús, en Betania, en casa de Lázaro. Las hermanas enviaron a decirle: "Señor, aquél a quien tú quieres, está enfermo". Al oírlo Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es para muerte; es para gloria de Dios, para que el hijo de Dios sea glorificado por ella". En la Biblia interesa no sólo la causa de la enfermedad y cómo curarla, sino también su significado: ¿qué sentido tiene?, ¿qué puede hacer Dios en esta enfermedad?, ¿es para muerte o para gloria de Dios?
3. Jesús amaba a María, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. Tendría algo que hacer allí o quizá se lo tuvo que pensar, orar y discernir. Dos días después, dice a sus discípulos: "Volvamos de nuevo a Judea". Volver a Judea era meterse en la boca del lobo. Le dicen los discípulos: "Hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí? Pero Jesús lo tiene claro: "Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo".
4. Jesús descubre poco a poco su intención: "Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle". Los discípulos no entienden, necesitan que Jesús se lo diga claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí para que creáis". Para Jesús la muerte es un dormir del que se puede despertar. Ahora bien, ¿cómo se ha enterado Jesús de que Lázaro había muerto? ¿Por qué misteriosa comunión o comunicación? En cualquier caso, se alegra de no haber estado allí: el retraso tiene un sentido. Y la decisión está tomada: "Vayamos donde él". Los discípulos no han descubierto todavía la vida que anuncia Jesús, la vida que vence a la muerte, la resurrección como un despertar. Lo que tienen claro es el riesgo que corren: "Vayamos también nosotros a morir con él".
5. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Como medida de prudencia, Jesús no se acerca a la casa. Muchos judíos, que habían venido a consolar a las hermanas, la tenían ocupada. Betania está cerca de Jerusalén, a unos 3 kilómetros. Cuando supo Marta que había venido Jesús, le salió al encuentro y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Marta le hace un cierto reproche a Jesús. Está convencida de que, de haber estado allí, Jesús no hubiera permitido que Lázaro muriera. Sin embargo, ella sabe que cuanto pida a Dios, Dios se lo concederá.
6. Le dice Jesús: "Tu hermano resucitará". Responde Marta: "Ya sé que resucitará en la resurrección el último día". Marta sabe lo que le han enseñado y, a decir verdad, no le consuela mucho: el último día, al final de la historia. Responde Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?". Hay una diferencia entre lo que ya sabe Marta y lo que le anuncia Jesús. El es, en presente, la resurrección y la vida. Quien crea en él, aunque muera vivirá. Esto no sólo se dice de Lázaro, sino de cualquiera de nosotros. También para nosotros va dirigida la pregunta: ¿Crees esto? Marta responde con una confesión general de fe: "Yo creo que tú eres el Cristo, el hijo de Dios, el que había de venir al mundo".
7. Marta va a llamar a su hermana María y le dice al oído (de nuevo, la medida de prudencia): "El maestro está ahí y te llama". María se levanta rápidamente y le sale al encuentro. Sin embargo, los judíos la siguen (se viene abajo la medida de prudencia) pensando que iba al sepulcro a llorar allí. En estos casos, ¿qué hacemos nosotros? ¿Vamos al encuentro del Señor, que es la resurrección, o vamos al sepulcro a llorar allí?
8. María le repite a Jesús la posición familiar: "Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Como si se encontrara sin palabras, Jesús se echó a llorar. También él está afectado por la muerte de Lázaro. Dice Jesús: "¿Dónde lo habéis puesto?". Le responden: "Señor, ven y lo verás". Los judíos decían: "Mirad cómo lo quería". Pero algunos dijeron: "Este, que abrió los ojos al ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera? La oposición estaba presente. Jesús se conmovió de nuevo y fue al sepulcro.
9. Dice Jesús: "Quitad la piedra". La piedra separa definitivamente a vivos y muertos. Además, la muerte pesa como una losa: de eso no se habla. Ahora bien, ¿qué supone en cada caso quitar la piedra? En el destierro el pueblo de Israel es un campo de huesos secos. Pues bien, se les dice: "Huesos secos, escuchad la palabra del Señor...He aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel" (Ez 37,4-12; ver Is 49,9). En este caso, volver a casa es resucitar. Para San Agustín, "si no crees, aunque estés con los vivos, estás muerto". Lo prueba así: "A uno que aplazaba seguir al Señor, diciendo que debía ir antes a enterrar a su padre, le respondió: Deja que los muertos entierren a sus muertos" (Sobre el evangelio de San Juan 49,15). Ahora bien, si se trata de la muerte física ¿qué supone resucitar? ¿La reanimación del cadáver (vuelta a esta vida) o, más bien, la vida que anuncia Jesús (más allá de la muerte)? La familia se resiste, porque "huele, es el cuarto día", porque duele...Sin embargo, es preciso creer para ver la gloria de Dios. Aquí el que no cree, no ve.
10. "Quitaron, pues, la piedra". Jesús da gracias al padre por haberle escuchado (ver Sal 138). Sabe que siempre le escucha, pero lo dice por los que le rodean, para que crean que Dios le ha enviado. Jesús gritó con fuerte voz: "¡Lázaro, sal fuera!". Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto en un sudario. Jesús les dice: "¡Desatadlo y dejadle andar!". Jesús proclama una palabra fuerte, palabra que resucita a los muertos, palabra actual, como él había anunciado: "Llega la hora (ya estamos en ella) en que los muertos oirán la voz del hijo de Dios y los que la oigan vivirán" (Jn 5,25). Los demás han de remover dificultades, quitarle el traje de muerto, dejarle andar. A su modo, el resucitado también anda (Lc 24,15).
11. Muchos judíos creyeron en Jesús. Pero algunos, como era de prever, "fueron donde los fariseos y les contaron lo sucedido". Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo. Obviamente, no creen en las señales que realiza Jesús, pero ven que prenden como pólvora entre la gente: "Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación". O sea, se romperá el pacto político que tienen con el imperio. En el fondo, ven amenazada la seguridad del Templo y la seguridad del Estado: "Desde ese día decidieron darle muerte. Por esto Jesús no andaba ya en público entre los judíos" (Jn 11,53).
12. Seis días antes de la Pascua, de incógnito, Jesús fue a Betania: "le dieron allí una cena" (12,2). Lázaro "estaba con él a la mesa". A su modo, el resucitado también cena (Lc 24,30). El duelo se convirtió en fiesta (Is 61,3). Y el reproche en derroche: "María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume". Para Judas, el que lo había de entregar, es un gasto absurdo. Se podía haber vendido este perfume por trescientos denarios y haberlo dado a los pobres. Para Jesús la unción de Betania tiene un aire de despedida: "Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres los tendréis siempre con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis". Muchas judíos "supieron que Jesús estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro". Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro (12,10). Pero ¿acaso se puede matar a un resucitado? "No pueden ya morir", dice Jesús (Lc 20,36).

* Diálogo: ¿Crees esto? ¿Has visto la gloria de Dios?