MANUSCRITOS DE QUMRAN. La comunidad del desierto

Creado en Viernes, 05 Diciembre 2014 Última actualización en Sábado, 30 Abril 2016

MANUSCRITOS DE QUMRAN

La comunidad del desierto

Los manuscritos de Qumrán son, en su género, el descubrimiento más importante de los tiempos modernos. Escritos en hebreo, arameo y griego, fueron encontrados en 11 cuevas situadas en la región de Qumrán, a 20 kilómetros de Jerusalén. Detrás de los manuscritos hay un grupo, la comunidad del desierto, que presenta semejanzas y diferencias con las primeras comunidades cristianas. Los manuscritos fueron escondidos en las cuevas antes de que llegaran las legiones romanas en el año 68 d.C. y lo arrasaran todo. Qumrán es una región del desierto de Judá situada en la orilla occidental del Mar Muerto. Los montes y las cuevas del desierto son lugar de refugio. Se comprende lo que dice Jesús: “Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos,…entonces los que estén en Judea, huyan a los montes” (Lc 21,20-21). Los primeros cristianos andan “errantes por desiertos y montes, por cavernas y antros de la tierra” (Hb 11,38).

1.    EL DESCUBRIMIENTO

Los beduinos dicen que fue “en noviembre o diciembre de 1946” cuando descubrieron la primera cueva. Uno de ellos “fijó su atención en dos agujeros que, a modo de pequeñas ventanas, se abrían en una de las paredes del acantilado. El agujero inferior era muy pequeño, apenas podía entrar un gato; el agujero de la parte superior, que estaba aproximadamente a la altura de los ojos, permitía la entrada de un hombre delgado”, “arrojó una piedra a través del agujero pequeño, que produjo dentro un ruido inesperado; algo así como si la piedra se hubiera estrellado con una vasija de barro cocido”.

La cueva se hallaba cerca de Ain Fashka, a dos kilómetros de Qumrán. Dentro de la cueva había “unas diez tinajas cilíndricas alineadas en torno a las paredes de la cueva”, “todas las tinajas, menos dos, estaban vacías”, “una estaba llena de tierra rojiza”, la otra tenía “dos atadijos envueltos en lienzos de color verdusco y un rollo de pergamino sin envolver”. Aparecen así los tres primeros manuscritos o rollos: el Comentario a Habacuc, la Regla de la Comunidad y el Rollo de Isaías.

El asunto pasa a manos de anticuarios. Uno de ellos, en la semana santa de 1947, ofrece los rollos al monje sirio Atanasio, del monasterio ortodoxo de San Marcos de Jerusalén. El monje se toma su tiempo. Mientras tanto, los beduinos encuentran cuatro rollos más. Habiendo adelantado dinero, el anticuario Kando se queda con uno: al parecer, el Génesis apócrifo. Los otros tres son ofrecidos al profesor E. L. Sukenik, de la Universidad Hebrea de Jerusalén: una colección de Salmos de acción de gracias, la Regla de la Guerra y una copia muy fragmentada de Isaías.

Los tres primeros manuscritos, junto con el de Kando, son vendidos al monje Atanasio el 19 de julio  de 1947  por unos  100  dólares.  Los  otros  tres  los adquiere la Universidad Hebrea de Jerusalén el 29 de noviembre, el mismo día en que la ONU aprueba la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe.

El monje Atanasio, tras pedir información a diversas instituciones sobre la antigüedad de sus manuscritos, los presenta en la Escuela Americana. J. John C. Trever los examina, fotografía tres de ellos y, el 26 de febrero de 1948, envía unas fotos al mejor orientalista de Estados Unidos, W.F.Albright. El 15 de marzo recibe la respuesta: “Mi felicitación más cordial por el descubrimiento de los manuscritos más importantes de los tiempos modernos”.

Los manuscritos del monje Atanasio terminan en Estados Unidos. Tras diversas peripecias, son adquiridos por el gobierno de Israel, que paga por ellos 250.000 dólares. Los rollos vuelven a Jerusalén. A partir de 1965 están, junto con los tres adquiridos por la Universidad Hebrea, en el Santuario del Libro, que exteriormente presenta la forma de “una cobertera de vasija del mismo tipo de las que guardaban los rollos en la cueva de Qumrán” (Lamadrid, 24-40).

2.    CUEVAS Y RUINAS

Desde el primer momento se imponía un estudio arqueológico de la cueva. El estudio empieza el 8 de febrero de 1949. Dirige la excavación el dominico Roland de Vaux, director de la Escuela Bíblica de Jerusalén. La patrocina G.L. Harding, director del Departamento de Antigüedades de Jordania.

Era “una cueva natural abierta en la roca: medía unos ocho metros de larga por dos de ancha”. Los arqueólogos descubren con desolación que la cueva había sido “excavada” por los beduinos y los monjes sirios. Entre otras cosas, encuentran restos de unas 50 vasijas de cerámica, cuatro lámparas de aceite, tres escudillas, una olla, un cántaro, restos de seis filacterias, un peine de madera y, lo más importante, “unos 600 fragmentos de pergamino escritos, correspondientes, por lo menos, a unos 70 manuscritos”, “varios de estos fragmentos pertenecían a los rollos vendidos por los beduinos a los monjes sirios y a la Universidad de Jerusalén, con lo cual quedaba claro que aquellos procedían ciertamente de la esta cueva”.

“Estos rollos, diferentes por su edad, cuidadosamente guardaos en vasijas de una misma época, no son piezas entregadas al desecho, sino más bien un archivo o biblioteca escondida en un momento de peligro”, dice De Vaux en “Revue Biblique” (RB, 1949, 236). Los trabajos duran hasta el 5 de marzo. El material es trasladado al Museo Rockefeller de Jerusalén.

Los arqueólogos excavan también “unas ruinas a un kilómetro al sur de la cueva”, las ruinas de Qumrán. El Dr. Paul Kahle lo avisa en una conferencia que da en Oxford el 3 de enero de 1951: “Creo que los documentos fueron depositados en la cueva cuando todavía vivían las ruinas de Qumrán”, “es muy posible que una exploración de las ruinas aclare bastante el misterio de los manuscritos” (Lamadrid, 40-45).

En realidad, durante siglos las ruinas de Qumrán fueron visibles y atrajeron la atención de las gentes que atravesaban la zona: “Se podían ver montones de piedras, una cisterna o depósito, un acueducto y un cementerio con muchas tumbas”, dicen los expertos J.Vanderkam y P. Flint en su libro “El significado de los rollos del Mar Muerto” (pp. 17- 68).

La exploración de las ruinas va desde el 24 de noviembre al 12 de diciembre de 1951. La exploración proporciona la base para la teoría del dominico De Vaux: la existencia de una comunidad esenia que habría vivido en la zona de Qumrán desde el 130 a.C., aproximadamente, hasta el 31 a.C., año en que la zona fue sacudida por un terremoto. La comunidad aparece de nuevo (tras una interrupción) desde el 4 a.C. hasta el 68 d.C.

La primera excavación “se limitó al edificio principal de Qumrán y a unas cuantas sepulturas del cementerio contiguo”. Bien pronto se identificó “un gran edificio rectangular de 37 metros de largo por 30 de ancho, al cual iban adosadas varias construcciones”, también “un acueducto que recogía en invierno las aguas del vecino wadi Qumrán y las llevaba hasta unas cisternas que se abrían en el sudoeste del edificio”. Se encontró “una gran cantidad de cerámica totalmente idéntica a la cerámica de la cueva”, “una vasija entera exactamente igual que las vasijas de los manuscritos”, “objetos de piedra, vidrio y metales”, “varias monedas cuyas fechas iban desde el 37 antes de Cristo hasta el año 135 de nuestra era”. En la foto, wadi Qumrán y, al fondo, el Mar Muerto (Cordon Press).

Uno de los hallazgos más preciosos son “las monedas encontradas en casi todas las habitaciones del edificio”. Las 10 que se pudieron identificar siguen el orden siguiente: una de Herodes (37-4 a.C.), tres Augusto (29 a.C.-14 d.C.), dos de Tiberio (14-37 d.C.), dos de Agripa (41-44 d.C.), una de Claudio (41-54 d.C.), una de la segunda revuelta judía (132-135 d.C.).

Junto a las ruinas, se encuentra el cementerio principal con unas 1000 tumbas individuales. Según Magen Broshi, que fue director del Museo del Libro de Jerusalén, “necrópolis semejantes se han encontrado también en un par de lugares cercanos de la costa del Mar Muerto, al sur de Qumrán, y en algunos suburbios de Jerusalén, hacia el sur. Esta forma de enterrar era muy distinta de la que utilizaban como norma los judíos de aquel tiempo e implica una ruptura con la tradición de las tumbas de familia” (Broshi, 15).

Hay otro cementerio más pequeño un poco más abajo y otro en el vecino cauce, en el wadi Qumrán. En estos dos cementerios más pequeños fueron sepultadas unas 200 personas. Llama la atención el orden riguroso del cementerio principal: “más de mil tumbas, perfectamente alineadas, divididas en tres alas por dos paseos transversales”. También llama la atención “la ausencia de toda oferta funeraria y de todo objeto de adorno” (Lamadrid, 46-47).

En las excavaciones, “han sido abiertas a lo largo del tiempo 54 de estas sepulturas”. En estas pruebas aleatorias se constata que “en el cementerio principal había una sola tumba de mujer”, “en los cementerios secundarios había varias tumbas de mujeres y niños, pero también de hombres”, “es probable que en el cementerio principal fueran enterrados sobre todo  los  miembros  plenos  de  la  comunidad”,  “la  mayoría  de  los  sepultados  en  el cementerio tenían de 25 a 35 años, es decir, una edad media de 30, como se ha demostrado por la investigación de los esqueletos” (Stegemann, 59).

En un estudio de campo realizado en el verano de 2001, los arqueólogos encontraron en las inmediaciones del cementerio principal “un ataúd recubierto de cinc”. Ciertamente, en medio de la sobriedad funeraria general vemos aquí un elemento sorprendente. También se encontró “un antiguo mausoleo cercado por una pequeña muralla en el que se cree que hay más de un esqueleto”, dice Jaime Vázquez Allegue en su libro “Los manuscritos del Mar Muerto” (pp. 54-56).

Las ruinas de Qumrán, dice Lamadrid, “no corresponden a las características de una casa particular”. Las dimensiones de todo el conjunto en general (80 por 80 metros, es decir, unos 6.500 metros cuadrados) y la amplitud de las distintas dependencias son “una prueba clara del carácter comunitario del edificio”. Aunque el ángulo noroeste presenta el aspecto de una fortaleza, “el conjunto del edificio no responde a una instalación de orden militar, sino a un centro de vida religiosa”.

La sala mayor del conjunto tenía unos cien metros cuadrados: 22 metros de larga por 4’50 de ancha. Era un amplio comedor y sala de reunión. Junto a esta sala y comunicando directamente con ella, “había otra habitación que servía de almacén para la vajilla del comedor”. En la parte occidental de la sala había “un espacio cuidadosamente enlosado, a modo de plataforma circular”, que ocupaban  probablemente  los  dirigentes.  En una estancia, que servía como cocina, había restos de varias chimeneas. En la foto, ruinas de Qumrán (Cordon Press).

Los restos indican que se trata de un edificio de dos plantas. Los objetos hallados en este lugar permiten reconstruir este espacio, situando en la parte superior un escritorio o sala de escribas, “la habitación de los escribas” (Broshi, 14). Los fragmentos permiten reconstruir “una mesa estrecha, de unos cinco metros de longitud y medio de altura”. Hay “fragmentos de una o dos mesas más cortas”. Estas mesas estaban asociadas a “asientos bajos que estaban dispuestos a lo largo de las paredes”. Entre los escombros había “dos tinteros” (Vanderkam-Flint, 54).

En la parte oriental del edificio hay otras instalaciones, por ejemplo, “un molino para cereales, un horno para cocer el pan, varios silos”, En una estancia de esta zona se encuentran “tres pequeñas vasijas de barro cocido llenas de monedas de plata: la primera contenía 223 monedas, y las otras dos 185 y 150”. Son casi todas monedas de Tiro, fechadas entre los últimos años de los seléucidas (312-63) y el año 8 a.C.

En la parte sur del edificio se conservan los restos de una instalación de cerámica: “un depósito para lavar y amasar la arcilla, el hueco donde estaba instalado el torno del alfarero y dos hornos, uno para piezas grandes y otro para piezas pequeñas”. A esto se añaden las instalaciones industriales y agrícolas del oasis de Ain Fashka, descubiertas en 1958 a dos kilómetros de Qumrán. En la exploración también se detectan “dos  caminos parcialmente pavimentados”, uno conecta Qumrán con el oeste y otro va desde el sur hacia el oasis.

En Ain Fashka tenía lugar la producción de cuero al servicio de la manufactura de rollos que tenía lugar en Qumrán. Los esenios tenían rebaños de ovejas y cabras que proporcionaban las pieles. La manufactura de rollos estaba al servicio del estudio de la Ley. De este modo, “allí en el desierto” se prepara en el camino del Señor (RC VIII, 13- 16). La “editorial” de Qumrán facilita “la gran demanda de rollos” que requieren miles de esenios (Stegemann, 66-68).

Desde el primer momento, llama la atención el sistema hidráulico: piscinas destinadas al uso diario o ritual, depósitos, una gran cisterna rectangular, un acueducto. Según dice el historiador judío Flavio Josefo (37-100 d.C.) en La guerra de los judíos (GJ), los esenios se bañan a la hora quinta (once de la mañana) y, acto seguido, se reúnen en el comedor para rezar y almorzar (GJ 2,158).

La ocupación esenia de Qumrán termina de forma violenta: “Las flechas encontradas en las estancias del edificio y la capa negra de fuego y cenizas que cubre gran parte de las ruinas son pruebas inequívocas de un asalto violento”. Gracias al historiador Flavio Josefo, sabemos la fecha en que las legiones de Vespasiano pasan por Qumrán, arrasando todos los puestos de la resistencia judía. Vespasiano llega a Jericó a fines de mayo del año 68 d.C. Podemos suponer que días más tarde las legiones romanas arrasan Qumrán (ver Lamadrid, 93-98).

En la región de Qumrán se descubren 11 cuevas con manuscritos. Para distinguirlas entre sí se coloca un número delante de la Q de Qumrán: 1Q, 2Q, 3Q, etc. En febrero de 1952 los beduinos descubren cerca de la primera la cueva 2, en la que sólo hay fragmentos de manuscritos. En marzo, 500 metros al norte de la cueva 1, los arqueólogos encuentran la cueva 3, que contiene 14 fragmentos; a la entrada de la cueva, oculto entre piedras, quizá dejado allí por personas que huyen de Jerusalén, aparece el Rollo de  cobre, lista de lugares donde quizá pudo esconderse el tesoro del templo. En agosto, exploradores beduinos descubren junto a las ruinas de Qumrán la cueva 4, que contiene restos de 600 manuscritos. Mientras excavan la 4, unos 25 metros hacia el norte, los arqueólogos descubren la cueva 5, que contiene restos fragmentarios. A primeros de septiembre, los beduinos encuentran al oeste de las ruinas la cueva 6, que contiene restos de 31 rollos; gran número de ellos son papiros en vez de pergaminos. En la foto, la cueva 4 de Qumrán (Cordon Press).

Entre febrero y abril de 1955, los arqueólogos descubren otras cuatro cuevas en el terraplén de marga que está cerca de las ruinas. Las cuatro son artificiales. Con éstas son seis las cuevas que están al lado de las ruinas. Las cuevas están hundidas y en malas condiciones. La cueva 7 tenía diecinueve textos, la cueva 8 siete, la cueva 9 uno y la cueva 10 tenía un óstracon (tablilla de cerámica) con diez letras sueltas del alfabeto hebreo. La cueva 7 era “una cueva peculiar, porque todos los fragmentos hallados en ella estaban escritos sobre papiro y en griego”. Finalmente, en enero de 1956, los beduinos encuentran la cueva 11, en la que se hallan restos de unos treinta textos, incluyendo un rollo de salmos y el Rollo del Templo (ver Vanderkam-Flint, 29-32 y 321).

Los trabajos de cada campaña arqueológica son descritos por De Vaux en la “Revue Biblique” (RB, 1949, 586-609; 1953, 83-106; 1953,540-561; 1954, 206-236; 1956, 533-577; 1959, 225-255), también en las conferencias (Schweich Lectures) dadas por el dominico en la Academia Británica (1959) y publicadas después (Londres, 1961).

De Vaux indicó que hubo “una ocupación más antigua”, que pudo ser datada por la cerámica asociada con ella en torno a los siglos VIII-VII a.C. Es la fase israelita. Fue posible seguir el muro que rodeaba la instalación y determinar que la profunda cisterna redonda era parte de la estructura, así como el muro que discurría desde la esquina sureste de las construcciones hacia el sur. Los descubrimientos incluyeron el asa de una vasija con una inscripción hebrea que significaba “del rey” y un óstracon sobre el que había una inscripción en paleohebreo. De Vaux asoció el lugar con el pasaje donde se dice que el rey Ozías (783-742 a.C.) “construyó torres en el desierto y excavó muchas cisternas” (2 Cr 26,10).

Además de la fase israelita, De Vaux habla de una fase previa, “una reutilización antigua a pequeña escala del emplazamiento”, y de otra fase, “cuando los edificios fueron desarrollados en su extensión total”: “es difícil determinar exactamente la fecha exacta de estas primeras construcciones”, “es posible, pero no seguro que…comenzara durante el reinado de Juan Hircano (134-104 a.C.) porque parece que sólo duró poco tiempo y que el desarrollo de la comunidad requirió muy pronto una expansión de los edificios hasta que adquirieron su planta definitiva” (Vanderkam-Flint, 56).

Durante veinte años, entre 1946 y 1966, los beduinos y los arqueólogos exploraron cientos de cuevas a lo largo y ancho del desierto de Judá. Junto a los manuscritos de Qumrán, hay otros, como los de Murabba’at, documentos hebreos, arameos, griegos y latinos de la segunda guerra judía (De Vaux, RB, 1953, 245-267); los de Samaría, papiros del siglo IV a.C. (Cross, The Biblical Archaelogist 26, 1963, 110-121); los de Masada, varios textos bíblicos y numerosos fragmentos hebreos, arameos, griegos y latinos de la primera guerra judía (Yadin, Israel Exploration Journal, 1965, 1-120). El conjunto de estos documentos es conocido como “los manuscritos del Mar Muerto”.

3.    MANUSCRITOS

El número total de los manuscritos de Qumrán es sólo aproximado. Se cifra en torno a 850, 900 y más. En realidad, no es fácil contabilizarlos. En muchos casos, se trata de pequeños fragmentos. Además, muchos textos presentan ejemplares múltiples: “las cuevas de Qumrán albergaron ejemplares múltiples de hasta 350 composiciones independientes” (ver Vanderkam-Flint, 12). En la foto, manuscrito de Qumrán, Rollo del Templo (Cordon Press).

Entre los manuscritos de Qumrán hay textos bíblicos y no bíblicos, como comentarios bíblicos, textos apócrifos, documentos legales y otros documentos propios del grupo  de Qumrán. Los textos no bíblicos, “los 200 más amplios e importantes”, han sido traducidos al español por Florentino García Martínez en su libro “Textos de Qumrán” (1992). En 1991 se había publicado el libro de M. Baigent y R. Leigh titulado “El engaño de los rollos del Mar Muerto”. “Ahora que todos los rollos son accesibles en forma fotográfica, en trascripción y en traducciones, uno se pregunta qué hay en los rollos que pudiera considerarse por alguien como dañino para el cristianismo o que el Vaticano hubiera tenido interés y capacidad de suprimir. Uno de los efectos secundarios beneficiosos del acceso total a los rollos ha sido mostrar que la teoría de la conspiración de Baigent y Leigh carece de cualquier valor” (Vanderkam-Flint, 402).

En los primeros siglos, tanto Eusebio como Orígenes hablan de “manuscritos griegos y hebreos encontrados en una vasija, en la región de Jericó”, a unos 16 kilómetros al norte de Qumrán, en tiempos del emperador Antonino Caracalla (año 217 d.C.), juntamente con “una versión griega de los salmos que el mismo Orígenes iba a emplear como la sexta de sus Hexaplas”, transcripción en seis columnas (de ahí el nombre de la obra) del texto hebreo del Antiguo Testamento.

En efecto, dice Eusebio en su Historia Eclesiástica (HE) que “tan cuidadosa era la investigación que Orígenes hacía de las palabras divinas, que incluso aprendió la lengua hebrea, adquirió en propiedad las Escrituras originales, conservadas entre los judíos con los propios caracteres hebreos, y siguió la pista de las ediciones de otros traductores de las Sagradas Escrituras, aparte de los Setenta. Además de las traducciones trilladas y alternantes de Aquila, de Símaco y de Teodoción, descubrió algunas otras que, tras seguir su rastro, sacó a la luz, yo no sé de qué escondrijos, donde antes se ocultaban desde antiguo. Respecto de estas, por su oscuridad y por no saber él quiénes eran, solamente indicó lo siguiente: a saber, que una la encontró en Nicópolis, cerca de Accio, y la otra en otro lugar parecido. En las Hexaplas de los Salmos, al menos, después de las cuatro ediciones conocidas, no sólo puso una quinta traducción, sino incluso una sexta y una séptima; sobre una de ellas está indicada que fue hallada en Jericó, dentro de un jarro, en tiempos de Antonino, el hijo de Severo” (HE VI 16,1-3).

En el siglo VIII, el patriarca de Bagdad Timoteo envía una carta a su colega Sergio, metropolitano de Elam, en la que le dice: “Nos hemos enterado por judíos dignos de crédito, que hasta han sido instruidos como catecúmenos en el cristianismo, de que hace unos diez años fueron encontrados unos libros en los alrededores de Jericó, en una gruta. Se dice que el perro de un árabe que andaba de caza entró, persiguiendo una bestia, por un agujero. Al ver que tardaba en salir, entró su dueño detrás de él y se encontró con una pequeña vivienda allá dentro y varios libros en ella. El cazador fue a Jerusalén e informó a los judíos. Ellos vinieron en gran número y encontraron libros del Antiguo Testamento y otros libros en escritura hebrea”.

En el siglo X, el escritor caraíta Jacobo al-Qirqisani habla de una secta judía llamada “al- Magariya”, es decir, “los hombres de la gruta”, debido a que sus libros fueron encontrados en una gruta (Lamadrid, 43-44). Los caraítas son una corriente del judaísmo, cuya existencia consta ya en el año 641 d.C. La palabra hebrea “qaraim” significa lectores. Son “seguidores de la Escritura”, en oposición a los “seguidores de la tradición”.

Los manuscritos de Qumrán están encuadrados en un marco histórico y religioso bien definido. Pertenecen a la comunidad esenia de Qumrán, que vive en esta zona  desde   el 130 a.C., aproximadamente, hasta el 31 a.C., año en que la zona es sacudida por un terremoto, y desde el 4 a.C. hasta el 68 d.C. Todos los manuscritos, por tanto, son anteriores al año 68 d.C. Los más antiguos se remontan al año 250 a.C., es decir, son anteriores a la instalación de la comunidad en Qumrán.

Las excavaciones arqueológicas de las cuevas proporcionan un desmentido total a las acusaciones de falsificación y de fraude. La prueba definitiva de la antigüedad de los manuscritos fue realizada por el método conocido como Carbono 14. Análisis posteriores realizados mediante nuevas técnicas, como la espectometría de acelerador de masas y el análisis molecular de ADN antiguo, han confirmado la datación arqueológica de los manuscritos.

El significado de los manuscritos de Qumrán es inmenso. En los textos de Qumrán están representados con gran riqueza de copias prácticamente todos los libros del Antiguo Testamento. Antes de 1946, las copias más antiguas eran tres códices fechados entre los siglos IX y XI: el códice de El Cairo, el códice de Alepo y el códice de Leningrado. El llamado “papiro Nash”, fechado entre el 165 y el 37 a.C., no es un manuscrito sino una tira de pergamino que contiene el decálogo (Ex 20,2-17) y la oración “Escucha, Israel” (Dt 6,4-5). Los textos de Qumrán son la biblioteca de una comunidad esenia que nos permite conocer mejor el ambiente en el que nace el cristianismo. Hay que discernir las semejanzas y también las diferencias.

4.    PAPIROS GRIEGOS, FRAGMENTO DE MARCOS

El jesuita José O’Callaghan (1922-2001), profesor de papirología en el Instituto Bíblico de Roma, publica en 1972 el artículo “¿Papiros neotestamentarios en Qumrán?” (Bíblica 53, 91-100) y después el libro ”Los papiros griegos de la cueva 7 de Qumrán” (BAC, 1974). La cueva 7 fue explorada en 1955 y sus resultados se dieron a conocer en 1962. Las cuevas de Qumrán tenían - salvo pocas excepciones - textos hebreos y arameos. En cambio, la cueva 7 tenía “sólo papiros y papiros escritos en griego” (BAC, p. 27). En total, 19 fragmentos, “escritos por una sola cara”, “por consiguiente, se trata de trozos de rollo, no de códice” (p. 29). Hacia el año 80 d.C. se dio el paso del rollo al códice o libro. Entre la cerámica de la cueva se encuentra “una jarra que sobre sus hombros tiene escrito en negro dos veces el nombre de Roma (en hebreo)” (p. 22). Quizá se indica así la procedencia del contenido. Marcos dirige su evangelio a los cristianos de Roma.

El fragmento más importante es el 7Q5, es decir, el quinto de la séptima cueva de Qumrán. Conserva los restos de veinte letras en cinco líneas. Sólo once son legibles con toda certeza. En la primera línea queda una sola letra. En la cuarta aparecen cuatro, que si las trascribimos al castellano son NNES. Tras descartar la palabra egeNNESen (engendró), el jesuita pensó en la palabra GeNNESaret. Se metió de lleno en el estudio de los evangelios y llegó al pasaje de Mc 6, 52-53. La coincidencia era total. Hasta las letras que en el fragmento habían quedado mutiladas o borrosas, cobraban toda su luz. En la segunda línea aparecen estas letras: auTOn e kardía (su corazón). En la tercera línea: KAI Tiaperásantes (y habiendo hecho la travesía; diaperásantes, la fluctuación t-d es frecuente). En la quinta línea: prosormisZESan (desembarcaron).

Algunos objetan que la reconstrucción del jesuita es “poco convincente”, omite “epi ten gen” (hacia tierra): “la línea 4 sería demasiado larga”, “esta variante textual no tiene el apoyo de ningún manuscrito del Nuevo Testamento” (Vanderkam- Flint, 324-325). Ahora bien, de suyo, el inciso “hacia tierra” no es necesario: “Y habiendo hecho la travesía (hacia tierra) llegaron a Genesaret y atracaron”. Una “omisión secundaria” e incluso “un primitivo texto más breve” no parecen imposibles, dice C.M. Martini (p. 61). El fragmento encaja bien en el texto griego de Marcos, no en el paralelo de Mateo (Mt 14, 33-35). En la foto, el fragmento 7Q5 encaja en el texto de Marcos.
Los papirólogos afirman que ese fragmento (de estilo elegante, época herodiana) “puede datarse del 50 a.C. al 50 d.C.” (p. 44). A ello se añade la contundente prueba matemática e informática del que fue ilustre profesor de la Universidad Complutense Alberto Dou (1915-2009). La probabilidad de que el 7Q5 sea cualquier otro texto en griego y no sea el texto de Marcos es “de una contra 10 mil millones”. Estadísticamente, una cifra así es considerada como definitivamente segura.

En conclusión, "este papiro, este fragmento, es de Marcos y es del año 50" (ver también O'Callaghan, Los primeros testimonios del Nuevo Testamento, El Almendro, Córdoba, 1995). Es una constelación de datos, las piezas encajan. Esto tiene consecuencias: el evangelio de Marcos se compuso antes de lo que suele suponerse. Por lo demás, no es de extrañar que los discípulos, ante el asedio de Jerusalén, recordaran la palabra de Jesús, huyeran a los montes (Mc 13, 14; Lc 21, 20-21) y se refugiaran en las cuevas de Qumrán. Hay “más de doscientas cuevas, escondrijos y fisuras” (Lamadrid, 57).

En el libro “Témoin de Jésus” (1996) el papirólogo alemán Carsten Peter Thiede (1952- 2004), reconocido por sus investigaciones de los rollos del Mar Muerto, confirma la investigación de O’Callaghan. Veamos algunos aspectos.

La cueva 7 de Qumrán es particular y se distingue de las demás. Sus 18 fragmentos (a los que hay que añadir el 19, una tableta de arcilla seca que presenta una escritura inversa, la impresión de un papiro perdido) proceden de rollos, están escritos exclusivamente en griego y todos son papiros. No hay más que otros seis textos griegos en Qumrán –todos en la cueva 4- entre cientos de rollos hebreos y arameos. Además, solamente dos de los rollos griegos de la cueva 4 son papiros (los otros cuatro están en cuero).

Hay un hecho que realza la importancia de la cueva: “Después del año 68 d.C., ningún rollo ha podido ser depositado en este lugar. Ese año Qumrán y los alrededores de las cuevas fueron devastados por la décima legión romana ‘Fretensis’. Si los fragmentos de la cueva 7 son autentificados como cristianos, entonces tenemos la prueba material de la existencia de un rollo cristiano anterior a la introducción del códice” (Thiede, 48).

Pero ¿esos documentos no pudieron ser metidos en la cueva después del 68, por ejemplo, en la revuelta de Bar Kochba (132-135)? “Las excavaciones arqueológicas más cuidadosas, dice Thiede, confirman que Qumrán no ha sido rehabilitado ni frecuentado después del 68, a diferencia de otros lugares del Mar Muerto. Además, y esto es aún más importante, el hecho indiscutible de que estos rollos cristianos son rollos excluye tanto la reapertura de la cueva después del 68 como su depósito ulterior a esta fecha, alrededor de 132-135. En el curso de los primeros decenios del siglo II, sólo códices habrían podido ser depositados en la cueva 7 y no rollos”.

Un dato importante: “Mucho tiempo antes de que O’Callaghan identificara el fragmento 7Q5, había sido agregado por Colin H. Roberts al “Zierstil”, estilo florido. Ahora bien, este estilo de escritura tiene el apogeo de su popularidad a comienzos del siglo I. El 7Q5 puede ser considerado como un ejemplo tardío de este estilo y se puede pensar, con Roberts, que no es probablemente posterior al año 50 d.C. Dado que es posible que este estilo de escritura haya caído en desuso más lentamente, se pueden añadir eventualmente algunos años. Pero la fecha fijada en el año 68 por la arqueología limita el margen que teóricamente podemos conceder” (Thiede, 48-50).

Pero ¿los fragmentos de rollos descubiertos en la cueva 7 de Qumrán son indiscutiblemente cristianos? La controversia no ha cesado desde 1972.

“Los papirólogos más renombrados abogan por una atribución del fragmento 7Q5 al Evangelio de san Marcos”, dice Thiede. Uno de los miembros judíos del comité editorial de los manuscritos de Qumrán, Shemaryahu Talmon, ha defendido públicamente la posibilidad del origen cristiano de la cueva 7. En 1994, Orsolina Montevecchi, presidente honorario de la Asociación Internacional de Papirólogos, ha resumido los resultados de sus análisis con estas palabras: “Yo no pienso que pueda subsistir la menor duda sobre la identificación de 7Q5” (Thiede, 50).

Dato histórico y arqueológico. Uno de los lugares destruidos por los romanos fue la ciudad de Genesaret, donde precisamente Marcos sitúa su relato. Ahora bien, las palabras “epi ten gen…eis Gennesareth” (hacia el país…de Genesaret) resultan necesarias después de la destrucción del lugar habitado que llevaba el mismo nombre que el lago, a fin de evitar todo malentendido” (Thiede, 56).

En cuanto a la fluctuación t-d, hay que recurrir a la papirología: “Al menos veinte manuscritos bíblicos contienen cambios análogos de consonantes”. Y también a la epigrafía: “Cuando Herodes el Grande reedifica el templo, pone una inscripción en el segundo muro: se prohíbe la entrada a los extranjeros (no judíos) bajo pena de muerte. Esta inscripción es mencionada por el historiador judío Flavio Josefo (AJ, 15,417)”.

El texto inscrito dice: “Ningún extranjero puede entrar dentro de los límites que marcan el santuario. Quien sea sorprendido, tendrá que reprobarse a sí mismo el ser ejecutado sin dilación”. Dos copias literales de esta inscripción han sido descubiertas por los arqueólogos. Una de ellas, entera, está hoy en Estambul y la otra, un fragmento, en el museo Rockefeller de Jerusalén. La ortografía es sorprendente: la palabra griega “medena” (ningún) está escrita “methena”. En cuanto a la palabra “dryphakton” (barrera de piedra) está escrita “tryphakton”.

En la segunda línea del fragmento 7Q5 aparecen estas letras: auTOn e kardía (su corazón). La última letra de la palabra griega “auTOn” es una “nu” (n). Pero algunos críticos hacen una lectura diferente: no es una “nu”, es una “iota” (i). ¿Quién tiene razón?

En abril de 1992 Thiede llevó el papiro 7Q5 al Departamento Forense de la Policía nacional israelí de Jerusalén para analizar el problema con un microcopio más potente que los que generalmente se usan en las universidades. O’Callaghan tenía razón: la letra es una “nu” (Thiede, 58-62).

En conclusión, “hay un fragmento de un Evangelio que procede de un rollo de papiro: es un fragmento de la cueva 7 de Qumrán, el 7Q5, que contiene los versículos 52 y 53 del capítulo 6 de san Marcos. Debe ser anterior al año 68 d.C. y podría remontarse al año 50” (Thiede, 68).

En su momento, el periodista Juan Vicente Boo dio a conocer la investigación del papirólogo alemán, realizada con sus métodos de análisis y con nuevos instrumentos de precisión que permiten ver “hasta veinte capas distintas en el manuscrito, sacando a la luz trazos invisibles al ojo humano” (ABC, 13-10-1996).

Un dato más. Lo recoge el periodista Pedro Corral en su artículo “Un jesuita español, pionero en los nuevos descubrimientos”. La estudiosa italiana Ilaria Ramelli hizo pública en 1996 una tesis clamorosa: Petronio, el literato de la corte de Nerón que se suicidó en el año 66 a causa de las intrigas de Tigelino, la mano derecha del emperador, conocía ya en detalle el Evangelio de San Marcos.

La profesora Ramelli dice haber identificado en el “Satyricon”, la más célebre obra de Petronio, escrita entre el 64 y el 65, diversos pasajes que aluden, en tono de mofa, al Evangelio de San Marcos: “Se trata de episodios como la Unción de Betania, la Última Cena y la Resurrección, que Petronio da muestras de conocer extraordinariamente bien, ofreciendo al lector detalles muy significativos de la vida y de la enseñanzas de Jesús que sólo aparecen en el relato de San Marcos y no en el de los otros Evangelistas”.

La tesis de la profesora Ramelli viene a probar, como ha sostenido siempre la tradición cristiana, que el Evangelio de San Marcos fue redactado en Roma sobre la base de la predicación de Pedro, de quien Marcos habría sido colaborador (ABC, 13-10-1996).

5.    LOS ESENIOS

En ninguno de los manuscritos figura la palabra “esenio” ni se habla de ellos. Sin embargo, los habitantes de Qumrán son identificados con los esenios. Según el filósofo judío Filón de Alejandría (20 a.C.-50 d.C.), los esenios “viven en muchas ciudades de Judea y en muchas aldeas, y agrupados en grandes asociaciones de muchos miembros” (Hypothetica 11,5).

El escritor latino Plinio el Viejo (23-79 d.C.) recoge esta información: “En la parte occidental del mar Muerto, distanciados prudentemente de sus aguas malsanas, viven los esenios, un pueblo singular y admirable entre todos los pueblos de la tierra: sin mujeres, sin amor y sin dinero, con la sola compañía de las palmeras. Se renueva regularmente gracias a la nutrida afluencia de los que se ven empujados hacia allá por el hastío de la vida y los reveses de la fortuna. De esta manera se perpetúa a través de los siglos este pueblo en el que nadie nace” (Historia natural 5, 17,4).

El historiador Flavio Josefo comenta en La guerra de los judíos (GJ) que hay tres grupos o sectas: el de los fariseos, el de los saduceos y el de los esenios, “que todos piensan ser el más aprobado” (GJ 2,119-161). En su libro Antigüedades de los judíos (AJ) añade: “Los esenios consideran que todo debe dejarse en las manos de Dios. Enseñan que las almas son inmortales y estiman que se debe luchar para obtener los frutos de la justicia. Envían ofrendas al templo, pero no hacen sacrificios, pues practican otros medios de purificación. Por este motivo se alejan del recinto sagrado, para hacer aparte sus sacrificios. Por otra parte, son hombres muy virtuosos y se entregan por completo a la agricultura” (AJ 18,18-19), “este sistema de vida lo practican un número de hombres superior a los cuatro mil” (AJ 18,20).

Dice también Josefo: “Los esenios manifiestan una disciplina más severa; son judíos de nacimiento y están extrañamente unidos, se abstienen de la búsqueda de placeres, por ser un vicio, y consideran como virtudes la templanza y el dominio de las pasiones, desprecian el matrimonio y eligen a los hijos de los demás mientras todavía son dóciles y fáciles de enseñar, y los moldean según sus ideas”, “desdeñosos de las riquezas, comparten sus bienes” (GJ 2, 120). Hay un grupo de esenios que se casan, aunque sólo toman mujeres después de “haberse probado capaces de tener hijos” (GJ 2,160-161), “son los más rigurosos entre todos los judíos en cuanto al descanso sabático: no sólo preparan la comida de víspera para no tener necesidad de encender el fuego el séptimo día, sino que ni siquiera se atreven a mover un objeto de su sitio” (GJ 2,147).

En su Autobiografía dice Josefo: “Cuando tenía alrededor de dieciséis años, quise tener experiencia personal de las sectas que hay en nuestro pueblo”, “de este modo, pensaba yo, si conocía todas ellas podía escoger la mejor. Así, a fuerza de ser duro conmigo mismo y de soportar muchas cosas, pasé por las tres, y después de haber comprobado que ninguna experiencia de aquellas me resultaba suficiente, oí hablar de un tal Banus que vivía en el desierto, llevaba un vestido hecho de hojas, comía alimentos silvestres, se lavaba varias veces de día y de noche con agua fría para purificarse, y me hice su discípulo. Después de estar con él durante tres años (del 54 al 56 d.C.), una vez cumplido mi propósito, regresé a la ciudad. A la edad de diecinueve años comencé a participar en la vida ciudadana conforme a los principios de la secta farisea” (II, 10-12).

El escritor cristiano Hegesipo (110-180 d.C.) afirma en sus Memorias: “Existían diferentes opiniones en la circuncisión, entre los hijos de los israelitas, contra la tribu de Judá y contra el Cristo, a saber: esenios, galileos, hemerobautistas, marboteos, saduceos y fariseos” (Eusebio, HE IV, 22).

Algunos creen que el movimiento esenio tuvo su origen en Babilonia durante el destierro (587-537 a.C.). Sin embargo, otros lo sitúan en el grupo de los “hasidim” (piadosos) de la época macabea (164-63 a.C.), que se oponen a la helenización progresiva del país.

El término griego “essenoi” o “essaioi” deriva, probablemente, del arameo ”hasín”, que significa “piadosos”, en hebreo “hasidim” (ver Léon-Dufour, Diccionario del Nuevo Testamento). Para designar a los esenios Filón emplea el término “hosios”, que equivale al arameo “hasya”, que significa piadoso. Así pues, esenios y piadosos serían equivalentes. En realidad, los esenios y los fariseos descienden del mismo tronco de los “hasidim”, pero ambos grupos tienen evoluciones diferentes.

Los judíos piadosos, llevados por su fidelidad a la Ley, “se reunían en pequeños grupos, que venían a ser las minorías que mantenían el nivel espiritual del pueblo”. Son las asociaciones judías (haburoth). La observancia de la Ley explica la oposición constante entre las asociaciones y “el pueblo de la tierra”, es decir, el pueblo ignorante de la Ley (ver Lamadrid, 120 y 217-218): “esa gente que no conoce la ley” (Jn 7,49). Se dice en los Hechos que el día de Pentecostés había en Jerusalén “hombres piadosos” venidos de todas partes (Hch 2,5).

El profesor alemán Harmut Stegemann en su libro “Los esenios, Qumrán, Juan Bautista y Jesús” (pp. 161-182 y 217) aporta datos interesantes. En el año 175 a.C., la helenización se agudiza con Antíoco IV Epífanes. El sumo sacerdote Onías, que se opone a la cultura dominante, es destituido. En su lugar entra su hermano Jasón, que manda construir un gimnasio en el que muchachos y hombres en la mayoría de los casos compiten desnudos. En el año 172 a.C. compra el cargo de sumo sacerdote Menelao.

En el 170 a.C., Menelao manda asesinar a Onías, que se encuentra refugiado en un santuario de asilo sirio y que para muchos judíos es el sumo sacerdote legítimo. Los esenios convierten después la fecha de este asesinato en el comienzo de la última fase de la historia del mundo, de cien años de duración, hasta la llegada del juicio de Dios.

En el año 168 a.C. Menelao impone una legislación religiosa que castiga con la pena de muerte el culto según la Ley, la posesión de rollos de la Ley, la circuncisión de los niños y la observancia del sábado. Esta legislación obliga a los judíos piadosos “a ocultarse en toda clase de refugios”. Un año después el culto a Yahvé es sustituido por el culto al dios griego Zeus Olimpio. Es “la abominación de la desolación” (1 Mac 1,53-54).

La política de Menelao conduce no sólo al exilio, sino también a la resistencia armada. Matatías y sus hijos, los macabeos, se niegan a hacer las ofrendas paganas. Matatías mata con sus propias manos al primer habitante del lugar que se dispone a presentar la ofrenda pagana. Después huye con sus hijos a la montaña y forma un grupo armado de resistencia. Se les unen muchos que bajan “al desierto para establecerse allí con sus mujeres, sus hijos y sus ganados” (1 Mac 2,1-28).

En el año 162 a.C. muere Menelao. Como sucesor suyo el gobierno seléucida establece a un sacerdote llamado Alcimo. Los “hasidim” organizados al este del Jordán le envían una delegación para tratar de ordenar el culto en Jerusalén, pero Alcimo “prendió a sesenta de ellos y los hizo morir en un mismo día” (1 Mac 7,16). En el año 159 a.C. muere Alcimo. En el 157 a.C. los seléucidas hacen un tratado de paz con el macabeo Jonatán, comandante militar judío.

En el 152 a.C. Jonatán arrebata por la fuerza el cargo de sumo sacerdote al Maestro de Justicia, que huye de Jerusalén y se refugia en Siria. Como se dice en el Documento de Damasco (CD): “los que se mantuvieron firmes escaparon a Damasco”. El Maestro de Justicia es “la estrella”, “el intérprete de la Ley que vendrá a Damasco, como está escrito: Una estrella avanza desde Jacob y se alza un cetro desde Israel. El cetro es el príncipe de toda la congregación y cuando surja arrasará a todos los hijos de Set” (CD-A VII, 13-21). El Maestro de Justicia fue sumo sacerdote en Jerusalén. Lo prueban sus títulos: “el que enseña justicia”, “el único maestro”, “el intérprete de la Ley”.

En 1864 se descubren en una sinagoga de El Cairo dos manuscritos, uno del siglo X y otro del siglo XII. Son dos copias de una misma obra, Documento de la Nueva Alianza en tierras de Damasco, en forma abreviada, Documento de Damasco. La presencia de nueve copias del documento en las cuevas de Qumrán confirma la relación del Documento de Damasco con los esenios, como había afirmado en 1912 Israel Levi (Lamadrid, 213-214).

Otros datos interesantes: “Los sacerdotes son los convertidos de Israel que salieron de la tierra de Judá; y los levitas son quienes se les unieron; y los hijos de Sadoc son los elegidos de Israel, los llamados por el nombre, que se alzarán en los últimos tiempos” (CD-A IV, 2-4). Numerosos sacerdotes, “hijos de Sadoc”, y altos funcionarios de la administración del templo huyen con el Maestro de Justicia y forman su estrecho grupo de colaboradores. El Maestro de Justicia envía una carta a Jonatán para que renuncie al cargo de sumo sacerdote y se limite a la dirección política del país. Jonatán rechaza la petición e intenta asesinar a su molesto rival en su propio lugar de refugio, pero el Maestro de Justicia se encuentra fuera.

Interpretaciones diversas de la Ley llevan a que una parte de los “hasidim” se oponga a los esfuerzos de unificación de todo Israel que lleva a cabo el Maestro de Justicia y se constituya bajo la forma de los “fariseos”, como organización independiente. Con relación a la interpretación de la Ley, los esenios coinciden en parte con los saduceos. La separación entre estos dos grupos se debe en parte a razones políticas. Los fariseos, en cambio, se van convirtiendo cada vez más en el polo opuesto de los esenios.

Para los esenios tener “dos mujeres en sus vidas” contradice el plan de Dios sobre el matrimonio: “varón y hembra los creó” (CD-A IV, 20-21). Todo varón, cumplidos los 20 años, tenía que casarse lo antes posible. Muchas mujeres mueren prematuramente de fiebre, puerperio y otras enfermedades. Los hombres, en cambios, llegan con frecuencia a más de 60 años. Muchos esenios no viven en matrimonio, pero no como célibes, sino porque aún no se han casado o porque son viudos o separados.

Según Flavio Josefo, el rey Herodes (37-4 a.C.) tuvo una gran estima de los esenios. Incluso los eximió del juramento de fidelidad que exigía a todos los súbditos, aunque en el caso de los fariseos no lo imponía por la fuerza. Como razón de esa estima, Josefo aduce un relato, real o legendario. Un esenio llamado Menahén se encontró con el joven Herodes camino de la escuela y le dejó mudo de estupor al saludarlo como “rey de los judíos”. Cuando de hecho fue rey, Herodes mandó llamar al esenio y le preguntó cuál sería la duración previsible de su reinado. “Al menos de 20 a 30 años”, respondió Menahén. Herodes lo despidió con un apretón de manos y, a partir de entonces, privilegió a los esenios  (AJ 15,368-369).

En la época de Josefo había más de 4.000 esenios. Estos pudieron tener su representación en el sanedrín y pudieron contribuir a la reconstrucción del templo, comenzada el año 20 a.C. y llevada a cabo por Herodes. Muchos detalles de la construcción terminada en el 62 d.C. coinciden con las medidas del Rollo del Templo, manuscrito de Qumrán. Los esenios podían tener interés en preparar un templo adecuado para el ejercicio del sumo sacerdocio que volvería a ser legítimo con la llegada del Mesías.

El vienés experto en judaísmo Günter Stemberg muestra en su libro “Fariseos, saduceos, esenios” (1991) la fuerte influencia de los esenios en las tradiciones rabínicas posteriores. La razón de esa influencia es el gran conocimiento de la Biblia que todos ellos tienen. Los esenios son el grupo experto en la Escritura. En el Nuevo Testamento no aparecen como los esenios, sino como los “letrados” y los “herodianos” (Stegeman, 294-295).

El “letrado” o “escriba” es “el hombre del libro”, especialista e intérprete oficial de la Escritura. Al término de prolongados estudios, el estudioso es ordenado escriba, lo cual le confiere autoridad en las decisiones jurídicas. Jesús reprocha a los escribas sus excesos debidos a su ciencia y al deseo de honores (Mt 23, 1-22; Lc 11,46). El término aparece en labios de Jesús para designar a sus discípulos (Mt 13, 52; 23,34; ver Diccionario del Nuevo Testamento).

En los evangelios aparecen los herodianos como un grupo religioso distinto junto a saduceos y fariseos (Mc 3,6; 8,15; 12,13). Los zelotes, partidarios de la revolución violenta, son un grupo radical fariseo.

También algunos padres de la Iglesia, como Hipólito de Roma en su obra “Refutación de todas las herejías” (escrita hacia 222 d. C,) y Epifanio de Salamina en su obra “Recetarios” (escrita hacia 375 d. C.) mencionan a los herodianos como un grupo religioso del judaísmo junto a saduceos y fariseos.

Al principio, los esenios sitúan la llegada del juicio de Dios en el año 70 a.C., “unos cuarenta años” después de la muerte del Maestro de Justicia (CD-B XX, 13-17; ver XIX, 33-XX, 1). Cometiendo un error de época (de 27 años), hacen sus cálculos a partir del destierro (587 a.C.) y de los textos de Ezequiel (Ez 4,5-6) y de Daniel (Dn 9,24). Ezequiel cifra en 390 más 40 los años que Israel llevaría la pesada carga de su culpa. Daniel habla de “setenta semanas” (70 x 7 = 490). Como en otro tiempo lo hiciera Israel, los esenios esperan cuarenta años en el desierto la entrada en la tierra prometida. Luego reconocen su error y, en virtud de una nueva interpretación de Daniel, determinan que el juicio de Dios (con la victoria del Mesías) llegaría en el año 70 d.C.

En el año 66 d.C. comienza la rebelión judía contra la soberanía romana. Faltaban todavía cuatro años para el plazo final calculado. Sobre la cuestión de si se debía esperar pacientemente la actuación de Dios o participar de forma activa en su preparación, los esenios están divididos. Según Josefo, Juan “el esenio” es uno de los comandantes rebeldes. Cae en un ataque a la ciudad de Ascalón el año 66 d.C. (GJ 3,9-21).

6.    LA COMUNIDAD DEL DESIERTO

Detrás de los manuscritos del Mar Muerto hay un grupo al que sus miembros llaman “comunidad”, también “congregación”, “asamblea”, “sociedad”, “los numerosos”, “los santos”, “los hijos de la luz”, “los pobres”, “una construcción”, “un santuario”, “una plantación en medio del desierto”, “el resto”, la comunidad de la “nueva alianza” anunciada por los profetas.

Según el profesor de la Universidad de Jerusalén Shemaryahu Talmon, el grupo de Qumrán “es el máximo exponente de un movimiento religioso que hunde sus raíces en el profetismo tardo-postexílico”, la punta de lanza de la Comunidad de la Nueva Alianza: “sus miembros se retiraban al desierto durante unos años viviendo con rigor las exigencias legales, observaban el celibato al menos durante ese tiempo y se preparaban intensamente para desenvolverse luego en las circunstancias normales entre sus contemporáneos”.

Como se dice en la Regla de la Comunidad (1QS), sus miembros se separan de la congregación de los hombres de iniquidad “para formar unas comunidad en la Ley y en los bienes, y sometiéndose a la autoridad de los hijos de Sadoc, los sacerdotes que guardan la alianza” (1QS V, 1-2). La palabra Sadoc (también saduceo) deriva del hebreo “saddiq”, que significa “justo”. La descendencia del sumo sacerdote Sadoc (2 Sm 8,17) ejerce el sacerdocio en el templo de Jerusalén. Los sacerdotes que no son “hijos de Sadoc” se consideran ilegítimos.

Como queda dicho, en el 152 a.C. Jonatán arrebata por la fuerza el cargo de sumo sacerdote al Maestro de Justicia, que huye de Jerusalén y se refugia en Siria: “los que se mantuvieron firmes escaparon a Damasco”. Por tanto, un grupo de esenios se separa de los hombres de impiedad bajo el liderazgo de un sumo sacerdote destituido, llamado Maestro de Justicia. En los manuscritos, no aparecen los nombres reales.

Antes o después, la comunidad se establece en Qumrán. Teniendo en cuenta la sala de reunión y el número de tumbas en los años de vida de la comunidad, “en Qumrán había normalmente unos 50 miembros”, “es seguro que no podían ser muchos más” (Stegemann, 58). Sin embargo, según Magen Broshi, “todas las cuevas de marga son artificiales”, “la mayoría, si no la totalidad de los miembros de la comunidad, residían en este tipo de cuevas” (Broshi, 14).

La comunidad de Qumrán se abastece de comidas mediante el cultivo de las mesetas encima de los acantilados y el cultivo del oasis de Ain Fashkha, situado cerca de un manantial y en el límite de un terreno irrigado por otros caudales. La hierba de la llanura y de la montaña se utiliza para la alimentación de rebaños (Atlas de la Biblia, p.161).

Sin duda, la comunidad de Qumrán contempla la visión de Ezequiel. La fuente que sale del nuevo templo es fuente de vida, lo sanea todo: “Esta agua sale hacia la región oriental, baja a la estepa, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada. Por donde quiera que pase la corriente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá”, “los peces serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes a donde llega la corriente. A sus orillas vendrán los pescadores; desde Engadí hasta Eneglayim se tenderán redes”, “sus marismas y sus lagunas no serán saneadas; serán abandonadas a la sal”, “a orillas de la corriente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales”, “sus frutos servirán de alimento y sus hojas de medicina” (Ez 47, 1-12). El mar del agua hedionda es el Mar Muerto, “el mar de la sal”.

Los miembros de la comunidad se dedican a la observancia y a la interpretación de la Ley, que se estudia a todas horas: “En todo lugar en el que hay diez hombres del consejo de la comunidad, que no falte entre ellos un sacerdote”, “y que no falte en el lugar en el que se encuentren los diez un hombre que interprete la ley día y noche, siempre, sobre las obligaciones de cada uno para con su prójimo. Y los Numerosos velarán juntos un tercio de cada noche del año para leer el libro, interpretar la norma y bendecir juntos” (1QS VI, 3-8). La dedicación al estudio de la Ley implica hacer copias de los libros sagrados y, también, comentarios sobre los mismos.

Uno de los manuscritos de Qumrán es la Carta Halákica (4QMMT). La “halakah” es la vertiente legal del judaísmo. El Maestro de Justicia escribe la carta a su oponente el Sumo sacerdote del templo de Jerusalén, describiendo los motivos de la separación del judaísmo oficial y la retirada de la comunidad al desierto: “Y vosotros sabéis que nos hemos separado de la mayoría del pueblo y nos abstenemos de mezclarnos en estos asuntos, y de unirnos a ellos en estas cosas. Y vosotros sabéis que no se encuentra en nuestras obras engaño o traición o maldad”, “debéis comprender el libro de Moisés y las palabras de los profetas y de David” (4QMMT-A, 92-96).

En el Documento de Damasco se habla del comienzo de la comunidad: “Y al tiempo de la ira, a los trescientos noventa años de haberlos entregado a manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, los visitó e hizo que brotar de Israel y de Aarón un retoño del plantío para poseer su tierra y para engordar con los bienes de su suelo. Y ellos comprendieron su iniquidad y supieron que eran hombres culpables; pero eran como ciegos y como quienes a tientas buscan el camino durante veinte años. Y Dios consideró sus obras porque le buscaban con corazón perfecto, y suscitó para ellos un Maestro de Justicia para guiarlos en el camino de su corazón” (CD-A I, 5-11)

El fundador de la comunidad es el Maestro de Justicia. Sus miembros se dirigen por unas normas, que son la Regla de la Comunidad. Tienen un consejo: “En el consejo de la comunidad habrá doce hombres y tres sacerdotes, perfectos en todo lo que ha sido revelado de toda la ley, para practicar la verdad, la justicia, el juicio, el amor misericordioso y la conducta humilde de cada uno con su prójimo, para preservar la fidelidad en la tierra con una inclinación firme y con espíritu contrito” (1QS VIII, 1-3).

La asamblea es el órgano de gobierno de la comunidad: “Esta es la regla para la reunión de los Numerosos. Cada uno según su rango: los sacerdotes se sentarán los primeros, los ancianos los segundos, y el resto de todo el pueblo se sentará cada uno según su rango. Y de igual manera serán interrogados con relación al juicio, y al consejo, y a todo asunto que se refiera a los Numerosos, para que cada uno aporte su saber al consejo de la comunidad. Que nadie hable en medio del discurso de su prójimo, antes de que su hermano haya terminado de hablar. Y que tampoco hable antes que uno cuyo rango está inscrito antes que el suyo. Aquel que es interrogado, hablará en su turno. Y en la reunión de los Numerosos, que nadie diga nada sin la aprobación de los Numerosos” (1QS VI, 8- 13).

A la cabeza de la comunidad hay un “Inspector”, “aquel que inspecciona”, un “Instructor”, “el Instructor que está al frente de la comunidad”. La reunión de la asamblea es preceptiva cuando se trata de admitir nuevos miembros en la comunidad (1QS VI, 12-20) y también en la fiesta de la renovación de la alianza, probablemente el día de Pentecostés (1QS II, 18-23).

Dice Flavio Josefo: “Si alguno desea entrar en su secta, no es admitido inmediatamente, sino que ha de vivir fuera por espacio de un año, durante el cual se le impone el mismo género de vida que ellos llevan, a la vez que le dan una paleta pequeña, un ceñidor y  un vestido blanco. Si daba pruebas durante este tiempo de que podía guardar la requerida continencia, se le permite adentrarse más en la vida de la secta, hasta participar en las aguas de la purificación, pero no era admitido todavía a vivir con ellos. Después de esta demostración de fortaleza, su temperamento es sometido a prueba durante dos años más, y, si se le hallaba digno, entonces le admiten en la sociedad. Mas antes de participar en la mesa común ha de prestar juramentos formidables” (GJ 2,137-142).

Según la Regla de la Comunidad, éstas son las normas de ingreso: “Todo el que se ofrece voluntario de Israel para unirse al consejo de la comunidad lo examinará el Instructor que está al frente de los Numerosos en cuanto a su discernimiento y a sus obras. Si es apto para la disciplina, lo introducirá en la alianza para que se vuelva a la verdad y se aparte de toda iniquidad, y lo instruirá en todos los preceptos de la comunidad. Y después, cuando entre para estar ante los Numerosos, serán interrogados todos sobre sus asuntos. Y según resulte el lote en el consejo de los Numerosos será incorporado o alejado. Si es incorporado al consejo de la comunidad, que no toque el alimento puro de los Numerosos mientras lo examinan sobre su espíritu y sobre sus obras hasta que complete un año entero; y que tampoco participe en los bienes de los Numerosos”.

“Cuando haya completado un año dentro de la comunidad, serán interrogados los Numerosos sobre sus asuntos, acerca de su discernimiento y de sus obras con respecto a la ley. Y si le sale el lote de incorporarse a los fundamentos de la comunidad según los sacerdotes y la mayoría de la alianza, también sus bienes y sus posesiones serán incorporados en manos del Inspector sobre las posesiones de los Numerosos. Y las inscribirán de su mano en el registro, pero no las emplearán para los Numerosos. Que no toque la bebida de los Numerosos complete un segundo año en medio de los hombres de la comunidad. Y cuando complete este segundo año será inspeccionado por la autoridad de los Numerosos. Y si le sale el lote de incorporarse a la comunidad, lo inscribirán en la Regla de su rango en medio de sus hermanos para la ley, para el juicio, para la pureza y para la puesta en común de sus bienes. Y su consejo será para la comunidad, lo mismo que su juicio” (1QS VI, 13-23).

En cuanto a la comunión de bienes, “todos los que se ofrecen voluntarios a su verdad traerán todo su conocimiento, sus fuerzas y sus riquezas a la comunidad de Dios” (1QS I, 11-12). Quien, al entrar en la comunidad, miente “acerca de los bienes a sabiendas” es castigado (1QS VI, 25); esto recuerda el caso de Ananías y Safira en la primera comunidad cristiana (Hch 5,1-11).

En el Documento de Damasco la entrada en la comunidad es más simple. Basta con presentarse al Inspector: “Por su autoridad entrarán los miembros de la asamblea, cada uno en su turno; y todo asunto que cualquier hombre deba decir al Inspector, que lo diga” (CD-A XIV, 10-11). Estos son “los convertidos de Israel que salieron de la tierra de Judá y habitaron en la tierra de Damasco” (CD-A VI, 5).

En los campamentos de Damasco se vive en familia: “Y si habitan en los campamentos de acuerdo con la regla de la tierra y toman mujeres y engendran hijos, marcharán de acuerdo con la ley y según la norma de las instrucciones” (CD-A VII, 6-8). Evitarán “las tres redes de Belial”: “la primera es la fornicación; la segunda, la riqueza; la tercera, la contaminación del templo. El que escapa de una, es atrapado en otra, y el que es rescatado de ésta, es atrapado en otra. Los “constructores del muro” (los fariseos, que hacen una valla legal) “son capturados dos veces en la fornicación: por tomar dos mujeres en sus vidas, a pesar de que el principio de la creación es: varón y hembra los creó” (CD-A IV, 15-21).

En el Documento de Damasco no se habla de la mesa común. La comunión de bienes es sólo parcial. Se habla de propietarios particulares. Por ejemplo, “todo objeto perdido que ha sido hallado y no tiene dueño, será para los sacerdotes”, “si no se encuentra dueño, ellos lo guardarán” (CD-A IX, 14-16). Los miembros de los campamentos entregan al Inspector “el sueldo de dos días cada mes por lo menos”. El resto lo retienen para satisfacer sus necesidades personales (CD-A XIV, 12-13).

Los que ingresan en la comunidad de Qumrán confiesan sus pecados en estos términos: “Hemos obrado inicuamente, hemos transgredido, hemos pecado, hemos actuado impíamente, nosotros y nuestros padres antes que nosotros, en cuanto que marchamos contrariamente a los preceptos de verdad y justicia”, pero Dios “ha derramado sobre nosotros su gracia misericordiosa por siempre jamás” (1QS I, 24-II, 1; ver Dn 9,5-6).

Quienes ingresan en la comunidad reciben el baño de purificación. Los malvados no deben entrar “en las aguas para participar en el alimento puro de los hombres de santidad, pues no se han purificado, a no ser que se conviertan de su maldad” (1QS V, 13-14). En la foto, piscina de Qumrán (Cordon Press).

En la comunidad de Qumrán la comida común es un banquete  sagrado:  “Cuando  preparen  la  mesa para comer o el mosto para beber, el sacerdote extenderá su mano el primero para bendecir las primicias del pan y del mosto” (1QS VI,4-5), “después el Mesías de Israel extenderá su mano hacia el pan. Y después bendecirá toda la congregación de la comunidad, cada uno de acuerdo con su dignidad” (Regla de la Congregación, 1Q28a II, 20).

Se recomienda la corrección fraterna: “Que uno reprenda a su prójimo en la verdad, en la humildad, y en el amor misericordioso para con el hombre. Que nadie hable a su hermano con ira o murmurando, o con dura cerviz, o con celoso espíritu maligno, y que no le odie en la obstinación de su corazón, sino que le reprenda en el día para no incurrir en pecado por su culpa. Y además que nadie lleve un asunto contra su prójimo delante de los Numerosos si no es con reprensión ante testigos” (1QS V, 24-26; VI, 1-2).

No se debe devolver mal por mal: “No devolveré a nadie una mala recompensa; con bien perseguiré al varón. Pues toca a Dios el juicio de todo ser viviente, y es él quien paga al hombre su soldada” (1QS X, 17-18).

Se castigan las faltas contrarias a la comunión: “Quien replica a su prójimo con obstinación o le habla con impaciencia destruyendo la base de su estar con él, rebelándose contra la autoridad de su prójimo que está inscrito antes que él, se ha hecho justicia con su mano; será castigado un año” (1QS VI, 25-26). “Y si ha hablado con ira contra uno de los sacerdotes inscritos en el libro, será castigado un año y será separado, bajo pena de muerte, del alimento puro de los Numerosos. Pero si habló por inadvertencia, será castigado seis meses. Quien miente a sabiendas será castigado con seis meses. Quien a sabiendas y sin razón insulta a su prójimo, será castigado un año” (1QS VII, 2-5), “quien va difamando a su prójimo, será separado un año de la comida pura de los Numerosos y será castigado; pero aquel que va difamando a los Numerosos, será expulsado de entre ellos y no volverá más. Y a aquel que murmura contra el fundamento de la comunidad lo expulsarán y no volverá” (1QS VII, 19-20).

En la comunidad de Qumrán hay normas de expulsión: “Cualquiera de ellos que transgreda una palabra de la ley de Moisés presuntuosamente o por negligencia será expulsado del consejo de la comunidad y no retornará de nuevo; que ninguno de los hombres de santidad se mezcle con sus bienes o con su consejo en ningún asunto. Pero si obró por inadvertencia, que sea separado del alimento puro y del consejo, y que le apliquen la norma: Que no juzgue a nadie y no se le pida ningún consejo durante dos años completos, si es que su camino es perfecto en la reunión, en la interpretación y en el consejo según la autoridad de los Numerosos, y si no ha pecado de nuevo por inadvertencia hasta que se cumplan los dos años completos” (1QS VIII, 21-27).

Uno de los motivos que lleva a los miembros de Qumrán a separarse del judaísmo oficial es la celebración de las fiestas, cuyo calendario solar ha sido sustituido por el calendario lunar. Para ellos el calendario de las fiestas es sagrado: “No se apartarán de ninguno de los mandatos de Dios sobre sus tiempos: no adelantarán sus tiempos ni retrasarán ninguna de sus fiestas” (1QS I, 13-15). El año oficial judío consta de 12 meses lunares, es decir, 354 días. En cambio, los miembros de Qumrán siguen un año de 364 días, con meses iguales de 30 días, más 4 días intercalares (uno por trimestre).

En la comunidad de Qumrán el grupo oponente parece ser el de los fariseos: “los que buscan contemporizar”, “el camino fácil”, “los que buscan cosas suaves”, “los buscadores de halagos”, “los constructores del muro” (valla legal), “pretenden destruir” (4Q 177).

La comunidad de Qumrán denuncia la corrupción del sacerdocio en el templo de Jerusalén. El sacerdote nuevo es el Maestro de Justicia. En el Comentario a los Salmos (4Q171), interpretando el salmo 37, se dice que el Señor asegura los pasos del Sacerdote, “el Maestro de Justicia a quien Dios escogió para estar ante él, pues lo estableció para construir por él la congregación de sus elegidos y enderezó su camino en verdad” (4Q171 III, 15-17).

En el Comentario a Nahún (4Q169), el pasaje que dice “ruge contra el mar y lo seca” (Na 1,4) se interpreta así: “El mar son todos los kittim” (es decir, los opresores), “con todos sus jefes, puesto que se acabará su dominio”. Dios lo hará “para ejecutar contra ellos el juicio y para exterminarlos de la superficie de la tierra” (4Q169 I, 3-4).

En el Comentario a Habacuc (1QpHab) el pasaje que dice: “la visión tiene un plazo, tendrá fin, y no fallará” (Ha 2,3) se interpreta así: “se prolongará el período postrero y sobrepasará todo lo que dicen los profetas, porque los misterios de Dios son maravillosos. Aunque tarde, espérala” (1QpHab VII, 7-9).

En el mismo texto se habla del “Sacerdote Impío” (Jonatán), “que ha perseguido al Maestro de Justicia para devorarlo con el furor de su ira en el lugar de su destierro, en el tiempo de la fiesta, en el descanso del día de las Expiaciones. Se presentó ante ellos para devorarlos y hacerles caer en el día de ayuno, el sábado de su descanso” (1QpHab XI, 4- 8).

En La nueva Jerusalén, teniendo como base los capítulos 40-48 de Ezequiel, hay templo: “Midió sobre cada umbral sus batientes, y midió dentro del umbral su longitud”, “y me condujo al vestíbulo. Había allí otro umbral y otra puerta al lado del muro interno” (4Q549, frag. 1, col. III).

La comunidad de Qumrán se aplica el famoso pasaje de Isaías. Se separa “de en medio de la residencia de los hombres para marchar al desierto para abrir allí el camino de Aquel, como está escrito: En el desierto, preparad el camino del Señor”. Este camino es “el estudio de la ley, que ordenó Dios por mano de Moisés, para obrar de acuerdo con todo lo revelado de edad en edad, y que revelaron los profetas por su santo espíritu” (1QS VIII,13-16). En el Evangelio el pasaje se aplica a la misión de Juan Bautista (Mc 1,3).

En la historia de la guerra judía Josefo habla de malhechores que cometían toda clase de crímenes, pero también de “otra banda de malhechores menos crueles en sus acciones, pero de peores intenciones, los cuales, no menos que aquellos asesinos, dieron al traste con el bienestar de la ciudad”, “hombres mentiroso e impostores que, con apariencia de inspiración divina, producían convulsiones e innovaciones en el pueblo, inducían a la multitud a excesos de fanatismo religioso y le conducían fuera al desierto, pues prometían que Dios mostraría allí las señales de la libertad” (GJ 2,13,4; Lamadrid, 164).

En ese contexto, se comprende lo que dice Jesús, que se presenta como el buen pastor: “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otra parte, ése es un ladrón y un salteador”, “todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les escucharon”  (Jn 10,1-8).

Hay oraciones que se atribuyen al Maestro de Justicia. Según algunos, son salmos, poemas, himnos. El profesor Sukenik los llamó “hodayot”, un nombre hebreo relacionado con el verbo “dar gracias”, porque “regularmente se introducen mediante la fórmula: A ti doy gracias, Señor” (Vanderkam-Flint, 246). A nuestro modo de ver, son oraciones que se hacen a partir de salmos y lecturas. Un ejemplo: “Te doy gracias, Señor, porque tu ojo vigila sobre mí. Me has librado de los celos de los diseminadores de mentira y de la congregación de los intérpretes de cosas halagüeñas. Has librado la vida del pobre, que ellos pensaban acabar derramando su sangre cuando estaba a tu servicio. Pero ellos no sabían que de ti vienen mis pasos. Me han puesto como burla y reproche en boca de todos los intérpretes de engaño. Pero tú, Dios mío, has librado el alma del pobre e indigente de la mano de uno más fuerte que él; de la mano de los poderosos has salvado mi alma, y por sus burlas no me has desanimado para que abandone tu servicio por miedo de la destrucción de los malvados” (1QHª X, 31-35).

Otro ejemplo: “Te doy gracias, Señor, porque me has sostenido con tu fuerza, has extendido sobre mí tu santo espíritu para que no tropiece, me has fortificado ante las guerras de impiedad, y en todos sus desastres no me has desanimado de tu alianza. Me pusiste como torre potente, como muro elevado, estableciste mi edificio sobre roca, y cimientos eternos como mi fundación, todas mis paredes como muro probado que no temblará. Y tú, Dios mío, tú me has puesto para los abatidos, para tu consejo santo; tú me has establecido en tu alianza y mi lengua como (la de) tus discípulos”, “serán mudos los labios mentirosos. Porque declararás culpables en el juicio a todos los que me atacan, para separar por mí el justo del impío” (1QHª XV, 6-12).

7.    SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS

En las cercanías del Mar Muerto empieza el movimiento de Juan Bautista y la propia misión de Jesús. ¿Qué relación se da entre los manuscritos de Qumrán y los textos del Evangelio? ¿Qué relación se da entre la comunidad de Qumrán y las primeras comunidades cristianas? ¿Qué semejanzas y qué diferencias encontramos?

La ciudad de la montaña de Judá (Lc 1,39), en la que nace Juan Bautista, que la tradición identifica con Ain Karim, se encuentra en el borde occidental del desierto de Judá. De Juan se dice que “el niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (1,80). Como sus padres eran mayores, es posible que Juan quedara huérfano y fuera adoptado por los esenios (ver Lamadrid, 254-280 y Manzanares, 161-164). El padre de Juan es sacerdote, casado con una mujer de familia sacerdotal (Lc 1,5), lo que en Qumrán se valora mucho.

En el anuncio del nacimiento de Juan se indica que el niño “no beberá vino ni licor” (1,15), por estar consagrado al Señor (Nm 6,2-3, ley del nazireato). Al parecer, en la comunidad de Qumrán no se toma vino, sino mosto (1QS VI, 4-5).

El lugar en que aparece Juan es el “desierto”. Se le dirigió la palabra y se fue por toda la región del Jordán proclamando “un bautismo de conversión”. Se cumple así lo que está escrito en el profeta Isaías: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor” (Lc 3,2-4). Juan pudo educarse en Qumrán, pero no bautiza en las piscinas de Qumrán, sino “al otro lado del Jordán” (Jn 1,28), también “en Ainón, cerca de Salim” (3,23). Hasta entonces, nadie había bautizado a otros.

Juan bautiza a Jesús. Por tanto, Jesús ha sido discípulo de Juan. Después Jesús bautiza también: “está bautizando y todos se van con él” (Jn 3,21). El bautismo recibido de Juan prepara a Jesús para su misión. El bautismo cristiano tiene relación con Juan, no con la comunidad de Qumrán. Juan bautiza “con agua” (1,26), pero Jesús bautiza “con espíritu santo” (1,33). En Efeso hay discípulos como Apolo que sólo conocen el bautismo de Juan (Hch 18,24-19,7).

Los esenios de Qumrán también llaman a la conversión (1QS V, 1-2; VI,14-15), se llaman a sí mismos “los convertidos de Israel” (CD-A VI,5; 8,16). Juan llama “raza de víboras” a los saduceos y fariseos que acuden a bautizarse y les pregunta: “¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?” (Mt 3,7). Como los esenios, espera la llegada del mesías. Sin embargo, Juan no busca crear una comunidad como la de Qumrán. Llama a todo tipo de personas. Mientras en Qumrán visten atuendos sacerdotales, Juan lleva “un vestido de piel de camello” (Mc 1,6). Por su forma de vestir, Juan remite a la situación de Israel en el desierto, antes de cruzar el Jordán. Como Elías, pide a cada uno la conversión a la voluntad de Dios. Hay que volver a los orígenes.

Contemporáneos judíos llamaron a Juan y a sus seguidores en tono burlón “los preservadores”, en arameo “nazrén” o –con artículo- “nazráyya”, en griego “nazarenoi” o “nazoraioi”. Por eso a Jesús se le llamó “el nazareno” (Mc 1,24; 10,47; 14, 67; 16,5; Lc 4,34; 24,19) o “el nazoreo” (Mt 2,23; 26,71; Lc 18, 37; Hch 2, 22; 3, 6; 4, 10; 6, 14;  22,8; 24, 5; 26, 9), que originalmente no significa su origen “de Nazaret”, sino su procedencia del círculo del Baurista. La conversión “preserva” de la ira inminente, el bautismo de Juan es su aspecto visible (Stegemann, 244). En los Hechos de los Apóstoles, Pablo es presentado ante el procurador Félix como "el jefe principal de la secta de los nazoreos" (Hch 24, 5).

Juan denuncia el matrimonio de Herodes Antipas con Herodías, la mujer de su hermano. La denuncia le supone la muerte (Mt 14,3-12). Según Flavio Josefo, Juan “fue un hombre de bien y exhortó a los judíos a llevar una vida virtuosa” (AJ 18,116-117).

Jesús pregunta a la gente acerca de Juan: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver a un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que prepare por delante tu camino” (Mt 11,7-10).

La caña es una especie de junco, común en Palestina y a lo largo del Jordán. Sin embargo, la palabra griega “zelos” (celo), de la raíz hebrea “qana” designa el rubor que sube al rostro de un hombre apasionado, celoso, violento. De forma velada, como sugiere Luis Vegas, Jesús puede aludir al “zelote”. Asimismo, en el hombre elegantemente vestido como los que viven en los palacios de los reyes, Jesús puede aludir al esenio, miembro de la comunidad de Qumrán, hombre vestido de lino, bien considerado en el palacio de Herodes. Entonces, la pregunta de Jesús sería así: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Un zelote? ¿Un esenio? ¿A qué salisteis? ¿A ver a un profeta?

En los evangelios no se nombra a los esenios y se nombra a los herodianos. Los fariseos y los herodianos buscan eliminar a Jesús (Mc 3,6), le tienden la trampa del tributo al César (12,13). Jesús dice a sus discípulos: “Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes” (8,15).

En la comunidad de Qumrán el grupo oponente parece ser el de los fariseos: “los que buscan contemporizar”, “los que buscan cosas suaves”, “los buscadores de halagos”, “los constructores del muro” (valla legal), “pretenden destruir” (4Q 177). Los escribas y fariseos son duramente criticados por Jesús: “Dicen y no hacen”, “atan cargas pesadas sobre las espaldas de la gente”, “todas sus obras las hacen para ser vistos por la gente” “quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas”, “¡ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas”, “guías ciegos”, “sepulcros blanqueados”, “hijos de los que mataron a los profetas”, “serpientes, raza de víboras” (Mt 23,3-36). Pablo aconseja apartarse de los que “suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido”, utilizan “palabras suaves” (Rm 16,17-18).

Para la comunidad de Qumrán, la historia se divide en dos edades, la edad presente que es el “tiempo de la impiedad” (CD-A XIV, 19), el “tiempo de la ira” (I, 5), el “tiempo de la infidelidad de Israel” (CD-B XX, 23), y la edad futura, que dará comienzo después de la victoria mesiánica. En Qumrán se tiene conciencia de estar viviendo los últimos días de la edad antigua, es decir, los días en los que la edad antigua está acabando y en los que empieza la edad nueva de la historia. En los evangelios la perspectiva es semejante, pero la figura mesiánica es original, bajo la figura del siervo: el hijo del hombre “matado y resucitado”(Mc 8,31). También es original el juicio de la historia realizado por el “hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria” (Mc 13,26). En cuanto al día y a la hora, dice Jesús, “nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el hijo, sino sólo el padre” (Mt 24,16).

Un fragmento hallado en la cueva 4 de Qumrán dice en arameo que el Mesías “será denominado Hijo de Dios, y le llamarán Hijo del Altísimo” (4Q246). Ambas expresiones son títulos mesiánicos. Un texto semejante aparece en el anuncio de Jesús: “El será grande y será llamado Hijo del Altísimo”, “por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,32.35).

En la Regla de la Comunidad se dice que “cuando engendre (Dios) al Mesías”, entrará el Mesías en la reunión del consejo y compartirá la mesa de la comunidad: “Que nadie extienda su mano a la primicia del pan y del mosto antes del sacerdote, pues él es el que bendice la primicia del pan y del mosto”, “después el Mesías de Israel extenderá su mano hacia el pan” (1QSa 2,11-22). Este texto recuerda el salmo de entronización del rey: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Sal 2), el bautismo de Jesús (Lc 3, 21-22) y el pasaje de la última cena (Mc 14, 22-25).

Según Josefo, “los esenios consideran que todo debe dejarse en las manos de Dios”. Ahora bien, esperan que el mesías eche a los opresores por la fuerza. Muchos como el anciano Simeón, “justo y piadoso”, esperan “la consolación de Israel” (Is 40, 1), “la liberación de Jerusalén”, llegar a ver “al Cristo del Señor”, luz de las gentes y gloria de su pueblo, “señal de contradicción” (Lc 2,25-38). Los discípulos de Emaús esperaban que “él fuera el liberador de Israel” (24,21).

La tentación de Jesús se da precisamente en el desierto de Judá. Allí pasa “cuarenta días y cuarenta noches” (Mt 4,1-2). En la cordillera rocosa del desierto, se entiende mejor la tentación del pan: “Si eres hijo de Dios (es decir, Mesías), di que estas piedras se conviertan en pan”. En los montes del desierto, bastión de la resistencia nacionalista, se entiende también la tentación del poder: “Todo esto te daré, si postrándote me adoras” (4,3-11). Jesús elige ser mesías bajo la figura del siervo. La opción mesiánica de Jesús es una de las grandes diferencias con la comunidad de Qumrán, que espera un mesías victorioso. En el año 70 se cumple la palabra de Jesús sobre el templo y sobre la ciudad: “no quedará piedra sobre piedra” (Mt 24,2), la gran tribulación de Jerusalén (24,15-22), “se os va a quedar desierta vuestra casa” (23,36). Jesús avisa a sus discípulos: “Mirad que no os engañe nadie” (Mt 24, 4), “si os dicen: Está en el desierto, no salgáis” (24, 26; ver Hch 21,38).

En la Regla de la Guerra se espera así el día de la victoria: “Se acabará el dominio de los Kittim (los opresores), siendo abatida la impiedad sin que quede un resto, y no habrá escape para todos los hijos de las tinieblas”, “en el día en que caigan los Kittim habrá un combate” (4Q496 I, 6-9).

El experto británico Richard Bauckham considera el Apocalipsis como un rollo de la guerra cristiano, que toma la Regla de la Guerra como modelo, pero haciendo una revisión de las tradiciones judías sobre una batalla final contra el mal, que ya había sido derrotado por el testimonio y la muerte de Cristo. Varios pasajes del Apocalipsis usan el lenguaje de la guerra santa, pero transformando su significado en formas no militares de triunfar sobre el mal. Estos pasajes incluyen el Mesías conquistador (Ap 5,5-6), el ejército mesiánico (7,2-14), el Cordero y su ejército (14,1-5). Este último pasaje identifica al grupo de 144.000 como varones célibes, puesto que la abstinencia sexual era requisito para los guerreros sagrados (Dt 23,9-14; 1 Sm 21,5; 2 Sm 11,9-13). Es interesante compararlo con la vida célibe de muchos esenios (Vanderkam-Flint, 376-377)

La llamada a la conversión, tras la represalia de Pilatos contra los galileos violentos, es otra muestra de la opción mesiánica de Jesús: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (Lc 13,2-3).

Muchos de los nombres empleados para designar a la comunidad de Qumrán son empleados para designar a las primeras comunidades cristianas. Sin embargo, hay diferencias. La comunidad de Qumrán se aparta del mundo. La comunidad de Jesús es, como el reino de Dios, levadura en medio de la masa (Mt 13,33). Jesús ora al padre en la última cena: “No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal” (Jn 17, 15).

La comunidad esenia se remite al plan de Dios sobre el matrimonio: “varón y hembra los creó” (CD-A IV, 20-21). En este punto coincide con el mensaje de Jesús, cuyo lenguaje “no todos entienden” (Mt 19,6-11). Hay una cosa más difícil, dice Jesús: “Hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el reino de los cielos. Quien pueda entender que entienda” (19,12).

En Qumrán el consejo de la comunidad tiene “doce hombres y tres sacerdotes” (1QS VIII, 1-4). En el Evangelio está el grupo de los doce, que de una forma especial comparte la misión de Jesús (Mt 10,1). A la cabeza de la comunidad de Qumrán hay un “inspector” o “supervisor”. El mismo nombre se usa en las comunidades cristianas (Hch 20,28; 1 Tm 3,1).

La comunidad de Qumrán tiene un tiempo de prueba y de instrucción antes de que un nuevo miembro sea admitido en la comunidad. El “sabio” está para eso: “para que instruya y enseñe a todos los hijos de la luz” (1QS III, 13). El fin de la comunidad es “buscar a Dios” (1QS I,1-2), “buscar a Dios para seguir con fidelidad la Ley” (4QMMT), “buscar a Dios para obtener vida eterna” (4Q521). La etapa de formación está organizada según la edad del candidato: “según su edad le instruirán en los preceptos de la alianza” (1QSa 1,7). En los primeros siglos, los catecúmenos pasan por un tiempo de prueba y de instrucción, antes de ser bautizados y participar en la eucaristía, la reunión de la comunidad.

En el Documento de Damasco se dice que, en el comienzo de la comunidad, “eran como ciegos y como quienes a tientas buscan el camino” hasta que Dios “suscitó para ellos un Maestro de Justicia para guiarlos en el camino de su corazón” (CD-A I, 5-11). Quienes ingresan en la comunidad de Qumrán reciben el baño de purificación (1QS V,13-14), son “hijos de la luz”. El baño completo simboliza la pureza total. El cristiano es purificado de sus pecados por el baño del bautismo (Hch 22,16; Ef 5,26). La experiencia del Evangelio es un paso de la ceguera a la luz (Jn 9). El ciego de nacimiento cura su ceguera original al meterse en la piscina del Enviado (9,7). Jesús dice a sus discípulos: “vosotros sois la luz” (Mt 5, 14).

El Mar Muerto es llamado antiguamente “el mar de la sal”. Junto al simbolismo de la luz, Jesús utiliza el simbolismo de la sal: “vosotros sois la sal” (Mt 5,13). La comunidad en medio del mundo debe ser sal que evite la corrupción. Como observa Julio Trebolle, el evangelio de Juan muestra sorprendentes puntos de contacto con los textos de Qumrán, especialmente en la Regla de la Comunidad: “espíritu de verdad” (Jn 14,17;1QS 3,19; 4,21-23), “espíritu santo” (Jn 14,26; 1QS 4,21), “hijos de la luz” (Jn 12, 36; 1QM 1,1.3.9.11.13), “luz de la vida” (Jn 8,12; 1QS 3,7), “caminar en la tiniebla” (Jn 8,12; 12, 35; 1QS 3, 31; 4, 11), “caminar en la verdad” (2Jn 4; 3 Jn 1,6;1Q 4, 6; 8, 4), “obrar la verdad” (Jn 3, 21; 1 Jn 1,6; 1QS 1, 5; 8,2),  “las obras de   Dios” (Jn 6, 28; 9, 3; 1Qs 4, 4), “obras malas” (Jn 3, 19; 1QS 2,5; ver AA.VV., Para comprender los manuscritos del Mar Muerto, 238). En la Biblia el “espíritu santo” significa la presencia de Dios.

La comunidad de Qumrán contempla la fuente que sale del templo, es fuente de vida y lo sanea todo, también el agua hedionda del mar: “a orillas de la corriente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales”, “sus frutos servirán de alimento y sus hojas de medicina” (Ez 47, 1-12). El mar del agua hedionda es el Mar Muerto, “el mar de la sal”. En el Apocalipsis, el agua de vida brota “del trono de Dios y del cordero” en medio de la plaza: “a una y otra margen del río, hay árboles de vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes, y sus hojas sirven de medicina para los gentiles” (Ap 22, 1-2).

La Regla de la Comunidad aconseja “amar a todos los hijos de la luz…y odiar a todos los hijos de las tinieblas” (1QS I, 9-10). Jesús dice: “Amad a vuestros enemigos” (Mt 5,43).

La recomendación de no devolver a nadie mal por mal recuerda la recomendación de Jesús (Mt 5,39) y la de Pablo (Rm 12,17-21). En la comunidad de Qumrán hay unas normas de expulsión. En la comunidad cristiana también, quizá se tiene más en cuenta la corrección fraterna (Mt 18, 15-17).

La comunidad de Qumrán obliga a prestar juramento, pero limita su uso: “Todo el que entra en el consejo de la comunidad…se comprometerá con un juramento obligatorio a retornar a la ley de Moisés, con todo lo que prescribe” (1 QS V, 7-8), “no jurará…pero si jura por las maldiciones de la alianza, que lo haga ante los jueces” (CD-A XV, 1-4). En el Evangelio dice Jesús: “No juréis en modo alguno” (Mt 5,34).

En la comunidad de Qumrán el culto se espiritualiza, se celebra “sin la carne de los holocaustos y sin la grasa de los sacrificios”, “la ofrenda de los labios según el precepto será como el olor agradable de justicia, y la perfección de la conducta será como la ofrenda voluntaria aceptable” (1QS IX, 4-5). Recuerda el sacrificio propio de Cristo (Hb 10,5) y el “culto espiritual” de Pablo (Rm 12,1-2).

En la nueva Jerusalén de Qumrán hay templo, tal y como se describe en los capítulos 40- 48 de Ezequiel. Sin embargo, en el Apocalipsis se dice: “Templo no vi ninguno, porque el Señor, el Dios todopoderoso, y el cordero, es su templo” (Ap 21,22).

La comunidad de Qumrán es elitista: “Y todo estúpido y loco, que no entre; y todo simple o trastornado, aquellos cuyos ojos no ven, el cojo o tambaleante, o el sordo, o el niño menor de edad, ninguno de éstos entrará en la congregación, pues los ángeles santos están en medio de ella” (CD-A XV, 15-17). El Evangelio va dirigido a los sencillos (Mt 11,25). Según los fariseos, a esa gente maldita que no conoce la Ley (Jn 7,49).

En la comunidad de Qumrán se esperan las señales mesiánicas: “los cielos y la tierra escucharán a su mesías”, honrará a los piadosos sobre el trono de la realeza eterna, librando a los prisioneros, dando la vista a los ciegos, enderezando a los torcidos”, “curará a los malheridos y a los muertos los hará vivir, anunciará buenas noticias a los humildes, colmará a los indigentes” (4Q521). En el Evangelio se dan las señales esperadas: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la buena nueva” (Mt 11,5). Además, Jesús acoge a los niños: “Dejad que los niños vengan a mí” (19,14), “sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi padre” (18,10).

Según Josefo, había tres grupos judíos: fariseos, saduceos y esenios. Pues bien, este último es el más cercano al Evangelio y había más de cuatro mil. Seguramente, muchos fueron discípulos de Jesús. Es de suponer que, entre los cinco mil que participan de la multiplicación de panes (Jn 6,10), hubiera muchos. Quizá también muchos, decepcionados por la opción mesiánica de Jesús, dejaron de andar con él (6,66). Seguramente también, muchos esenios engrosaron las filas de las comunidades judeo- cristianas. Se dice en los Hechos que el día de Pentecostés había en Jerusalén “hombres piadosos” venidos de todas partes (Hch 2,5), “en Jerusalén se multiplicó el número de los discípulos y multitud de sacerdotes iban aceptando la fe” (6,7). Lo dice Santiago, el hermano del Señor, a Pablo: “Ya ves, hermano, cuántos miles y miles de judíos han abrazado la fe y todos son celosos partidarios de la Ley” (21,20).

¿Tuvo alguna relación Pablo con la comunidad de Qumrán? ¿Estuvo, como Jesús, en el desierto? El apóstol dice que, tras su conversión, “sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco. Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía” (Ga 1,17-18). Arabia es la región situada al este del Jordán y al sureste de Damasco y el Mar Muerto se llama también el Mar de la Arabá. En la profecía de Ezequiel, el agua del nuevo templo, que busca la comunidad de Qumrán, “sale a la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada” (Ez 47, 8).

En la primera Carta a los Corintios aparece una prohibición que podría ser esenia o, sin más, propia del legalismo judío. La mujer no debe orar o profetizar “con la cabeza descubierta”. La mujer debe llevar sobre la cabeza “una señal de sujeción por razón de los ángeles”, “no procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre” (1 Co 11,4- 10). Se supone que la mujer es inferior al hombre y debe estar sometida. Pero la doctrina de Pablo es muy distinta. En Cristo la dignidad de todos es la misma: “ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer” (Ga 3,20). En los evangelios, las mujeres participan en la misión de Jesús (Lc 8,1-3; Jn 4, 39), anuncian su resurrección (Mt 28,1- 8; Jn 20, 11-18).

En la segunda Carta a los Corintios (2 Co 6,14-71) hay también una exhortación que parece de ascendencia esenia. Empieza por una prohibición: “No os juntéis con los infieles”. Siguen cinco interrogantes que constituyen otras tantas antítesis: justicia- iniquidad, luz tinieblas, Cristo-Belial, fiel-infiel, templo de Dios-ídolos. En el Testamento de Leví tenemos seguidas dos antítesis de las cinco citadas: “Elige entre la luz y las tinieblas, entre la Ley del Señor o las obras de Belial” (19,1). “Este texto no es paulino: en los seis versículos hay ocho palabras que no aparecen en las demás cartas de San Pablo” (Lamadrid, 301).

El Maestro de Justicia es un siglo anterior a Jesús. Ambos denuncian el templo de Jerusalén, pero Jesús no es sacerdote levítico ni da importancia a la institución del sacerdocio.

Para la comunidad de Qumrán es fundamental la celebración de las fiestas en la fecha adecuada. Uno de los motivos que lleva a la comunidad de Qumrán a separarse del judaísmo oficial es la celebración de las fiestas, cuyo calendario solar ha sido sustituido por el lunar. Para ellos el calendario de las fiestas es sagrado: “No adelantarán sus tiempos ni retrasarán ninguna de sus fiestas” (1QS I, 13-15). Pablo tiene una posición distinta: “Que nadie os critique por cuestiones de comida o de bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados. Todo eso es sombra de lo venidero, pero la realidad es el cuerpo de Cristo” (Col 2,17-18). En cuanto al ayuno dijo Jesús que lo que importa no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón (Mc 7,14-23).

La comunidad de Qumrán es legalista. En la comunidad de Qumrán, nadie puede alejarse “más de mil codos” (CD X, 21), más de 500 metros. Si un animal cae a un pozo o a una fosa, “que no se le saque en sábado” (CD XI, 13). Jesús se aparta de ese legalismo: “¿Quién de vosotros que tenga una oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca?” (Mt 12,11), "el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado" (Mc 2,27). Jesús revisa la tradición y denuncia las tradiciones fariseas (7,1-13), pero no viene a abolir la ley y los profetas: “No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17).

Si se leen los textos de Qumrán y los textos del Evangelio, la diferencia salta a la vista. El Evangelio es otra cosa, tiene algo especial, el don del espíritu, la experiencia de la buena nueva (eso significa evangelio), encontramos lo que buscábamos (Jn 2,41), descubrimos los secretos del reino de Dios (Mc 4,10-11), recibimos la enseñanza especial del Evangelio (4,34), reconocemos que Jesús vive a pesar de la muerte, sale a nuestro encuentro, “es el Cristo” (Jn 20, 31), “es el Señor” (21,7). Lo que dijo y lo que hizo Jesús se cumple hoy, toda la Escritura “da testimonio” de él (Jn 5,39). Una comunidad viva tiene experiencia de ello.

                                                                                                                             Jesús López Sáez
 

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