LOS HUESOS SECOS

Creado en Miércoles, 27 Abril 2011 Última actualización en Martes, 28 Mayo 2013

LOS HUESOS SECOS
¿Podrán revivir estos huesos?
  


torrero071. La visión que contempla Ezequiel es certera: "La mano del Señor fue sobre mi y, por su espíritu, el Señor me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos" (Ez 37,1). Así están las cosas, el pueblo de Dios es un campo de huesos secos, una fosa común que queda al descubierto: "Estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza" (37,11). La cuestión es viva y actual: ¿Estos huesos son ahora la Iglesia, las Iglesias?, ¿podrán revivir estos huesos? 
2. El pueblo está en el destierro, un largo destierro que dura sesenta (597-538 a.C.), setenta años (Jr 29,10). Ezequiel, un sacerdote que se vuelve profeta, se encuentra en el país de los caldeos, junto al río Kebar, entre los desterrados (1,1). Corre el año 592. El destierro es el resultado de una degeneración de la que no se tiene conciencia. La profanación del nombre de Dios contamina y dispersa al pueblo. Las naciones se forman una falsa idea de Dios (36,23). Se cree que la ciudad santa no puede sucumbir y que el destierro durará poco. Pero no será así, dice Ezequiel. La situación no es coyuntural.
3. Ezequiel recibe la palabra del Señor: "Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a la nación de los rebeldes", "abre la boca y come lo que te voy a dar. Yo miré: vi una mano que estaba tendida hacia mí y tenía un libro enrollado. Lo desenrolló ante mi vista; estaba escrito por el anverso y por el reverso; había escrito: Lamentaciones, gemidos y ayes" (2,8-10). Ezequiel devora el libro. Está lleno de denuncias y avisos, pero le sabe "dulce como la miel" (3,3).
4. El profeta contempla en una visión las "grandes abominaciones" que se cometen en el templo (8,6). Debía ser la casa del Señor, pero se ha convertido en casa de idolatría, prostitución y violencia: "¡Ay, por todas las abominaciones de la casa de Israel!" (6,1), se le pedirá cuenta de su conducta (7,4), "esta tierra está llena de delitos de sangre" (7,23). Y encima andan diciendo: "El Señor no lo ve" (9,9;Sal 94). Ezequiel realiza diversas acciones simbólicas. Por ejemplo, el gesto del deportado (12,4-5): habrá un segundo asedio y una segunda deportación. Un hombre vestido de lino, con una cartera de escriba a la cintura, recorre la ciudad y marca una cruz en la frente a todos aquellos que gimen y lloran por las abominaciones que se cometen en ella (9,3-4).
5. Año 586. El ejército caldeo toma Jerusalén. La ciudad es una "olla puesta al fuego", como anunciara Ezequiel (24,3). El templo es incendiado. El destierro se prolonga por tiempo indefinido. El desconcierto es total. Un fugitivo de Jerusalén le da la noticia: "La ciudad ha sido tomada". Ezequiel levanta su voz (33,21-22) y denuncia a los principales responsables del desastre: los jefes de Israel son "malos pastores". Por ello, así dice el Señor: "Yo arrancaré mis ovejas de su boca y no serán más su presa" (34,10), "les daré un pastor que las apaciente" (34,23), un "buen pastor", el leño de Judá y el leño de José los juntará el uno con el otro de suerte que forme "un solo leño" y sean "una sola cosa" en su mano (37,17).
6. El profeta proclama también el juicio de las naciones. Se llenaron de orgullo, se creyeron el dios de este mundo. El juicio de las naciones (25-32) es sólo un aspecto de una lucha más profunda, la lucha contra la misma potencia del mal, que concibe y ejecuta planes perversos: "Aquel día te vendrán pensamientos y concebirás planes perversos: Invadiré un país abierto y atacaré a gente pacífica que habita confiada en ciudades sin murallas, sin cerrojos y sin puertas; para entrar a saco y alzarme con el botín, para alargar la mano a las ruinas repobladas" (38,10-12). Además, los mercaderes y traficantes están a la espera. Te dirán: "¿Conque vienes a saquear? ¿Has reclutado tu ejército para alzarte con el botín, para robar plata y oro, para arrebatar ganado y hacienda?" (38,13).
7. ¿Y lo nuevo? ¿Dónde está lo nuevo? Sólo el Señor puede hacer que nazca. Sólo el espíritu de Dios puede hacer revivir lo que está muerto. El pueblo de Israel, en el destierro, es un campo de huesos secos: "¿podrán revivir estos huesos?" (37,3). Han de escuchar la palabra de Dios (37,4). Ha de venir el espíritu, de cada punto cardinal, de los cuatro vientos (37,9), para que el pueblo de Dios vuelva a su tierra, a su lugar, a su casa. O, lo que es lo mismo, salga de la tumba, resucite, viva. Dice el Señor: "Os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo a la tierra de Israel" (37,12).
8. Entonces se entonará el canto del regreso: "Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar" (Sal 126). Entonces se trazarán los planos del nuevo templo con el que sueña Ezequiel: "Había allí un hombre que parecía de bronce. Tenía en la mano una cuerda de lino y una vara de medir" (40,3). Los desterrados ven en el templo renovado una maravillosa señal de esperanza. El agua que mana del templo se hace un torrente que lo purifica todo (47,2-12).
9. Jesús manifiesta a sus discípulos el nombre de Dios (Jn 17,6), "no es un Dios de muertos, sino de vivos" (Lc 20,38), en nombre de Dios purifica el templo (Jn 2,13-22), anuncia la vida que vence a la muerte: "Yo soy la resurrección. El que crea en mi, aunque muera, vivirá" (Jn 11,25), "los muertos resucitan" (Mt 11,5). Su mensaje es de tipo religioso, pero tiene consecuencias políticas. Jesús se enfrenta al sistema religioso, simbolizado en el templo (Mc 11,17), dominado por una jerarquía sacerdotal, que (en dependencia del poder romano de ocupación) ejerce su poder junto con los grupos influyentes: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos", son "como sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia" (Mt 23,2-27).
10. Aplicaciones actuales. Albino Luciani hizo su tesis doctoral sobre Antonio Rosmini (1797-1855), sacerdote italiano cuyo libro más importante, "Las cinco llagas de la Santa Iglesia", lo comenzó en 1832 y lo terminó el año siguiente, pero lo encerró durante quince largos años en un cajón, pues “los tiempos no parecían propicios”. Era el emperador de Austria, José II, el que maniataba a la Iglesia y el que resultaba denunciado por el pensador italiano. Y aunque Gregorio XVI había valorado sus cualidades y méritos y Pío IX incluso pensó hacerle cardenal, su obra quedó incluida en el Índice de libros prohibidos durante más de cien años. Hasta que, en marzo de 1966, la Congregación para la Doctrina de la Fe autorizó su publicación. Con el Concilio Vaticano II Rosmini fue rehabilitado.
rosmini11. Estas eran las llagas de la Iglesia: El pueblo está casi dividido y separado del clero “en un culto que no comprende”. La insuficiente educación del clero y del pueblo por parte de los obispos: “al principio de la Iglesia, la divina Escritura era el único texto de instrucción popular y eclesiástica”, “es Dios quien habla en él”. La desunión de los obispos, que debían ser “una sola cosa” según el deseo de Cristo, pero aparecen “cercados por el poder temporal”, como “pontífices nacionales”, “asalariados”, ministros del príncipe: “ellos hacen sus guerras y sus paces”. El nombramiento de los obispos en manos del poder temporal: “los ministros del altar se han convertido en ministros del Estado”, “empleados del soberano”, mientras que en los primeros siglos de la Iglesia el pueblo participaba en la elección de los obispos: “el mejor consejo, el consejo menos sujeto a engaño, era precisamente el de todo el cuerpo de los fieles”, "sin el voto o el consentimiento del pueblo el obispo no era considerado legítimo, sino intruso”. La pérdida de sentido de los bienes eclesiásticos y de su verdadera función, “la comunión de bienes” los bienes de la Iglesia han de ser administrados por ella misma “bajo absoluta vigilancia”, “son de Dios y de los pobres”.
12. Antonio Rosmini, dijo el Papa Luciani, merece recuperar oficialmente el honor y el puesto que le corresponde en la Iglesia: “Un cura que amó a la Iglesia, que sufrió por la Iglesia. Un hombre de muy amplia cultura, de íntegra fe cristiana, un maestro de sabiduría filosófica y moral que veía con claridad en las estructuras eclesiales los retrasos y los fallos evangélicos y pastorales de la Iglesia. Quiero encontrar un momento para hablar de Antonio Rosmini y de su obra, que he vuelto a leer con atención” (Bassotto, 131). Ciertamente, es grande su visión de la Iglesia, necesitada de una profunda renovación. En este sentido, el mensaje de Rosmini caló muy hondo en el Papa Luciani. Al fin y al cabo, la semilla lanzada no muere sin dar fruto. Lo dijo Rosmini con palabras del profeta Isaías: “La palabra de Dios no vuelve de vacío”.
13. Con motivo del último viaje a España de Juan Pablo II, el 3 y 4 de mayo de 2003, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica lamenta la oportunidad perdida por el Papa. La canonización del sacerdote Pedro Poveda, asesinado el 28 de julio de 1936, “habría sido la oportunidad para que la Iglesia hubiera perdonado y pedido perdón por la colaboración que tuvo con la dictadura franquista, y haber reconocido así a las miles de familias que buscan todavía a sus seres queridos”. Es un escándalo. La Iglesia sigue sin revisar su posición en la Guerra Civil.
14. La beatificación de Juan Pablo II suscita en muchos, creyentes y no creyentes, perplejidad y escándalo. Al Papa Wojtyla se le pidió cuenta de la causa de Juan Pablo I y de otros enigmas vaticanos. No respondió. Enrocado un Estado absoluto y soberano, no manifestó voluntad real de esclarecer los hechos, ni siquiera los que había detrás del atentado que pudo costarle la vida. Su alianza con la política americana de Ronald Reagan es un ejemplo claro de la tentación del poder que han de evitar los discípulos de Jesús. Las víctimas de los abusos sexuales de Marcial Maciel, uno de los mayores pederastas de la historia, han visto cómo el Papa Wojtyla le protegía hasta el final. El apogeo papal contemplamos es una idolatría incompatible con el Evangelio (papismo), un obstáculo en el camino de la unidad (problema ecuménico) y una piedra de tropiezo (escándalo) en el camino de la renovación eclesial.

* Diálogo: sobre los huesos secos
- estos huesos son ahora la Iglesia, las Iglesias
- ¿podrán revivir estos huesos?
- aplicaciones actuales