LAICIDAD Y LAICISMO

LAICIDAD Y LAICISMO

 

1.- No es un juego de palabras. Son conceptos abstractos, pero de gran incidencia práctica. La confusión es grande y, aunque parezca irrelevante, es preciso distinguir entre laicidad y laicismo. Quien no distingue, confunde. El término "laico" (del griego "laós", pueblo) aparece primeramente en un contexto cristiano, por oposición a clérigo y clerical. De este modo, laico es el miembro del pueblo, que no forma parte del clero.

2.- La laicidad es el reconocimiento de la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso. La liberación es mutua, porque la política se sacude la injerencia religiosa, pero también la religión se libera de la injerencia política. La laicidad supone respeto para los que profesan cualquier religión y para quienes no profesan ninguna. De suyo, garantiza la neutralidad en el tema religioso, el pluralismo, los derechos y las libertades de todos. El "estado laico" se opone al "estado confesional".

3.- El laicismo es una actitud enfrentada y beligerante con la Iglesia, "un comportamiento de los intransigentes defensores de los pretendidos valores laicos contrapuestos a las religiones y de intolerancia hacia las creencias y las instituciones religiosas" (Norberto Bobbio). Dice el jurista español Gregorio Peces-Barba: "Aunque el creyente está protegido con la laicidad, en sociedades democráticas, con la Constitución o la ley, no es protagonista político. Por eso, a los dirigentes eclesiásticos no les gusta este estatus y confunden laicidad con laicismo".

4.- La laicidad es fruto de la secularización, su dimensión política y jurídica. La secularización es un proceso desarrollado en la edad moderna de separación, liberación y emancipación en los diversos campos de la vida humana frente al contexto de sentido que había fijado la religión cristiana. La concepción del hombre y del mundo se articula cada vez más sin tener en cuenta la visión cristiana de la existencia, de modo que se llega a un sentido de autonomía y diferenciación de campos de capital importancia en la sociedad (la política, el derecho, la ética, la ciencia, la filosofía...). Inicialmente, la secularización designa la apropiación por parte del Estado y en contra (por lo general) del deseo de la Iglesia de propiedades eclesiásticas, aplicándolas a usos profanos (periodo carolingio y franco, reforma protestante, paz de Westfalia, 1648). De los bienes eclesiásticos se pasa después a los bienes espirituales y culturales.

5.- El secularismo designa la forma más radical de secularización, su realización plena como "liberación definitiva  de la religión", también designa "la postura espiritual que ha llevado a la secularización", en la que el hombre se limita exclusivamente al ámbito de lo profano (en oposición a la interpretación religiosa o trascendente). A mediados del siglo XIX se entiende el secularismo en el sentido de una concepción del mundo marcadamente antirreligiosa.

6.- Como discípulos de Jesús, estamos llamados a anunciar la integridad del mensaje evangélico. Lo dice Pablo: He sido constituido servidor de la palabra para anunciaros todo el mensaje completo (Col 1,25). Sin embargo, el integrismo es otra cosa: es partidario de un estado confesional que impone por la fuerza la religión propia y prohíbe las demás. En realidad, muchos obispos españoles, que asistieron al Concilio, eran integristas. Por ello, reaccionaron con revuelo ante la declaración sobre la libertad religiosa, que chocaba con el ordenamiento jurídico español. "La verdad, dice el Concilio, no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad", "la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa", este derecho "debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad" (DH 1 y 2).

7.- El integrismo está estrechamente relacionado con el clericalismo , nombre que suele darse a la injerencia del clero en asuntos políticos y a la excesiva intervención del clero en la vida de la Iglesia, que impide el ejercicio de los derechos de los demás miembros del pueblo de Dios. Obviamente, el clericalismo genera anticlericalismo, la doctrina o procedimiento contra el clericalismo y, también, la animosidad contra todo lo que se relaciona con el clero.

8.- El Concilio Vaticano II reconoce la legítima autonomía de la realidad terrena y la distingue de una falsa autonomía: "Si por autonomía de la realidad terrena se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía", "pero si por autonomía de lo temporal se quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabras" (GS 36).

9.- Con el Concilio, la Iglesia establece una nueva relación con el mundo: abandona la vieja identificación entre cristianismo y sociedad, sale de la situación de cristiandad, opta por vivir como comunidad en medio de la sociedad, respeta la autonomía de lo temporal, reconoce el legítimo pluralismo social, renuncia a imponer el Evangelio por la fuerza, ofrece el Evangelio en la debilidad de la libertad.

10.- En el momento actual, recordamos la actitud de Jesús: no cede a la presión (integrista) de escribas y fariseos que exigen la penalización de la mujer que adultera (o aborta), sino que respeta la libertad y llama a la conversión: Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más (Jn 8,11). El profeta de Galilea de los gentiles asume la tolerancia de la sociedad greco-romana y anuncia, para quien quiera seguirle, la voluntad de Dios.