EL INVITADO DEL PAPA

Creado en Jueves, 12 Enero 2012 Última actualización en Martes, 28 Mayo 2013
EL INVITADO DEL PAPA

Parábola ecuménica

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El invitado del Papa es el último libro de Vladimir Volkoff, el escritor francés de la "guerra fría". Nace en París el 7 de noviembre de 1932. Es hijo de emigrantes rusos, doctor en Filosofía, voluntario en la guerra de Argelia (1957-1962), funcionario del Ministerio de Defensa, profesor de lengua y literatura francesa y rusa en Estados Unidos, creyente ortodoxo. Muere en Bourdeilles (Francia) el 14 de septiembre de 2005.
El libro es una novela:"El cometido del novelista, dice el autor, consiste más en imaginar lo probable que en descubrir lo desconocido". El invitado del Papa es metropolita de Leningrado, arzobispo ortodoxo que muere en el Vaticano, cuando habla con Juan Pablo I. En la foto, el Papa con su invitado, el 5 de septiembre de 1978.
El patriarca de Moscú le había confiado ejercer discretamente el cargo de General del KGB, la policía secreta de la URSS. Una cosa así hubiera sido inconcebible poco antes. La persecución inicial con furiosas matanzas (130 de los 163 obispos rusos fueron asesinados, miles de sacerdotes, 300.000 fieles) tuvo un giro a partir de la amenaza del ejército nazi en la II Guerra Mundial y se transformó en una relación de tolerancia combinada con la infiltración.
Los tiempos cambian. El comunismo dio libertad y restituyó algunos bienes al clero ortodoxo para despertar el espíritu patriótico que movió a los rusos a la resistencia antinazi. La estrategia de posguerra sería la de captar a los jerarcas a la vez que infiltrar al clero con agentes propios. Esta relación se volvió tan ambigua que con frecuencia prelados, sacerdotes y agentes llegaron a cambiar de identidad. La incompatibilidad católico-ortodoxa ya no existe. En 1964 Pablo VI se encuentra en Jerusalén con el patriarca Atenágoras. En 1965 se anulan los mutuos anatemas que se habían lanzado Roma y Constantinopla. El Papa visita el patriarcado ecuménico en 1967. El mismo año había recibido a Atenágoras en el Vaticano. La incompatibilidad cristiano-comunista también se ha difuminado. La Iglesia católica romana posee una ala social, muy social, a la que el comunismo no le repugna. También en este sentido del anatema se pasa al diálogo. Es la época de la "Ostpolitik" del Vaticano, promovida por el cardenal Casaroli.
Martes, 29 de agosto. El arzobispo de Leningrado, formado en el monasterio de la Trinidad (donde se venera el famoso icono de Rublev), encargado de los asuntos exteriores del patriarcado, solicita audiencia al Papa Juan Pablo I, que acaban de elegir. La audiencia es rápidamente concedida. También ha sido autorizada -tal vez ordenada- por el presidente del KGB, Andropov. Sin embargo, el sector duro del KGB, considerando que el arzobispo da el tipo ideal de traidor ("ya se han advertido en él las trazas del doble juego", "no se puede ser sincero comunista y auténtico cura"), decide liquidarlo: "la eliminación de los traidores era una cuestión de suma urgencia". ¿Cuál era la impresión que se quería dar? Que el problema venía de Occidente: "Si el asesinato lo cometían italianos más o menos independientes del papado, la cosa podía resultar interesante".
Sábado, 2 de septiembre. La situación era gravísima. El nuevo Papa era una incógnita. Parecía como si hubiera aceptado su elección a disgusto. Los primeros días de pontificado ya había despedido a dos obispos masones; eso no ofrecía buenos presagios para un grupo como la logia. Si, por casualidad, el Santo Padre se proponía hacer una limpieza somera en su entorno, los años de esfuerzo dedicados a domesticar las finanzas del Vaticano se habrían ido al garete.
Domingo, 3 de septiembre. Un informe sobre la logia se encuentra en el despacho del Papa que, tras ocho horas de pontificado, ya ha empezado a desembarazarse de los masones que le rodean. Toda la operación de los fondos del Vaticano se halla comprometida, y las considerables sumas invertidas en esa operación se perderán: "No hay que ser brujo, dice el jefe de la logia, para adivinar que nuestros amigos no lo encajarán bien", "si conducimos educadamente a Su Santidad a las puertas del Paraíso, conseguiremos sustanciosas ventajas económicas". 
Martes, 5 de septiembre. El arzobispo de Leningrado ve a Roma no como "la capital de la Iglesia católica", sino como una ciudad que ha sido "ortodoxa durante mil años". La misión que le lleva allí se resume en tres puntos: 
* informar al Papa de los peligros que corre y proponerle una ayuda no despreciable.
* revelar al Papa la situación real de la Unión Soviética y mostrarle cómo podría influir él en su destino.
* comunicar al Papa su sueño ecuménico: humanismo cristiano y unidad eclesial. El papel que debe jugar el Papa es éste: "El de ejemplo. De faro. De desafío. Contamos con usted para mostrar que se puede creer en Dios y estar al día. Para mostrárselo a nuestros dinosaurios marxistas-leninistas y a nuestros pterodáctilos ortodoxos. Usted disipará a la vez las miasmas comunistas que todavía hay en nuestra sociedad y las supersticiones formalistas que desfiguran nuestra pobre y vieja ortodoxia", "ustedes forman una Iglesia viva", "les ha bastado un Concilio, que ni siquiera ha durado tres años, para sacudirse el polvo de diez siglos", "durante este tiempo nosotros nos hemos mantenido esclavos de los siete primeros concilios, no nos atrevemos a cambiar un calendario manifiestamente falso, y ni siquiera comprendemos nuestra propia lengua litúrgica". 
El arzobispo se pregunta si ha llegado el momento de tocar la verdadera razón de su visita. El también ha ido a Fátima y tiene del mensaje una visión conciliar y ecuménica. Entre otras cosas, la Virgen "se inquieta por Rusia en el momento más desesperado de su historia", "reclama la participación de todos los obispos en la consagración de Rusia a su Corazón; ahora bien, ni la Iglesia católica ni la ortodoxa han puesto en duda nunca la validez de sus respectivos episcopados". Sin embargo, el papado "no lleva a cabo los deseos de la Santa Virgen expresados en el segundo secreto"; además, "rechaza desvelar el tercero", ¿por qué? 
El Papa se da cuenta de que su visitante no se encuentra bien. Respira cada vez más rápidamente. Está a punto de morir y quiere conocer el secreto. Ha venido para eso. 
En la duda, el Papa escoge el amor: volkoff
- Una montaña, en lo alto una cruz.
Murmura:
- La Iglesia
- Las laderas están cubiertas de escombros...
- La Iglesia
- Y de cadáveres.
- La Iglesia
- Un ángel exclama: ¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Penitencia!.Un obispo de blanco sube la montaña.
- Tú.
- Está acompañado de otros obispos.
- Nosotros.
- Es atravesado por las flechas que disparan hombres de armas.
- Nosotros también.
- Dos ángeles, cada uno con una regadera de cristal en la mano, recogen la sangre de los mártires y riegan las almas...
- ¿Mártires? ¿Trescientos mil?
- Innumerables.
-¿Dices que dos regaderas?
- Dos.
- Una para ti y otra para mi.
- Si Dios lo quiere.
- No iremos juntos a Fátima. Se ha malogrado.
- Ya estamos allí, hermano mío
-¡Confiésame! ¡Pronto!
- Voy a absolverte.
Y en una última exhalación, como dando un suspiro, evoca a la Iglesia:
- IE-DI-NA, que significa: ELLA ES UNA.

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Señal profética
5 de septiembre de 1978. Nikodim de Leningrado, arzobispo ortodoxo,.muere de repente, mientras habla con el Papa. No había cumplido los 49 años. Según se dijo, murió de infarto; según algunos, tras tomar una taza de café. En nuestro libro "Se pedirá cuenta" hicimos la pregunta: ¿Se le hizo la autopsia? (Orígenes, 1990, 120). Del extraño acontecimiento se dieron informaciones diversas. Veamos:
* El periodista Juan Arias informa en "El País": El metropolita de Leningrado murió "de colapso cardíaco, a los pies del nuevo Papa". Por la mañana había salido muy temprano del Colegio Ruso "sin dar síntomas de enfermedad" (6-9-1978). 
nikodimpress* Unos días después, el redactor de la revista "Ecclesia", Andrés Barriales, escribe sobre "el grave luto, el trágico suceso" (así lo calificó Radio Vaticano): "De improviso, Ñikodim perdió el color de su rostro y cayó exánime sobre un sillón. Hay quien dice que el metropolita Nikodim cayó a los pies de Juan Pablo I y que el Papa fue el primero que intentó socorrerle. El médico no pudo hacer otra cosa que constatar su muerte. Juan Pablo I le dio la absolución y recitó con los presentes un responso. El cuerpo de Nikodim fue trasladado en una ambulancia de la Cruz Roja del hospital del Espíritu Santo a la parroquia de la ciudad del Vaticano, la iglesia de Santa Ana. La Secretaría de Estado procedió inmediatamente a comunicar telefónicamente la muerte del metropolita de Leningrado al embajador de la URSS ante el Quirinal" (16-9-1978). 
Escribe también el redactor de "Ecclesia": "Riguroso en la doctrina, fue considerado durante varios años la mano del régimen soviético en el interior de la Iglesia ortodoxa de Moscú. Desde hace varios años se había convertido en el eje de la sincera disposición de su Iglesia sobre los problemas del ecumenismo y considerado como el interlocutor válido a todos los efectos".
* Según informa la agencia "Efe", "el patriarca Nikodim de Leningrado fue destituido por el Kremlin en agosto de 1972. En aquella ocasión se dijo que se había retirado por razones de salud; sin embargo, sus enfrentamientos con el Soviet Supremo eran conocidos y se atribuyó a estas diferencias la razón del cese" (ABC, 6-9-1978).
* El jesuita Miguel Arranz, que fue vicerrector del Colegio Ruso (Russicum), dio clases de Teología en la Academia Teológica de San Petersburgo e hizo de intérprete en la audiencia que Juan Pablo I concedió a Nikodim, revela los siguientes detalles en la revista "30 Días": 
"Cuando llegué por la mañana temprano al Colegio encontré a Nikodim muy agitado. Me dijo que no había dormido. En la casa hacía un calor bochornoso...había sentido ahogos. Su secretario, el archimandrita Lev, le había controlado la presión. Empezó enseguida a tomar nitroglicerina, pues tenía problemas de corazón. Además, durante la noche, le habían robado el coche que habían puesto a su disposición para ir al Vaticano. Esto le había agitado mucho. Traté de tranquilizarlo un poco. Saliendo del Colegio Ruso me dijo: Padre Miguel, cuando el día comienza muy mal, siempre termina muy bien".
Hubo otro momento preocupante: "Del Colegio Ruso fuimos a la Casa del Clero, donde estaba previsto el encuentro de las delegaciones eclesiásticas que tenían que ir a la audiencia papal. Nikodim bajó con dificultad del coche. Cuando el padre jesuita John Long le preguntó si necesitaba ayuda, pidió solo que no fuera muy deprisa. Pero también allí hubo otro momento que causó preocupación. A las nueve el padre Long comunicó a las delegaciones los números de los coches según el orden en que tenían que marchar hacia el Vaticano. Nikodim, el archimandrita Lev y yo fuimos juntos hacia el coche que nos habían preparado. Llovía a cántaros. Hubo cierto lío y al final todos terminamos en coches distintos. Nikodim subió al que llevaba a la delegación búlgara. Imagínese su preocupación… ¿Nos iba a encontrar a tiempo? Sabiendo que tenía el privilegio de ser el primero en ver al Papa".
Cuando el arzobispo solicitó la audiencia, "insistió mucho ante Casaroli para tener esta oportunidad", "le dijo a Casaroli que su petición era urgente". El coloquio "duró casi un cuarto de hora". ¿Qué le dijo Nikodim al Papa? "Esto no se puede decir, es secreto. Pero sus palabras estaban dictadas por un sentimiento de total confianza. Como cuando se habla con un padre", "le hablaba en voz baja al papa Luciani; incluso en ciertos momentos bajaba aún más el tono, como para protegerse de oídos indiscretos. No quería que nadie le escuchara". 
"Al terminar el coloquio fue invitado a entrar el archimandrita Lev. Nikodim se lo presentó al Papa", "en un momento dado, cuando la conversación con Lev estaba a punto de terminar, Nikodim se sentó sin decir nada, y sentándose se inclinó hacia delante… se acurrucó a los pies del Papa. Tratamos de levantarlo. También el Papa se inclinó sobre él tratando de agarrarlo. En aquel convulso momento el papa Luciani no se dio cuenta enseguida de lo que estaba pasando. Le dije que sufría de corazón, mientras el archimandrita Lev, que había salido de prisa a tomar el botiquín, trató de ponerle una inyección sin resultado. Los ojos de Nikodim estaban semiabiertos. Le murmuré entonces al Santo Padre: 'Déle la absolución'. El Papa se arrodilló y en latín le dio la absolución. El médico, que entró poco después, no pudo hacer nada más que constatar el fallecimiento de Nikodim". El Papa "estaba desconcertado… 'Dios mío, Dios mío, también esto tenía que ocurrirme', repetía" (30 Días, 6-7-2006).
* Miguel Arranz aporta otros datos en el libro editado por Gianni La Bella "Pedro Arrupe, General de la Compañía de Jesús" (2007). El jesuita hizo también de intérprete en agosto de 1967 en el encuentro que tuvo lugar en Castelgandolfo entre Pablo VI y Nikodim: Dice Arranz "Para mi, que había pasado seis años amistosos con los emigrantes rusos de París, Nikodim era un personaje sospechoso",."la conversación entre los dos... y la actitud de confianza del Papa hacia el prelado ruso disiparon mi precaución". Nikodim "se interesaba mucho por la Compañía de Jesús, tanto que habría querido fundar una especie de rama de ella en su Iglesia". 
Pedro Arrupe, dice Arranz, estimaba mucho a Nikodim como "audaz explorador de los caminos de Dios, que caminaba peligrosamente sobre la cuerda floja". El penúltimo encuentro entre ellos tuvo lugar en agosto de 1978: "Nikodim había venido a Roma tras la muerte de Pablo VI para asistir a sus funerales, interrumpiendo un reposo absoluto, ordenado por los médicos, a raíz de su sexto infarto, sufrido el mes anterior", "el calor romano pudo con él, y en la primera noche, pasada en la Casa Internacional del Clero, sufrió una grave crisis". Arrupe "me dio orden de llevar inmediatamente al metropolita a Villa Cavalletti y de alojarlo en su aposento personal", "a mediados de mes, Nikodim volvió a Roma para hacerse ver por los médicos, que lo encontraron en discreto estado de salud, aunque él movía la cabeza negativamente". 
Quiso hacer los Ejercicios Espirituales en Villa Cavalletti, en la provincia de Roma: "como director Nikodim quiso que fuera yo", "yo ya había dado a Nikodim unos Ejercicios leves en Leningrado, en 1971, mientras guardaba cama por una complicación cardíaca", "en Cavalletti se los di de ocho días enteros", "quiso más, y le añadí otros dos días. Quiso aún más, y ya me negué. No podía yo con mi alma, ni el ejercitante, que moriría una semana después, tampoco". Cuando "cayó a los pies del Papa en el Vaticano, víctima del séptimo infarto, me precipité al teléfono del despacho del Pontífice y llamé primero a la dirección del Patriarcado de Moscú, de donde recibí órdenes sobre cómo proceder en las actuaciones funerarias", "enseguida llamé al P. Arrupe", "a los pocos minutos estaba allí, y solos los dos en una de las secretarías papales velamos el cadáver una hora aproximadamente". 
Nikodim había hablado con Pablo VI del tema de la unidad concreta de las iglesias ya en 1975: "yo no pude estar presente, dice Arranz, pero lo supe por una nota indiscreta que alguien filtró. Cuando Pablo VI murió, Nikodim quiso que el acuerdo fuera confirmado por su sucesor, Juan Pablo I, lo que éste hizo. Cuando, recién fallecido Nikodim, al Papa se le escaparon algunas frases sobre el asunto, me sentí obligado a decirle: 'Santidad, era un secreto', 'Sí, sí, me respondió, era un secreto'. Tres días después, al recibir al clero romano, el papa Luciani, con palabras cordiales y espontáneas, les decía: 'Hace tres días ha muerto en mis brazos el metropolita Nikodim de Leningrado. ¡Qué cosas más maravillosas y nunca oídas sobre la Iglesia me ha revelado este prelado ortodoxo! ¡Pero era un secreto!'. El secreto lo sabíamos el cardenal Villebrands y yo". Arranz se muestra muy celoso (al parecer, más que el Papa) por guardar el secreto: "Cuando cuatro meses después, volví a mis clases de Leningrado, iba yo dispuesto a dejarme desollar vivo, con tal de no revelar un secreto que podía costar muchas cabezas" (pp. 623-627).
* El sacerdote y periodista Antoine Wenger, consejero de la Embajada de Francia ante la Santa Sede y amigo del cardenal, afirma en su libro "El cardenal Jean Villot": Nikodim "había insistido en tener una conversación privada con el Papa porque tenía que transmitirle un mensaje. Fue recibido por Juan Pablo I, tras haber tomado antes una taza de café, pues sentía cansado su corazón. Habló algunos instantes con el Papa, después quiso sentarse. Su corazón se detuvo. El Papa tuvo justo el tiempo de pronunciar la fórmula de la absolución. Hizo llamar al cardenal Villot y al médico. Entonces entraron los jefes de las otras delegaciones y recitaron el Padre nuestro".
"El cuerpo del metropolitano fue expuesto en la iglesia de Santa Ana, que se encuentra en el recinto del Vaticano, transformada a tal efecto en capilla ardiente. El cardenal Villot, para evitar toda apariencia de manipulación, había dado órdenes severas para que únicamente las personas que habían conocido a monseñor Nikodim fueran admitidas a rezar ante los despojos de este gran servidor de la Iglesia en la búsqueda de su unidad visible", "la Providencia le había reservado terminar su destino mortal en Roma, cerca de la confesión de Pedro, donde tanto le había gustado orar, y al lado del apartamento donde había muerto Juan XXIII, el Papa que había admirado y amado, y cuya vida había escrito. Al día siguiente, fue transferido el cuerpo a Leningrado. La Iglesia ortodoxa le tributó solemnes funerales" (Edicep, 1991, 327).
* En nuestro libro "Juan Pablo I. Caso abierto" recogemos el testimonio de don Germano Pattaro, experto en ecumenismo y consejero teológico de Juan Pablo I: 
“Le pedí —dice don Germano— que me hablara del metropolita ruso Nikodim, venido a Roma en representación de la Iglesia ortodoxa, para el comienzo de su pontificado. Yo había conocido a Nikodim en reuniones ecuménicas, sentía estima, admiración y amistad por él. El Papa Luciani me dijo: ‘Murió entre mis brazos; todo sucedió en pocos instantes, quedé desconcertado. Un hombre de vida íntegra, fuerte en la fe. Esto lo puedo decir, un gran obispo; un alma de alta espiritualidad, de gran cultura, cercano al corazón de los católicos. Con la riqueza de su hablar me decía: Quizá un día, Padre Santo, podamos subir juntos, con las antorchas encendidas, al altar de Dios, convertido en el altar de todos los cristianos. Me dejó un hermosísimo regalo’.
El Papa Luciani dijo de él: ’Os aseguro que jamás en mi vida había escuchado palabras tan bellas sobre la Iglesia católica, como las que él pronunció. Sé que ha sufrido mucho por la Iglesia, ha trabajado muchísimo por la unidad de los cristianos. Su muerte es una señal profética de nuestro pontificado. Nikodim me dijo: La historia de nuestro pueblo está siempre escrita con sangre. Le respondí: Pero ahora hay una solemne promesa de María, la Virgen de Fátima, que ha dicho: Al fin, Rusia se convertirá y habrá paz. Me lo dijo también a mí sor Lucía en Coimbra. No sabemos cuándo llegará la paz, pero la esperanza es fuerte en todos nosotros. Será Dios, sólo Dios, quien libere a los pueblos de Rusia y de los países del Este. Es imposible que tanta sangre, tanto dolor y tantos sufrimientos y oraciones no sean escuchados. Lo sabe Dios y lo sabe también la Virgen santísima que ha anunciado hace sesenta años a los niños de Fátima que Rusia volverá a ser un pueblo libre. Nikodim me pidió finalmente que bendijera y rezara por el pueblo ruso. Cosa que he hecho de todo corazón y que seguiré haciendo” (Sepha, 2009, 172; ver Camilo Bassotto, Il mio cuore è ancora a Venezia, Tip. Adriática, 1990,146). 
* De la taza de café hablan también Gordon-Thomas y Morgan-Witts en su libro "Pontífice": "Nikodim bebe un sorbo. Juan Pablo va a hacer otro tanto pero interrumpe el movimiento sorprendido". Para la audiencia se le habían asignado a Nikodim "quince minutos". "Empieza a correr el rumor de que el metropolita ha sido víctima de un envenenamiento por error al beber un café letal que estaba destinado al Papa", "el metropolita ha muerto de un infarto, pero el bulo se extiende" (Plaza&Janés, 1983, 226-227).
* Según David Yallop, "grupos de obispos y sacerdotes se reunían en distintas oficinas de la Curia y recordaban el curioso incidente de la repentina muerte del arzobispo de Leningrado", "después de la muerte de Luciani se empezó a rumorear en el Vaticano que Nikodim, poco antes de morir, había tomado una taza de café que en realidad estaba destinada al papa Luciani", "olvidándose de la frágil salud del prelado soviético, de los ataques cardíacos que había sufrido antes, su súbita muerte cobraba el ominoso aspecto retrospectivo de haber sido una señal, una advertencia, un presagio de los horribles sucesos que se habían desarrollado en los aposentos pontificios" (En nombre de Dios, Planeta, 1984, 234).
* El periodista Bernard Lecomte en su libro "Cómo el Papa venció al comunismo" afirma varias cosas al respecto: "Nikodim había insistido en reunirse con el nuevo Papa en privado para comunicarle un mensaje importante", "según varias fuentes tan dignas de crédito como confidenciales, monseñor Nikodim se había convertido en secreto al catolicismo", "había hecho su tesis doctoral sobre Juan XXIII y no dejó de abogar por el acercamiento a la Iglesia católica. Y no sin discípulos". Después del "dramático episodio" de la muerte de Nikodim, "se produce en la Iglesia rusa una reacción anticatólica", "esta hostilidad durará cerca de diez años", "pocas veces las relaciones con Roma fueron tan tensas" (Rialp, 1992, 318-319).
* Según el mensaje enviado al Papa en 1978 por un grupo de ortodoxos rusos, sacerdotes y laicos, "la aparición de la Virgen en Fátima ha sido uno de los fenómenos más relevantes del siglo XX. En aquellos días, mientras en Rusia se cumplía aquello que algunos llamaron 'la gran apostasía', la Madre de Dios anunciaba la posibilidad de la penitencia y dl renacimiento de Rusia, e invitaba a los cristianos de todo el mundo a rezar por este país. No debe haber más división entre las Iglesias: ortodoxos y católicos son hijos de un mismo Padre y esta unidad es superior a toda diversidad de opinión". El 1 de octubre, tras la muerte del papa Luciani, el mismo grupo dirigió una carta al sucesor. Lo recoge Carlo Palermo en su libro "Il papa nel mirino" (Editori Riuniti, 1998, 31-32).
* El arzobispo Loris Capovilla, que fue secretario de Juan XXIII, conocía el tercer secreto y era viejo amigo de Albino Luciani, declaró el 13 de mayo de 2000 que "el Papa de la sonrisa" en el texto del secreto "había creído leer algo que le afectaba". Por tanto, Juan Pablo I se dio por aludido. El dato lo recoge Andrea Tornielli en su libro "Fátima. Il segreto svelato" (Gribaudi, 2000, 62).

Teniendo en cuenta todo lo anterior, nos parece oportuno hacer las siguientes observaciones:
1. El arzobispo ortodoxo, Nikodim de Leningrado, murió (como Juan Pablo I) de una forma extraña. Llama la atención: en el mismo mes y en el mismo lugar mueren de forma extraña el número dos de la Iglesia ortodoxa rusa y el número uno de la Iglesia católica.
2. Si el médico no pudo hacer otra cosa que constatar su muerte, ¿qué es lo que se hizo con el cuerpo de Nikodim en el hospital "Santo Spirito", dependiente de la Administración Sanitaria Local de Roma?, ¿quién ordenó el ingreso?, ¿se hizo la autopsia?, ¿cuáles fueron los resultados?
3. El hecho de que Nikodim tuviera "problemas de corazón" no lo explica todo. Miguel Arranz le encontró por la mañana temprano "muy agitado", "no había dormido", "había sentido ahogos", pero además "durante la noche, le habían robado el coche que habían puesto a su disposición para ir al Vaticano. Esto le había agitado mucho", también "hubo otro momento que causó preocupación", "hubo cierto lío (en los coches para ir al Vaticano) y al final todos terminamos en coches distintos", "¿nos iba a encontrar a tiempo?". El arzobispo parece envuelto en una estrategia ajena.
4. Nikodim "insistió mucho ante Casaroli" para tener la audiencia privada, "su petición era urgente". Lo que le dijo el arzobispo al Papa "es secreto", dice Arranz, el jesuita que hizo de intérprete. Sin embargo, la razón de confidencialidad, dadas las circunstancias y el tiempo transcurrido, ¿no debería dejar paso a una declaración (personal o institucional) que podría contribuir a conocer mejor la figura de los interlocutores y, quizá también, a esclarecer la extraña muerte de ambos?, ¿no se debería hacerles justicia?, ¿no pesa más la fidelidad a las personas que los fríos intereses de la institución?
5. Según el intérprete, la comunicación del arzobispo ortodoxo con el Papa es "de total confianza", "como cuando se habla con un padre", "le hablaba en voz baja al papa Luciani; incluso en ciertos momentos bajaba aún más el tono, como para protegerse de oídos indiscretos. No quería que nadie le escuchara". A mediados de agosto, "Nikodim volvió a Roma para hacerse ver por los médicos, que lo encontraron en discreto estado de salud, aunque él movía la cabeza negativamente". El intérprete se muestra muy celoso (al parecer, más que el Papa) por guardar el secreto: "Cuando cuatro meses después, volví a mis clases de Leningrado, iba yo dispuesto a dejarme desollar vivo, con tal de no revelar un secreto que podía costar muchas cabezas" El General de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe, estimaba mucho a Nikodim como "audaz explorador de los caminos de Dios, que caminaba peligrosamente sobre la cuerda floja".
6. Según el testimonio de don Germano Pattaro, consejero teológico de Juan Pablo I, el mensaje de Fátima está por medio: "La historia de nuestro pueblo está siempre escrita con sangre", dice Nikodim. Responde el Papa:"Me lo dijo también a mí sor Lucía en Coimbra. No sabemos cuándo llegará la paz, pero la esperanza es fuerte en todos nosotros. Será Dios, sólo Dios, quien libere a los pueblos de Rusia y de los países del Este. Es imposible que tanta sangre, tanto dolor y tantos sufrimientos y oraciones no sean escuchados". 
7. Según el arzobispo Loris Capovilla, en el tercer secreto de Fátima Juan Pablo I "había creído leer algo que le afectaba". Por tanto, se dio por aludido, consideró la eventualidad de una muerte violenta. Si no se tiene en cuenta cómo murió, está viciado de raíz el proceso de beatificación.
8. Juan Pablo I dio este testimonio de Nikodim: "un gran obispo; un alma de alta espiritualidad, de gran cultura, cercano al corazón de los católicos", "os aseguro, dice que jamás en mi vida había escuchado palabras tan bellas sobre la Iglesia católica, como las que él pronunció. Sé que ha sufrido mucho por la Iglesia, ha trabajado muchísimo por la unidad de los cristianos. Su muerte es una señal profética de nuestro pontificado".
9. Ante la muerte de Nikodim, el Papa "estaba desconcertado": "Dios mío, Dios mío, también esto tenía que ocurrirme", repetía. 
10. De un modo u otro, Nikodim tuvo durante varios años un cargo político dentro del régimen soviético: "fue considerado durante varios años la mano del régimen soviético en el interior de la Iglesia ortodoxa de Moscú", "fue destituido por el Kremlin en agosto de 1972", "se dijo que se había retirado por razones de salud", "sin embargo, sus enfrentamientos con el Soviet Supremo eran conocidos y se atribuyó a estas diferencias la razón del cese". Como se ve, las "razones de salud" se habían utilizado previamente.
11. Tras la muerte de Nikodim, "se produce en la Iglesia rusa una reacción anticatólica", "esta hostilidad durará cerca de diez años","pocas veces las relaciones con Roma fueron tan tensas", ¿a qué se debe esta reacción? Además, es interesante el mensaje que un grupo de ortodoxos rusos, sacerdotes y laicos, envía al Papa y a su sucesor sobre Fátima y la unidad de las Iglesias.
12. El detalle de la taza de café lo recoge también Antoine Wenger, consejero eclesiástico de la Embajada de Francia y amigo del cardenal Villot, Secretario de Estado: "Fue recibido por Juan Pablo I, tras haber tomado antes una taza de café, pues sentía cansado su corazón". Sin embargo, Wenger, que hablaba incluso a diario con Villot, cuando los acontecimientos lo exigían, nada dice del traslado del cuerpo de Nikodim al hospital "Santo Spirito" de Roma.¿No lo sabía o era algo que había que ocultar? 

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En el centenario del nacimiento de Juan Pablo I y en el 50 aniversario del comienzo del Concilio, el invitado del Papa llama a la renovación y llama a la unidad, los dos grandes objetivos del Concilio. Es una parábola ecuménica, una señal profética. 
Lo decimos muchas veces. La unidad de los discípulos, por la que ora Cristo, es problema de conversión. En la “parábola de la rueda” no se trata de que el radio ortodoxo se convierta al romano ni de que éste se convierta al ortodoxo. No, por aquí (bien se ve) no vamos a ninguna parte. Se trata de que cada radio se convierta al eje que es Cristo y allí, unos y otros, nos encontraremos. 
Quedó escrito en "El día de la cuenta". El artículo de José Manuel Vidal en El Mundo (14-9-2003), que lleva por título "Juan Pablo I fue asesinado", refleja una amplia entrevista que me hizo. En el fondo, es una réplica al "Tríptico Romano", libro de poemas en el que el Papa Wojtyla parece dar una "respuesta velada", autobiográfica y apologética. Fue exactamente un año después. Sucedió así sin que nadie lo pretendiera. Resulta especialmente significativo el salmo 78, propio de ese día, fiesta de la exaltación de la cruz: "Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca; voy a abrir mi boca con parábolas, para que broten los enigmas del pasado" (Meral, 2005, 499). Sin duda, hace falta que broten los enigmas del pasado.


Jesús López Sáez                                      
XXV aniversario de la                                
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