PROPAGANDA CURIAL. Errores y mentiras

Creado en Lunes, 05 Noviembre 2012 Última actualización en Martes, 28 Mayo 2013

PROPAGANDA CURIAL

Errores y mentiras

ca2El diario La Gaceta lo anuncia a bombo y platillo: "Se desmontan los enigmas sobre Juan Pablo I", "La Gaceta aporta los testimonios de dos periodistas que siguieron en Roma la muerte del Papa" (15-10-2012). Los periodistas son Salvador Aragonés y Paloma Gómez Borrero. Los errores abundan. En la foto, portada de Juan Pablo I. Caso abierto.

Salvador Aragonés afirma que "Juan Pablo I terminó sus días en la Tierra el 28 de septiembre del año 1978", "los hechos ocurrieron la noche del 27 al 28". En realidad, fue la noche del 28 al 29 y todo indica que el Papa murió en la madrugada del 29.

* Según Salvador, el doctor Renato Buzzetti (en realidad, Buzzonetti) "certificó la defunción de Juan Pablo I por infarto de miocardio agudo", la sala de prensa del Vaticano "omitió que quien encontró al Papa sin vida fue la religiosa que le atendía", esta falta de información "desató rumores, hasta el punto de que...se levantó la especie de que el Papa había sido asesinado".

* Dice Salvador: "Al día siguiente de la toma de posesión de su cargo, el domingo 4 de septiembre,...Juan Pablo I recibió al metropolitano de San Petersburgo", Nikodim. Y a continuación añade: "En la audiencia del día 5, Nikodim le dijo al Papa Luciani algo sobre el ecumenismo". En realidad, todo sucedió el día 5.

* Según Salvador, a John Cornwell, autor del libro "Como un ladrón en la noche", "no se le hizo caso en el Vaticano". En realidad, tuvo el apoyo del propio Juan Pablo II, el cual le recibió y le dijo, espaciando cada palabra: "Quiero que sepa que tiene mi apoyo y bendición en esta iniciativa suya" (Cornwell, 126).

* El periodista afirma que Karol Wojtyla, cuando fue elegido, "tenía 65 años y era el Papa número 254". En realidad, Wojtyla tenía 58 años (nació el 18 de mayo de 1920) y era el Papa número 264.

* El periodista no lo duda: "Personalmente he leído bastante sobre lo escrito, y he constatado que hay muchos errores y confusiones de personas, cargos, fechas y datos concretos. Por lo tanto, yo sigo con la versión que recogí cuando cubrí en Roma, como corresponsal, la muerte de Juan Pablo I y el posterior Cónclave".
Ciertamente, rectificar es de sabios, pero hay quien prefiere seguir el lema de Las Mocedades del Cid, de Guillén de Castro: "Procure el noble acertalla, / si es honrado y principal, / pero si la acierta mal / mantenella y no emendalla". Pues nada, como suele decirse, ¡adelante con los faroles!...
Por su parte, Paloma Gómez Borrero afirma que en la primera audiencia general "querían que (Juan Pablo I) entrase en el aula Nervi en silla gestatoria, pero la rechazó aduciendo que aunque era veneciano se mareaba en el barco. La silla gestatoria pasó al desván".

En realidad, la utilizó en alguna ocasión. Por ejemplo, en la última audiencia: "Aquel miércoles (27 de septiembre) el Papa Luciani había llegado al aula de las bendiciones en la silla gestatoria", "en la silla gestatoria no subiría nunca más. No puedo aceptar, dijo, que se me lleve a hombros. Parezco la reina Cornaro que se enseña a la gente en la plaza de San Marcos en Venecia en el día del cortejo de las Repúblicas Marineras. Si estuviera aquí mi madre, diría: Pero, Albino, ¿no te da vergüenza que te lleven a hombros en medio de la gente? A veces es difícil resistir a ciertos consejos. Pero no lo haré más" (Bassotto, 202).

* Afirma también Paloma: "Pocas semanas más tarde, el Papa empezó a sentir fuertes emicranias y las piernas se le hinchaban visiblemente".

Según sor Vincenza, "después de la elección le había vuelto el insomnio y también el dolor de cabeza". El 28 de septiembre, a primeras horas de la tarde, sor Vincenza le dijo al Papa: "Santo Padre, me parece que las manos se han hinchado un poco". "No sólo las manos, contestó el Papa, sino también los pies, son como dos pesos muertos que tiran para abajo. Siento las rodillas atadas. Se debe al cansancio acumulado estos días, pero pasará" (Bassotto, 208).

El diálogo anterior resulta contradictorio con lo que la propia sor Vincenza dijo el día después a Lina Petri, sobrina del Papa y doctora en Medicina, que, tras conocer la noticia de la muerte de su tío, fue al Vaticano y habló con sor Vincenza: "Ella no lo podía creer porque él había estado tan bien, mucho mejor en Roma que en Venecia. Sor Vincenza estaba disgustada. Dijo que el Papa se sentía realmente bien la noche anterior" (Cornwell, 240).

También el Dr. Da Ros dijo que el Papa "estaba bien". Se ha exagerado al decir que el Papa tenía los tobillos y las piernas muy hinchados: "Para mi, dice el Dr. Da Ros, que no los tenía tan hinchados. Una persona que está todo el día sentada, que lleva una vida sedentaria, puede sufrir cierta disminución de las funciones del aparato circulatorio. Nos habíamos puesto de acuerdo para que todos los días diera un paseo por el jardín" (30 Giorni 72, 1993,53-54).

* En cuanto al insomnio, Paloma no dice lo que Juan Pablo I comenta después: "Llevo unas pocas noches que me despierto entre las dos y las tres y ya no logro volver al coger el sueño y así estoy leyendo hasta la hora de despertarme" (Bassotto, 208).

Según los expertos, el insomnio es uno de los trastornos del sueño más comunes y tiene orígenes diversos. Por otro lado, para quien se acuesta hacia las 9 de la noche y se levanta a las 4:30 de la mañana, despertarse entre las dos o las tres "unas pocas noches" no tiene mayor importancia. Por lo demás, las causas graves de los dolores de cabeza son muy raros.

* Afirma también Paloma: "En 1975 había sufrido una trombosis. El médico le advirtió que podía repetirse y ser mortal, por eso le recomendó anticoagulantes y mucho descanso y sobre todo evitar preocupaciones y estrés. El peso de los problemas y el exceso de responsabilidades le llevaron a la muerte". Aquí Paloma parece confundir dos diagnósticos distintos: trombosis e infarto.
* Según la periodista, sor Vincenza avisó inmediatamente, entre otras personas, "a la sobrina del Papa, Lina Petri, la única de la familia Luciani que se encontraba en Roma".

En realidad, dice la propia Lina: "La mañana que murió, mi hermano me llamó a Roma a las 7,20", "fui directa al Vaticano", "les dije en la puerta que era la sobrina del Papa y no me creyeron", "llamaron a algún sitio y finalmente alguien vino y me condujo hasta las puertas de la cámara papal. Incluso entonces no me dejaron entrar", "entonces vino el padre Magee y afortunadamente me reconoció" (Cornwell, 240).

* Dice Paloma: "Lina me contó que, sin lugar a dudas, la causa fue un trombo, un episodio cardiovascular con muerte instantánea. En su familia, además, según me dijo, se habían dado algunos casos similares".
Lina Petri es de la opinión de Joaquín Navarro Valls, que fue portavoz vaticano, periodista y doctor en Medicina. Le dice a Cornwell: “Mire usted, la muerte fue instantánea y sin dolor. Tal forma de muerte no encaja con la teoría del infarto de miocardio... Hay documentos que atestiguan que Luciani sufrió una embolia en el ojo en 1975. También sabemos que tenía los tobillos extraordinariamente hinchados... Lo que es más que probable es que sufriera una embolia pulmonar la noche en cuestión, y como resultado la muerte fue instantánea” (Cornwell, 37).

El Dr. Francis Roe, que fue jefe de cirugía vascular en el Hospital London de Connecticut, corrigió al portavoz vaticano: “Dicho sea de paso, su Navarro Valls habla de un émbolo en el ojo que ocasiona una posible embolia pulmonar. Muchos médicos cometen un error tan común como relacionar émbolos de esta manera, pero se producen a causa de dos razones muy diferentes, que no tienen nada que ver. El del ojo proviene de la arteria carótida en la parte del cuello. La embolia pulmonar es el resultado de coagulación venosa en la parte inferior del cuerpo” (Cornwell, 150).

* ¿Casos similares? En su biografía, Marco Roncalli habla de "una predisposición genética a enfermedades imprevistas, común a otros miembros de su familia muertos prematuramente (como había sucedido a una hermana y a dos tías, con poco más de sesenta años, sin ningún aviso" (p.658). En el fondo, recoge lo que en 1985 dijo Eduardo: "Mi hermano ha muerto de un viejo mal hereditario", "las muertes imprevistas son frecuentes en nuestra familia. El bisabuelo y dos tías mías murieron de repente, sin haber tenido nunca un malestar...Tenían todos 65-66 años" (En Gente, 21-6-1985).

Ahora bien, hablar de muertes imprevistas es poco preciso. En realidad ¿de qué murieron? Se trata de tres casos dentro de un ámbito familiar muy amplio (cuatro generaciones), que alcanza al siglo anterior; son, pues, otros tiempos con otras condiciones sanitarias: muchos morían de enfermedades respiratorias. La salud era más bien precaria y la vida breve (Humilitas 1, 1984,3). La muerte de Amalia (1901-1939) y de Pía (1902-1969), sordomudas, se produce pronto, pero ambas son hijas del primer matrimonio del padre, que se casó en 1900 con Rosa Fiocco, una prima carnal. Sin embargo, Eduardo y Antonia, hijos del segundo matrimonio como Albino, han superado los noventa.

* Lina Petri supone que el Papa murió en el escritorio. Esta es la escena: "Yo estaba allí sola. De la habitación había desaparecido todo, si exceptuamos un crucifijo y una fotografía de mis abuelos. La ropa de la cama había sido quitada. Yo estaba allí mirando su rostro. Su cabeza estaba vuelta hacia la puerta y parecía como si hubiera estado sonriendo hasta el momento de la muerte. Su rostro no presentaba signo de sufrimiento. Sus manos estaban juntas, pero estaban deformadas y en una rígida posición. Estaban...bien, como sarmentosas. Alguien llegó diez minutos después y me ofreció una silla. Estuve allí unos veinte minutos, mirándole. Entonces me pareció que allí había algo muy extraño. Estaba vestido con la ropa usual de Papa, la sotana blanca, y las mangas estaban rasgadas. ¿Por qué tenían que estar rasgadas así, me preguntaba? Entonces vinieron y me pidieron que me marchara para que pudieran preparar el cuerpo para llevarlo a la sala Clementina donde iba a ser expuesto. Me pregunté en ese momento por qué, si había muerto en la cama no llevaba puesto el pijama. Estaba convencida en lo más profundo de mi mente de que había muerto trabajando en su escritorio" (Cornwell, 240).

Cuando llega Lina, el cadáver ya ha sido tratado, le hicieran lo que le hicieran, está vestido y casi preparado para ser expuesto. El 29 de septiembre, la agencia italiana de noticias ANSA informó lo siguiente: "Dos de los hermanos Signoracci, Ernesto y Renato, fueron despertados esta madrugada al alba y a las cinco los recogieron de sus hogares en un coche del Vaticano que les condujo al depósito de cadáveres del pequeño estado, donde empezaron la operación de embalsamar" (Yallop, 359). Que el Papa haya muerto en su escritorio, no encaja con el testimonio de sor Vincenza. Tampoco encaja con el testimonio de Lorenzi, según el cual el Papa "había muerto con sus pantalones de pijama y todavía llevaba su camisa de día" (Cornwell, 80).

* Dice también Lina Petri: "Fui a la cocina para ver a la hermana Vincenza", "dijo que ella no podía creerlo porque él se había encontrado muy bien, mucho mejor en Roma que en Venecia", "decía que él se había sentido muy bien la noche anterior", "don Diego aduce ahora que mi tío tuvo unos agudos dolores la noche que murió. Es algo que no encaja". "Luego sucedió otra cosa extraña", "sor Vincenza lloraba y desahogaba su corazón con todas estas cosas. Yo la escuchaba pacientemente - nosotros no somos ese tipo de gente que llora en público y hace escenas, mi familia - pero yo lloraba interiormente y estaba sufriendo. Entonces llega Don Diego. No sé si debería decirle esto, no es en su favor, pero hizo un poco de escena. Dijo: 'Escuche, sor Vincenza, ¬ lo que ha pasado ha pasado! Aquí no hay necesidad de pensar en todos los detalles'" ((Cornwell, 240-241).

* Según Lina Petri, su tío "no tenía una salud sorprendente, pero estaba lejos de ser un inválido. Tenía todos esos achaques comunes a una persona anciana", "todo era bastante normal. La verdad es que llevaba una vida bastante movida. Le gustaba ir de excursión a la montaña", "pero algo drástico ocurrió en 1975", al volver de Brasil "tuvo un problema ocular, pérdida de visión. Ingresó en el hospital en Mestre con el profesor Rama, que le diagnosticó una embolia o trombosis en la retina. Esto es significativo, porque indica que la sangre no circula bien", "indica que lo que sucedió en el ojo podría suceder en la pierna, el intestino o la arteria pulmonar", "hablaba de eso cuando le visitamos esas Navidades. Dijo con mucha oratoria que si volvía a ocurrir podría ponerse muy enfermo. También dijo que iba a ser un esclavo de las medicinas -anticoagulantes y todo lo demás- durante el resto de su vida".

* Cornwell le pregunta a Lina: Pero ¿si tomaba las medicinas, estaba fuera de peligro?

"Ese es el problema, responde Lina. Al ser nombrado Papa, con todo el ritmo de vida nuevo y apresurado, probablemente no estaba pendiente de tomarse las medicinas necesarias" (Cornwell, 242).
En realidad, Luciani era muy cuidadoso con las medicinas y, además, estaba sor Vincenza, que era enfermera, se cuidaba de ello. Por sugerencia de Cornwell, Lina Petri intentó hablar con el Dr. Da Ros: "Lo siento, le dijo. Se niega a hablar conmigo. Fue muy maleducado" (Cornwell, 251). Por tanto, en estas condiciones, Lina Petri emite su particular diagnóstico: "La forma de su fallecimiento tiene que ver más con una embolia", "uno no se da cuenta de la muerte con una embolia pulmonar, es cuestión de una fracción de segundo" (Cornwell, 243).
Sin embargo, el Dr. Francis Roe, el especialista cardiovascular, insiste en que "él nunca ha conocido a un paciente que no haya mostrado reacción al trauma de la muerte por embolia pulmonar" (ibidem).

* Cornwell le pregunta a Lina Petri si el estrés podría haber tenido un papel importante en la muerte de Luciani. "No exactamente, responde Lina. El estrés puede influir en una enfermedad pero no es una causa directa. Es mucho más probable que debido al estrés dejara de tomar sus anticoagulantes, lo que resultó ser mortal" (ibidem).

* En noviembre de 1975, Luciani tuvo un coágulo en la vena central de la retina de su ojo izquierdo, al parecer, como consecuencia de un cambio de presión atmosférica (agente externo) al volver de Brasil en avión. No hizo falta ninguna intervención quirúrgica. El profesor Giovanni Rama, del Policlínico de Mestre, le dijo a Yallop:

“El tratamiento que se le hizo sólo fue de carácter general y estaba basado en hemocinesis, anticoagulantes, algún suave medicamento para dilatar los vasos sanguíneos y, sobre todo, unos pocos días de descanso en el hospital. El resultado fue casi inmediato, con una recuperación completa de la vista y una mejora general. Luciani nunca fue lo que se dice un coloso desde el punto de vista sanitario, pero era un hombre sano y los exámenes a los que fue sometido nunca revelaron ninguna dolencia cardiaca”. “El profesor Rama, dice Yallop, me hizo notar que Luciani tenía la tensión baja; en condiciones normales oscilaba entre 120 y 80". La tensión baja, según los especialistas consultados, está considerada como “el mejor diagnóstico posible para una expectativa de vida” (Yallop, 349-350).

* Afirma Lina Petri que "cuando sobre el cadáver se practicó una inyección conservativa, la hinchazón del brazo indicó la presencia de un coágulo" (Humilitas 3, 1985,11). Sin embargo, el Dr. Rafael Cabrera, del Instituto Nacional de Toxicología, comenta al respecto que la presencia de coágulos es normal en los cadáveres.
Finalmente, lo que faltaba. La Gaceta aconseja como imprescindible el libro de Marco Roncalli, "una documentada biografía de Albino Luciani, titulada significativamente Juan Pablo I, el Papa apacible". Un error más. Ese es el título de un artículo del vaticanista Andrea Tornielli sobre el libro del citado autor, cuyo título (en italiano, no en español) es: Giovanni Paolo I. Albino Luciani. En conclusión, información no contrastada, propaganda curial, errores y mentiras. Por cosas así se acuñaría el dicho popular: "mientes más que la gaceta".
 

Jesús López Sáez