La Comunidad de Ayala, Misión Abierta

Creado en Sábado, 01 Enero 2000 Última actualización en Martes, 28 Mayo 2013

Es una pedagogía de la escucha de la Palabra de Dios que se hace acontecimiento; una pedagogía de la relación, de la comunicación, del grupo. 

     La Comunidad de Ayala nace en 1973 en la parroquia del Cristo de la Salud (c/Ayala,12) de Madrid. Así pues, ha cumplido ya 25 años de existencia. Un pequeño grupo de creyentes, insatisfechos del cristianismo convencional, buscábamos vivir hoy la renovación profunda de una Iglesia, que -siendo vieja y estéril- podía volver a ser fecunda. Empezamos por una reunión quincenal en torno a la Biblia (unos meses), seguimos con la orientación neocatecumenal (año y medio), hicimos una revisión que nos parecía necesaria y seguimos después por propia cuenta. Para entonces, abril de 1975, teníamos ya la síntesis de fe del catecismo "Con vosotros está", que se ha ido transformando poco a poco en nuestro "Proyecto catecumenal".

     Siguiendo la orientación del Concilio Vaticano II, la comunidad quiere volver a las fuentes y establecer un diálogo evangelizador con el mundo de hoy. Se inspira en el modelo de las primeras comunidades (Hch 2,42-47) y uno de sus objetivos es promover la reconstrucción del tejido comunitario de la Iglesia, mediante la creación de comunidades vivas en diversos medios y ambientes. "Levantaré la tienda" (Hch 15,16), dice una de nuestras canciones. En parroquias, colegios y casas: no importa el lugar. Lo que importa es que se cumpla la palabra del Señor que dice: "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20). 

                                                     Dios habla hoy

    El proceso de evangelización que llevamos adelante recoge la definición más antigua de catequista: "el que instruye en la Palabra" (Ga 6,6) al discípulo o catecúmeno. Conecta, por tanto, con esta experiencia fundamental: Dios habla hoy. Y se pone al servicio de ella. En la Biblia, el mayor problema religioso del hombre no está en si Dios existe o no existe, sino en si Dios habla o no. Para quien le busca, quizá a tientas (Hch 17,27), la respuesta no está en las nubes de los razonamientos teóricos. La respuesta es la experiencia de fe, como escucha de la Palabra de Dios en el fondo de la historia. Lo dijo Pablo VI: "En el fondo ¿hay otra forma de evangelizar que no sea el comunicar a otro la propia experiencia de fe" (EN 46). 

                                               La semilla que produce fruto

     Al propio tiempo, procuramos mantener viva la inspiración catecumenal. El proceso de evangelización (por el que una persona comienza a creer de forma personal y comunitaria) se realiza poco a poco, por etapas, que (sin rigidez, con flexibilidad) pueden ser promovidas, discernidas y celebradas. En efecto, el proceso catecumenal tiene unas etapas, que están ya en el evangelio y que es preciso identificar. Comienza con el primer anuncio de la experiencia de fe (siembra de la Palabra) y se cumple de forma básica y fundamental en la catequesis (crecimiento y maduración que produce fruto).

     La relación que se da entre este primer anuncio del evangelio y la catequesis (de inspiración catecumenal) es profunda, como es profunda la relación que se da entre el grano y la espiga, la semilla y el fruto. Es la parábola del sembrador (Mc 4,1-20). La catequesis, para bautizados o para quienes se preparan a recibir el bautismo, implica una entrega viva del evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Este concepto renovado de catequesis puede verse más ampliamente
desarrollado en la voz "catecumenado e inspiración catecumenal" del "Nuevo Diccionario de Catequética" (San Pablo, Madrid,1999), que acaba de ser publicado.

                                                   Lo que pasa en la reunión

     Todo el proceso de evangelización pasa por la reunión catecumenal. O comunitaria: no podemos olvidar que el lugar original de la catequesis es la reunión de la comunidad. San Pablo consideró importante lo que pasa en ella. Por eso escribe a la comunidad de Corinto: "Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación" (1 Co 14,26).

     Una cosa que es siempre importante: acoger las cuestiones y las situaciones de los miembros del grupo. Así, por ejemplo, en el encuentro de Pedro y Cornelio se asume el interrogante: "¿Por qué motivo me habéis enviado a llamar?" (Hch 10,29).

     Esto supuesto, con la adaptación necesaria en cada caso, utilizamos el esquema de reunión que Pablo propone a la comunidad de Corinto. En él se conjugan diversos elementos: oración (a partir de aquello que se está viviendo); enseñanza (de la Palabra de Dios, recogida en la Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia); revelación (escucha de la Palabra de Dios dicha hoy en una situación concreta); discurso en lengua (comunicación realizada en otros lenguajes que necesitan interpretación para que puedan ser entendidos).

     También utilizamos el siguiente esquema, semejante al de "ver, juzgar, actuar": información (de lo más importante, acontecido desde la última reunión); escucha de la Palabra (dicha ya o dicha hoy); oración (desde lo escuchado, desde lo vivido, con un salmo, con propias palabras, con una canción); acción, que brota de la escucha de la Palabra de Dios en una situación concreta (Lc 8,21;Sant 1,22).

     No todos los elementos se dan en todas las reuniones ni tampoco se dan necesariamente todos desde el principio. Así, por ejemplo, a petición de uno de sus discípulos, Jesús les enseña a orar (Lc 11,1). Es fundamental la participación, la comunicación, realizada libremente al nivel que cada uno quiera expresarse. Conviene recordar que, originalmente, homilía significa conversación. No es un monólogo, sino un diálogo. ¿Y si hay silencio? Hay que ver lo que significa. Puede significar bloqueo, tensión, falta de comunicación, pero también reflexión, escucha, contemplación. En muchos casos, en el silencio se gesta la Palabra.

                                                 Pedagogía catecumenal

     He aquí algunas claves más importantes. Es una pedagogía de la escucha de la Palabra de Dios que se hace acontecimiento. Es una pedagogía de la relación, de la comunicación, del grupo. De la experiencia humana común y de la experiencia de fe. De la información y documentación necesarias (datos objetivos: doctrinales, científicos, jurídicos, etc.). Del discernimiento personal, comunitario, pastoral. De la acción: compromiso, testimonio, liberación. De la confesión de fe, recapitulada en el símbolo de la fe. De la oración, como conversación con un Dios que habla. De la celebración de la fe, es decir, de la Palabra de Dios cumplida en los acontecimientos. 

     Es muy importante el papel de quien lleva el grupo, de quien instruye en la Palabra. Su función es la de ser guía. Cuando Felipe oye al eunuco leer al profeta Isaías, le dice: ¿Entiendes lo que vas leyendo? Le contesta: ¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía? Felipe le orienta no sólo en el sentido de las Escrituras, sino también en el sentido de los acontecimientos. Todo lo que ha sucedido ese día tiene una clave: la Buena Nueva de Jesús (Hch 8,30-35).

                                               Grupo, comunidad, asociación

     Desde su fundación en 1973, la organización de la comunidad se ha ido configurando poco a poco, respondiendo a las necesidades de cada momento. Actualmente, presenta tres niveles: el grupo, la comunidad, la asociación. 

     El grupo (de unas 15-20 personas) facilita la acogida, la maduración en la fe, el proceso de evangelización, el proceso de inspiración catecumenal; transmite esa enseñanza especial que le lleva al discípulo a comprender los misterios del Reino de Dios (Mc 4,10-12). Tiene también una función de catequesis permanente para aquellos que han terminado el proceso catecumenal; en realidad, es preciso "profundizar, consolidar, alimentar y hacer cada día más madura la fe", pues, de otro modo, corre el riesgo de "morir por asfixia o por inanición" (EN 54;ver CT 43). Se trata de promover siempre la madurez cristiana "a fin de que en los acontecimientos mismos, grandes o pequeños, (todos) puedan ver claramente qué exige la realidad y cuál es la voluntad de Dios" (PO 6). El grupo facilita la participación, la relación de fraternidad, la comunicación de experiencia de fe. En general, el grupo se reúne una vez por semana y está orientado por dos o tres personas que ya han vivido el proceso catecumenal y que pueden ayudar a otros, siguiendo el proceso personal de cada uno. El grupo, como la comunidad y la asociación, está siempre abierto a la incorporación de nuevos miembros.

     La comunidad (unas 300 personas) se reúne los sábados al atardecer para la celebración de la Eucaristía. Es una celebración participada, que puede durar dos horas y media. Seguimos el esquema litúrgico, facilitando la participación de todos, como dice el Concilio, "por medio de una celebración plena, activa, y comunitaria" (SC 21). Los miércoles tenemos una reunión, de inspiración catecumenal, en la que participan principalmente quienes llevan los grupos: no sólo es escuela, sino espacio donde se comparte una misión, como hacen aquellos setenta y dos discípulos enviados por Jesús a hacer discípulos (Lc 10,1). Además, siempre que hace falta, tenemos otras reuniones más pequeñas para abordar problemas concretos o para hacerlo a determinado nivel.

     En 1987 nos constituimos en asociación, reconocida eclesial y civilmente (c/Saliente,1. Madrid). Esto ha dado asentamiento a la acción evangelizadora que estamos desarrollando. Al propio tiempo, señala el horizonte en el que desemboca el proceso catecumenal: asociados para evangelizar. La asociación está dirigida por un consejo rector, elegido cada tres años por la asamblea general. Cada año tenemos una asamblea ordinaria, en la que se presenta la memoria del año y, también, el tema económico (balance y presupuesto). Asimismo, cada año tenemos dos asambleas extraordinarias, en las que celebramos la incorporación de nuevos asociados. Tras discernimiento personal, comunitario y pastoral, celebramos la historia personal que lleva al nuevo asociado a esa opción adulta de fe, por la que participa de la misión evangelizadora de la Iglesia. Esa opción manifiesta lo que significa el bautismo llevado a su madurez. 

     Actualmente son más de cien los grupos promovidos por la Asociación Comunidad de Ayala. La Asociación tiene también proyección fuera de Madrid: la Asociación Comunidad del Puerto (Tenerife), la Asociación Comunidad de la Palabra (Gran Canaria), la Asociación Con vosotros está (Córdoba), la Asociación Comunidad de la Alianza (Nápoles) y los grupos de Cuenca, Guadalajara, Murcia, Vigo, Barcelona, León, Burgos, Toledo, Avila, Segovia, Lisboa, Londres, Maputo (Mozambique), Pinar del Río (Cuba), Santiago de Chile...

                                          Fundación Betesda, Residencia Belisana

     La Fundación Betesda y la Residencia Belisana (para disminuidos psíquicos no gravemente afectados) son fruto de la dimensión social del Evangelio, vivido en comunidad y en relación con los problemas de nuestra sociedad. Uno de ellos es la vivienda, sobre todo cuando faltan los padres, y el desarrollo integral de los minusválidos psíquicos.

     La Asociación Comunidad de Ayala asumió este problema que encontró dentro de sus propios grupos (también fuera), problema que no está resuelto en nuestra sociedad y que desborda y angustia a muchas familias.

     La Fundación Betesda, titular de la Residencia, quedó constituida el 30 de diciembre de 1994. También ese mismo día se constituyó la Asociación de Padres y Tutores Los Olivos. Como detalle, nos llamó la atención la viñeta que en "El País" se publicó ese día. Decía: "Quedan ustedes invitados a panes y peces". No sabemos exactamente qué se quería decir con eso. A nosotros nos resultó muy significativo, porque el proyecto se estaba haciendo posible por el compartir de la comunidad y estábamos viviendo el pasaje evangélico de la multiplicación de panes. Ahora podemos decir que lo compartido ha sido multiplicado por la aportación de muchas personas, de las familias afectadas y de diversas instituciones.

     Pusimos la primera piedra el 4 de octubre del 96 y la edificación se terminó en trece meses. Después vino el equipamiento y la puesta en marcha, que ha tenido lugar en el pasado mes de marzo, en torno a la fiesta de San José. La Residencia está situada en la calle Belisana, nº 22, de Madrid. Hemos celebrado la inauguración oficial el 25 de octubre. El salmo propio del día lo decía todo: "Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada, Dios prepara casa a los desvalidos" (Sal 68,6-7). 

     El nombre de la Fundación está tomado del pasaje evangélico de la curación del paralítico en la piscina de Betesda (Jn 5): el paralítico (minusválido) necesita de una mano que le meta en la piscina para ser curado y lograr la mayor autonomía posible. 

Jesús López Sáez