JUAN PABLO I. Caso abierto. Indice, presentación y capítulo I

Creado en Martes, 28 Mayo 2013 Última actualización en Martes, 28 Mayo 2013


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La muerte de Albino Luciani, Papa Juan Pablo I -en 1978, al mes de su elección- es uno de los grandes misterios del siglo XX. Interrogantes elementales quedaron sin verdadera respuesta: ¿de qué murió Juan Pablo I?, ¿cuál fue realmente su figura?, ¿hubo cambio de rumbo en la Iglesia? Treinta años después, el caso sigue abierto. El juicio no se ha hecho donde tenía que hacerse, pero el juicio está en la calle.

El Papa estaba bien, según su médico personal. Había tomado decisiones importantes y arriesgadas. Había decidido terminar con los negocios vaticanos, incluso haciendo frente a la logia masónica Propaganda Dos y a la mafia. Había puesto el dedo en la llaga. Había decidido expulsar a los mercaderes del templo vaticano. ¿Le dieron una dosis letal?, ¿se le hizo la autopsia?

Un aspecto importante, que no se puede pasar por alto, es éste: la figura de Juan Pablo I ha sido profundamente deformada. Se dijo que estaba enfermo, que murió aplastado por el peso del papado, que no estaba capacitado para ser Papa. Tal distorsión es mantenida precisamente por quienes defienden la versión oficial: infarto agudo de miocardio; y, si esto no vale, embolia pulmonar; en cualquier caso, muerte natural.

¿Cómo explicar el silencio de los papas que le sucedieron? Ya no está el Papa Wojtyla, pero está el Papa Ratzinger, el asesor teológico de Wojtyla (1981-2005), el que desde entonces dirige el rumbo conservador de la Iglesia. La perspectiva es suficiente y se imponen estas preguntas: ¿Qué pasó con el Concilio?, ¿es un talento enterrado por miedo conservador?, ¿se enterró con Juan Pablo I el Concilio Vaticano II?

Con singular acierto, se le llamó a Juan Pablo I "Papa profeta", que se marchó, como Elías, de una forma extraña, pero hubo un Eliseo que estaba a su lado atento a lo que ocurría y recogió con decisión el manto del ilustre profeta. Recoger su manto es recoger su testimonio, su figura, su presencia entre nosotros. Ciertamente, algo así tenía que suceder ahora.

 

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Jesús López Sáez
Pascua de 2009