En el principio era la palabra
 

13. LA PROFECÍA DE MALAQUÍAS La función del mensajero El nombre de Malaquías significa mensajero, pero ¿es nombre propio de una persona o de una función?, ¿qué fue lo primero? En este caso, primero fue el nombre de una función: “Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí” (Mal 3, 1). Luego se convirtió en nombre propio del profeta, quizá también fue pseudónimo: “Palabra del Señor a Israel por medio de Malaquías” (1,1). Entonces, si realmente fue así, ¿cómo se explica esto? Algunos datos. La traducción griega de los LXX (en los siglos III-I a.C.) todavía interpreta este término como simple título, como nombre de función. Sólo más tarde se convierte para algunos comentaristas en nombre propio, cosa inaceptable, porque ninguna otra vez encontramos este nombre en el Antiguo Testamento.

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PERMANECER EN LA COMUNIDAD Muchos se marcharon   En la reunión del pasado 25 de abril el Consejo Rector tomó la decisión de actualizar el censo de miembros de la Asociación. Desde su fundación en 1987, hace treinta y cinco años, algunos han causado baja “a petición propia”, pero -de hecho- muchos se marcharon. En distintas ocasiones (por ejemplo, en 14-6-2017 y 10-4-2019) hemos abordado el problema de la diferencia existente entre el censo oficial y el censo real. Es preciso aclarar esta situación. El 7 de mayo, en el contexto de la celebración virtual de la Comunidad, anuncié que ya estaban disponibles en la web de la Comunidad la Carta a los Asociados y la Ficha de Actualización. La Palabra que esa mañana se leía en todas las iglesias recogía, precisamente, la pregunta que Jesús hace a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos? En la Ficha la primera pregunta es ésta: ¿Deseas continuar como miembro de la Asociación Comunidad de Ayala?

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INFORME SECRETO  Decisiones de Juan Pablo I En mayo del 89, la llamada "persona de Roma" envió a Camilo Bassotto (en la foto), periodista veneciano y amigo de Juan Pablo I, una carta con unos apuntes. En realidad, era un informe secreto. Este informe recoge decisiones importantes y arriesgadas, que Juan Pablo I había tomado. Se lo había comunicado al cardenal Villot, Secretario de Estado. Pero también se lo comunicó a la persona de Roma. Fue una medida prudente. De este modo nos hemos enterado. Juan Pablo I había decidido destituir al presidente del IOR (Instituto para Obras de Religión, el banco vaticano), reformar íntegramente el IOR, hacer frente a la masonería (cubierta o descubierta) y a la mafia. Es decir, había decidido  terminar con los negocios vaticanos, echar a los mercaderes del templo.  El informe debía ser publicado, pero sin firma. El autor del mismo no podía hacerlo, pues, así decía, "el puesto que ocupo no me lo permite, al menos por ahora". Camilo lo publicó en su libro "Il mio cuore è ancora a Venezia" (1990).  

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13. LA PROFECÍA DE MALAQUÍAS

La función del mensajero

  1. El nombre de Malaquías significa mensajero, pero ¿es nombre propio de una persona o de una función?, ¿qué fue lo primero? En este caso, primero fue el nombre de una función: “Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí” (Mal 3, 1). Luego se convirtió en nombre propio del profeta, quizá también fue pseudónimo: “Palabra del Señor a Israel por medio de Malaquías” (1,1). Entonces, si realmente fue así, ¿cómo se explica esto?
  2. Algunos datos. La traducción griega de los LXX (en los siglos III-I a.C.) todavía interpreta este término como simple título, como nombre de función. Sólo más tarde se convierte para algunos comentaristas en nombre propio, cosa inaceptable, porque ninguna otra vez encontramos este nombre en el Antiguo Testamento. El Tárgum (interpretación aramea de la Biblia hebrea) identifica a este profeta con Esdras. San Jerónimo sigue esta opinión. Sin embargo, “aunque el libro de Malaquías ofrezca puntos de contacto con la actividad de Esdras, existen también discrepancias; por ejemplo, en la actitud ante los levitas” (Schökel-Sicre, 1205). Esdras, escriba y sacerdote, legislador e intérprete de la Ley, procede de Babilonia y llega a Jerusalén en el año 397. Nehemías, gobernador de la provincia de Judea, llega a Jerusalén desde Babilonia en el año 445.
  3. Contexto. La profecía de Malaquías refleja la situación de Judá y de Jerusalén en la época persa, alrededor del 450 a. C.: “Hace más de setenta años que la comunidad judía se ha reconstituido y unos cincuenta que el Templo, a impulsos de Ageo, ha sido restaurado. Nuevamente sobreviene la decepción. El gran sueño no acaba de realizarse. El mundo sigue igual. La gente sin religión vive tan bien como los creyentes. Los que se despreocupan de la moral prosperan”, “como consecuencia cunde la indiferencia religiosa. ¿El culto? Es un culto formalista, de saldo. Los mismos sacerdotes no son coherentes. La moral social, la fidelidad conyugal… cosas superadas” (J. P. Bagot, Biblia de Jerusalén, Edición pastoral, 1984, 1451).
  4. El libro. Se caracteriza por el uso del diálogo, la discusión, la controversia del profeta con su ambiente. Se repite este esquema: afirmación del profeta o de Dios a través de él, objeción de los oyentes, justificación de la afirmación profética. El libro aborda los problemas de su época: el amor de Dios, la justicia de Dios, la retribución, las ofrendas, el matrimonio, los diezmos, el día del Señor. En medio de la controversia, la profecía de Malaquías tiene alcance universal: “De Oriente a Occidente mi nombre es grande entre las naciones, y en todo lugar se quema incienso en mi honor y se ofrece a mi nombre una ofrenda pura, pues mi nombre es grande entre las naciones, dice el Señor del universo. Pero vosotros lo profanáis diciendo: La mesa del Señor está contaminada, y ni su fruto ni su comida merecen la pena. Y añadís: ¡Qué aburrimiento!, dejándolo de lado” (Mal 1, 11-13).
  5. Diversos problemas. El amor de Dios se manifiesta comparando la suerte de Jacob (Israel) con la de Esaú (Edom): “Os amo, dice el Señor. Pero vosotros decís: ¿En qué se nota que nos amas? Dice el Señor: Esaú era hermano de Jacob y yo amé a Jacob y menosprecié a Esaú” (Mal 1,2-3). Los sacerdotes son duramente denunciados: “Vosotros, despreciáis mi nombre. Pero replicáis: ¿En qué despreciamos tu nombre? Traéis a mi altar alimentos consumidos, impuros” (1, 6-7), “y añadís: ¡Qué aburrimiento!” (1,13), “la boca del sacerdote atesora conocimiento, y a él se va en busca de instrucción”, “pero vosotros os habéis apartado del camino recto, invalidando la alianza de Leví”, “pues yo también os voy a hacer despreciables y viles para todo el pueblo” (2, 7-9). No se respeta el matrimonio: “Cubrís de lágrimas el altar del Señor, de llantos y gemidos, pero el Señor no mira vuestra ofrenda, ni os la recibe con gusto. Y encima decís: ¿Por qué? Porque el Señor es testigo de que traicionaste a la mujer de tu juventud”. Quien hace esto, “cubre sus vestidos de violencia” (2, 13-16). La referencia a matrimonios mixtos (2,11b-12) parece un añadido posterior.
  6. Se piensa que Dios no es justo. “Cansáis al Señor con vuestros discursos, y decís: ¿En qué le cansamos? Pues cuando decís: Todo el que obra mal, ese agrada al Señor, que lo acepta de buen grado; ¿dónde está el Dios justo?” (2,17), “¿qué sacamos con guardar sus mandatos?”, “prosperan los malhechores, tientan a Dios y salen airosos” (3, 14-15). No se pagan los diezmos. A ello se atribuyen las malas cosechas y la plaga de langostas: “¡Vosotros me estáis defraudando a mí!”. Y le dicen: “¿En qué te defraudamos?”, “Traed todos los diezmos al tesoro y habrá sustento en mi templo”, “veréis cómo abro las compuertas del cielo y derramo bendición sin medida. Ahuyentaré de entre vosotros el insecto devorador y no se echarán a perder los frutos de la tierra” (3,8-11). Pagar los diezmos y primicias se convirtió en uno de los mandamientos de la Iglesia, mientras pagar los impuestos se consideraba una ley meramente penal. Si te pillan, mala suerte, pero no se consideraba un problema moral. Jesús lo dice de otro modo: “No se puede servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24). En una sociedad fraterna hay que superar el “abismo social” (Lc 16, 19-31). Las grandes diferencias sociales son una injusticia, debe ser superadas (GS 63, 66 y 69). El Evangelio nos invita a dar señales claras de que nuestro dios no es el dinero. Una comunidad viva salva abismos sociales, comparte los bienes (Hch 4, 32).
  7. El mensajero. Tendiendo su mirada hacia adelante, el profeta ve otro mensajero que preparará el camino delante de Dios. Este “ángel de la alianza” actuará como fundidor y como lavandero. Entonces se podrá hacer la oblación pura, como en tiempos pasados: “Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí. De repente, llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando”, “¿quién resistirá el día de su llegada? Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata, refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén como en tiempos pasados”, “os llamaré a juicio y seré testigo diligente contra magos y adúlteros, contra los que juran en falso, contra los que roban el salario al trabajador, explotan a viudas, huérfanos y emigrantes” (3,1-5). Se necesitan mensajeros que preparen el camino de Dios y anuncien la experiencia de Dios a quienes están buscando, quizá “a tientas” (Hch 17, 27). Lo cantamos: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena noticia!” (Is 52,7).
  8. El día del Señor. Los últimos versículos del libro, añadidos después, dicen que el mensajero es Elías, que vendrá a preparar el Día del Señor: “Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que venga el día del Señor, grande y terrible” (3, 23), “he aquí que llega el día ardiente como un horno, en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja; los consumirá el día que está llegando”, “pero a vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia que cura con sus alas” (3, 19-20).
  9. La ley de Moisés. Llama la atención: “Al final de los libros proféticos, se reúnen Moisés y Elías, ley y profecía, en buen concierto, hasta que se reúnan en el monte de la transfiguración como testigos fehacientes del Mesías. La tarea de Moisés es proclamar la Ley; convertir el corazón le toca al profeta” (Schökel-Sicre, 1220): En efecto, “recordad la ley de mi siervo Moisés, los mandatos que le di en el Horeb” (Mal 3, 22). En la foto, cuadro de la transfiguración de la catedral de Ávila.
  10. La función de Elías. Se dice que viene Elías: “Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que venga el día del Señor, grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a los padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra” (3, 23-24). La función de Elías será reconciliar las generaciones divididas, para que la tierra no se destruya: “Te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel” (Eclo 48, 10). La función de Elías se cumple en el profeta Juan, del que se dice: “Irá delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1,17). Juan viene “con el espíritu y el poder de Elías”. Para Jesús, la función del mensajero se cumple en la persona de Juan: “Este es de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti” (Mt 11,10). Los discípulos le preguntan: “¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?”. Él responde: “Elías vendrá y lo renovará todo. Pero yo os digo que Elías ha venido ya y no lo reconocieron, sino que hicieron con él lo que quisieron. Así también el Hijo del hombre va a padecer de manos de ellos. Entonces entendieron que se refería a Juan el Bautista” (17, 10-13).
  11. Moisés y Elías, en diálogo con Jesús. En el pasaje de la transfiguración, Moisés y Elías aparecen en diálogo con Jesús: “Dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén” (Lc 9, 30-31). Jesús no ha venido a abolir la Ley y los profetas, no ha venido a abolir, sino a dar plenitud (Mt 5, 17). Jesús dialoga con Moisés, el hombre de la ley, y con Elías, el corifeo de los profetas. Jesús puso una mesa para cinco mil, lo que significaba una fuerza política considerable, pero se produjo un desencuentro: él había optado por un mesianismo profético, al servicio de la palabra de Dios, sin imponerse por la fuerza. Esto suponía (y supone) una ineficacia total. Entonces “muchos se marcharon” (Jn 6, 66). Tras su fracaso en Galilea, Jesús afronta la etapa final de su misión. El Hijo del hombre será sacrificado por poderes bestiales (Dn 7). Jesús se dirige a Jerusalén, la que mata a los profetas: “No es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lc 13, 33).
  • Diálogo: Malaquías ¿es nombre propio de una persona o de una función?, ¿qué significa la función del mensajero?, ¿hacen falta mensajeros?, ¿qué significa el pasaje de la transfiguración?

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