En el principio era la palabra
 

JUAN PABLO I: INFORME SECRETO Encubrimiento vaticano   En octubre de 1985 publiqué en la revista Vida Nueva un pliego sobre la muerte del papa Luciani titulado La incógnita Juan Pablo I. Lo envié a tres destinatarios especiales: Mario Senigaglia, que había sido secretario del patriarca Luciani, y dos cardenales. Uno de ellos vivía en Roma, el argentino Eduardo Pironio; el otro vivía en Londres, el inglés Basil Hume. De este ya he hablado previamente. Ahora hablo de los otros dos. Mario Senigaglia no me respondió, pero sí lo hizo alguien a quien no conocía, Camilo Bassotto, periodista veneciano y amigo personal del papa Luciani. Entre otras cosas, me dijo: “He quedado muy impresionado de lo que usted escribe”, “llevo siete años trabajando en un libro sobre Albino Luciani como hombre y como pastor”, "hasta ahora ninguno de los que saben ha sentido el deber de hablar y decir finalmente la verdad. Las sombras y las sospechas van creciendo cada día. Quizá el Papa Wojtyla podría tomar la iniciativa de una clarificación que diese al mundo la paz sobre la persona de Luciani. No se podrá...

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14. LA TRADICIÓN DE DANIEL Sabiduría y revelación Con el enmudecimiento de la profecía, la experiencia religiosa en Israel se manifiesta de forma sapiencial en el género apocalíptico, que arraiga en la tradición de Daniel (siglos VI-II a.C.). Ezequiel cita a Daniel junto a Noé y a Job “por su proceder justo” (Ez 14, 14-20). Apocalipsis significa “revelación”: es un mensaje de esperanza en medio de las dificultades del tiempo presente, revela el destino del mundo como un combate entre Dios y los poderes del mal. En cualquier caso, la última palabra la tiene  Dios. En la foto, mapa de Babilonia. Algunos datos. Daniel, que significa “juicio de Dios”, es “uno de los deportados de Judea” (Dn 6, 14). Se forma en la corte. El rey ordena al jefe de los eunucos seleccionar algunos israelitas “de sangre real y de la nobleza, jóvenes, perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en la sabiduría, cultos e inteligentes y aptos para servir en el palacio real”, “cada día el rey les pasaba una ración de comida y de vino de la mesa real. Su...

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INFORME SECRETO  Decisiones de Juan Pablo I En mayo del 89, la llamada "persona de Roma" envió a Camilo Bassotto (en la foto), periodista veneciano y amigo de Juan Pablo I, una carta con unos apuntes. En realidad, era un informe secreto. Este informe recoge decisiones importantes y arriesgadas, que Juan Pablo I había tomado. Se lo había comunicado al cardenal Villot, Secretario de Estado. Pero también se lo comunicó a la persona de Roma. Fue una medida prudente. De este modo nos hemos enterado. Juan Pablo I había decidido destituir al presidente del IOR (Instituto para Obras de Religión, el banco vaticano), reformar íntegramente el IOR, hacer frente a la masonería (cubierta o descubierta) y a la mafia. Es decir, había decidido  terminar con los negocios vaticanos, echar a los mercaderes del templo.  El informe debía ser publicado, pero sin firma. El autor del mismo no podía hacerlo, pues, así decía, "el puesto que ocupo no me lo permite, al menos por ahora". Camilo lo publicó en su libro "Il mio cuore è ancora a Venezia" (1990).  

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DURA LUCHA SOBRE JUAN PABLO I

Parábola del cancerbero vaticano

Lo denunció certeramente el cura italiano, don Floriano. El autor de la página de Wikipedia sobre Juan Pablo I revela una “voluntad decidida de cerrar la cuestión” de la muerte provocada del papa, calificándola de “infundada”, “lo que, sin embargo, no se corresponde con la verdad”. Pues bien, aquí compartimos la misma opinión. Desde el primer día, se libra una dura lucha en todos los terrenos por lo que realmente pasó: cómo y por qué murió Juan Pablo I

Por ejemplo, Marisol Cerezo, doctora en Historia, me comenta que ha querido añadir mis dos últimos libros en la página de Wikipedia sobre Juan Pablo I y no se lo ha permitido un señor llamado Enrique Cordero por esta razón: “He desecho sus ediciones en el artículo Juan Pablo I consistentes en agregar dos entradas bibliográficas porque Wikipedia no es un repertorio bibliográfico. Las obras que se citan en la bibliografía son las que se han utilizado en la redacción del artículo” (16-7-2022).

Replica Marisol: “Es labor de Wikipedia reforzar sus artículos mediante fuentes bibliográficas lo más completas posibles”, “las reseñas que pretendemos añadir en Bibliografía y que usted ha decidido no incluir hacen precisamente referencia a este investigador nombrado en texto, pero ninguneado o difuminado bajo el titular de una entrevista de prensa” (Referencia 34)”, “si el artículo menciona a López Sáez, existe el derecho de que se conozcan sus investigaciones y estas merecen un hueco en el apartado de Bibliografía, ‘rellenada’ además por dos publicaciones base del artículo según usted, y que solo reflejan la postura oficial vaticana en estas décadas. A esto sí que lo llamamos ‘un mero repertorio bibliográfico de un artículo tendencioso y parcial” (17-7-2022).

Enrique Cordero afirma que no es moderador de la página: “En Wikipedia no hay ‘moderadores’ y yo no lo soy; tampoco el que ha escrito el artículo”, “quien escribe algo debe consignar sus fuentes, como se indica en las políticas referidas a fuentes fiables y verificabilidad. Como le indicaba, la bibliografía recoge únicamente la que se ha utilizado en la redacción del artículo: si quien redactó esas frases que usted me señala utilizó un diario, citó correctamente la fuente de la que se ha servido. Usted puede ampliar el artículo y añadir aquello que estime oportuno, sirviéndose como fuente de esos libros u otros, y entonces sí podrá citarlos como referencias. Tenga en cuenta, por otra parte, que cualquier cosa que añada, además de apoyarse en fuentes fiables, debe respetar el punto de vista neutral, otra política de obligado cumplimiento” (17-7-2022).

Parece claro. El autor de la página se ha despachado a gusto, pero ¿dónde queda la neutralidad de la página?, ¿dónde la política de obligado cumplimiento? En efecto, en la bibliografía de la página sólo se citan dos obras: la de Andrea Tornielli y Alessandro Zangrando, Juan Pablo I, el párroco del mundo, Palabra (2000), y la de Marco Roncalli, Giovanni Paolo I: Albino Luciani, San Paolo (2012). Todo el mundo lo sabe. Actualmente, Andrea Tornielli es director editorial del Vaticano. Y Marco Roncalli está en la misma línea. Cuando salió su libro, publiqué un artículo titulado “Ensayo conservador. Aprobado vaticano” (www.comayala.es).

Fallo garrafal. Sobre la biografía oficial del proceso de beatificación (en la foto), Albino Luciani. Giovanni Paolo I, (Tipi Edizioni, Belluno, 2018), hice un estudio crítico que lleva por título ”Biografía del papa Luciani”; el subtítulo es “Aspectos, omisiones, apuros” (www.comayala.es). En el amplio estudio dejé escrito lo siguiente: “Por lo que a mí se refiere, la bibliografía no está actualizada, se queda en 1990. Además, aquí la biografía oficial sigue al biógrafo Roncalli incluso en las erratas que comete: desplaza el acento en mis apellidos” (Biografía, 835; Roncalli, 654). De hecho, sólo se cita mi libro Se pedirá cuenta (1990) y la biografía oficial, la pomposa biografía “ex documentis” (a partir de documentos), comete un fallo garrafal, siguiendo al pie de la letra a su mentor.

Con fecha 28 de febrero de 2019 envié el estudio crítico al cardenal Beniamino Stella. Pensé que, como postulador de la causa, lo debía conocer. Pues bien, con fecha 18 de marzo, el cardenal Stella me agradeció el envío: “Muchas gracias por el valioso tiempo y considerable dedicación empleados en el estudio de la biografía oficial”, “con viva gratitud recibo el fascículo adjunto a su deferente misiva, al cual daré una atenta consideración”.

Más datos. En el verano de 1993, tras intercambiar varios correos y por sugerencia mía, Andrea Tornielli hizo una entrevista al Dr. Antonio Da Ros, médico personal de Luciani (“Las nueve. El Papa está bien”, 30 Giorni 72, 1993, 53-54).. Tras quince años de silencio, el doctor afirmó que “el papa estaba bien” y que “aquella tarde él no le prescribió absolutamente nada”. Ciertamente, extraña que esta entrevista no salga en la página de Wikipedia ni en el libro de Roncalli ni en la biografía oficial del proceso de beatificación.   Aquí hay gato encerrado. Además, está vigilado por un cancerbero, es decir, “un perro de tres cabezas que, según la fábula, guarda la puerta de los infiernos”. Es una parábola de lo que está sucediendo. Es verdad, sabemos poco del perro guardián: ¿es uno solo o son legión? Pero sabemos ciertamente una cosa: quién es su amo y por qué ladra. Con eso nos basta.

Clara distorsión. El autor de la página de Wikipedia sobre Juan Pablo I sólo menciona mi libro El día de la cuenta y lo hace mal. Afirma que mi libro “presume que el sumo pontífice fue envenenado con una fuerte dosis de un vasodilatador”. Sin embargo, mi libro dice esto: “Es también posible que muriera por la ingestión de un vasodilatador” (p. 35). Era una hipótesis.

Otros datos. Hoy tenemos otros datos que recojo en mi libro El papa que mataron. Según confiesa el mafioso Anthony S. Luciano Raimondi, “el primo de Marcinkus” (en la foto, portada de su libro), a Luciani le dieron valium para dormirle y, luego, le remataron con cianuro en la soledad de la noche. Hoy hablamos de “trama oculta”.  Ya no se trata sólo de qué paso, sino de quién lo hizo y quiénes intervinieron. De ellos viven dos: el secretario John Magee, “amigo de Marcinkus”, responsable del “cambio de mayordomo” y del “invento del dolor en el pecho”, y el mayordomo Ángelo Gugel, que le llevó “una pastilla antes de que se acostara”, cuando le correspondía hacerlo a sor Vincenza, que era enfermera. Si se quiere hacer justicia a Juan Pablo I, ambos deben ser seriamente interrogados. Y, por supuesto, debe hacerse la autopsia, que se le negó al Dr. Renato Buzzonetti, cuando tenía que hacer el diagnóstico y firmar el certificado de defunción. Ciertamente, ¡vergonzoso!

En la tarde del 27 de agosto, Juan Pablo I, acompañado por los cardenales Villot y Confalonieri, entró en las habitaciones papales y dijo: “Aquí está mi nueva casa. Esta será la última”. Con él entraron también el secretario Diego Lorenzi, los hermanos Guido y Paolo Gusso (mayordomos) y las monjas: “Los hermanos Gusso los había invitado personalmente el Papa”, “el Papa Luciani disfrutaba de su presencia porque sabía que eran fieles, respetuosos y discretos”. A pesar de la oposición de Lorenzi, el secretario Magee se las ingenió para despedir a los hermanos Gusso, alegando que “estos dos hombres introducían fotógrafos y otras personas en los aposentos privados”, y puso al nuevo mayordomo; precisamente, el que le llevó la pastilla al papa antes de que se acostara. Tras la muerte de Luciani, uno de los hermanos, Paolo, señaló públicamente a Magee, diciendo: “¡He ahí el asesino!”.

Para Luciani, el palacio vaticano era como el laberinto de Cnosos, algo intrincado, repleto de múltiples pasillos, habitaciones y puertas. Un día el Papa dijo a sor Vincenza: “Aquí arriba estamos como prisioneros, voluntarios, pero prisioneros. Estamos demasiado en alto, demasiado solos, demasiado lejos de la gente”. Con razón, el papa Francisco decidió vivir en la residencia Santa Marta. La gente se pregunta por qué. El teólogo brasileño Leonardo Boff ha dado esta explicación: “Francisco no vive en el palacio papal porque dice que así es más difícil que le envenenen” (El Mundo, 3-8-2021).

Jesús López Sáez