9. EL AGUA VIVA. De la sed al agua

9. EL AGUA VIVA
De la sed al agua

1. La experiencia del Evangelio entraña un cambio radical: un paso de la sed al agua de la vida. La tradición catecumenal y litúrgica de la Iglesia ha visto en el pasaje de la samaritana (Jn 4) todo un test que sirve para revisar la experiencia de fe, que irrumpe aquí en una situación concreta: una mujer, hablando con Jesús, recupera el sentido de su vida. Da un giro radical: pasa de la sed al agua de la vida.

2. Contexto. Los fariseos se habían enterado de que Jesús hacía más discípulos que Juan. Como medida de precaución, abandona Judea y vuelve a Galilea. Tenía que pasar por Samaría, la región vecina, separada, dominada cinco veces: “El rey de Asiria hizo venir gentes de Babilonia, de Cutá, de Avá, de Jamat  y de Sefarvaín para establecerlos en las poblaciones de Samaría, en lugar de los hijos de Israel, y ellos tomaron posesión de Samaría y habitaron sus ciudades” (2 R 17,24). 

Samaría cae el año 721 a.C. Parte de Israel no va al exilio (2 Cro 30). En los muros de su palacio escribió el rey Sargón: “El pueblo de Samaría en número de 27.290… me llevé”. Para Oseas, profeta del norte (siglo VIII a. C.), Samaría es la esposa del Señor, prostituta y adúltera: “La tierra se está prostituyendo, apartándose del Señor” (Os 1,2). Se le dijo al profeta: “Ama a una mujer que ama a otro y se está prostituyendo, como ama el Señor a los hijos de Israel, mientras ellos se vuelven a otros dioses” (3,1). Samaría tiene un pasado religioso que conjuga con costumbres paganas.

3. El pozo de Jacob. Llega Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar (Siquem). A unos mil metros, está el pozo de Jacob (Jn 4,6), uno de los más profundos de Palestina. Las excavaciones arqueológicas confirman que estuvo en uso hasta el año 500 d.C. El pozo de Jacob remite a los orígenes, a un tiempo en que aún no se había producido la división entre judíos y samaritanos, un tiempo en que la esposa del Señor aún no se había ido detrás de sus amantes, diciendo: “Me voy con mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi vino y mi aceite” (Os 2,7). El evangelio de Jesús remite también a los orígenes, a un tiempo en que aún no se habían producido las grandes divisiones cristianas.

4. Lugar y hora. Los discípulos habían ido a la ciudad a comprar comida. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta, hacia el mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua. La mujer (no se dice su nombre) es símbolo de su tierra. Jesús le dice: "Dame de beber". Junto al pozo se produjo el encuentro del criado de Abraham con Rebeca, cuando buscaba esposa para Isaac (Gn 24,17); junto al pozo se produjo el encuentro de Jacob con Raquel (Gn 29,1-14). Jesús le pide de beber, algo insólito entre judíos y samaritanos. Se sitúa por encima de los prejuicios, de la división, de la discriminación. Se dirige a la persona. Además, está escrito: "La llevaré al desierto y le hablaré al corazón" (Os 2,16).

5. Conocimiento de Dios. Ante la perplejidad de la mujer, Jesús mantiene la iniciativa del diálogo. Le plantea la cuestión del conocimiento de Dios, es decir, le anuncia la experiencia de fe. Es un conocimiento vivo. Lo hace en una tierra de la que se dijo: "No hay fidelidad ni amor ni conocimiento de Dios... sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia" (Os 4,1-2). Jesús anuncia la experiencia de Dios como don, como regalo. Dios no está lejos, está dentro y fuera, arriba y abajo, a derecha y a izquierda, detrás y delante: “Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma”, “si escalo el cielo, allí estás tú, si me acuesto en el abismo, allí te encuentro” (Sal 139), “en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28). Además, Jesús plantea la cuestión de su propia identidad: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva".

6. Otra agua. La mujer toma al pie de la letra las palabras de Jesús, piensa en el agua normal y corriente: "Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo; ¿de dónde tienes tú esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?". Jesús habla de otra agua que una corriente profunda renueva sin cesar, un agua que brota de la tierra y llega hasta el cielo: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en manantial de agua que salta hasta la vida eterna".

7. Fuente de agua. Jesús habla de otra agua y de otra sed. Lo gritará el último día de la fiesta de las Tiendas, el más solemne, en el que se hacían oraciones para pedir la lluvia y se oficiaban ritos conmemorativos del milagro del agua que brota de la roca en medio del desierto (Ex 17,1-7): "El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí, como dice la Escritura: De sus entrañas manarán ríos de agua viva" (Jn 7,38). Está escrito: “Derramaré agua sobre el suelo sediento, arroyos en el páramo” (Is 44, 3). Jesús anuncia otra agua que puede satisfacer la sed más profunda del corazón humano, la sed de Dios. Oramos con el salmo 63: "Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua".

8. Petición. La mujer empieza a entender y empieza a cambiar: "Señor, dame esa agua". Es una petición; en el fondo, una oración. De forma sorprendente, le dice Jesús: "Anda, llama a tu marido y vuelve". Jesús le pone el dedo en la llaga. Responde la mujer: "No tengo marido". Le dice Jesús: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad". La mujer es símbolo vivo de su tierra, sometida, dominada cinco veces, en crisis de identidad. Se dice en el Génesis: “Tendrás ansia de tu marido y él te dominará” (Gn 3,16). En el proyecto original de Dios no está la dominación, sino la comunión: “serán los dos una sola carne” (Gn 2,24). En el encuentro con Jesús acoge la palabra de Dios que la remite a su marido.

9. Un profeta. La mujer ve que Jesús es un profeta (Jn 4,19) y lleva la conversación al tema religioso: "Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén". En el monte Garizim los samaritanos habían construido un templo. Le dice Jesús: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que, ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad". Ha llegado la hora en que no importa el lugar. Por tanto, ni Samaría ni Jerusalén. Ni Roma ni Moscú, ni Ginebra ni Londres. Lo que importa es la experiencia de fe.

10. El Mesías. La mujer espera la llegada del Mesías, el Cristo, el ungido de Dios: "Cuando venga, él nos lo dirá todo". Le dice Jesús: "Soy yo, el que habla contigo". Esta palabra sigue siendo actual, vale para hoy. Jesús inaugura un tiempo en el que también nosotros podemos escuchar su palabra. Él sigue hablando. La experiencia de fe no es sólo experiencia de Dios, es experiencia de Cristo. Como dice Pablo: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi” (Ga 2,20). Pablo se siente habitado por Cristo y está en diálogo con él.

11. Mi alimento. Y llegan los discípulos. Se sorprenden de que hable con una mujer, pero nadie le dice qué quieres o qué hablas con ella. La mujer, dejando su cántaro, corre a la ciudad y dice a la gente: "Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?". Hizo lo que Rebeca: “La joven corrió a anunciar a casa de su madre todas estas cosas” (Gn 24,28). Es parte de la experiencia de fe, comunicarla. La experiencia de fe se hace confesión de fe. Los discípulos están en otro plano, muy elemental: "Maestro,come". Pero Jesús dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra".

12. Levantad los ojos. Es preciso estar atentos: "Levantad los ojos y contemplad loscampos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna; y así, se alegran lo mismo sembrador y segador...Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de su trabajo". La siega es tiempo de recolección, es también símbolo de juicio, un juicio que se está realizando ya en medio de la historia. Los samaritanos le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el salvador del mundo".

* Diálogo: ¿Cómo nos situamos ante Jesús?

-como samaritana, hablando con Jesús, junto al pozo

-recordando el lugar y la hora

-recibiendo la buena noticia de la experiencia de fe

-tomando conciencia de que hay otra agua, una fuente de agua

-pidiendo esa agua

-reconociendo a Jesús como profeta

-reconociendo a Jesús como el Mesías, hablando con él

-tomando el alimento que consiste en hacer la voluntad de Dios

-recuperando el sentido de la vida,

-dando un giro radical, pasando de la sed al agua de la vida

-levantando los ojos para anunciar la buena noticia del evangelio

-como discípulo que sembró, como discípulo enviado a segar

-como samaritano que acoge la buena noticia

-confesando que Jesús es el salvador del mundo

 

 

 
 
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