- LA MISION DE JESUS. El evangelio de Marcos

LA MISION DE JESUS

El evangelio de Marcos

 

1. La misión de Jesús empieza en Galilea. Como dice Pedro en casa de Cornelio, "la cosa empezó en Galilea" (Hch 10,37). Galilea es la tierra donde Jesús anuncia el evangelio, donde nace su comunidad. De una forma especial, Marcos recoge el evangelio galileo. El acento galileo se percibe en Pentecostés: “¿No son galileos todos estos que están hablando?” (2,7). Pero ¿qué cosa es la que empieza en Galilea?, ¿qué significa el evangelio galileo?, ¿qué etapas tiene la misión de Jesús?, ¿qué es lo que dice y hace?, ¿quién es Marcos?, ¿dónde y cuándo escribe su evangelio?

2. Algunos datos. Su nombre es Juan, por sobrenombre Marcos. En casa de su madre se hallan muchos reunidos, cuando se produce la liberación de Pedro (Hch 12,12). Es primo de Bernabé (Col 4,10). Aparece con Bernabé y Pablo en el primer viaje misionero (Hch 13,13) y en la tensión que provoca la separación de ambos (15,37-39). Tiempo después, le reclama Pablo, pues lees muy útil para el ministerio” (2 Tm 4,11), y colabora con él (Flm 24). De modo especial, Marcos está relacionado con Pedro, que está con él “en Babilonia” (Roma) y le llama “hijo” (1 P 5,13). Hacia el año 57, con ocasión de la colecta llevada a Jerusalén, Pablo envía con Tito “al hermano, cuyo renombre a causa del evangelio se ha extendido por todas las iglesias” (2 Co 8, 5-18), “fue designado por elección de todas las iglesias como compañero nuestro de viaje”, “así evitaremos todo motivo de reproche por esta abundante suma que administramos” (2 Co 8, 19-20; van varios: 8, 22-24), Marcos y Jesús “son los únicos de la circuncisión que colaboran conmigo” (Col 4,10-11; ver Rm 15, 31).

3. Papías, obispo de Hierápolis (hacia 69-150), afirma que el presbítero (Juan) decía esto: “Marcos, intérprete que fue de Pedro, puso cuidadosamente por escrito, aunque no con orden, cuanto recordaba de lo que el Señor había dicho y hecho. Porque él no había oído al Señor ni lo había seguido, sino, como dije, a Pedro más tarde, el cual impartía sus enseñanzas según las necesidades y no como quien hace una composición de sentencias del Señor”  (Eusebio, HE, III, 39).  Ireneo de Lyon (hacia 140-202), discípulo de Policarpo, que había sido discípulo del apóstol Juan, escribe que “fue después de la partida (del apóstol), cuando Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, nos transmitió también por escrito lo que había sido predicado por Pedro" (Contra las herejías, 3,1,1). Clemente de Alejandría (hacia 180-211) recoge una tradición recibida de los antiguos presbíteros: "En tiempos en los que Pedro predicaba la palabra en Roma…le pidieron a Marcos que, puesto que llevaba acompañando mucho tiempo a Pedro y se acordaba de las cosas que él había dicho, pusiera por escrito sus palabras; así lo hizo y les dio el evangelio a los que se lo habían pedido; cuando se enteró de ello Pedro, no dijo nada ni para impedirlo ni para promoverlo" (HE, VI, 14). 

4. Lugar, fecha, destinatarios. Marcos hace una primera redacción aramea (revisable) para la comunidad de Jerusalén que se reúne en casa de su madre (Hch 12,12) y para la comunidad galilea (años 30-44). Obviamente, su traducción al griego (años 44-57) interesa a las comunidades que dirige Pedro (1 P 1,1), a la misión de Bernabé y Pablo a quienes acompaña Marcos (Hch 13-14), a las comunidades paulinas, “a todas las iglesias” (2 Co 8,18). En Roma (años 61-64) Marcos pudo hacer una nueva redacción, introduciendo algunos cambios. En su evangelio Marcos traduce palabras arameas como boanergues (trueno), effeta (abríos) o abba (padre), explica con frecuencia costumbres y tradiciones judías, y usa palabras romanas, como centurión, cuadrante o legión. Sobre el papiro griego descubierto en Qumrán, ver catequesis Ponedlo por escrito.

5. Marcos recoge el evangelio de Jesús, lo que dijo e hizo:Comienzo del evangelio de Jesús, el Cristo, el hijo de Dios”(Mc 1,1). Se cumple lo que está escrito:¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: Ya reina tu Dios”(Is 52,7).  Se hace posible lo que parece increíble (Hch 13,41).

6. En primer lugar, Marcos recoge la misión de Juan, el mensajero que va por delante, “el que ha de preparar el camino del Señor”(Ex 23,20; Mal 3,1),la voz que clama: “En el desierto preparad el camino del Señor” (Is 40,3): "Apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados” (Mc 1,4).  Hay que empezar de nuevo. Hace falta una nueva alianza, un nuevo pueblo. La fe no se recibe por herencia biológica. Juan remite al que viene después: “Detrás de mi viene el que es más fuerte que yo”, “yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con espíritu santo (Mc 1,7-8). El discípulo viene detrás del maestro pero pasa por delante (Jn 3,30).

7. La misión de Jesús arranca de una experiencia fundamental, su bautismo en el Jordán: “Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco" (Mc 1,11; Lc 3,22). Se evoca, superándola, la figura del siervo: "Mirad a mi siervo..., mi elegido, a quien prefiero" (Is 42,1). Se cumple el salmo mesiánico: “Ya tengo consagrado a mi rey en mi monte santo”, “tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Sal 2). Se cumple lo que está escrito: "Sobre él he puesto mi espíritu" (Is 42,1). Es el ungido de Dios, “el Cristo” (Mc 8,29), el rey del reino de Dios.

8. Tras el bautismo, Jesús no vuelve a Galilea: “El espíritu le lleva al desierto”. Si estaba con Juan en el desierto, ¿a qué desierto va? Al parecer, al desierto de Judea. Jerusalén queda cerca (ver Lc 4, 9). Pues bien, “permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás” (Mc 1,12-13). Cuarenta años duró la estancia del pueblo en el desierto, cuarenta días estuvo Moisés en el monte escribiendo las palabras de la alianza (Ex 34,28), cuarenta días caminó Elías hasta el monte de Dios (1 R 19,8). En el desierto Jesús es tentado contra su propia misión, contra su modelo mesiánico(Mt 4,1-11).

9. La tentación del pan, cuestión de subsistencia, preocupación personal y familiar. Hasta ahora, Jesús ha trabajado con sus manos (como “tekton”, Mc 6,3). Y ahora ¿de qué va a vivir? Por tanto, "si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Responde Jesús: “No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8,3). La tentación del alero del templo, la señal que piden los fariseos (Mc 8,11): “Tírate abajo, porque está escrito: los ángeles te recogerán” (Sal 91). “También está escrito, dice Jesús: No tentarás al Señor tu Dios" (Dt 6,16). Jesús acepta las señales que Dios le envía sin exigir otras, permanece dentro de los límites de la condición humana: "El hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al padre" (Jn 5,19). Latentación del poder, la revolución nacionalista: "Todo esto te daré (Sal 2,8; Gn 15,18), si postrándote me adoras". Se le ofrece poder, pero la conciencia queda sometida. El hombre no debe arrodillarse ante nadie, sólo ante Dios: "Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a El darás culto" (Dt 6,13). En la comunidad de Qumrán (y en toda Palestina) se espera un mesías que dirija la guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas.

10. En un momento crítico, cuando Juan es arrestado, Jesús se retira a Galilea y, dejando Nazaret, reside en Cafarnaúm, junto al mar. Entonces comienza su misión, proclamando la buena nueva de Dios: "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la buena nueva” (Mc 1, 15). Jesús anuncia la acción de Dios y llama a la conversión. No se impone por la fuerza, respeta la libertad. Se ha cumplido el plazo. Como se dice en el sueño de Daniel, “vino el Anciano a hacer justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos poseyeron el reino” (Dn 7,22).

 

11. Llama a los primeros discípulos “bordeando el mar de Galilea” (Mc 1,16). Jesús enseña en Cafarnaúm: “Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar” (1, 21). Su fama se extiende “por todas partes, en toda la región de Galilea” (1,21-28), recorre toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y expulsando los demonios”(1,38). Cafarnaúm es el centro de misión (2,1; 9,33; Jn 2,12; 4,46; 6,17.24.59). Desde ahí va a todas partes: Corozaín (Mt 11,21), Betsaida (Mc 6,45; 8,22), Nazaret (6,1), Naín (Lc 7,11), Caná (Jn 2,1-11; 4,46), Gerasa (Mc 5,11), Tiro (7,24-31), Sidón (7,31), Cesarea (7,27).Quien le quiere escuchar, va a Galilea. Hay un lugar en el que la gente se congrega, el mar de Galilea: “Se retiró con sus discípulos hacia el mar y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, también de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y de Sidón” (3,7-8). “Se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía: Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar” (4,1-3). 

12. Cuando se quedó a solas, los discípulos le preguntan sobre las parábolas. Les dice: “A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para quepor mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone”(4,10-12). Jesús enseña a la muchedumbre por medio de parábolas, a los discípulos les enseña los secretos del reino de Dios“en privado” (4,34). Ese día al atardecer, les dice: Pasemos a la otra orilla. Galilea es el lugar de la acción de Jesús, el territorio que está junto al lago, pero Jesús pasa también a la otra orilla, la Decápolis, tierra de paganos.

13. En la misión de Jesús los hechos acompañan a las palabras. Jesús anuncia una palabra que se cumple. Jesús enseña y cura (Mc 1,39). En diversos medios, en las sinagogas (1,21), por las casas (2,1), junto al mar (3,7; 4,1; 6, 34-35), en el desierto (8,4), en el templo (11,17), Jesús siembra la palabra que se cumple en la historia.El reino viene cuando se dirige a los hombres la palabra de Dios: Dios habla, Dios actúa. Encontrar a Dios en el centro de la vida es el verdadero corazón del Evangelio. El reino de Dios es como la semilla que crece sin que se sepa cómo (4,26-29), como un grano de mostaza que crece y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra (4,31-32). Jesús hace sentir a quien le busca la cercanía de Dios, lleva en sí mismo el reino de Dios. Ello da a su persona una autoridad que no tiene par: "Quedaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad”(1,22).

14. Los enemigos están al acecho (2,6; 3,2), le acusan de comer con pecadores (2,16), de que sus discípulos no ayunan (2,18), “hacen en sábado lo que no es lícito” (2,24), comen sin lavarse las manos (7,5), lo que mancha al hombre, dice Jesús, no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón (7, 18-23), “los fariseos se confabulan con los herodianos para ver cómo eliminarle” (3,6); sus parientes dicen: “Está fuera de sí” (3,21); los escribas le calumnian: “Está poseído” (3,30).

15. Cuando evangeliza, Jesús no está solo, comparte su misión. Ahí están los doce (Mc 3,13-15), están los setenta y dos (Lc 10,1), están las mujeres que acompañan a Jesús (8,1-3). La comunidad es la nueva familia de los discípulos: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, dice: Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumple la voluntad de Dios ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3,33-35). La comunidad es el centro que difunde el Evangelio recibido. En ella se recibe la enseñanza especial del Evangelio.

16. Para llevar a cabo su misión, Jesús no se identifica con los grupos sociales y religiosos de su tiempo: los saduceos (pertenecen a la aristocracia y a la institución sacerdotal, colaboran con el imperio romano), los zelotes (partidarios de la revolución violenta contra el imperio), los fariseos (observantes de la Ley, pero dicen y no hacen), los esenios (piadosos que estudian la Ley y esperan la guerra de liberación), los escribas (intérpretes oficiales de las Escrituras). Jesús opta por los pobres, por la muchedumbre de la que siente compasión, pues están “como ovejas que no tienen pastor" (Mc 6,34). Los pobres plantean cuestiones tan vivas y universales como el pan, la vivienda, la salud, la educación, la justicia, la libertad.

17. Ante la tempestad calmada los discípulos se preguntan asombrados: “¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?” (4,41); el endemoniado de Gerasa y la hemorroisa; la resurrección de la hija de Jairo (5,1-43); ningún profeta es bien recibido en su tierra (6,4); de dos en dos (6,7); muerte de Juan el Bautista (6,17-29); al compartir, los panes se multiplican (6,30-44; 8,1-10); Jesús camina sobre las aguas (6,45-52); curación de la hija de una sirofenicia y de un sordomudo (7,24-37);  la levadura de los fariseos y la de Herodes (8,11-21).

18. Betsaida rechaza a Jesús. Allí vive el ciego que es curado (Mc 8, 22-26). El “ciego” puede ser Pedro, que dice después: “Tú eres el Cristo” (8,29). A pesar de esto, Jesús le reprende: los pensamientos de Pedro son una tentación para él (8,33). Jesús saca al ciego “fuera del pueblo”, fuera del ambiente nacionalista: “la única forma de sanar al ciego es apartarle físicamente de Betsaida” (Bockmuehl, 242). Jesús no gasta saliva en balde: “¿Ves algo?”. El ciego ve a los hombres “como árboles, pero que andan”. La imagen puede sugerir una formación militar camuflada: entre ceja y ceja el fanático tiene un grupo armado que se oculta en las montañas y tiende emboscadas (1 Mac 2, 28-48; 9,40; Jn 10,8). Al final, ve “de lejos claramente todas las cosas”. La medida es drástica: “Ni siquiera entres en el pueblo”, dice Jesús. Pedro y su hermano Andrés se trasladan a Cafarnaúm (Mc 1,29).

19. Condiciones para seguir a Jesús (8,34); la transfiguración; la venida de Elías (9,2-13); el sordomudo (9,14-29); la discusión sobre quién es el mayor (9,33-37); empleo del nombre de Jesús (9,38-40); un vaso de agua (9,41); el escándalo de los pequeños (9,42-50); el matrimonio (10,1-12); Jesús y los niños (10,13-16); el joven rico (10,17-27); recompensa prometida al desprendimiento (10,28-31); petición de los hijos de Zebedeo (10,35-40); no seáis como los jefes delas naciones (10,41-45); el ciego de Jericó (10,46-52); el perdón de las ofensas (11,25). Al parecer, el pasaje de la mujer adúltera (Jn 7,53-8,11) formaba parte del evangelio de Marcos (Mc 11, 11; ver Lc 21,38)

20. Jesús se acepta como profeta (Mc 6,5), como Cristo, pidiendo reserva (8,30), como el hijo del hombre. Esta expresión aparece siempre en boca de Jesús. Dos textos hablan de su autoridad en la tierra: “el hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados” (2,10), “es señor del sábado” (2, 28). Ocho textos hablan de su pasión, muerte y resurrección: el hijo del hombre debe “sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días” (8,31), a nadie contarán lo que han visto “hasta que el hijo del hombre resucite de entre los muertos” (9,9), está escrito que sufrirá mucho y que será despreciado (9, 12), “el hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días resucitará“ (9,31), “será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles…le matarán y a los tres días resucitará” (10,33), “tampoco el hijo del hombre ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (10,45), “¡ay de aquel por quien el hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría no haber nacido” (14,21), “llegó la hora. Mirad, el hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores” (10,41). Otros textos hablan de su venida futura: “cuando venga en la gloria de su padre con los santos ángeles” (8,38), “verán al hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria” (13,26), “veréis al hijo del hombre sentado a la derecha de poder y venir sobre las nubes del cielo” (14,62).

21. Se cumple la profecía de Isaías: “Como cordero era llevado al matadero”, “mi siervo justificará a muchos” (Is 53). En el sueño de Daniel el hijo del hombre, sacrificado por poderes bestiales, viene “sobre las nubes del cielo“ a juzgar la historia (Dn 7,13-14). Durante el proceso, el sumo sacerdote Caifás interroga a Jesús:¿Eres tú el Cristo, el hijo del bendito?”. Responde Jesús: “Sí, yo soy, y veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del poder y venir sobre las nubes del cielo”  (14,53-65). Para Caifás, una blasfemia (14,64). Para la iglesia naciente, la confesión de fe.

22. Parte importante de la misión de Jesús es el aviso sobre lo que va a suceder: “Estad sobre aviso; mirad que os lo he predicho todo” (13, 23). Uno de sus discípulos está deslumbrado por la grandeza del templo: “Maestro, mira qué piedras y qué construcciones”. Jesús corta por lo sano: “No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida”. Estando luego sentados en el monte de los Olivos,  le preguntan sus discípulos: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse”. Jesús empezó a decirles: “Mirad que no os engañe nadie. Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: Yo soy” (13,1-6), habrá guerras, terremotos en diversos lugares, hambre: “esto será el comienzo de los dolores”, pero “no es todavía el fin” (13,7-8), “cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe (el que lea que entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes”, “habrá un tribulación tal cual no la hubo desde el principio de la creación”, “no pasará esta generación hasta que todo esto suceda”, “de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo, ni el hijo, sino sólo el padre” (13,14-32), “algunos no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el reino de Dios” (9,1). Hubo guerras: Aretas IV derrota a Herodes (36-37), Claudio invade Gran Bretaña (año 47), hambre: en tiempo de Claudio (Hch 11,28; años 46-47), terremotos: Frigia (año 61) y Pompeya (año 63). La destrucción de Jerusalén es el año 70.

23. Finalmente, Marcos recoge la pasión de Jesús. Jesús se dirige a Jerusalén (Mc 11,1), marcha sobre el templo (11,11), lo denuncia:Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos” (11,15-17; Jr 7,11); es una higuera estéril (11,14; Jr 8,13). Los sumos sacerdotes y los escribas buscan cómo matarle (11,18); le acosan con preguntas: ¿con qué autoridad haces esto? (11,27-33), ¿es lícito pagar el impuesto al César o no? (12,13-17), ¿resucitan los muertos? (12,18-27), ¿cuál es el mandamiento principal? (12,28-34). Jesús lanza la parábola: los viñadores homicidas (12,1-12), enseña en el templo: Cristo es Señor de David (12,35-37); cuidado conlos escribas (12,38); el óbolo de la viuda (12,41-44); la conmoción de los cimientos; os entregarán a los tribunales; estad alerta (13,1-37); unción de Betania (14,3-9); traición de Judas (14,10-11); cena pascual (14,12-31): “todos os vais a escandalizar, como está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea” (14,27-28), oración del huerto (14,32-42); prendimiento de Jesús (14,43-52); negaciones de Pedro (14,66-72); Jesús ante Pilato (15,1-15); crucifixión y muerte de Jesús, confesión del centurión romano (15,16-47).

24. María Magdalena, María la de Santiago y Salomé reciben el mensaje central: “No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo”(16,6-7). Probablemente, la aparición de Jesús a “más de quinientos hermanos a la vez” (1 Co 15,6) fue junto al mar de Galilea, en la comunidad galilea. El Señor resucitado reúne a sus discípulos dispersos. Les dice: “Id por todo el mundo y anunciad la buena nueva a toda la creación”(16,15). “Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la palabra con las señales que la acompañaban”(16,20).

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