16. HA LLEGADO LA HORA. El escándalo de la cruz.

16. HA LLEGADO LA HORA
El escándalo de la cruz
 
         1. La misión de Jesús había comenzado en Galilea, pero su destino era Judea; y dentro de Judea, Jerusalén; y dentro de Jerusalén, el templo, la niña del ojo del mundo judío, centro de poder religioso, político y económico. Un destino comprometido y peligroso. Lo dijo Jeremías: "Ha devorado vuestra espada a los profetas, como el león cuando estraga" (Jr 2,30). Lo dice Jesús: "Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas”, “¡cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!" (Mt 23,37). Sin embargo, Jesús va a Jerusalén. Es parte de su misión.

            2. Jerusalén no tiene por qué temer: “Viene tu rey”, “humilde y montado en un asno" (Za 9,9-10). Viene humildemente, pacíficamente. No viene “con los carros de Efraím ni con los caballos de Jerusalén”, tampoco viene con “arco de combate”. Viene sin imponerse por la fuerza, anuncia “la paz a las naciones”. Ahora bien, los sumos sacerdotes y los fariseos le temen: “Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación” (Jn 11,48). 

            3. La marcha sobre Jerusalén termina en el templo. El templo está manchado: debía ser"casa de oración para todas las gentes", pero se ha convertido en "cueva de bandidos" (Mc 11,17; Jr 7,11). El templo debe ser purificado; más aún, el templo debe ser sustituido (Jn 2,13-22). El nuevo templo se construirá "en espíritu y en verdad" (Jn 4,24), con "piedras vivas" (1 P 2,5). Jesús sabe que ha llegado la horade pasar de este mundo al padre (Jn 13,1). En el huerto, con tristeza y angustia, ora así: “Si es posible, pase de mi este cáliz” (Mt 26,39).

            4. La marcha sobre el templo determina el proceso que le hacen a Jesús. El sumo sacerdote le dijo: “Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el hijo de Dios”. Jesús respondió: “Tú lo has dicho. Más aún, …desde ahora veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo”. El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?”. Contestaron: “Es reo de muerte" (Mt 26,57-66).

            5. Los judíos no podían ejecutar a nadie (Jn 18,31). Los romanos controlaban el nombramiento y destitución del sumo sacerdote, las propiedades de los ancianos y el ejercicio de la pena capital. Jesús fue conducido al pretorio, para que la autoridad romana pusiera fin al proceso. El gobernador Poncio Pilato no encontró en él delito alguno (Jn 18,38; Lc 23,22), pero pesaron decisivamente motivaciones políticas. En primer lugar, el fuero judío: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se tiene por hijo de Dios” (Jn 19,7). Pesó también la amistaddel César: “Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César” (19,12). Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran (19,16). Sobre la cruz pusieron este cartel: "Jesús Nazareno, el rey de los judíos" (19,19).

            6. Hacia las tres de la tarde, Jesús gritó: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). No es un grito de desesperación, sino el comienzo del salmo 22, la proclamación del salmo en todo lo que está aconteciendo. El discípulo atento percibe en el cumplimiento de las Escrituras la gloria de la cruz. Así sucede en el reparto de los vestidos (Jn 19,23-24), en la burla de los adversarios (Mt 27,39-44), en la sed (Jn 19,28).  Le acercaron a la boca una esponja empapada en vinagre. Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: "Todo está cumplido", e inclinando la cabeza, entregó el espíritu (Jn 19,30). Según Lucas, dando un fuerte grito, dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46; Sal 31). De este modo, Jesús desciende a lo más profundo: “hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,8).

7. Fue hace años. Se publicó en El País (20 y 21 de abril de 1984): “La crucifixión de Cristo coincidió con un eclipse parcial de Luna. Dos científicos de Oxford establecen la fecha exacta de la muerte de Cristo”. Varios fenómenos naturales acompañaron la inmensa agonía de Jesús: “Hacia el mediodía, el cielo se oscureció. El sol desapareció tras las nubes de polvo gris de una furiosa tormenta de arena. Más tarde, casi al anochecer, una Luna de un rojo sangre salió por encima de Jerusalén, bañando el lugar de la ejecución, en la colina del Gólgota, con una siniestra luz crepuscular”.

8. Dos científicos de la Universidad de Oxford, Colin J. Humphreys y W.G. Walddington, han llegado a la conclusión de que Jesús de Nazaret murió muy probablemente el 3 de abril del año 33, en viernes, según informa la mayoría de los antiguos escritores cristianos. Los dos científicos basan su teoría en una serie de hechos. Parten de la premisa de que Jesús murió el día antes de que diera comienzo la fiesta anual de la Pascua. Tienen en cuenta que esta fiesta, de ocho días, se celebra siempre con la Luna llena de primavera, antes del equinoccio, durante el mes judío de Nisán, que en nuestro calendario moderno corresponde a marzo o abril.

9. Según estos científicos, al anochecer del día de la ejecución hubo en Jerusalén un eclipse parcial de Luna. La prueba de este fenómeno natural está en el informe redactado por el procurador romano Poncio Pilato para el emperador Tiberio: “El Sol se oscureció, salieron estrellas en el cielo, y por todas partes la gente encendió las lámparas”, “la luz de la Luna era de un rojo sangre”. El hecho de que la parte oculta de la Luna en eclipse despida una luz rojiza ocurre con frecuencia cuando la Luna está baja, cerca del horizonte. Los expertos afirman que el color rojizo tuvo que ser reforzado por las nubes de polvo de la tormenta de arena que se menciona en todas las fuentes históricas.

10. La cuestión más importante era determinar cuándo hubo un eclipse parcial de Luna al comienzo de la noche y que fuera visible desde Jerusalén en el periodo comprendido entre el año 26 y el 36, años en que Pilato fue procurador de Judea. Los antiguos calendarios judíos están llenos de fallos. Para los judíos, el año está compuesto de 12 meses lunares. Un año solar tiene 12 días más. Los rabinos judíos utilizaban los días de sobra de la forma más arbitraria.

11. Según los científicos de Oxford, “sus cálculos mostraron que la Luna había sufrido 12 eclipses sobre Palestina durante el gobierno de Poncio Pilato. Sólo hubo dos eclipses al salir la Luna. Uno de estos casos sucedió el 31 de enero del año 36, fecha en la que hubo un eclipse total”, “en cuanto al otro eclipse, sólo un máximo de un 65% de la superficie lunar quedó oculto. Pero a medida que la Luna se fue alzando sobre Jerusalén, la sombra de la Tierra fue disminuyendo. La parte oscurecida de la Luna estaba en la mitad superior del satélite, y por esto fue divisada en primer lugar”, “Poncio. Pilato se refería a este segundo eclipse, en el curso del cual sólo la tercera parte del disco lunar quedó en la sombra de la Tierra. El 3 de abril del año 33, a las 18.20 horas, asomó sobre el horizonte de Jerusalén, en primer lugar, la parte oscurecida y rojiza de la Luna, que se asemejaba a un montículo brillante y que fue aumentando de tamaño para más tarde adquirir matices naranja y amarillentos”. El espectáculo “tuvo que causar una impresión profunda en todos los testigos”.

12. Comentamos. Los científicos de Oxford, al situar la muerte de Cristo en el año 33, se refieren a nuestro calendario actual. Ahora bien, si -según Kepler- Cristo nació el año 7 antes de Cristo, hay que añadir siete años a su edad. Por tanto, Jesús no murió a los 33 años, como suele decirse, sino a los 40. Y cuando empezó su misión, no tenía treinta años, sino treinta y siete. Lucas dice que Jesús, al comenzar su misión, tenía “unos treinta años” (Lc 3,23). Según los datos aportados, habría que decir: unos treinta años largos, treinta y siete.

13. Las señales que anuncian la conmoción de los cimientos están en el evangelio: “El sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas” (Mc 13, 32). Estaba escrito: “Habrá señales en el cielo y en la tierra”, “el sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, ante la venida del día del Señor, grande y terrible. Y sucederá que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará” (Jl 2,34). De hecho, dicen los evangelios, “desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda aquella tierra hasta la hora nona” (Mt 27,45), “llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda aquella tierra hasta la hora nona” (Mc 15, 33), “era ya cerca de la hora sexta cuando se oscureció el sol y toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona” (Lc 23, 44). La hora sexta equivale a las doce de la mañana y la hora nona a las tres de la tarde.

14. Por lo demás, los datos revelados por los científicos de Oxford sobre el día de la muerte de Cristo no son totalmente nuevos. Richard Hennig (1874-1951), profesor de la Universidad de Düsseldorf, reveló años antes que “la crucifixión de Jesucristo tuvo lugar el 3 de abril del año 33”. Cita dos hechos al respecto. Por un lado, Juan Malalas (+578), cronista bizantino nacido en Antioquía, posiblemente basándose en tradiciones perdidas, afirma que Jesucristo fue crucificado “en el año dieciocho y en el séptimo mes del reinado del emperador Tiberio”, “en tiempos del consulado de Sula y Sulpicio, en el año 79 de la Era Antioca”. Por otro lado, “el 3 de abril del año 33 hubo realmente un oscurecimiento en Jerusalén: un eclipse de Luna”, “ambos factores juntos posiblemente suministren la prueba definitiva”. Dado que los años del reinado del emperador Tiberio comenzaban a contar desde el 17 de septiembre del año 14, el séptimo mes del año decimonono de reinado comprende exactamente del 17 de marzo al 16 de abril del año 33, año cuya posibilidad se refuerza con el nombramiento de los cónsules, que eran en aquella época Sergio Sulpicio Galba (después emperador) y L. Cornelio Sula. La Era Antioca es “citada en muy raras ocasiones y corriente sólo en Antioquía” (Hennig, 166-167).

            15. Lo que pasó después es proclamado por Pedro como el centro del mensaje cristiano: "Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; a éste, pues, Dios le resucitó ...de lo cual todos nosotros somos testigos. Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del padre el espíritu santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís" (Hch 2,22-33).Hay una responsabilidad colectiva: “Murió por nuestros pecados, según las Escrituras” (1 Co 15,3), “por nuestras culpas“, “por las rebeldías de su pueblo” (Is 53,5-8). Es preciso cambiar: “Convertíos”, “apartaos de esta generación perversa” (Hch 2,38-40).

            16. Jesús vive a pesar de la muerte, pero no es un resucitado más, es “el Señor”, el rey prometido “sentado a la derecha de Dios” (Mc 14, 62; Sal 110). Quien ha descendido a lo más bajo, es levantado a lo más alto, es ascendido el día de pascua (Lc 24,51). Con ello Jesús no abandona el mundo, sino que de un modo nuevo está presente en él. El reino de Dios está en sus manos. Ya desde ahora, viene sobre las nubes del cielo, a la manera de Dios, viene a juzgar la historia (Dn 7,13-14).  Lo veréis, dijo Jesús a Caifás (Mt 26, 59).

            17. Jesús vive su muerte como un paso (Jn 16,28), como un parto (16,21), como el grano de trigo que muere y da mucho fruto (12,24), como la hora crucial y decisiva: “Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si para esta hora he venido! Padre, glorifica tu nombre” (12, 27-28), “cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (12,32). La cruz, “el escándalo de la cruz” (Ga 5, 11), es señal del discípulo (Mt 10,38), “anunciamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”, pero “un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Co 1,23-24).

18. Jesús es mesías (rey, cristo) bajo la figura del siervo (Is 42, 1-7). Se identifica como profeta (Lc 4,24). Su reino “no es de este mundo” (Jn 18, 36). No es, como esperan en Qumrán, un mesías que se impone por la fuerza según la Regla de la Guerra: “Se acabará el dominio de los kittim (los opresores), siendo abatida la impiedad sin que quede un resto”, “en el día en que caigan los kittim habrá un combate” (4Q496 I, 6-9). Los esenios sitúan ese día en el año 70 a.C., “unos cuarenta años” después de la muerte del Maestro de Justicia (CD-B XX, 13-17; ver XIX, 33-XX, 1). Luego reconocen su error y, en virtud de una nueva interpretación, determinan que la victoria mesiánica llegaría en el año 70 d.C.  Precisamente ese año, en plena guerra judía, lo que llega es el desastre nacional, lo que Jesús había anunciado. Del templo “no quedará piedra sobre piedra” (Mt 24,2 y 15-20). Jesús avisa a los discípulos: “Mirad que no os engañe nadie”, “vendrán muchos usurpando mi nombre” (24, 4), “si os dicen: Está en el desierto, no salgáis” (24, 26). La tentación de Jesús fue allí (4,1-2).

19. En situación personal de éxodo, huyendo de la persecución, se le indica a Felipe el camino que baja de Jerusalén a Gaza. Se levantó y partió. Y he aquí que un etíope eunuco, ministro de la reina, volvía de adorar en Jerusalén, sentado en su carro. El espíritu dice a Felipe: "Acércate y ponte junto a ese carro". Felipe se acercó y le oyó leer al profeta Isaías. Le dijo: "¿Entiendes lo que vas leyendo?". Él contestó: “¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?”. Y le invitó a subir y sentarse con él. El pasaje que iba leyendo era éste: "Como cordero llevado al matadero" (Is 53,7). El eunuco pregunta: "¿De quién dice esto el profeta?, ¿de sí mismo o de otro?". Entonces Felipe, partiendo de este texto de la Escritura, le anuncia "la buena nueva de Jesús" (Hch 8, 26-35). Todo lo que ha sucedido ese día tiene un sentido: Jesús, llevado como cordero al matadero, ese lugar de donde vuelve el peregrino.

 

* Diálogo: ¿Asumimos el escándalo de la cruz?, ¿percibimos su gloria?, ¿se puede saber el día de la muerte de Jesús?

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