- LAS AGUAS DEL CORONAVIRUS. Mientras pasa el diluvio

LAS AGUAS DEL CORONAVIRUS

MIentras pasa el diluvio

 

Las aguas del coronavirus van subiendo cada día. 3 de abril. Coronavirus en España: 110.238 casos diagnosticados, 10.003 muertos, 26.743 curados. En Italia: 115.242 casos, 13.915 muertos, 18.278 curados. En China, 82.240 casos, 3.322 muertos, 76.741 curados. En EE UU, 245.125 casos, 6.059 muertos, 10.403 curados. En el mundo: 1.016.534 casos,  53.069 muertos, 211.615 curados.

España lidera el número de sanitarios contagiados por coronavirus. 12.296 sanitarios infectados,  el 14’4% del total de infectados El 85% de los sanitarios se recupera en casa (30-3-20).  La Federación Europea de Médicos Asalariados (FEMS) denuncia la escasez de trabajadores sanitarios y equipos de protección individual (EPI). Faltan mascarillas, respiradores, geles y guantes.

Los sanitarios están viviendo una situación de gran cansancio y desgaste emocional. No todos resisten el miedo o la preocupación de poder contagiarse. Hay quienes tienen crisis de angustia. Comentan sanitarios de hospitales de Madrid que llevan días rechazando pacientes por falta de camas de UCI, no sólo por un problema de respiradores, sino de personal entrenado para todo lo que conlleva un paciente sedado, relajado y con ventilación mecánica. Estamos “en situación de guerra”, se oye decir. Se plantea la decisión de quién va a vivir en función de la expectativa de vida.

El coronavirus acecha a las farmacias. 8 farmacéuticos fallecidos y 276 en cuarentena. Además, 57 farmacias se han visto obligadas a cerrar. El Consejo General de Farmacéuticos pide que se incluya al colectivo entre los profesionales sanitarios a los que se les hacen pruebas de detección (3-4-20). Identifican un fármaco en fase clínica capaz de bloquear los efectos del coronavirus. Investigadores australianos demuestran que un fármaco antiparasitario (ivermectina) mata al coronavirus en 48 horas, pero los ensayos han de realizarse todavía en personas (3-4-20).

El número de ancianos ingresados en residencias de mayores muertos por coronavirus sigue aumentando a un ritmo alarmante. Más de 2.800 ancianos han muerto por coronavirus en residencias de mayores de toda España desde que se empezó a diseminar la epidemia a finales de febrero. Además, los contagiados y aislados se cuentan por miles (2-4-20).

En su artículo Desde mi casa P.M. relata su experiencia  “La realidad es irreductible. Pasan los días y la pandemia sigue extendiéndose, tocando a cuantos pilla a su paso. Algunos de los compañeros del trabajo ya han sido contagiados, y el coronavirus ha llegado ya a familiares míos cercanos, y de algunos amigos ya sé que están pasando por esto. El miedo agudo que he sentido estos días me indica que el cerco de la vida, para bien o para mal, se estrecha” (31-3-20).

Una médico de familia, que está en el hospital de campaña instalado en el pabellón de IFEMA, escribe este precioso testimonio: “Hoy será mi cuarto día en Ifema: un mar de camas que parecen barcas salvando a pacientes intentando que no naufraguen. Llegar el primer día sobrecoge. Te enfundan en el EPI esos benditos compañeros de protección civil. No te dejan pasar hasta que se han asegurado que han cerrado hasta el último resquicio de tu escudo protector. Nos conocemos por las miradas. A los compañeros del turno previo les conozco por la letra. Sus notas en cada turno son el cordón que nos une a todos. Revisas a tus pacientes. Sus miradas, a través de sus mascarillas, con gafas nasales o con ‘ventimask’, nos enseñan serenidad, dignidad, humanidad. Nos hacen fácil el trabajo. Procuramos hablar con sus familias, si ellos no pueden. Al salir, después de despedirnos de los compañeros de protección civil, que me dejan el fonendo reluciente y desinfectado, revisamos nuestros móviles: familia que se recupera en casa, amigos que te apoyan, te consultan…mi madre que me da su particular parte diario del aislamiento que lleva como una campeona” (26-3-20).

Desde la declaración del Estado de alarma el 14 de marzo, la crisis del coronavirus ha provocado la pérdida de 900.000 empleos (2-4-20). En España las medidas para frenar el impacto económico del coronavirus se han centrado en los ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), que es el instrumento que tienen las empresas para afrontar el parón económico. Europa lanza el fondo de rescate como el gran salvavidas contra la crisis. La intervención se limitaría por ahora a préstamos en condiciones favorables, con más de 35.000 millones de euros disponibles para España. El Defensor del Pueblo pide autorizaciones de trabajo para inmigrantes que puedan emplearse en el campo (3-4-20).

La situación de aislamiento de los pacientes provoca situaciones muy duras. Las familias no pueden despedirse de sus seres queridos. Personas que fallecen solas en la habitación de un hospital, o despedidas a través de una ventana, desde la misma calle, acercando la cama a la ventana para que puedan verse. Madrid utiliza como morgue las instalaciones del Palacio de Hielo. El depósito de féretros en este centro lúdico parece “apocalíptico”, pero supone tener el frío necesario para el mantenimiento de los cadáveres. Desde el 24 de marzo, esta instalación deportiva recibe los cadáveres trasladados por la Unidad Militar de Emergencia (UME). Esta se encarga también de custodiar los cuerpos hasta que las funerarias los retiren para incinerarlos o inhumarlos. Sólo tres familiares pueden acompañar al fallecido en el cortejo fúnebre.

* Una imagen se ha hecho viral: Peste negra, 1720.  El cólera, 1820. Gripe española, 1920. Coronavirus, 2020. Cada 100 años ¿casualidad? Lo cierto es que es algo que no habíamos vivido nunca y pone al descubierto nuestra propia fragilidad (Sal 90). Otros interrogantes: ¿Cuál es el origen del coronavirus?, ¿un animal?, ¿un accidente?, ¿venganza de la naturaleza?, ¿un laboratorio?, ¿es el arma bacteriológica perfecta?, ¿qué resistencia tiene?, ¿se queda en el aire?, ¿te puedes volver a contagiar?, ¿y Dios?, ¿dónde está Dios en todo esto?, ¿y Cristo?, ¿no le importa que nos hundamos? Eso es lo que dice Pedro cuando se levantó una fuerte borrasca y las olas sacudían la barca: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” (Mc 4,38).

Las aguas del coronavirus van subiendo cada día. Mientras pasa el diluvio, hay que refugiarse en el arca (Gn 7), esperando que la paloma traiga un ramo de olivo en el pico (Gn 8,11), es decir, esperando el pico de la curva de los contagios. Salvar vidas humanas está por encima del cumplimiento del sábado o del domingo (Lc 14,1-6). El 11 de marzo, en la reunión de la Comunidad de Ayala, decidimos suspender las reuniones. Con ello secundamos las medidas sociales de contención.  Nos llamó la atención ese salmo que dice: “No haya brecha ni aberturas ni alarma en nuestras plazas” (Sal 144).

Ciertamente, esta cuaresma es especial y, por lo que parece, también lo será la pascua. En el desierto de Judá, Jesús se remite tres veces a la palabra de Dios dicha ya: Está escrito (Mt 4,1-11). Quizá más de una vez tengamos que hacer lo mismo. Como dice Pablo, “vosotros sois el cuerpo de Cristo” (1 Co 12,27). De diversas maneras, la comunicación fluye, circula, también en estas circunstancias de confinamiento general. Dice también: “En todas las cosas, en las buenas y en las malas, interviene Dios para bien” (Rm 8,28). En los últimos meses, tres veces  (7D, 14F, 21F) nos hemos remitido a la palabra dicha ya: “Os recuerdo, hermanos, el Evangelio (1 Co 15). Podemos orar con los salmos, como Jesús: “Señor, es eterno tu amor, no abandones la obra de tus manos” (Sal 138).

En el desierto Jesús es tentado contra su propia misión, contra su opción mesiánica. Hasta ahora, ha trabajado con sus manos (Mc 6,3). Y ahora ¿de qué va a vivir? Es la tentación del pan. Sus parientes creen que está loco (Mc 3,21). Pero Jesús dice: “No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8,3). Los escribas le calumnian: dicen que está endemoniado (Mc 3,22). Los fariseos le exigen una señal del cielo (Mc 8,11). Es la tentación del alero del templo: “Tírate abajo, porque está escrito: los ángeles te recogerán” (Sal 91). Jesús acepta las señales que Dios le envía sin exigir otras, permanece dentro de los límites de la condición humana: “No tentarás al Señor tu Dios” (Dt 6,16). A Jesús le llega también la tentación del poder, la revolución nacionalista. Se le ofrece poder, pero la conciencia queda sometida. El hombre no debe arrodillarse ante nadie, sólo ante Dios: “Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto“ (Dt 6,13).

Jesús se presenta como profeta (Mc 6,5), y como Cristo, pidiendo reserva, pues puede ser mal entendido (8,30), también como el hijo del hombre (2,28).Esta expresión aparece siempre en su boca. La venida del hijo del hombre marca la última etapa de Jesús. El hijo del hombre, sacrificado por poderes bestiales, viene a juzgar la historia (Dn 7,13-14). En el momento supremo, Jesús lanza este desafío a Caifás: “Veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del poder y venir sobre las nubes del cielo” (Mc 14,62). Estemos atentos: “Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del hijo del hombre” (Mt 24, 27).

El diluvio en tiempo de Jesús fue una guerra, la guerra de los judíos. Pase lo que pase en el diluvio, al final no está la nada sino el hijo del hombre: “Llega la hora (ya estamos en ella) en que los muertos oirán la voz del hijo de Dios y los que la oigan vivirán”  (Jn 5,25). Estad alerta para no ser sorprendidos: “Como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido”, “y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos. Así será también la venida del hijo del hombre. Entonces estarán dos en el campo, uno es tomado, el otro dejado”, “velad” (Mt 24,38-42).

En tiempo de Jesús, lo de Ramos no fue una “piadosa procesión”, sino una “manifestación ilegal” en la que Jesús marcha sobre Jerusalén y denuncia el templo: es una “higuera estéril” (Mc 11,14), está manchado y necesita ser purificado, debía ser “casa de oración” para todos los pueblos, pero se ha convertido en una “cueva de bandidos” (11,17). Actualmente, en la procesión no se proclama esto, no se considera necesario. En el evangelio que la precede, se lee lo que se llama “entrada triunfal” de Jesús en Jerusalén, sin la denuncia y purificación del templo que precisamente determina su proceso (11,18). Para este viaje, no hacen falta alforjas. Quizá venga bien la abstinencia ritual. Al fin y al cabo, está escrito: “No quisiste sacrificios ni holocaustos”, “heme aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Sal 40). Y también: “Cuarenta años me asqueó aquella generación”, “pueblo son de corazón torcido, que mis caminos no conocen” (Sal 95).

* Fue hace años. La BBC emitía un programa sensacional: “Los arqueólogos encuentran el sepulcro de Jesús”, decía Cristina Frade, corresponsal en Londres del diario El Mundo (1-4-1996). El descubrimiento fue accidental: “tres osarios de arcilla con los nombres de Jesús, María y José”, “en 1980 las urnas fueron rescatadas de la voracidad de las excavadoras que preparaban un terreno para la construcción de un bloque de apartamentos en Talpiot, un suburbio del sur de Jerusalén”, “un arqueólogo certificó que en el lugar de la obra se encontraba una tumba familiar del siglo I de Cristo y catalogó sin mucho interés seis osarios vacíos, antes de entregarlos a las autoridades”.

Durante años, las urnas acumularon polvo en las estanterías de un archivo arqueológico de la ciudad, hasta que Chris Mann, un reportero británico especializado en programas religiosos, reparó en ellos por casualidad durante el rodaje de un documental. Gracias a un catálogo, dio con un sencillo cofre de arcilla, de 65 centímetros de largo, 25 de ancho y 30 de alto, con una inscripción en hebreo que rezaba: “Jesús, hijo de José”. Para su sorpresa, en la misma estantería del archivo encontró otros cinco osarios que exhibían nombres tan significativos para los cristianos como José, María, Mateo y Judas, también en hebreo, y otra María, posiblemente María Magdalena, escrito en griego. ¿Simple coincidencia o descubrimiento revolucionario?

La mayoría de los arqueólogos comentan que todos los nombres inscritos en los cofres de arcilla eran comunes en tiempos de Cristo, pero reconocen que “el hecho de que los seis estuvieran juntos no deja de ser asombroso”. Según el arqueólogo Joe Zias, experto de la Autoridad Israelí para las Antigüedades, “la combinación de nombres es impresionante. Si no se hubieran encontrado en una tumba, hubiera dicho que eran una falsificación al cien por cien, pero proceden de un contexto arqueológico muy bueno y que ha permanecido intacto”. Las pruebas no son concluyentes, admiten los productores del programa. No obstante, destacan como “más que una coincidencia” el que encajen de una forma tan precisa las fechas, la localización y los nombres.

Decía la corresponsal: “El hallazgo cuestiona el dogma de la Resurrección”. No estamos de acuerdo con esta conclusión. La resurrección de Cristo no es la reanimación del cadáver, como tampoco lo es la nuestra (Flp 3,21). Como dice Pablo, “se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual” (1 Co 15,44). Es un nuevo modo de presencia: “los muertos resucitan”, dice Jesús, “son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección”, Dios “no es un Dios de muertos sino de vivos, porque para él todos viven” (Lc 20, 36-38).

* También hace años. Se publicó en El País (20 y 21 de abril de 1984): “La crucifixión de Cristo coincidió con un eclipse parcial de Luna. Dos científicos de Oxford establecen la fecha exacta de la muerte de Cristo”. Varios fenómenos naturales acompañaron la inmensa agonía de Jesús: “Hacia el mediodía, el cielo se oscureció. El sol desapareció tras las nubes de polvo gris de una furiosa tormenta de arena. Más tarde, casi al anochecer, una Luna de un rojo sangre salió por encima de Jerusalén, bañando el lugar de la ejecución, en la colina del Gólgota, con una siniestra luz crepuscular”.

Comentamos. Ahora bien, si según Kepler Cristo nació el año 7 antes de Cristo, hay que añadir siete años a su edad. Por tanto, Jesús no murió a los 33 años, como suele decirse, sino a los 40. Como dice Lucas, tenía Jesús, al comenzar su misión, “unos treinta años” (Lc 3,23). Según los datos que conocemos, habría que decir: unos treinta años largos, unos treinta y siete.

* Esta pascua nos llega con la catequesis sobre la reforma católica o contrarreforma, que aparece en la web. Es una radiografía del concilio de Trento, que -aunque no lo parezca- sigue presente en muchas mentalidades. Nos preguntamos: La reforma católica ¿fue reforma o contrarreforma?, ¿hemos de revisar la propia tradición a la luz de la Escritura?, ¿en qué aspectos?, ¿no es necesaria la renovación, la reforma y la purificación del templo actual?, ¿no ha llegado todavía el momento?

Asimismo, acabo de escribir el prólogo que me ha pedido el profesor cacereño Luis Bravo para su evocador libro. Será publicado en fecha próxima, quizá en septiembre.  En el título el autor hace la pregunta crucial, que está en boca de muchos: Juan Pablo, ¿qué te hicieron? Después de cuarenta años, esperamos que se le haga justicia. El Papa no puede “lavarse las manos”, como Pilatos (Mt 27,24).

Y nosotros ¿qué podemos hacer? En 24 horas se ha llenado el registro de voluntarios en la Comunidad de Madrid. Son “ángeles” que ayudan a sentir al Señor cerca, aunque no se le vea. Hay diversas iniciativas. Por ejemplo, ayudar a personas mayores que están solas en lo que necesiten, llevarles la compra y las medicinas, acompañar telefónicamente a los enfermos y sus familias, compartir con personas o instituciones que lo están pasando mal, colaborar en hospitales de campaña.

Tenemos una realidad muy próxima: familiares, amigos, miembros de la Comunidad. Tenemos a la Fundación Betesda que lo está pasando mal. Han fallecido dos residentes. Actualmente hay diez hospitalizados. El 27 de marzo la UME desinfectó las dos residencias y felicitó a la Fundación por la rapidez y las medidas que se han tomado. En prevención se ha instalado un hospital de campaña en el Centro de día y Centro ocupacional. El material médico y de protección que llega sigue siendo insuficiente. Se han pedido profesionales sanitarios, concentradores y balas de oxígeno, tests. Hay cinco empleados de baja. El resto sigue luchando de manera ejemplar. Se han comprado mascarillas, guantes, batas y otros elementos necesarios. Hemos cumplido 25 años y lo hemos celebrado, ahora toca arrimar el hombro.

Esta es una pascua especial. Como siempre, saludamos a los de cerca y a los de lejos. Recordamos la palabra que dice: “Oídme, islas; atended, pueblos lejanos. El Señor desde el seno materno me llamó; en las entrañas de mi madre pronunció mi nombre” (Is 49,1). Esta carta tiene fecha, el 3 de abril; precisamente, el día de la muerte de Cristo, según los datos aportados. Obviamente, avizoramos cada día el nivel de las aguas. Esperamos que aparezca pronto el pico de la curva de los contagios. En medio de las aguas del coronavirus esperamos una “señal de alianza” (Gn 9,12).

Estemos atentos. De una u otra forma, el Señor pasa salvando, liberando, juzgando, resucitando. Él sigue apareciendo en nuestro horizonte. Ocupa “por derecho de resurrección el centro en el que todo se concentra” (Teilhard de Chardin). Lo anuncia Pablo en el lenguaje materno de Jesús: Maran atha, “el Señor viene” (1 Co 16,22). No viene solo, viene acompañado “con todos sus santos” (1 Ts 3,13), “el pueblo de los santos del Altísimo” (Dn 7,27). Lo pide Juan y la Iglesia naciente, lo pedimos nosotros: “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20).

Jesús López Sáez

Abril 2020

Visto: 844