1. LOS PRIMEROS TIEMPOS. El libro de la Ley

1. LOS PRIMEROS TIEMPOS

El libro de la Ley

1. Visto desde fuera, el Pentateuco es un macizo rocoso difícil de abordar. Sin embargo, no partimos de cero. Contamos con la aportación de varios expertos. Por tanto, hay ya un trabajo avanzado, pero tenemos un reto: pasar de la exégesis a la catequesis, lograr una sencilla comprensión de los primeros libros de la Biblia para facilitar una mejor escucha de la palabra de Dios.

2. Dentro del Proyecto Catecumenal (PC), estas catequesis sobre el Pentateuco y el libro de Josué (Hexateuco) son complementarias de las grandes experiencias bíblicas (PC V, 43-50). Habiendo abordado una serie de catequesis sobre los profetas, abordamos ahora estas catequesis sobre la ley, una ley que Jesús asume, revisa y lleva a su plenitud: “No penséis que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento” (Mt 5, 17). La palabra judía que significa Ley (Torá) designa el conjunto de libros que narran la historia de la alianza con Dios. En el mapa, emigración de Abraham (de Ur a Jarán y a Canaán) y emigración de Jacob (de Canaán a Egipto).

3. En estas catequesis recogemos las grandes etapas y las tradiciones históricas de Israel. En primer lugar, las grandes etapas: los primeros tiempos, la crisis del establecimiento, la crisis de la constitución como Estado, la restauración del pasado olvidado, la situación después del destierro, la tensión entre sacerdocio y profecía. En segundo lugar, las tradiciones históricas: la historia de los orígenes, la salida de Egipto, la revelación del Sinaí, la marcha por el desierto, la función de Moisés, la entrada en Canaán, los ungidos del Señor, Israel ante el Señor.

4. El jesuita Luis Alonso Schökel en la presentación del libro del profesor alemán Gerhrad Von Rad (1901-1971), Teología del Antiguo Testamento, afirma lo siguiente: “Por un tiempo la teología del Antiguo Testamento estaba desterrada de la ciencia bíblica, mientras la historia de la religión de Israel ocupaba todo el terreno”. El profesor alemán introduce un nuevo enfoque: “La fe del pueblo de Israel se vive en la historia, se formula en artículos de fe sueltos o reunidos, se expresa en conglomerados y cuerpos narrativos, se transmite en tradiciones vivas, variantes, crecientes” (Von Rad I, Sígueme, Salamanca, 2000, 9-10).

5. Por su parte, el profesor Von Rad comenta: “La idea de presentar una historia cronológica de las afirmaciones confesionales de Israel puede parecer obvia pero pronto se demuestra irrealizable”. En realidad, “cuando se trata de fijar la fecha de estas tradiciones, debemos conformarnos con meras aproximaciones”. Sin embargo, “la necesidad de renunciar a una exposición cronológica de las afirmaciones confesionales de Israel nos ofrece la ventajosa posibilidad de dejar los materiales de la tradición en los mismos contextos de la historia de la salvación en donde los colocó Israel”. Y este es el aspecto más importante: “ese esfuerzo continuo (de Israel) por volver actuales en cada periodo de su existencia las intervenciones salvíficas de Dios en la historia, esa persistente y renovada comprensión y proclamación de las acciones divinas, que, en último término, convirtió las antiguas profesiones de fe en un enorme y complejo conglomerado de tradiciones” (Von Rad, 14-15).  

6. Veamos el contexto en el que nace el Pentateuco. El pueblo judío vuelve del destierro en el siglo V a.C. Esdras, el escriba, es un sabio versado en las antiguas escrituras. Los tiempos son difíciles. Hay que reconstruir Jerusalén y su templo. Hay que encontrar un sitio entre los ocupantes del país. Hay preguntas inquietantes: ¿Dónde está Dios? ¿Se ha olvidado de su pueblo? ¿Es cierto que la reciente liberación y la caída de Babilonia son obra suya? ¡Si al menos estuvieran seguros de responder a lo que Dios espera de ellos! Han recibido con alegría a Esdras, a pesar de sus exigencias, duras a veces. ¿Qué es lo que trae el escriba?

7. Esdras trae al pueblo una carta, la fundación del judaísmo, “la escritura fundacional, fuente de una conciencia de identidad, sello de la alianza con Dios, lo que se llama un testamento”. ¿Qué dicen esos escritos? Afirman con renovada seguridad unas verdades fundamentales: “El Dios de sus mayores había liberado en otro tiempo a su pueblo de Egipto, porque le amaba. Y por eso le liberaba una vez más. Le había elegido entre todos los pueblos para una misión excepcional. Y esta misión se la confiaba todavía. Esto es lo que venían a decir, cada uno a su manera, los libros del Pentateuco” (BJ, edición pastoral).

8. La hipótesis documental fue formulada, entre otros, por el filólogo y teólogo alemán Julius Wellhausen (1844-1918). Los seis primeros libros de la Biblia habrían sido compuestos a partir de cuatro documentos previos. El primer documento se remonta al siglo X a.C. Se supone que fue escrito en la corte de Salomón. Aporta la mitad del Génesis y del Éxodo más unos fragmentos de Números. Su redactor utiliza relatos anteriores, muchos de ellos vinculados a santuarios. El redactor no se limita a yuxtaponer los relatos, sino que los organiza de modo que dejan ver una idea central: Dios ha hecho una alianza con su pueblo y con la casa de David. A Dios se le llama Yahvé, que significa “el Señor”. Como siempre le llama así, el redactor es conocido como el yahvista.

9. El segundo documento es paralelo al anterior, a menudo duplicando los relatos. Aparece entre el 850 y el 750 a.C. Aporta una tercera parte del Génesis, la primera mitad del Éxodo y unos fragmentos de Números. Procede del norte de Palestina, región que ya estaba separada del reino de Salomón. No se exalta la dinastía real. Los profetas, hombres de raigambre popular, tienen gran autoridad en sectores de la población. Dios es simplemente “Dios”, “Elohim”, por lo que al redactor de este documento se le llama elohista. A pesar de las divisiones políticas, se conservaba la conciencia de una unidad fundamental.

10. El documento deuteronomista tiene la forma de una serie de sermones sobre la ley y ocupa la mayor parte del Deuteronomio. Procede también del norte. Está compuesto hacia los años 650-621 a.C. A Dios se le llama “Yahvé Elohainou”, “el Señor nuestro Dios”. Ante la caída de Samaría, capital del reino (721 a. C.), quieren explicarse cómo pudo suceder tal catástrofe. La explicación es ésta: “Moisés nos había prevenido. Nos señaló un camino y nosotros no lo hemos seguido”. Como veremos, en el sur el libro (perdido y hallado en el templo) produjo una gran conmoción.

11. El documento sacerdotal aparece en el sur, hacia los años 550-450 a.C. Recoge la tradición referente al culto y a la ley. Los sacerdotes están preocupados con la centralización del sacerdocio y con listas (especialmente genealógicas, fechas, números y leyes. A Dios se le llama “Elohim” (Dios). El documento copia partes del yahvista y del elohista, pero cambia detalles para resaltar la importancia del sacerdocio. Ocupa cerca de una quinta parte del Génesis, partes sustanciales de Éxodo y de Números, y casi todo el Levítico. Su conclusión es ésta: El pueblo debe ser santo, porque Dios es santo.

12. El Éxodo. En el lejano pasado de unas tribus nómadas se destaca un recuerdo, el de un grupo que emigró a Egipto, pero allí fue sometido poco a poco a las duras condiciones que conocían tantos obreros extranjeros: “Les impusieron capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos; y así edificaron para Faraón las ciudades de depósito: Pitom y Ramsés”. Incluso les impusieron una planificación familiar que suponía el infanticidio: “Los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron, llegaron a ser muy numerosos y fuertes”. Dijo el rey egipcio: “Tomemos precauciones contra ellos para que no sigan multiplicándose”. Y ordenó a las parteras, que asistían a las hebreas: “Si es niño. Hacedle morir; si es niña, dejadla con vida” (Ex 1,7-16). En el mapa, mar Rojo, península del Sinaí, golfo de Ákaba, tierra de Madián y desierto de Arabia (Atlas de la Biblia).

13. Tres lugares resaltan en la historia israelita: el monte Sinaí, el mar Rojo y el oasis de Cadés. De generación en generación se mantiene vivo en Israel el recuerdo del Sinaí como el lugar de una especial revelación de Dios. Se discute el emplazamiento. Puede estar en la península del Sinaí, pero cerca de la tierra de Madián, donde comienza el golfo de Ákaba. Moisés encontró este monte durante su permanencia en casa de su suegro Jetró, que era de Madián: “Una vez llevó las ovejas más allá del desierto y llegó hasta Horeb, el monte de Dios”. Allí tuvo su experiencia de fe: "Vio que una zarza ardía sin apagarse". Era como su propio fuego interior, como la palabra de Dios que estaba escuchando: "He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo del poder de los egipcios. Lo sacaré de este país y lo llevaré a una tierra nueva y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel. Yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto" (Ex 3,1-10). Es la experiencia profética: "Surgió el profeta Elías como fuego, su palabra quemaba como antorcha"(Eclo 48,1).

14. Ante la misión que se le encomienda, Moisés se defiende: "¿Quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los israelitas?". El Señor le dice: "Yo estaré contigo y esta será la señal de que yo te envío. Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte". Y también: "Así dirás a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación"(Ex 3,12-15). Se ha especulado mucho sobre el nombre de Dios. Es todo más sencillo. Lo que aquí aparece es la fórmula ordinaria de la alianza: "Yo estaré contigo".

15. Comenta el profesor belga Paul Van Imschoot (1889-1968) en su libro Teología del Antiguo Testamento: “YAHWEH es el nombre propio del Dios de Israel”, “el tetragrama sagrado Y H W H se pronuncia Yavé”, “la pronunciación Jehová data del siglo XIII y fue generalmente adoptada por los cristianos a partir del siglo XVI. Es, sin duda alguna, defectuosa, y nunca estuvo en uso entre los judíos. Es debido a la pronunciación masorética que puso las vocales de la palabra Adonai bajo las consonantes del tetragrama sagrado y, por respeto al nombre divino, los judíos evitaban pronunciar y reemplazaban por el término Adonai, el Señor” “según el contexto, el nombre de Dios debe justificar la misión de Moisés, encargado de la liberación de Israel, y la promesa de asistencia divina que ha recibido (Yo estaré contigo, Ex 3,9-12) y de confortar al pueblo en medio de sus dudas”. La interpretación Yo soy el que soy “da al texto un matiz filosófico extraño a las palabras hebreas” (Fax, Madrid, 1969, 45-48).

16. Las alabanzas que Israel dedica a la liberación de Egipto superan a las restantes acciones divinas. Los egipcios los persiguieron, pero el regimiento de caballería que los perseguía pereció en el “mar”. La liberación de Egipto y el paso del mar Rojo entraron en la profesión de fe de Israel, se convirtieron en el credo primitivo del pueblo: “Moisés es el hombre elegido por Dios, saca a Israel de Egipto, es el mediador de la revelación en el Sinaí y conduce al pueblo en todos los momentos difíciles de su viaje hasta las estepas de Moab” (Von Rad, 31-37). Al tercer mes después de la salida de Egipto, llegaron al desierto del Sinaí. Moisés subió al monte (Ex 19) y allí recibió el Decálogo (Ex 20; Dt 5).

17. La liberación de Egipto y el paso del mar Rojo no aparecen en los documentos egipcios de la época. La primera mención de Israel aparece en una estela de basalto negro (en la foto), que celebra la campaña bélica del faraón Menefta (1220 a.C.): "Canaán es saqueada por todos los males", "Israel está arrasado, su semilla ya no existe". Gracias al éxodo, al volver del destierro, los israelitas pueden encontrar un sentido a su historia.

18. Israel permanece “mucho tiempo” en Cadés (Dt 1,46), a unos 100 kilómetros de Berseba. Los nombres de Masá y Meribá son nombres propios de dos oasis de esta región (Ex 17,1; Nm 13,24). En estos lugares se examinaban causas legales. Cadés fue lugar de culto yahvista durante el periodo en el cual la tribu de Leví ejerció allí sus funciones: “Simeón se estableció en los alrededores de Berseba y Leví se convirtió en custodio de las tradiciones cultuales de Cadés. Por otra parte, debemos suponer que toda la tribu de Leví o una parte de la misma emigró a Egipto, pues Moisés era levita (Ex 2,1)”.  En el mapa, Cadés en el centro y, más arriba, Berseba.

19. El Levítico. A la vuelta del destierro, la Ley se convierte en un código detallado recogido en el Levítico. Es un manual religioso para uso de los levitas, sacerdotes encargados del culto, escogidos de entre los miembros de la tribu de Leví. La tradición lo atribuye a Moisés. Moisés pudo escribir algunos fragmentos del Levítico o del Pentateuco, pero no todo. Nadie puede narrar su propia muerte (Dt 34). El destierro ofreció a los sacerdotes una ocasión para pensar en lo que podría ser la celebración perfecta si un día volvían a Jerusalén. El pueblo lamentaba la desaparición del culto: “A orillas de los ríos de Babilonia, estábamos sentados y llorábamos”, “en los álamos de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras” (Sal 137).

20. El Levítico tiene tres partes: leyes referidas a los sacrificios, consagración de los sacerdotes, leyes referidas a la pureza y santidad (que afectan a la relación con Dios y con los demás). Los preceptos cultuales se completan con los preceptos morales: “La Torá, en la que se inserta el Levítico, es una invitación a organizar todos los actos de la vida en la perspectiva de la Alianza. Es una llamada a buscar el máximo de coherencia en la vida y a participar de esta manera en la obra de Dios que creó el orden en el mundo” (BJ, edición pastoral). Se suele decir que son 613 las leyes del Antiguo Testamento. Sin embargo, no hay ningún versículo de la Biblia que lo diga. En realidad, es difícil hacer un recuento exacto. El judío cordobés Maimónides (1138-1209) divide los 613 preceptos en 248 positivos (hacer esto) y en 365 negativos (no hacer esto). El Levítico le devuelve al pueblo una orientación fundamental y contribuye a asentar la unidad de su vida y de su culto, pero entraña un grave peligro, que denunciaron los profetas y que Jesús denuncia constantemente: convertir la relación con Dios en la mera ejecución de normas y ritos (legalismo, ritualismo).

21. Al comienzo, el libro de los Números enumera las tribus que tomaron parte en la larga marcha. Siglos después cada familia buscará en esa primera lista la garantía de pertenecer al pueblo elegido. Como, según se contaba, los primeros componentes de esas tribus murieron en el desierto por sus culpas, les interesará también encontrarse en la segunda lista, la de la segunda generación, la que entró en la tierra prometida. Se relata también el orden en que acampaban los hebreos en el desierto. No era una multitud desorganizada. Hay una preciosa bendición: “Que el Señor te bendiga y de guarde, que ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor, que el Señor se fije en ti y te conceda la paz” (Nm 6, 23-26). Hay capítulos enteros de leyes y costumbres que se consideran sagradas. Son fruto de discusiones a veces acaloradas entre Dios y Moisés en la tienda del encuentro.

22. También hay relatos vivos: la pascua y la partida (9-10), las etapas en el desierto (11-14), la marcha desde Cadés hasta Moab (20-25), la “guerra santa” contra Madián (31-33,50-56), la descripción de las fronteras del país (34,1-15). En el primer plano está Moisés. Los autores de las distintas tradiciones reconocen en él al dirigente. Para él todo lo que no sea avanzar es un obstáculo a los planes de Dios. Mueren los exploradores que vuelven de Canaán espantados por las dificultades. En segundo plano, está el pueblo, “un pueblo rebelde” que Moisés tuvo que aguantar. Dios es el personaje principal, es el “Dios con nosotros”. A veces es el Dios terrible, el Dios de la ira. Es el Dios que podía elevar al pueblo dando su espíritu a todos: “¡Quién me diera que todo el pueblo del Señor profetizara!” (Nm 11,29).  En el salmo 103 Dios es amor. En el mapa, trayectoria de Israel hacia Jericó; abajo, tierra de Moab.

23. El Deuteronomio. Es una meditación sobre el pasado. Se les viene a decir: “Aprended del pasado. Observad la ley, guardad la Alianza y viviréis. Pero si vais por mal camino, acabaréis en la desgracia”. El libro del Deuteronomio, palabra griega que significa “segunda ley” es una relectura posterior del relato primitivo, el documento deuteronomista. Por eso encontramos en él alusiones a sucesos posteriores. Dos caminos se abren: el de la revuelta y la desgracia, el de la obediencia y la felicidad. El pueblo ha de optar. Probablemente el redactor último de estas advertencias es un levita, heredero de una larga tradición particularmente vigorosa en el norte del país, una tradición que ya había dado origen a una primera versión del Deuteronomio, anterior a la del destierro.

24. El contexto es éste: “La división del reino en dos partes rivales, las distintas catástrofes que se abatieron sobre el Norte y culminaron con la invasión de Samaría el 721 a.C. hicieron que los creyentes más convencidos se preguntaran sobre las causas de tales desastres. Con ello quedaba puesta la base argumental del Deuteronomio. Pero las advertencias llegaban demasiado tarde para el reino del Norte. La primera versión de la obra que llevaron al Sur los levitas en su huida ante el invasor, quedó ignorada durante mucho tiempo”. En el reinado de Josías, entre el 640 y el 609, con motivo de unas obras, encontraron el libro en el templo de Jerusalén: “El sumo sacerdote Jilkías dijo al secretario Safán: He hallado en la Casa de Yahvé el libro de la Ley” (2 R,22, 8). La conmoción fue enorme. El rey convocó a todo el pueblo y “leyó a sus oídos todas las palabras del libro de la Alianza, hallado en la Casa de Yahvé” (2 R 23,2).   

25. La reforma de Josías, que siguió al descubrimiento del libro, duró poco tiempo. Pronto vino la recaída en antiguos errores y luego la invasión caldea, la toma de Jerusalén, la destrucción del templo, las deportaciones de los años 597, 587 y 582 a.C., el destierro. Los sacerdotes “van a devolver al pueblo la conciencia de su identidad haciéndole ver que son de una misma sangre (de ahí la importancia de las genealogías). Le van a recordar las señales exteriores de vinculación al grupo: la circuncisión, el sábado. Le presentarán también el pasado, insistiendo en ciertos acontecimientos que, examinados ahora, son significativos. También Abraham fue al comienzo extranjero en el país de Canaán. Su toma de posesión de la tierra fue en un principio bien modesta. El Éxodo constituyó un acontecimiento espectacular como nadie podía esperar”, “no hay razón, pues, para desesperar” (BJ, edición pastoral).

26. El libro del Génesis ocupa el primer lugar de la Biblia. Debe su origen al interés por conocer las raíces del pueblo hebreo remontándose más allá del Éxodo. Una antigua tradición se conservaba en Israel: “Mi padre fue un arameo errante” (Dt 26,5). Lejanos recuerdos, vinculados a lugares bien conocidos, dieron pie para componer un relato que ofrecía la historia de los patriarcas. La experiencia de Abraham empieza con una emigración: “Sal de tu tierra…y vete a la tierra que yo te mostraré” (Gn 12,1). Y también: “Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes…así será tu descendencia” (15,5). Esta conciencia de ser los herederos de la antigua promesa es importante para los judíos. Pero en el libro se plantean también otras preguntas: ¿Cómo explicar el origen del mundo y del hombre? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué el mal? ¿Por qué la muerte?

27. Desde el principio, aparece el Dios de los mayores, el Dios de los padres. El siervo de Abraham le llama así: “Dios de mi señor Abraham” (Gn 24, 12). A Isaac se le dice: “Yo soy el Dios de tu padre Abraham” (Gn 26,24). En el sueño de Jacob aparece esta voz: “Yo soy el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Jacob” (28,13). Y Jacob ora así: “Oh, Dios de mi padre Abraham y de mi padre Isaac” (32,10). A Dios se le llama “el terrible de Isaac” (31,42), “el campeón de Jacob” (49,24). A Moisés se le dice: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Ex 3,6). El Dios de los padres “no está ligado a un lugar fijo, todo lo contrario, su distintivo primordial es su relación constante con un clan determinado y con su destino” (Von Rad, 30). El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, dirá Jesús, “no es un Dios de muertos sino de vivos, porque para él todos viven” (Lc 20,38).

 

* Diálogo: ¿Es el Pentateuco un macizo rocoso difícil de abordar? ¿En qué contexto nace el Pentateuco? ¿Qué aporta la hipótesis documental? ¿Quedan más claros los primeros tiempos? ¿Se entienden mejor en su contexto las tradiciones históricas de Israel: el relato de los orígenes, la salida de Egipto, la experiencia del Sinaí, la marcha por el desierto, la función de Moisés?

 
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