- CARTA DE SANTIAGO. Las obras de la fe

CARTA DE SANTIAGO

 Las obras de la fe

 

1. Santiago, “el hermano del Señor” (Ga 1,19), es uno de los que son considerados como “columnas” (2,9) en la comunidad de Jerusalén, la comunidad madre. Se presenta como “siervo de Dios y del Señor Jesucristo”, se dirige “a las doce tribus de la Dispersión” (St 1,1), es decir, a las comunidades dispersas por el mundo. Según Eusebio (+339), de Santiago “se dice que es la primera carta de las llamadas católicas”, la carta “no se considera auténtica, de los antiguos no son muchos los que de ella hacen mención” pero se lee públicamente "en la mayoría de las iglesias” (HE II, 23,25).

En su prólogo al Nuevo Testamento (1522), Lutero la llama “carta de paja” (1 Co 3,12), creyendo que se opone a la doctrina paulina de la justificación por la fe. Pablo denuncia las “obras de la ley” (Rm 3,2), Santiago reclama las obras de la fe: “la fe sin obras está muerta” (St 2,17): ¿acaso se oponen ambos apóstoles?, ¿es auténtica la carta de Santiago?, ¿en qué fecha se escribe?, ¿desde dónde?, ¿hay que recuperar la figura de Santiago?, ¿hay que valorar su carta?

2. A finales del siglo II atribuyen la carta a Santiago, el hermano del Señor,Clemente de Alejandría y Orígenes, después lo hacen Juan Crisóstomo y Jerónimo. Santiago (Sant-Iacob) dirige el grupo de lengua aramea de la comunidad de Jerusalén (Hch 15,13). Figura entre los hermanos de Jesús: “¿No es este el carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago (Jacob), José, Simón y Judas?” (Mt 13,55; ver Mc 6,3; Lc 4,22). Incorporado a la comunidad cristiana tras la muerte de Jesús (Hch 1,14), es testigo del Señor Resucitado (1 Co 15,7), interviene decisivamente en el encuentro de Jerusalén, aceptando quela ley judía no se imponga a los gentiles que se convierten al Evangelio(Hch 15,6-20). Junto a la cruz de Jesús, había unas mujeres “entre ellas, estaban María Magdalena, María la madre de Santiago (Jacob) y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mt 27,56), estaban “María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor (Jacob) y de Jose, y Salomé” (Mc 15, 40), “estaban su madre y la hermana de su madre, María la de Clopás y María Magdalena” (Jn 19,25). Siendo Jesús hijo único (Lc 2,48-51; Jn 2,1; 19, 26-27), sus primos (hijos de Clopás) pueden funcionar como hermanos (Mc 3, 31-35).

3. Según Eusebio, al apelar Pablo al César y ser enviado a la ciudad de Roma, “los judíos, frustrada la esperanza que les indujo a tenderle asechanzas, se volvieron contra Santiago, el hermano del Señor”. Éste muere lapidado el año 62 (HE II, 23,1; Josefo, Antigüedades judías, XX,9,1; Hegesipo, Memorias, V). Santiago, el hermano de Juan, muere decapitado el año 44 (Hch 12,2). Santiago el de Alfeo es uno de los doce (Mt 10,3). La carta puede situarse en Jerusalén, hacia el año 60. El buen griego de la carta puede ser del secretario o del traductor. Cuando Pablo llega a Jerusalén por última vez, se reúne en casa de Santiago con los presbíteros (ancianos), dirigentes de la comunidad. Pablo les cuenta “todas las cosas que Dios había obrado entre los gentiles”. Ellos le dicen: “Ya ves, hermano, cuántos miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son celosos partidarios de la ley. Y han oído decir de ti que enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles  que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones” (Hch 21,19-21). La comunidad ha crecido mucho, pero ha involucionado, pesa el legalismo judío.

4. La carta llama dichosos a quienes soportan la prueba:"Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros” (St 1,2-4), “feliz el hombre que soporta la prueba. Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman. Ninguno, cuando sea probado, diga: es Dios quien me prueba, porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie” (1,12-13). No se cita expresamente el Evangelio, pero pueden reconocerse las palabras de Jesús: “Dichosos seréis cuando os insulten, os persigan  y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa” (Mt 5,11), “sed perfectos como es perfecto vuestro padre celestial” (5,48). 

5. Es preciso pedirle a Dios sabiduría. La oración es eficaz: “Si alguno de vosotros está falto de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará. Pero que la pida con fe, sin vacilar; porque el que vacila es semejante al oleaje del mar, movido por el viento y llevado de una a otra parte” (St 1,5-7). Lo dice Jesús: “Pedid y se os dará”, “todo el que pide recibe”, vuestro padre que está en los cielos da “cosas buenas” a los que se la piden (Mt 7,7-11). 

6. Dios escoge a los pobres: “El hermano de condición humilde gloríese en su exaltación; y el rico en su humillación" (St 1,9-10), “no entre la acepción de personas en la fe que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado. Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido espléndido; y entra también un pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva el vestido espléndido y le decís: Tú siéntate aquí en un buen lugar, y en cambio al pobre le decís: Tú quédate ahí de pie, o siéntate a mis pies. ¿No seria esto hacer distinción entre vosotros y ser jueces con criterios malos? ¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?”, “¿no son acaso los ricos los que os oprimen y os arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman el hermoso nombre que ha sido invocado sobre vosotros? (2,1-8). El Evangelio es buena noticia para los pobres (Lc 4,18), "derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes" (1,52), “dichosos los pobres en el espíritu” (Mt 5,3), “dichosos los pobres” (Lc 6,20), “ay de vosotros los ricos” (6,24), “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24). Los ricos “blasfeman el hermoso nombre”, son anti-Cristo.

7. Palabras contra los ricos: “Vosotros los ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riqueza en estos días que son los últimos. Mirad, el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo, él no os resiste” (St 5,1-6; ver Eclo 29,10; 34, 25-27; 27,13; Sb 2,10; Sal 37, 14 y 32; Jr 12,3; 46,21). 

8. Veamos el contexto. Galilea es una sociedad campesina. Los escritores del siglo I hablan de tres regiones bien definidas. Al norte, la alta Galilea, región fronteriza, poco poblada, con alturas de hasta 1.200 metros, de acceso no siempre fácil, refugio de bandidos y malhechores. Descendiendo hacia el sur, la baja Galilea, un territorio de colinas no muy elevadas, a cuyos pies se extiende la gran llanura de Yizreel (Dios siembra); en medio de ella dos montañas, el Tabor y el Hermón. Dispersas por toda la zona, numerosas aldeas y pueblos agrícolas; en la región montañosa se encuentra Nazaret, y un poco más al norte, en medio de un valle, Séforis, capital de Galilea. La región del lago era una comarca rica en pesca. Tres importantes ciudades se asomaban a sus orillas: Cafarnaúm, Magdala y Tiberiades. Según Flavio Josefo, “toda la región de Galilea está dedicada al cultivo y no hay parte alguna de su suelo que esté sin aprovechar” (GJ III, 43).

9. En tiempo del emperador Domiciano (81-96), se investiga a familiares de Jesús: “De la familia del Señor vivían todavía los nietos de Judas, llamado hermano suyo según la carne, a los cuales delataron por ser de la familia de David”. Les preguntaron “si descendían de David; ellos lo admitieron”, les preguntaron “cuántas propiedades tenían o de cuánto dinero disponían”, “ellos dijeron que entre los dos no poseían más que nueve mil denarios, la mitad de cada uno, y aun esto no lo poseían en metálico, sino que era la evaluación de sólo treinta y nueve pletros de tierra, cuyos impuestos pagaban y que ellos mismos cultivaban para vivir”, “entonces les mostraron sus manos y adujeron como testimonio de su trabajo personal la dureza de sus cuerpos y los callos que se habían formado en sus propias manos por el continuo bregar” (Eusebio, HE III, 20, 1-3). El “pletro” tiene cien pies de tierra.

10. La carta recuerda los salmos, los escritos sapienciales y proféticos, las palabras de Jesús. Así lo hacen los judíos dedicados a la enseñanza y los primeros catequistas preocupados por exponer el modo de actuar cristiano. La carta denuncia la idolatría de un corazón doble que dice creer en Dios, pero adora los ídolos (Os 10,1-2), denuncia la falta de fe, la falsedad, la lengua tramposa, laopresión de los pobres: “Salva, Señor, que ya no hay fieles, se acabaron los veraces”, “falsedad sólo dicen, cada cual a su prójimo, labios de engaño, lenguaje de corazón doble”, “arranque el Señor todo labio tramposo, la lengua que profiere bravatas, los que dicen: La lengua es nuestro fuerte”, “por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice el Señor: auxilio traigo a quien por él suspira. Las palabras del Señor son palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada. Tú Señor los guardarás, los librarás de esta ralea para siempre” (Sal 12,2-8).

11. Todo don viene de Dios, hemos nacido de su palabra: “No os engañéis, hermanos míos queridos; toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de rotación. Nos engendró por su propia voluntad, con palabra de verdad, para que fuésemos como las primicias de sus criaturas” (1,16-18). Jesús nos invita a confiar en Dios: “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan ni recogen en graneros, y vuestro padre celestial las alimenta” (Mt 6,24). Quienes acogen la palabra se hacen hijos de Dios (Jn 1,12). Se hace referencia a la palabra de Dios, no se incide en el legalismo judío.

12. Sed diligentes para escuchar y tardos para hablar, poned por obra la palabra: “Que cada uno sea diligente para escuchar y tardo para hablar, tardo para la ira. Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por eso, desechad toda inmundicia y abundancia de mal y recibid la palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvaros. Poned por obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos”, “en cambio, el que considera atentamente la ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo, sino como cumplidor de ella, ése, practicándola, será feliz” (St 1,19-25). “Dichosos los que escuchan la palabra y la cumplen”, dice Jesús (Lc 8,21). Es preciso escuchar la palabra y ponerla en práctica (Mt 7,24-27). La palabra sembrada produce fruto (Mc 4,20). Santiago no se opone a la doctrina paulina de la justificación por la fe, sino a una falsa interpretación de la misma. No se trata de la ley interpretada en sentido legalista, sino de la “ley perfecta de la libertad”, son los mandamientos de Dios, es el mandamiento del amor fraterno, es el amor a los pobres.

13. Observad los mandamientos y tened misericordia: “Porque quien observa toda la ley, pero falta en un solo precepto, se hace reo de todos. Pues el que dijo: No adulteres, dijo también: No mates. Si no adulteras, pero matas, eres trasgresor de la ley. Hablad y obrad como quienes han de ser juzgados por la ley de la libertad. Porque tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia, pero la misericordia se siente superior al juicio” (St 2,10-13; ver Rm 13,9). Jesús asume el Decálogo y lo lleva a su plenitud: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17), “si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro padre celestial” (6,14).

14. La fe y las obras: “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: Tengo fe, si no tiene obras? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: ¿Tú tienes fe?, pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril?”, “ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente” (St 2,14-24), "la religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y mantenerse incontaminado en este mundo” (1,27). Dice Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,20), “brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro padre que está en los cielos” (Mt 5,16).  Es “la fe que actúa por el amor” (Ga 5,6).

15. Dominad la lengua: “Si alguno se cree religioso, pero no pone freno a su lengua, sino que engaña a su propio corazón, su religión es vana” (St 1,26), “si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas". También puede hacer grandes estragos: "Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande” (3,2-5). En conclusión, “no habléis mal unos de otros, hermanos” (4,11).

16. No os hagáis maestros, evitad el espíritu de contienda: “No os hagáis maestros muchos de vosotros”, “¿Hay entre vosotros alguien que tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad” (3,1 y 13-16). "No ha de ser así entre vosotros, dice Jesús; el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor" (Mt 20,26), “no os dejéis llamar maestros” (23,8).

17. El reino de Dios está cerca (Mc 1,14), el Señor está cerca: “Tened, pues, paciencia, hermanos hasta la venida del Señor. Mirad, el labrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardándolo con paciencia...fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está ya a las puertas. Tomad, hermanos, como modelo de sufrimiento a los profetas que hablaron en nombre del Señor....Habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio, porque el Señor es compasivo y misericordioso. Ante todo, hermanos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra, ni por ninguna otra cosa” (St 5,7-12). No juréis en modo alguno, dice Jesús (Mt 5,34-36). En su proceso declara ante Caifás: “A partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del poder y venir sobre las nubes del cielo” (Mt 26,64). Lo proclama Pedro el día de Pentecostés: "Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2,36).

18. Oración, curación, reconciliación, corrección fraterna: “¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos. ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros (ancianos) de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados, y orad los unos por los otros para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder”, “si alguno de vosotros, hermanos míos, se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte al pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados” (St 5,13-20; ver Mt 18,15-18). 

19. La forma como aparece Dios y como aparece Jesús (Cristo) remite a las primeras confesiones de fe. La palabra Dios aparece 16 veces. A Dios se le llama Señor (8 veces) y Padre (3 veces). Creer que “hay un solo Dios” no basta, “la fe sin obras es estéril” (2,19-20). Dios es creador y padre: “Toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del padre de las luces”., “nos engendró por su propia voluntad con palabra de verdad, para que fuésemos como las primicias de sus criaturas” (1,17-18), bendecimos “al Señor y padre” (3,9), “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes” (4,6; Pr 3,34),  “acercaos a Dios y él se acercará a vosotros” (St 4,8), “humillaos ante el Señor y él os ensalzará” (4,10), “uno solo es el legislador y juez, que puede salvar o perder” (4,12), su juicio es duro contra los ricos que explotan al pobre (5,1-6).

20. El nombre de Jesús sólo aparece 2 veces. Santiago se presenta como “siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (1,1), “no entre la acepción de personas en la fe que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado” (2,1), si alguno está enfermo entre vosotros “llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante” (5,14-15). A Jesús se le llama “Señor” como se le llama “Cristo”. Se cumple el salmo 110: “Dijo el Señor (Dios) a mi Señor (Cristo): Siéntate a mi derecha”. Jesús aparece “glorificado”, es “el Señor de la gloria” (Lc 24,26).  

21. La carta recuerda las palabras de Jesús y, de modo especial, el sermón de la montaña: la alegría en las pruebas (St 1,2; Mt 5,11-12), la llamada a ser perfectos  (St 1,4; Mt 5,48), la eficacia de la oración (St 1,5; Mt 7,7), tener fe y no vacilar (St 1,6; Mt 21,21-22), Dios nos da cosas buenas (St 1,17; Mt 7,11), escuchar y obrar (St 1,22-23; Mt 7,24-27), pobres y reino de Dios (St 2,5-7; Mt 5,3), actuar con misericordia (St 2,12-13; Mt 5,7), fe y obras (St 2,14-17; Mt 7,21), por sus frutos los conoceréis (St 3,12; Mt 7,16),  los que procuran la paz (St 3,18; Mt 5,9), no se puede amar a Dios y al mundo (St 4,4; Mt 6,24), la risa se cambia en llanto (St 4,9; Lc 6,25), el que se humilla será ensalzado (St 4,10; Mt 23,12), ¡ay de los ricos! (St 5,1; Lc 6,24), no quejarse del hermano para no ser juzgado (St 5,9; Mt 5,22), no jurar en modo alguno (St 5,12; Mt 5,33-37), orar sin cesar (St 5,17; Lc 4,25; ver X. Alegre, 314-315). Según Papías de Hierápolis (hacia 69-150), “Mateo ordenó las sentencias (del Señor) en lengua hebrea, pero cada uno las tradujo como mejor podía”. Papías “expone también otro relato de una mujer acusada de muchos pecados ante el Señor, que se contiene en el Evangelio de los hebreos” (HE III, 39,16-17). El relato de Jn 7,53-8,11 se considera añadido al evangelio de Juan. Los evangelios recogen los dichos y los hechos de Jesús. En un principio, Mateo recoge sólo los dichos (sentencias).

* Diálogo: ¿Hay que recuperar la figura de Santiago?, ¿hay que valorar su carta?

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