Publicado el 22 enero, 2026 por Jesús López Sáez
Última actualización el 12 febrero, 2026

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Una brújula ética y evangélica

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LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Una brújula ética y evangélica

  1. La Inteligencia Artificial (IA) es un campo científico centrado en la creación de máquinas y ordenadores capaces de pensar, aprender y actuar como lo haría un ser humano. Aunque está en una fase inicial, su impacto en la sociedad es cada vez mayor. La adopción de la IA es uno de los objetivos a alcanzar dentro del programa de la Unión Europea, según el cual el 75% de las empresas deben usarla para 2030.
  2. Algunos interrogantes. ¿En qué consiste la Inteligencia Artificial?, ¿cuáles son las ventajas?, ¿cuáles son los riesgos?, ¿es posible orientarse en medio de los desafíos que la IA plantea?, ¿se necesita una brújula ética?, ¿se necesita también una brújula evangélica?, ¿en qué ámbitos impacta la IA?, ¿qué aspectos conviene destacar?,¿qué acciones podemos impulsar?
  3. Definición. La Inteligencia Artificial es una disciplina enfocada a la creación de máquinas y programas informáticos inteligentes que sean capaces de imitar las capacidades de resolución de problemas y toma de decisiones propias de la inteligencia humana. Esto favorece la automatización y la innovación, lo cual impulsa a su vez la experiencia del usuario, la competitividad y el crecimiento. La IA está compuesta de un conjunto de tecnologías que se usan para extraer información de grandes conjuntos de datos a fin de automatizar procesos y realizar una amplia variedad de tareas. Para ello utiliza múltiples disciplinas según el tema que se aborde.
  4. Ventajas. El Reglamento europeo de la IA (2024) es un marco regulador cuyo objetivo es garantizar que los sistemas de IA sean seguros, éticos y fiables. La mayoría de los sistemas de IA, dice el Reglamento, son seguros y provechosos, y permiten aumentar la eficiencia y ahorrar costes. Las tecnologías de IA ofrecen numerosas ventajas a la sociedad y la economía, como la mejora de la eficiencia de los procesos, el fomento de la innovación, la minimización de errores, la asistencia en tareas arriesgadas y la respuesta a retos mundiales complejos.
  5. Riesgos. Aunque la mayoría de las aplicaciones de IA suponen un riesgo mínimo o nulo, determinados usos de la IA pueden ser dañinos. El Reglamento señala los siguientes riesgos. Opacidad: a menudo los sistemas de IA carecen de transparencia, por lo que es difícil saber cómo tomar decisiones. El Reglamento exige que se informe a los usuarios cuando interactúen con un sistema de IA y que tengan acceso a información sobre cómo funciona la IA y cuáles son los riesgos asociados. Insuficiente rendición de cuentas: en ausencia de directrices y normas claras, la IA puede utilizarse de manera irresponsable sin consecuencias. El Reglamento establece normas y sanciones en caso de incumplimiento, lo que garantiza que los desarrolladores y los usuarios rindan cuentas por sus actos. Riesgos para la seguridad: si cometen errores o están mal diseñados los sistemas de IA, especialmente en sectores críticos como el transporte o las infraestructuras, pueden plantear riesgos para la salud y la seguridad. El Reglamento establece requisitos estrictos como las evaluaciones de riesgos, la supervisión humana, la conformidad técnica o las revisiones periódicas. Sesgo y discriminación: si es entrenada con datos sesgados, la IA puede perpetuar involuntariamente los sesgos y la discriminación. El Reglamento de la IA establece medidas para prevenir y mitigar los sesgos con el fin de promover la equidad y la igualdad. Discriminar supone dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos sociales, religiosos, políticos, etc. Violación de los derechos fundamentales. Ciertas aplicaciones de la IA pueden vulnerar derechos fundamentales, como el derecho a la intimidad, la libertad de expresión y el derecho a la no discriminación. El Reglamento prohíbe los sistemas que supongan una amenaza pata estos derechos.
  6. Brújula pastoral y ética. El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) ha presentado al papa León XIV un documento titulado IA, una mirada desde América Latina y el Caribe. Este documento busca ser “una brújula pastoral y ética necesaria para moverse en esta era digital”, dice Lizardo Estrada, secretario general del CELAM, “siempre debemos poner a la persona en el centro”. Hay una diferencia abismal entre procesar datos y comprender el significado: “La IA hace lo primero de forma increíble, pero lo segundo es lo humano, descifrar el sentido”.
  7. Diversos ámbitos. Guillermo Sandoval, director del Centro de Gestión del Conocimiento, del CELAM, afirma que “este texto es fruto del trabajo de dos años”, ofrece “una mirada amplia y diversificada sobre la IA y sus impactos en los ámbitos social, económico, político, ético, bioético, ecológico, teológico y pastoral”, quiere orientar a la comunidad cristiana y científica “a asumir con responsabilidad y esperanza los desafíos que plantea la IA en el momento presente”.
  8. Algunos aspectos. El texto señala estos aspectos que conviene destacar: dignidad humana, justicia y bien común frente a las distorsiones éticas de la IA presentes en la actualidad como la manipulación de la opinión, el capitalismo, la precarización laboral, el impacto ecológico que a veces se nos olvida como la huella de carbono de los servidores, o la extracción de minerales para su fabricación.
  9. Algunas acciones. El documento propone estas acciones: impulsar la formación de todos sobre la IA, preparar un vademécum tecnológico para desarrollar guías éticas propias, promover la alfabetización digital crítica (ver artículo de Ángel Morillo, Vademécum eclesial sobre la IA con sello latinoamericano, en Vida Nueva, nº 3.412, 40).
  10. Una brújula ética y evangélica. La IA es un instrumento en manos del hombre. Se puede utilizar bien y se puede utilizar mal. Se requiere un adecuado discernimiento: personal, pastoral, comunitario. Para poder orientarse en medio de los desafíos que la IA plantea se necesita una brújula ética y, también, una brújula evangélica. Hay una diferencia abismal entre procesar datos y comprender su significado. La IA hace lo primero, lo segundo está en nuestras manos. Oramos con el salmo propio del día: “Bendito el Señor que adiestra mis manos para el combate” (Sal 144).
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