Publicado el 4 junio, 2026 por Jesús López Sáez
Última actualización el 5 junio, 2026

MAGNIFICA HUMANIDAD. En el tiempo de la IA

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MAGNIFICA HUMANIDAD

En el tiempo de la IA

  1. La primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas (MH), aparece en el tiempo de la IA, en el que la humanidad se encuentra ante una elección decisiva: “Levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (MH 1). Es una situación nueva: “El poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisión e inciden profundamente en el imaginario colectivo. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma” (MH 4). Se requiere una toma de conciencia y un atento discernimiento.
  2. Dominio impresionante. No podemos ignorarlo: “La energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido dan a quienes tienen el conocimiento y, sobre todo, el poder económico para explotarlo un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad” (MH 5). En este contexto surgen nuevas formas de deshumanización: “La dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado en Cristo” (MH 15).
  3. Doctrina Social de la Iglesia. La encíclica recorre “de manera sintética” el camino a través del cual la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) ha ido tomando forma. La expresión fue empleada por Pío XII en 1950 (MH 29). En cada época, las cosas nuevas instan a la DSI “a medirse con las preguntas de la historia”. La IA debe entenderse “no como un apéndice temático”, sino “como una transformación que interpela desde dentro” y exige un mayor desarrollo de la DSI “en fidelidad al Evangelio” (MH 17). Ahí está la encíclica Rerum novarum (1891) de León XIII (MH 30), la Quadragesimo anno (1931) de Pío XI, el magisterio de Pío XII (MH 32), la Mater et magistra y la Pacem in terris de Juan XXIII (MH 33), la Populorum progressio y la Octogesima adveniens de Pablo VI (MH 35-36), la Laborem exercens, la Sollicitudo rei socialis y la Centessimus Annus de Juan Pablo II (MH 37-39), la Caritas in veritate de Benedicto XVI (MH 40), la Evangelii gaudium, la Laudato si’ y la Fratelli tutti del papa Francisco (MH 42-44).
  4. Los signos de los tiempos. El Concilio Vaticano II recuerda que es propio de todo el pueblo de Dios, pero, principalmente de los pastores y de los teólogos auscultar, discernir e interpretar “las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra de Dios” (MH 22). El Vaticano II “marcó un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma en el mundo contemporáneo”. En la Constitución Gaudium et spes “nos presentó la imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones históricas”. En la Declaración Dignitatis humanae el Concilio reconoce la libertad religiosa como “un derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona” (MH 34).
  5. Fundamentos y principios. La encíclica presenta estos fundamentos de la DSI: “El ser humano, imagen del Dios trinitario” (sic, MH 48), “la igual dignidad de todos los seres humanos” (MH 51), “el altísimo valor de los derechos humanos” (MH 54). Y presenta estos principios: “el bien común” (MH 59), “el destino universal de los bienes” (MH 65), “el principio de subsidiariedad”, “según el cual aquello que pueden hacer las personas, las familias, las comunidades locales y los cuerpos intermedios no debe ser absorbido por instancias superiores” (MH 68), “el principio de solidaridad”, según el cual “el destino de cada uno está ligado al destino de todos, realmente nadie se salva solo” (MH 73), “el principio de la justicia social”, “la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos -y en particular a los más frágiles- vivir de manera realmente humana” (MH 77).
  6. Algunos desafíos. La encíclica recoge algunos desafíos que “afectan a nuestro modo de vivir en este tiempo” (MH 90). Por ejemplo, “el paradigma tecnocrático y el poder digital”, “la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas” (MH 92). “En el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los Estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación” (MH 95).
  7. La inteligencia artificial. La IA no es inteligencia humana: “Hay que evitar el equívoco de equiparar esta inteligencia a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la supera en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada al tratamiento de datos: las denominadas IA no viven una experiencia, no poseen un cuerpo… tampoco tienen una conciencia moral” (MH 99). La IA puede ser “una ayuda valiosa” y, al mismo tiempo, exige “un enfoque prudente y cauteloso”: “desde distintos ámbitos se reflexiona sobre las oportunidades y los riesgos vinculados a su rápida difusión” (MH 100).
  8. Decisiones delicadas. El uso de la IA “nunca es un hecho puramente técnico, cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad”. Decisiones delicadas, que afectan a las personas, “corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen la compasión, la misericordia, el perdón y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo, pudiendo así producir nuevas formas de descarte” (MH 102).
  9. Desarmar la IA. Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la carrera de armamentos que “hoy no es sólo militar sino económica y cognitiva”: “Desarmar quiere decir romper esa equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable y, por tanto, habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea no es sólo ética o técnica, es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar” (MH 110).
  10. Transhumanismo y posthumanismo. Estas corrientes “interpretan el progreso como una superación del ser humano”, “constituyen el trasfondo ideológico que reside en algunos centros de poder tecnológico y colonizan el imaginario colectivo” (MH 115), promueven “la centralidad de la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana” (MH 116). La encíclica muestra confianza en el hombre: “El ser humano sabe fundar instituciones capaces de proteger la vida común” (MH 123). Por ejemplo, la Cruz Roja (1863), la Organización de las Naciones Unidas (1945), la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).
  11. El trabajo y la IA. El trabajo es un ámbito donde irrumpe la IA: “La combinación de la automatización, la robótica y la IA están transformando rápidamente la estructura misma del trabajo. Se dice que esto traerá grandes mejoras para todos”. Sin embargo, “en algunos contextos es realista temer una reducción significativa y rápida de los puestos de trabajo disponibles, con un efecto en cadena que afecta profundamente a las familias, a los jóvenes y a las economías locales” (MH 151). Por ello, “toda introducción de automatización y de IA debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de recualificación y de participación de los trabajadores, para que la tecnología se oriente a liberar tiempo y capacidades humanas, no a generar exclusión” (MH 156).
  12. La guerra y la IA. La guerra es un ámbito aún más dramático: “Aquí la cuestión no se refiere únicamente a la eficiencia de los nuevos instrumentos, sino al riesgo de que la tecnología, separada de la ética y la responsabilidad, haga más rápida e impersonal la decisión sobre la vida y la muerte, y presente el uso de la fuerza como una opción inmediata y viable” (MH 182). El desarrollo y uso de la IA en el ámbito de la guerra “deben estar sujetos a las restricciones éticas más rigurosas” (MH 197), “cuando la decisión de atacar se automatiza o se vuelve opaca, aumenta el riesgo de que se pierda el sentido de responsabilidad”, “la cadena de responsabilidades debe seguir siendo verificable. Quienes planifican, entrenan, autorizan y emplean, deben poder rendir cuentas de sus decisiones“ (MH 199).
  13. Bajo control humano. No se puede tirar la piedra y esconder la mano: “La decisión de emplear la fuerza letal no puede delegarse en procesos turbios o automatizados, sino que debe permanecer bajo un control humano efectivo, consciente y responsable”. Se necesitan reglas a nivel internacional, “Es necesario establecer reglas compartidas, incluso a nivel internacional, que frenen la carrera armamentística tecnológica y asegurarse una protección especial a los civiles y a las estructuras esenciales para su supervivencia” (MH 200).
  14. La civilización del amor. La expresión es de Pablo VI. Entonces “el mundo se veía marcado por la Guerra Fría, la carrera armamentística y fuertes desequilibrios económicos” (MH 186). “La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces que hacen frente a la deshumanización”. La encíclica indica cinco vías de responsabilidad cotidiana y pública: “desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo” (MH 213).
  15. Fidelidad a la verdad. La verdad de Dios y del ser humano: “Viviendo inmersos en flujos incesantes de informaciones, opiniones e imágenes, sabemos lo fácil que es influir en decisiones y preferencias a través de algoritmos cada vez más sofisticados”. En términos de programación, un algoritmo es una secuencia de pasos lógicos que permite solucionar un problema. Pues bien, viviendo en ese escenario “es importante custodiar un corazón que ama la verdad, que desea lo justo más que los contenidos de mayor atractivo, que busca la sabiduría más que el impacto inmediato. La verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano”, “criatura inserta en una trama de relaciones” con los demás seres vivos y con toda la creación: “La fidelidad a la verdad exige integrar las posibilidades que ofrece la técnica en un camino de sabiduría, capaz de custodiar juntos la dignidad de cada persona y el futuro de la Casa común” (MH 237).
  16. Magnificat. La encíclica remite al canto del Magnificat. Ante Isabel, “María prorrumpe en un himno de alabanza y de alegría: su alma proclama la grandeza del Señor” (MH 243). María “dirige nuestra mirada a los puntos de fractura de la humanidad”, “para ver la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos: para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del huérfano, del extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo” (MH 244). Son la muchedumbre sometida por los poderosos, de la que Jesús siente compasión (Mt 9, 36). son los pobres a quienes Jesús anuncia la buena noticia del Evangelio (Lc 4, 18).
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