![]()
MESA PARA CINCO MIL
La tempestad y la barca
En un momento duro, comprometido y amenazante, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista, “se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar, vio Jesús una multitud, se compadeció de ellos y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les replicó: No hace falta que vayan. Dadles vosotros de comer”. (Mt 14,13-16).- Mesa para cinco mil. “Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil, sin contar mujeres y niños. Enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente” (Mt 14,17-22).
- El compartir de los discípulos. Jesús realiza la señal a partir de algo que parece insignificante e insuficiente, el compartir de los discípulos, compartiendo los discípulos lo poco que tienen. Jesús levanta los ojos al cielo, pronuncia la bendición y se produce la señal del Evangelio: “Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil”.
- Sorprende lo que hace Jesús. Ciertamente, sorprende lo que hace Jesús, obliga a los discípulos a subir a la barca de modo que se le adelanten a la otra orilla, mientras él despide a la gente. Jesús aparta a los discípulos de la multitud: “Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente”
- La estrategia de la multitud. Lo que no dice Mateo lo dice Juan: “La gente entonces, al ver la señal que había hecho, decía: Este es verdaderamente el profeta que tenía que venir al mundo. Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo” (Jn 6,14-15). Jesús evita la estrategia de la multitud. Poner mesa para cinco mil supone una fuerza política. La multitud quiere nombrarlo rey, como los de este mundo. Pero Jesús tiene una opción profética, él no se impone por la fuerza, no tiene otra fuerza que la palabra de Dios que proclama a la multitud. Pero la multitud busca otra cosa: “Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él” (6,66).
- Al monte, a solas, para orar. En esa situación, en la que muchos discípulos suyos se le marchan por su opción profética, Jesús necesita orar a solas, necesita orar en medio de esa situación, necesita hablar con Dios: “Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo” (Mt 14, 23).
- La tempestad y la barca. “Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se asustaron y decían: Es un fantasma. Y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: ¡Ánimo!, soy yo, no temáis” (Mt 14,24-27), Obviamente, lo que está sucediendo supone una tempestad también para la barca. Por eso, les apremia, les obliga a que suban en la barca y se le adelanten a la otra orilla (14, 22).
- Pedro se hunde. “Pedro le respondió: Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas. Ven, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ¡Señor, sálvame! Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dijo: ¡Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”.
- Amainó el viento. Entonces “subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: Verdaderamente, eres hijo de Dios” (14,28-33). La expresión “hijo de Dios” es un título mesiánico. Supone la confesión de Jesús como enviado de Dios, ungido de Dios, rey del reino de Dios.
- Pregunta a los doce. Como está dicho, “desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él” (Jn 6,66). Es un momento crítico para Jesús. Se le marchan cinco mil. Jesús pregunta a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Responde Simón Pedro: Señor, ¿dónde vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios (6, 67-68).

