![]()
ROBERT PREVOST, LEÓN XIV
Grandes retos del nuevo Papa
Robert Francis Prevost Martínez, norteamericano, nacido en Chicago el 14 de septiembre de 1955, peruano de adopción, de padres emigrantes con ascendencia francesa y española, agustino, especializado en Matemáticas, Filosofía y Derecho Canónico, misionero en Perú (1985-1986), director de misiones de la provincia Madre del Buen Consejo en Olympia Fields, Illinois (1987-1988), regresa a Perú en 1988, en 1998 fue elegido prior de la provincia Madre del Buen Consejo de Chicago, fue superior general de los agustinos (2001-2013), obispo de Chiclayo (2015-2023), vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana (2018-2023), cardenal prefecto del Dicasterio para los Obispos (2023-2025). Elegido Papa en un cónclave breve, a la cuarta votación, con el nombre de León XIV su lema es: In Illo uno unum, “En Aquel uno, somos uno”. En la foto, junto a la tumba de Juan Pablo I.
Le recibimos con los brazos abiertos, como recibimos al papa Francisco, con la bendición de la Biblia (Nm 6), con la bendición de san Francisco: “Que el Señor te bendiga y te guarde, que ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor, que el Señor se fije en ti y te conceda la paz”.
Llama la atención su apellido Prevost, es decir, Preboste, sujeto que es cabeza de una comunidad y la preside o gobierna. El nombre papal que ha elegido remite a León XIII (1878-1903), que publicó la encíclica Rerum novarum (1891) sobre los derechos de los trabajadores. Dice el nuevo Papa: “Abordó la cuestión social en el contexto de la primera revolución industrial. Hoy, la Iglesia debe responder a otra revolución industrial: la de la inteligencia artificial”.
El cardenal Prevost ha sido un estrecho colaborador de Francisco como prefecto del Dicasterio para los Obispos, encargado de proponer el nombramiento de obispos en todo el mundo. Está en la línea de Francisco, pero tiene personalidad propia: con su nombre papal destaca la doctrina social de la Iglesia, la misión de “prestar más atención a los problemas de orden social en el mundo, así como a los de justicia”.
En su primera aparición pública dice el nuevo Papa: “La paz esté con todos vosotros”, “este es el primer saludo de Cristo resucitado, el buen pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios”, “esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante, procede de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente”, “aún mantenemos en nuestros oídos aquella tenue, pero siempre valiente voz del papa Francisco bendiciendo a Roma, al mundo entero aquella mañana del día de Pascua”, “gracias al papa Francisco”, “Dios nos ama, Dios os ama a todos, el mal no prevalecerá, estamos todos en las manos de Dios; por tanto, sin miedo, unidos, de la mano con Dios y entre nosotros vayamos adelante, somos discípulos de Cristo, Cristo nos precede, el mundo necesita de su luz, la humanidad necesita de él como el puente para ser alcanzada por Dios y por su amor”, “ayudadnos también vosotros y los unos a los otros a construir los puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz”, “debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes”, “una Iglesia abierta a recibir a todos”, “queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, busca siempre la caridad, busca siempre estar cerca de aquellos que sufren”. Vivirá en el Palacio Apostólico, no en la residencia Santa Marta.
León XIV lleva una cruz pectoral con reliquias de san Agustín, Santa Mónica, Santo Tomás de Villanueva, del venerable Bartolomé Menochio, obispo asistente del papa Pío VII, “el único obispo que no quiso jurar fidelidad a Napoleón”, y del obispo Anselmo Polanco, beatificado como “mártir de la persecución religiosa en España” durante la Guerra Civil (1936-1939). Todos ellos son agustinos.
Steve Bannon, el ideólogo de Donald Trump, predijo la elección de León XIV una semana antes: “Va a ser Prevost, lamentablemente”. El que fuera mano derecha del presidente de Estados Unidos criticó con dureza al que, días después, se convirtió en el primer Papa norteamericano: “Creo que será uno de los outsiders (desconocidos) y, lamentablemente, uno de los más progresistas, que es el cardenal Prevost”, “no creo que esté recibiendo suficiente atención, pero ciertamente está en la lista corta, lo cual me sorprende, dado el desprecio que tienen por la Iglesia estadounidense. Aunque la Iglesia en Estados Unidos aporta mucho dinero, temen que tenga demasiado poder” (David Sánchez de Castro, ABC, 9-5-2025).
Las cuentas del Vaticano. No es lo más importante, pero entre los numerosos temas que ha de afrontar el nuevo Papa está la economía del Vaticano: “Las cuentas del pequeño Estado tienen un déficit anual de entre 50 y 70 millones de euros. Entre las causas, la caída de las donaciones de los fieles, mala gestión y una historia de opacidad financiera” (Gabrielle Colleren, France 24, 9-5-2025).
Emigrantes. En 2016, el papa Francisco cuestionó la intención del entonces candidato presidencial Trump de construir un muro en la frontera con México: “Las personas que sólo piensan en levantar muros y no en tender puentes no son cristianas”. En su carta a los obispos de Estados Unidos sobre las medidas migratorias de la administración Trump (11-2-2025), el Papa afirma que el amor cristiano es la base de una “fraternidad abierta a todos”, “el verdadero ordo amoris que es preciso promover es el que descubrimos meditando constantemente la parábola del buen samaritano”. El vicepresidente (católico) James David Vance replica diciendo que “el amor cristiano implica primero amar a la familia, luego a tus vecinos, luego a tu comunidad, luego a tus compatriotas, y, por último, al resto del mundo”. El cardenal Prevost respondió: “J.D. Vance se equivoca: Jesús no nos pide que clasifiquemos nuestro amor por los demás”. Un detalle importante: “En Chiclayo había una tradición de obispos del Opus Dei y el Papa quería cambiar eso”. Entonces Francisco envió a Prevost (El Diario AR, 8-5-2025).
Derechos humanos. La década de los noventa estuvo marcada por graves violaciones de derechos humanos por parte del presidente peruano Alberto Fujimori por las que fue juzgado y sentenciado. En 2017, dos días después del polémico indulto que se le dio, el obispo Prevost declaró que debía pedir perdón a las víctimas de su gobierno: “Sería más eficaz pedir perdón por algunas de las grandes injusticias que fueron cometidas y por las cuales fue juzgado y sentenciado”.
A comienzos de 2023, con el gobierno de Dina Boluarte, Perú se vio sacudido por un “estallido social”: masivas protestas, violencia civil y represalia militar y policial que dejó 49 civiles y 1 policía asesinados y, al menos, otras 10 víctimas mortales. Declaró el obispo: “Las muertes en las protestas me causan tristeza y dolor. Pedí quedarme en el Perú, incluso le hice ese pedido al Santo Padre. No era el momento de irme”. También en 2023 estuvo activo en una campaña de ayuda a los damnificados por las inundaciones.
Pederastia. Es un asunto espinoso, pero hay que decirlo. El historiador César Vidal, de la Iglesia evangélica, afirma que Prevost “estaba en los listados de organizaciones de Estados Unidos donde aparecen los clérigos que han cubierto a abusadores sexuales del Clero”, “él está relacionado con dos casos especialmente graves entre los agustinos en Chicago ya en el siglo pasado”, “dos casos de violación de menores que llevaron a cabo sacerdotes agustinos, contra los que no se adoptó ninguna medida disciplinar y lo único que se hace es que los llevan a vivir a una residencia que es la de Tomás el Apóstol” (Bethel Noticias, 12-5-2025). ¿Fue así?, ¿es lo que se hacía (lamentablemente) en tiempos de Juan Pablo II?, ¿fue Benedicto XVI quien destapó el tapón de la pederastia? Asimismo, César Vidal afirma que Prevost “protegió a un sacerdote de Chiclayo” que abusó de tres niñas.
Antes de salir de Perú hacia Roma, el obispo Prevost adoptó una postura crítica frente a los abusos cometidos dentro de la Iglesia. En declaraciones al diario La República afirmó: “Si eres víctima de abuso sexual de un sacerdote, denúncialo”. El periodista peruano Pedro Salinas, que investigó los abusos cometidos por miembros del Sodalicio de Vida Cristiana, destacó que Prevost siempre manifestó su respaldo a las víctimas. Sin embargo, la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP) acusó a Prevost de haber encubierto casos de abuso sexual infantil. Frente a estas acusaciones el periodista Salinas, autor de varios libros sobre los casos de pederastia en el Sodalicio, le defendió, calificando las denuncias de SNAP como una represalia: “las denuncias provienen de sectores vinculados al Sodalicio” (Wikipedia).
Pedro Salinas, con la colaboración de Paola Ugaz, publicó el libro Mitad monjes, mitad soldados (2015). La periodista peruana afirma que el obispo Prevost “envió las denuncias al Dicasterio de la Fe”. Como prefecto del Dicasterio para los Obispos, “gracias a su gestión, se destituyó al obispo del Sodalicio, un obispo muy poderoso”, “esa decisión de destituir al obispo Eguren, al tomarla él, se ha vuelto víctima de una campaña de enlodamiento” (SER, Hora 25, 9-5-2025). José Antonio Eguren, nombrado obispo auxiliar de Lima en 2002 y arzobispo de Piura en 2006, fue destituido el 2 de abril de 2024 por el papa Francisco.
Derecho Canónico. Hay que revisar el Derecho Canónico a la luz del Evangelio y, en concreto, “el poder legislativo, ejecutivo y judicial” del obispo diocesano (c. 391,1) y del Papa, que aparece como absoluto, en contradicción con lo que dice Jesús: “Los jefes de las naciones las tiranizan y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros sea vuestro servidor” (Mc 10,42-43). Pedro dice lo mismo: “Sed pastores del rebaño de Dios”, gobernándolo “no como déspotas» (1 P 5,2-3).
Concilio de Nicea. Hay que revisar el concilio de Nicea (año 325) a la luz de la confesión de fe de Jesús, de Pedro, de Pablo, de Juan, de las primeras comunidades cristianas. Desde entonces se cumplen ahora 1.700 años. No es un tema menor: está en juego la confesión de fe. Es preciso revisar la tradición a la luz de la Escritura, que “no puede fallar” (Jn 10,35).
Juan Pablo I. Hay que hacer justicia a Juan Pablo I. En 2022 publiqué mi libro El Papa que mataron, que envié al papa Francisco con una carta adjunta (12-3-2023). Con fecha 1 de abril, recibí respuesta de la Secretaría de Estado: “Su Santidad agradece esta muestra de cordial cercanía y ruega que rece por él y por los frutos de su servicio al santo Pueblo de Dios”.
Sinodalidad. La palabra sínodo viene del griego: sin (con) y odos (camino), significa “caminar juntos”. Es una reunión de obispos para abordar un problema. Los sínodos posconciliares son consultivos, no decisorios. En el principio no era así. Cuando Pablo y Bernabé se reúnen con los dirigentes de la Iglesia, Santiago, Pedro y Juan, para afrontar la cuestión de los gentiles (Ga 2,10), la conclusión es ésta: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de la idolatría, del homicidio y del adulterio” (Hch 15,28-29). La sinodalidad actual no es suficiente. El ejercicio del primado ha tenido un desarrollo autoritario y absoluto que hay que revisar a la luz del Evangelio. Pedro se presenta como un dirigente entre otros dirigentes, el primero entre iguales (1 P 5,1). Volviendo a las fuentes, Pedro está casado (Mt 8,14), y esto no representa ningún problema para Jesús. Pablo está soltero (1 Co 9,5), es una opción al servicio del Evangelio (Mt 19,12). Y Febe, colaboradora de Pablo, es “servidora de la Iglesia de Céncreas” (Rm 16,1), es decir, dirigente. El Evangelio supera el muro religioso, social y de género: “Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Ga 3, 28). Hay que revisar la tradición a la luz de la Escritura.
En la Iglesia Anglicana, la Conferencia de Lambeth, reunida por primera vez en 1867, es un foro donde los obispos refuerzan su comunión y manifiestan el carácter colegiado del episcopado. Sirve también para discutir asuntos y para aprobar resoluciones que sirvan de puntos de referencia. Se reúne cada diez años y la invitación es hecha por el arzobispo de Canterbury. El Consejo Consultivo Anglicano, reunido por primera vez en 1971, fue creado por una resolución de la Conferencia de Lambeth de 1968, y se reúne habitualmente cada tres años. Al Consejo acuden representantes del episcopado, del clero y del laicado.
El papa Francisco dio voz y voto a laicos y mujeres en un sínodo de la Iglesia por primera vez: “Es una decisión sin precedentes en la Iglesia católica, ya que hasta ahora sólo los obispos podían votar el documento final” (Euronews, 2-10-2023). El sínodo supone un ejercicio de diálogo, de colegialidad y de corresponsabilidad eclesial. Pero, atención, un sínodo ciclostático conduce a la frustración: pedaleando, sin ir a ninguna parte.
La reforma pendiente. Volviendo a las fuentes, hay que cruzar la cordillera dogmática de los siglos IV y V para llegar a la confesión de fe de Jesús, de Pedro, de Pablo, de Juan, de las primeras comunidades cristianas. Para anunciar el Evangelio, Jesús no cambia de religión, la revisa. También nosotros hemos de revisar la nuestra. La unidad de los cristianos requiere volver al Evangelio. La restauración de la unidad es objetivo del Concilio, “uno de sus principales propósitos” (UR 1). Para ello, “todos examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo sobre la Iglesia y, como es debido, emprenden la tarea de renovación y de reforma” (UR 4). La primera comunidad cristiana (Hch 2,42-47) es clave de renovación eclesial (LG 13 y DV 10). El Concilio fue convocado para esto: “para devolver al rostro de la Iglesia de Cristo todo su esplendor, revelando los rasgos más simples y más puros de su origen” (Juan XXIII, 13-11-1960). La Iglesia es comunidad. Se necesitan comunidades vivas
Oramos por el nuevo Papa, por la Iglesia, por nosotros con el salmo propio del día: “El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación”, “oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben” (Sal 67).
Jesús López Sáez

