Publicado el 13 abril, 2017 por Jesús López Sáez
Última actualización el 27 enero, 2025

Categoría: General El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-9). Me devora el celo de tu templo (Sal 69).

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-9). Me devora el celo de tu templo (Sal 69).

11 / abril / 2017

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-9). Me devora el celo de tu templo (Sal 69).

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