Publicado el 12 julio, 2020 por Jesús López Sáez
Última actualización el 14 mayo, 2021

LA REFORMA PENDIENTE. Condición de la unidad

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LA REFORMA PENDIENTE

Condición de la unidad

Llevamos más de un siglo rezando por la unidad de las Iglesias. También se ha dialogado. Pero no basta con rezar y dialogar. Para que se cumpla la oración de Jesús: “Que todos sean uno” (Jn 17, 21), hay que moverse, desinstalarse, cambiar. Es cuestión de renovación y reforma. El concilio Vaticano II se propone “promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo” (SC 1). La restauración de la unidad es objetivo del Concilio, “uno de los principales propósitos” (UR 1). Han pasado 55 años y no se ha conseguido. ¿Es imposible? ¿No se puede lograr a gran escala? ¿Las grandes Iglesias cristianas pueden renovarse y reformarse? ¿En cada una de ellas sólo lo puede lograr un resto? ¿Es posible la unidad sin la reforma pendiente? ¿Hay unas leyes o reglas que son condición necesaria para que haya unidad entre las Iglesias? 

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