En el principio era la palabra
 

-HECHOS DE LOS APÓSTOLES Pedro y Pablo, los dos testigos En su primer libro, el evangelio, Lucas relata los hechos y dichos de Jesús, “lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que… fue arrebatado” (Hch 1,1-2; 2 R 2,1). En el segundo, relata los hechos de los apóstoles, que se llaman así a finales del siglo II. Ambos libros narran una sola historia: “los acontecimientos que se han cumplido entre nosotros” (Lc 1,1), “el desarrollo del plan de Dios” que trae “la salvación en toda su plenitud a todo el mundo” (Green, 77), no sólo a los judíos sino también a los gentiles. La figura de Pedro ocupa la primera parte de los Hechos (1-12); la de Pablo, la segunda (13-28). De una forma especial, son los dos testigos. Sorprende que no se diga nada de la muerte de ambos. En la foto, medallón de bronce de Pedro y Pablo, hacia el año 200 (Vaticano).

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COMUNIDAD DE AYALA, 50 AÑOS Volviendo a las fuentes   Al celebrar los 50 años de la Comunidad de Ayala,  parece oportuno recordar algunos acontecimientos más importantes de su historia, así como también algunos antecedentes que la han hecho posible. Lo dijo Pablo VI: En el fondo ¿hay otra forma de anunciar el Evangelio que no sea el comunicar la propia experiencia de fe? (EN 46). Además, "es bueno dar gracias al Señor y cantar a su nombre, publicar su amor por la mañana y su lealtad por las noches" (Sal 92). Muchos lo intentaron. Por aproximaciones sucesivas, hemos ido buscando la comunidad perdida de los Hechos de los Apóstoles. Por ahí era posible la renovación profunda de una Iglesia, que -siendo vieja y estéril como Sara (Rm 4,19)- podía volver a ser fecunda. En realidad, para eso fue convocado el Concilio, “para devolver al rostro de la Iglesia de Cristo todo su esplendor, revelando los rasgos más simples y más puros de su origen” (Juan XXIII, 13 de noviembre 1960). En la foto, pintura mural, comida eucarística, Catacumbas de San Calixto, Roma (Cordon...

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INFORME SECRETO  Decisiones de Juan Pablo I En mayo del 89, la llamada "persona de Roma" envió a Camilo Bassotto (en la foto), periodista veneciano y amigo de Juan Pablo I, una carta con unos apuntes. En realidad, era un informe secreto. Este informe recoge decisiones importantes y arriesgadas, que Juan Pablo I había tomado. Se lo había comunicado al cardenal Villot, Secretario de Estado. Pero también se lo comunicó a la persona de Roma. Fue una medida prudente. De este modo nos hemos enterado. Juan Pablo I había decidido destituir al presidente del IOR (Instituto para Obras de Religión, el banco vaticano), reformar íntegramente el IOR, hacer frente a la masonería (cubierta o descubierta) y a la mafia. Es decir, había decidido  terminar con los negocios vaticanos, echar a los mercaderes del templo.  El informe debía ser publicado, pero sin firma. El autor del mismo no podía hacerlo, pues, así decía, "el puesto que ocupo no me lo permite, al menos por ahora". Camilo lo publicó en su libro "Il mio cuore è ancora a Venezia" (1990).  

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- EL EVANGELIO DE MARCOS

Etapas de su redacción

 

  1. El sacerdote Josep Rius-Camps (1933), profesor emérito de la Facultad de Teología de Cataluña, en su original y documentado libro sobre el evangelio de Marcos (2008) presenta tres etapas de su redacción: “redacción jerosolimitana, refundición a partir de Chipre, redacción final en Roma o Alejandría”. En la primera redacción usa un pronombre para designar a Jesús, no utiliza su nombre. En la segunda hay un desdoblamiento de las secuencias de la primera y utiliza el nombre de Jesús. En la tercera, Jesús desarrolla en presencia de los discípulos un tema abordado anteriormente. Ahora bien ¿en qué contexto se sitúa todo esto?, ¿qué supone?
  2. Contexto. El año 44 el rey Herodes Agripa hace morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan, y detiene a Pedro. Liberado de la cárcel, “aparece en casa de María, la madre de Juan, por sobrenombre Marcos”. Pedro “se marchó a otro lugar” (Hch 12,1-17). ¿Adonde? Al Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1 P 1,1). Poco después, Bernabé y Pablo marchan a Chipre; con ellos va Marcos, que los deja en Perge y vuelve a Jerusalén (Hch 13,13). Hacia el año 48, Pablo y Bernabé van a Jerusalén por el asunto de los gentiles (15,1-20). Unos días después, van a visitar a las comunidades recientemente fundadas, Bernabé quiere llevar a Marcos. Pablo se opone. Entonces Bernabé toma consigo a Marcos y marcha a Chipre. Pablo elige como compañero a Silas (15,36-42). Hacia el año 57, Pablo escribe la carta a los colosenses. Marcos está con él: “Os saluda Marcos, el primo de Bernabé” (Col 4,10-11). Desde Éfeso, en la carta a Filemón, Marcos y Lucas envían saludos (Flm 24). Desde Roma, donde Lucas le acompaña, Pablo escribe a Timoteo: “Toma a Marcos y traele contigo, pues me es muy útil para el ministerio” (2 Tm 4,11). Lucas es “oriundo de Antioquía”, “compañero de Pablo” (Eusebio, HE, III 4,6). Según Clemente, al trasladarse Marcos de Roma a Alejandría, se lleva consigo “su primer libro” y lo amplía con “ciertos dichos” que él considera útiles (p.12).
  3. Repercusiones enormes. Rius-Camps llega a sus sorprendentes conclusiones, investigando el Códice Beza, “un manuscrito de finales del siglo IV con un texto especialmente fiel al texto griego del siglo II”. Este códice presenta “variantes”, es “independiente y más antiguo que el Códice Vaticano, que ha servido de base a las ediciones críticas del Nuevo Testamento”. Esto tiene unas “repercusiones enormes”. Las ediciones críticas del Nuevo Testamento “presentan un texto híbrido, formado sobre la base del Códice Vaticano”, “pero el texto resultante es una creación moderna que, como tal, no ha existido nunca”. Junto con otros autores (O’Callaghan, Thiede, Boismard), Rius-Camps pone en cuestión “las teorías convencionalmente admitidas”. No es de extrañar que haya encontrado fuertes resistencias: “las inercias y las aceptaciones cómodas son muy potentes”. Lo dice en el prólogo el profesor de Deusto Rafael Aguirre. La mayor parte de los comentaristas sostiene que el evangelio de Marcos se escribió “en torno al año 70”, el evangelio de Mateo “poco después del año 80” y el evangelio de Lucas “en los años 80” (Aguirre-Carmona, 166, 267 y 352).
  4. Comprobarlo todo. Como dice Lucas a Teófilo, “muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros”, “yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he decidido escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” (Lc 1,3-4). En efecto, muchos hicieron un relato de los hechos y, como se puede entender, no esperaron al año 70. Dos mil años después, también nosotros hemos de comprobarlo todo. Cualquier detalle sobre el origen de los evangelios importa. Estamos volviendo a las fuentes. Necesitamos tener la certeza de lo que tenemos entre manos.
  5. El Códice Beza fue encontrado en el cenobio de San Ireneo de Lyon por unos emisarios del calvinista francés Teodoro de Beza (1519-1605). Previendo que las notables diferencias entre ese códice y otros códices antiguos podrían ofender a algunos, lo regaló a la Universidad de Cambridge para que lo conservaran en su Biblioteca, sin publicarlo. El Códice Beza presenta la versión griega y la correspondiente traducción latina, anterior a la Vulgata de San Jerónimo: “En las sucesivas copias de que fue objeto por parte de escribas latinos, la columna griega se habría mantenido prácticamente incontaminada por la sencilla razón de que en las Galias no entendían el griego; no así la versión latina, que presenta ya numerosas armonizaciones con el texto alejandrino. El ejemplar griego que sirvió de base para la elaboración de dicho códice bilingüe se puede hacer remontar fácilmente al primer tercio del siglo II, momento en que las iglesias de Asia y Frigia deciden evangelizar las Galias” (p.5). Potino (hacia 87-177) ordenó que se hiciera una copia del ejemplar griego en su iglesia de Esmirna y, a la cabeza del grupo misionero de las iglesias de Asia y Frigia, se lo llevó consigo a Occidente. Fue el primer obispo de Lyon. Murió mártir. Le sucedió Ireneo (Eusebio, HE V 1,29; 5,8).
  6. Un texto más cercano al original. Dice Rius-Camps: El Códice Beza “de finales del siglo IV, contiene con respecto al evangelio de Marcos un texto muy próximo al texto conservado en las antiguas versiones latinas (finales del siglo II, principios del siglo III)”, “mi opción por el Códice Beza (…) está basada en la convicción de que este tipo de texto podría depararnos un texto más cercano al original que el texto alejandrino avalado por el Códice Vaticano” (p.4).
  7. Extraña anomalía. Una vez divididas las secuencias por escenas, dice el autor, “pude comprobar que en buena parte de ellas no se mencionaba para nada el nombre de Jesús y que en otras aparecía su nombre una, dos o más veces”, “después de realizar una serie de prospecciones, me di cuenta de que este fenómeno obedecía a ciertas constantes y que, por tanto, exigía explicar esta anomalía. Lo que en principio podría parecer algo anodino cobró nueva fuerza al comprobar que en determinadas secuencias que se presentan por duplicado (p. ej., dos llamadas de discípulos, dos tempestades, dos comparticiones de panes, dos ciegos, dos sordomudos) se mencionaba en una de ellas el nombre de Jesús y en la otra sólo el pronombre. ¿Podría esto tener relación con el hecho de que Marcos hubiese compuesto su evangelio -como quien dice- por entregas?” (p. 6). En las fotos, texto de la primera redacción y texto de la segunda.
  8.  Cuatro secuencias suprimidas. Hay “cuatro secuencias que no figuran en el evangelio canónico”. Tres de ellas (sec. 60, 61 y 63) pertenecen al llamado “Evangelio Secreto de Marcos”, considerado por algunos como una falsificación, pero que, según el autor, pertenecen a la segunda redacción del Evangelio de Marcos. La cuarta secuencia (sec. 70) está ubicada actualmente en el evangelio de Juan, la mujer adúltera (Jn 7, 53-8,11), que “figuraba en un principio tanto en el evangelio de Marcos original como en la obra de Lucas cuyo primer volumen tomó como base dicho evangelio”.
  9. La carta de Clemente. El año 1958, Morton Smith, profesor de la Universidad de Columbia, encontró durante una visita al monasterio de San Sabas, cerca de Belén, la carta de Clemente de Alejandría (finales del siglo II) dirigida a un tal Teodoro, en respuesta a las cuestiones que éste le había planteado sobre una copia que circulaba en Alejandría del Evangelio Secreto de Marcos en posesión de los secuaces de Carpócrates (+ 138 d.C.), una secta que mezclaba cristianismo y platonismo: “En su respuesta, Clemente distingue entre las partes que son completamente falsas y otras que contienen fragmentos auténticos, aunque estos habrían sido adulterados con añadidos tendenciosos. Como prueba del modo de proceder de los falsarios, le adjunta un par de citas del Evangelio Secreto que él poseía y del cual cierto presbítero de la iglesia de Alejandría habría hecho fraudulentamente una copia y se la habría pasado a Carpócrates”. Clemente transcribe “dos pasajes que él considera auténticos, eliminando de ellos dos palabras añadidas por los falsarios”. Según Clemente, “se diferencian claramente dos extractos, perfectamente ubicables” (pp.10-12).
  10.  Dos secuencias. El primer extracto está situado después de la secuencia 59, cuyo encabezamiento reza, según todos los códices: “Estaban en el camino subiendo a Jerusalén”, y que concluye así: “y a los tres días resucitará” (Mc 10, 32-34). En su seno se deslindan fácilmente dos secuencias. La primera, el joven resucitado: “Llegan entonces a Betania. Había allí una mujer cuyo hermano había muerto. Se acercó, se postró ante Jesús y le dice: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Pero los discípulos la conjuraron. Habiéndose airado Jesús, se marchó en compañía de ella al jardín donde se encontraba el sepulcro. Al punto resonó desde el sepulcro una voz poderosa. Se acercó Jesús e hizo rodar la losa de la puerta del sepulcro. Entró directamente adonde se encontraba el joven, extendió la mano y lo resucitó cogiéndole de la mano. El joven mirándole fijamente le mostró afecto. Entonces empezó a suplicarle que lo admitiese en su compañía. Al salir del sepulcro fueron a la casa del joven. Es que era rico” (sec. 60). Según Rius-Camps, la “muerte” del joven tendría que ver con el “seguimiento” que Jesús le habría propuesto y que él habría rechazado, pues era rico. La segunda secuencia, el joven se aparece: “Al cabo de seis días Jesús le dio una orden. Al caer la tarde viene el joven junto a él envuelto en una sábana sobre su desnudez. Y permaneció con él aquella noche. En efecto, le iba enseñando Jesús el misterio del reino de Dios” (sec. 61). Tras la frase “permaneció con él aquella noche”, los secuaces de Carpócrates añadían la palabra “desnudo”. El desnudo total era un rito de iniciación propio de la secta (pp. 12-13 y 83-85). Ciertamente, escabroso.
  11. Comentario. El autor interpreta la “muerte” del joven como espiritual y la escena siguiente como una experiencia de transfiguración (Mc 9,2). Sin embargo, parece tratarse de la resurrección de Lázaro (Jn 11,1-44) y, seis días después, de la cena en casa de Lázaro (Jn 12,1-11). Jesús le enseña el misterio del reino de Dios que no había entendido en vida. El resucitado acoge ahora lo que antes había rechazado. En cierto modo, supone una purificación. Es una buena noticia. El dogma de la purificación, definido en los concilios de Lyon (1274) y de Florencia (1439), suena distinto: "Si, verdaderamente penitentes, mueren en el amor de Dios, antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por lo cometido y omitido, sus almas son purificadas después de la muerte por las penas del purgatorio. Para que sean aliviadas de estas penas, les son útiles los sufragios de los fieles vivos". El joven resucitado remite también al joven rico: “Cuando se ponía él en camino, se acercó uno corriendo y, arrodillándose ante él, le preguntaba: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar vida eterna?”, “Jesús, mirándolo fijamente, le mostró afecto y le dijo: Una cosa te falta: vete, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Él se puso de mal humor al oír estas palabras, y se fue entristecido. Es que tenía muchas riquezas” (sec. 57).
  12. El joven que escapa. En el evangelio canónico un joven aparece en el prendimiento de Jesús: “Lo iba siguiendo un joven envuelto en una sábana; y le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo” (Mc 14,51-52). Según el Códice Beza, “cierto joven los iba siguiendo, envuelto en una sábana sobre su desnudez. E intentan detenerlo. Pero él, habiendo soltado la sábana, desnudo, huyó de ellos” (sec. 88). Parece tratarse del mismo joven que los sumos sacerdotes han decidido matar: “Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro” (Jn 12,10). La situación incluye elementos simbólicos: la sábana es la mortaja; la muerte despoja, desnuda. Según Rius-Camps, el joven es “un doble que sustituye a Jesús” para indicar que, si bien materialmente le apresaron, solamente apresaron su mortaja (la sábana), ya que su vida se les escapó de las manos (desnudo). Lo del doble no encaja. No pueden apresarle, aunque lo hayan decidido. ¿Acaso se puede matar a un resucitado? “No pueden ya morir”, dice Jesús (Lc 20,36). Cuando se desmorona por la enfermedad o por la muerte esta tienda que es nuestro cuerpo, Dios nos preparara otra tienda no hecha por mano humana. La muerte supone “desnudez”. La resurrección “ser revestidos”: “Los que vivimos en esta tienda suspiramos abrumados, pues no queremos quedar desnudos, sino ser revestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida” (2 Co 5,4).
  13. El joven del sepulcro. En el evangelio canónico aparece también un joven en la escena del sepulcro. Las mujeres, que van a embalsamar el cuerpo de Jesús, “entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas. Él les dijo: No temáis. ¿Buscáis a Jesús el Nazoreo, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo” (Mc 16,1-7). En el Códice Beza leemos: “Habiendo entrado en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, envuelto en una vestidura blanca, y se llenaron de estupor. Dice entonces a ellos el ángel: ¡No tengáis miedo! ¿Buscáis a Jesús el crucificado? Ha resucitado, no está aquí. Mirad allí el lugar de él donde lo pusieron. Al contrario, id y decid a sus discípulos y, en particular, a Pedro: Mirad, os precedo en Galilea: Allí me veréis, tal como os tengo dicho” (sec. 98).
  14. Comentario. Algunas dificultades. En el Códice Beza, “el ángel” se dirige a las mujeres con el pronombre masculino (“dice a ellos”) y pasa de la tercera persona a la primera (“Os precedo en Galilea”). Según Rius-Camps, el joven que iba envuelto ”en una sábana” va envuelto ahora “en una vestidura blanca”, “indicio de que pertenece a la esfera divina”; el joven es “mensajero” o “doble de Jesús” que anuncia su resurrección; las mujeres han pasado a ser “varones”, “mujeres adultas, pues se han arriesgado a ir al sepulcro a embalsamar a un ejecutado” (pp. 193-198 y 116). Esta interpretación no parece acertada. Si leemos con atención el capítulo 12 de Tobías, entendemos mejor el pasaje que anuncia la resurrección de Jesús. Dicho texto facilita el mensaje que reciben las mujeres. En el pasaje de Tobías el mensaje lo reciben padre e hijo: “Los dos hombres, llenos de turbación y temor, se postraron rostro en tierra. El ángel les dijo: No temáis” (Tb 12,16-17). El paso de la tercera a la primera persona indica que el ángel (mensajero, enviado) es el propio Jesús. Por tanto, en el Códice Beza es Jesús quien se aparece a las mujeres. En el evangelio canónico el ángel anuncia la resurrección de Jesús.
  15. La tercera secuencia. El segundo extracto encabezaba la tercera secuencia recuperada a partir del Evangelio Secreto de Marcos, el grupo de mujeres: “Llega él a Jericó. Estaban allí la hermana del joven a quien amaba Jesús, su madre y Salomé. Pero no las acogió Jesús” (sec. 63). Jesús no acoge a este grupo de mujeres, pues no han dado muestras de querer seguirlo en el camino de subida a Jerusalén, pues se habían quedado plantadas allí. Comenta Rius-Camps: “En el evangelio canónico se dice simplemente de Jesús: “Llega él a Jericó” (Mc 10,46). Pero no se dice qué hizo allí”. El Evangelio Secreto de Marcos llena ese vacío: “No las acogió Jesús”, “no las acogió en su séquito porque estaban allí, en Jericó, plantadas, pues se habían negado a emprender con él la inminente subida a Jerusalén”, “después que Jesús, a su vez, las dejase plantadas en Jericó y no les diera acogida, cambiaron de idea y subieron por su cuenta a Jerusalén. En la escena del Gólgota están ya presentes, pero se mantienen a distancia” (pp. 196-197; ver Mc 15,40 y Jn 19,25).
  16. Las cinco etapas del camino. El camino de Jesús que culmina en el templo de Jerusalén aparece en la primera redacción “todavía más estilizado que en la segunda” (p. 183). El conflicto de fondo parece desde el principio. En la primera etapa, Jesús “mientras subía del agua” es revelado como Mesías (sec. 2); en el desierto es puesto a prueba (sec. 3), anuncia el reino de Dios y la conversión (sec. 4), llama a los primeros discípulos (sec. 5), en Cafarnaúm enseña “como quien tiene autoridad, no como los letrados” (sec. 6); pasa curando (sec. 7 y 8), recorre Galilea (sec. 9). En la segunda etapa un “leproso” cuestiona la pureza legal (sec. 10); llamada de Santiago, el hijo de Alfeo, recaudador (sec. 12); los fariseos: el ayuno (sec. 14) y el sábado (sec. 15); Jesús elige a los doce (sec. 18); los letrados y otros intentan detenerlo (sec. 19); los familiares intentan disuadirlo (sec. 21); habla a la gente en parábolas (sec. 22); con los paganos en la otra orilla (sec. 24); envía a los discípulos (sec. 32); lo que dice la gente (sec. 33). En la tercera etapa los fariseos y letrados le dicen que “sus discípulos no se comportan según la tradición de los ancianos” (sec. 40); Jesús se refugia fuera: Tiro (sec. 42), Sidón-Decápolis (sec. 43), y el desierto, donde pone una mesa para cinco mil (sec. 44). En la cuarta etapa los fariseos le piden una señal (sec. 45), en Betania cura a un ciego (sec. 47), reprende a Pedro, anuncia la muerte del hijo del hombre y su resurrección (sec. 48 y 52), los discípulos discuten quién es el mayor (sec. 53). En la quinta etapa sale Jesús hacia Judea (sec. 54), entra en Jerusalén y expulsa a los mercaderes del templo (sec. 67), los sumos sacerdotes y los letrados deciden matarlo (sec. 78), Judas trama la traición (sec. 80).Di
  17. versas llamadas. La única llamada que aparece en la primera redacción es la del recaudador de impuestos: “Santiago el de Alfeo” según el Códice Beza, “Leví el de Alfeo” según el texto alejandrino. Por sobrenombre, Mateo, que significa “regalo de Dios”, pasa a ser el portavoz de los seguidores de Jesús excluidos de Israel según la mentalidad oficial (sec. 12). En la segunda redacción, Marcos desplaza el comienzo de la misión de Jesús que ha tenido lugar en la sinagoga de Cafarnaúm (sec. 6), poniendo delante la “predicación de la buena noticia del reino de Dios por la región de Galilea” (sec. 4) y las llamadas de Simón y Andrés, de Santiago y Juan (sec. 5). La segunda redacción completa a la primera.
  18. El leproso. El pasaje presenta algunas dificultades: “Acude a él un leproso pidiéndole con insistencia: Si quisieras, puedes declararme puro. Airado, extendió la mano, lo tocó y le dice: ¡Quiero, purifícate! Inmediatamente, se alejó de él la lepra y se purificó. Se abalanzó sobre él, directamente lo expulsó y le dice: Mira de no decirlo a nadie; al contrario, vete, muéstrate tú mismo al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés, para que tengan una prueba. Pero él, al salir, comenzó a pregonar y a divulgar aquel dicho, hasta el punto de que ya no podía él públicamente entrar en ninguna ciudad, sino que permanecía fuera, en lugares desiertos. Pero acudían a él de todas partes” (sec. 10).
  19. Comentario. Tocar a un impuro suponía impureza legal. El texto canónico presenta estas variantes: “compadecido” en vez de “airado”, “le despidió” en vez de “lo expulsó” (Mc 1,41-43). Según el autor, el leproso “sabe muy bien quién es Jesús y que no cree en la impureza legal, pues pertenece a su grupo. Pero, precisamente por pertenecer al grupo de Jesús y pretender a la vez que las autoridades religiosas invaliden esta ley, éstas lo han declarado impuro y lo han echado fuera de la institución religiosa”; sin embargo, “ahora pretende él que Jesús declare públicamente que esa ley no tiene validez, comprometiendo así su persona y su obra”, Jesús no quiere que siga formando parte del grupo uno que pretende “estar bien visto por la institución religiosa y pertenecer a su grupo” (pp. 199-200). La lepra es símbolo de impureza legal. En nombre de un “Dios duro y exigente”, la gente se considera impura; como dice Jesús, “atan cargas pesadas sobre las espaldas de la gente” (Mt 23,4). Jesús toma “postura pública contra la marginación religiosa y contra la Ley que la prescribe. En consecuencia, queda marginado: no puede entrar abiertamente en los lugres donde hay sinagoga” (Mateos-Camacho, 87-88). Entonces, ¿qué es lo que molesta a Jesús? El leproso le cambia la estrategia: ahora ya no puede entrar en las sinagogas. El Evangelio supone un barrido de leyes. Sin embargo, Jesús: no ha venido a abolir la Ley y los profetas, sino a dar plenitud (Mt 5,17). Obviamente, Jesús no rechaza una justa prevención sanitaria.
  20. El sordomudo. Marcos redacta una secuencia en la primera redacción (sec. 43) y otra en la segunda. En la segunda redacción, el padre del sordomudo lo trae a Jesús; en su ausencia, ha pedido a los discípulos que expulsaran al espíritu mudo, pero no han podido. Jesús le dice: “Si puedes llegar a creer, todo es posible para el creyente” (sec. 50). Comenta Rius-Camps: “Del diálogo del padre con Jesús se deduce que representa a un grupo definido y que lo reconoce como Señor, si bien no conoce muy bien cuáles son sus poderes”, “la fe del padre sirve para describir a una comunidad que se ha liberado del espíritu mudo y sordo”, “una comunidad que ha superado su mudez y su sordera” (pp. 200-201). La interpretación simbólica supera la interpretación literal.
  21. La confusión de Pedro. Salió Jesús hacia Cesarea de Filipo. Por el camino va preguntando a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? En un momento dado, les pregunta: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? En respuesta Pedro le dice: ¡Tú eres el Mesías! Él los conjuró que no dijeran nada a nadie a propósito de él. Y empezó a enseñarles: “Es preciso que el hijo del hombre padezca mucho y sea rechazado por los senadores, por parte de los sumos sacerdotes y los letrados, sea ejecutado y después de tres días resucite”. Y abiertamente exponía el mensaje. Entonces lo tomó aparte Pedro y empezó a conjurarlo. Pero él se volvió y, al ver a sus discípulos, conjuró a Pedro diciendo: “Vete detrás de mí, Satanás, porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (sec. 48). La llamada “confesión de Pedro” está viciada por sus esperanzas nacionalistas. Pedro está obcecado, confundido. Jesús le corrige severamente. Según Rius-Camps, Jesús considera “inaceptable” el tono que Pedro le imprime a su confesión y les lanza a los Doce “un conjuro, mostrándoles el verdadero sentido de su mesianismo”. Pedro, tomándole aparte, intenta a su vez “largarle un conjuro”: “Entonces Jesús se revolverá y, en presencia de los discípulos, le lanzará un nuevo conjuro, diciéndole: Vete detrás de mí, Satanás” (p. 203).
  22. El primado de Pedro. En el evangelio de Mateo figura en este contexto, donde no encaja, el primado de Pedro: “Bienaventurado eres tú, Simón”, “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”, “te daré las llaves del reino de los cielos” (Mt 16,17-20). Jesús pone a Simón el nombre de “Cefas”, que significa “roca”, y a los hijos de Zebedeo el nombre “Boanerges”, que significa “hijos del trueno” (Mc 3,16-17), pero es cuestión de carácter, no de función. En realidad, la Iglesia no se edifica “sobre el fundamento de Pedro” (Schmid, 365): “Nadie puede poner otro fundamento que el ya puesto, Jesucristo” (1 Co 3,11). El texto del primado de Pedro parece un añadido posterior. El primado de jurisdicción, tal y como ha sido atribuido a Pedro, debe ser revisado a la luz del Evangelio: “A Ignacio, a Ireneo e incluso a Agustín les era completamente extraña la idea de una supremacía jurídica de una iglesia sobre las otras o la idea de un primado de jurisdicción papal”, “en el sentido del primado de jurisdicción y de magisterio definido por el Vaticano I” (1870). En la disputa sobre el bautismo de los herejes Esteban de Roma (+257) reclama para sí una sucesión de Pedro en el sentido de Mt 16,18: “es el primer caso conocido en que dicho pasaje evangélico es aplicado al obispo de Roma” (Schatz, 25, 66 y 38).
  23. Ciertos dichos de Jesús. En la segunda redacción, Marcos añade estos: “Mientras él se alejaba del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios los del templo! En respuesta les dijo Jesús: Mirad esos grandes edificios. Os aseguro que no será dejada piedra sobre piedra que no sea derribada, pero al cabo de tres días otro se levantará sin mano de hombre” (sec. 76), “hay algunos aquí presentes entre los que me acompañan que no probarán la muerte hasta que no hayan visto que el reino de Dios ha llegado ya con fuerza” (sec. 48). En la tercera redacción Marcos añade estos dichos: “Entonces verán al hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo con gran potencia y gloria”, “no pasará esta generación hasta que todo esto haya sucedido. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no van a pasar. En cambio, en lo referente al día aquél y a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, solamente el Padre. Estad, pues, alerta” (sec. 77), “veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha de la Potencia, acompañado de las nubes del cielo” (sec. 89; pp. 208-209). En el año 70, cuarenta años después, se cumple la palabra de Jesús: “No quedará piedra sobre piedra”. A finales del siglo II, dice Clemente que, al trasladarse Marcos de Roma a Alejandría, se lleva consigo “su primer libro” y lo amplía con “ciertos dichos” que él considera útiles.
  24. Brusco final. María Magdalena, María la de Santiago y Salomé “entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas”. Él les dijo: “No temáis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado”, “id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo. Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo” (Mc 16,1-8). En los manuscritos más antiguos, así termina el evangelio de Marcos (en la foto, final del Còdice Beza). Según Mateo, “ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos” (Mt 28,8). Según Lucas, “anunciaron estas cosas a los once y a todos los demás”, pero “lo tomaron por un delirio y no las creyeron” (Lc 24,9-11). Según Juan, “María Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor y me ha dicho esto” (Jn 20,18). Marcos “prefirió callarlo para no obligarse a dar un relato de las apariciones” (BJ). Es quizá una medida de prudencia: “secretos del reino de Dios” (Mc 3,11), “no deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros” (Mt 7,6), “afilan sus lenguas como serpientes, con veneno de víboras en los labios” (Sal 140).
  25. La nigromancia es “arte vano y supersticioso de adivinar lo futuro evocando a los muertos”. Se considera “magia negra o diabólica”. La nigromancia y la adivinación son prácticas prohibidas en la Biblia: “No acudáis a nigromantes ni consultéis adivinos. Quedaríais impuros” (Lv 19,31), “ni vaticinadores ni astrólogos ni agoreros ni hechiceros ni encantadores ni espiritistas ni adivinos ni nigromantes” (Dt 18,11). El rey Saúl (siglo XI a.C.), ante la amenaza de los filisteos, consultó al Señor, pero no le respondió. Entonces acudió a la pitonisa de Endor, que evocó el espectro de Samuel (1 Sm 28,3-25). Se dice en el libro del Eclesiástico: “Adivinaciones, augurios y sueños cosas vanas son”, “a menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas” (Eclo 34,5-6). Los adversarios acusan a Jesús de magia, “está poseído por Belcebú”, “por el príncipe de los demonios expulsa los demonios”, tiene “un espíritu inmundo” (Mc 3,22-30), “un demonio” (Jn 8,48). El Talmud, que recoge la tradición oral judía, afirma que colgaron a Jesús “porque practicaba la magia y sacaba del buen camino al pueblo” (Sanhedrin, 43ª). En la nigromancia, la iniciativa es humana.
  26. Los muertos resucitan. En la señal del Evangelio, “los muertos resucitan” (Mt 11,5), la iniciativa es divina. Dice Jesús: “Los muertos resucitan”, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob “no es un Dios muertos, sino de vivos” (Mc 12,26-27), “para él todos viven” (Lc 20, 38). La experiencia del Evangelio hace que vivan también para nosotros. Es Dios quien resucita a Jesús (Hch 2,24), es Dios quien “da la vida a los muertos” (Rm 4,17). Jesús escucha la palabra de Dios y la anuncia: “Heme aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Sal 40), “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre”, “como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere” (Jn 5,19-21). La resurrección es expresión de amor. Los discípulos comparten la misión de Jesús: “Resucitad muertos” (Mt 10,8). Si estamos atentos, podemos echar una mano.
  27. Añadido posterior. El final actual del evangelio de Marcos es un añadido posterior. Es conocido desde el siglo II por Ireneo, obispo de Lyon, y por Taciano, autor del “Diatessaron” (de cuatro: un solo evangelio compuesto a partir de los cuatro). Con gran sobriedad el final actual (canónico) recoge tres apariciones de Jesús: “primero a María Magdalena”, “ella fue a anunciárselo a sus compañeros”, pero “no la creyeron”; “después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban de camino”, “fueron a anunciárselo a los demás, pero no los creyeron”; “finalmente, se apareció Jesús a los once y les echó en cara su incredulidad”, les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”, “ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la palabra con las señales que la acompañaban” (Mc 16,9-20).